miércoles, 31 de octubre de 2012

Inauguración del Hotel La Cumbre

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El Hotel La Cumbre, obra del Premio Nacional de Arquitectura, Fruto Vivas, montado sobre el tope del cerro La Esperanza de Ciudad Bolívar, fue inaugurado en la fecha bicentenario (22 de mayo de 1964) de la capital bolivarense y debe su nombre a un concurso al que concurrieron centenares de participantes.
Cuando el jurado integrado por Monseñor Constantino Maradey Donato, profesor Alfonso Paraguán y el presidente de la Cámara de Comercio, Federico Max Ferrer, lanzó su veredicto y declaró que el hotel se inauguraría con el nombre de La Cumbre, comenzaron las especulaciones dando a entender que el nombre estaba escogido de antemano. Pero no fue así, lo había acertado una humilde estudiante de la calle Las Flores del populoso barrio La Sabanita.
Siria Fernández, quien estudiaba en la Escuela Normal Columbo Silva Bolívar, hija del capitán Juan Vicente Fernández, conductor de la chalana Virgen del Carmen que hacía el tránsito entre el Puerto de Inaty y Soledad, se entusiasmó con el concurso y concibió cuatro nombres que en sobres individuales depositó en un buzón expreso instalado en la Radio Bolívar. Uno de esos nombres era el Hotel La Cumbre que entre centenares atrajo la atención del Jurado.
Busque un nombre al hotel se denominaba el certamen y Siria, de 17 años de edad, lo encontró y se ganó mil bolívares que cobró en el Banco Regional Guayana y que según su madre Gertrudis le sirvieron para remodelar la casa de bahareque donde vivían.
De suerte que de una humilde casa de bahareque salió el nombre de uno de los hoteles más sugestivos de Venezuela, con una piscina en forma de guitarra labrada sobre la roca granítica y de donde nunca quería salir el actor Maximiliam Schell, protagonista del filme La epopeya del Libertador. Lila Morillo y Mario Suárez (en la gráfica), triunfantes en Nueva York y Argentina, fueron los primeros artistas presentados en el Hotel La Cumbre con el Conjunto de Amado Lovera.
Pero aun cuando fue inaugurado en mayo, día de la ciudad, fue el 19 de septiembre cuando entró en servicio. El único sin competencia en la ciudad era el Gran Hotel Bolívar, casi en la ribera del Orinoco, con menos habitaciones de las que tiene ahora y administrado nada menos que por don Luis Felipe Goubat, designado después gobernador del estado.
El aforismo popular según el cual "cuando hay santo nuevo, los viejos no hacen milagros" reafirmó su significado con la inauguración del Hotel La Cumbre. En este hotel donde el corazón del algarrobo, el roble y el zapatero dignifican su nobleza de madera eterna en la estructura arquitectónica a todos los niveles, casi nunca había habitaciones desocupadas, de todas maneras siempre estaba dispuesto para todo el mundo su restaurante sobre la parte volada del cerro, su piscina con la forma de una guitarra, su bulliciosa Cervecería La Sapoara y animada Discoteca La Cueva del Tigre.
Uno de sus visitantes cuando venía a cubrir algún evento científico era Arístides Bastidas. Entonces no necesitaba la silla de ruedas para subir la cuesta, sino que lo hacía a pie con este periodista para pasar toda una noche consumiendo los mejores vinos.
En aquellos días, el Hotel La Cumbre era la moda y, atraído por la demanda y los créditos de la Corporación de Fomento, su dueño, el médico Arturo Toledo Sánchez, quien dejó de hospedar pacientes en su clínica privada para hospedar viajeros en el hotel, decidió ampliarlo mediante un préstamo que no le alcanzó ni pudo pagar a tiempo a riesgo consumado de embargo resuelto muy tardíamente.

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