miércoles, 20 de junio de 2018

EL ALBA, PERIÓDICO UPATENSE DE 1922


EL ALBA, PERIÓDICO UPATENSE DE 1922 
         El Alba salió a la calle el 15 de febrero de 1922 en formato de 25x32 cms., 4 páginas, con informaciones a 3 columnas, bajo la dirección y administración de Anita Acevedo Castro, Nicomedes Casado Acevedo y Enriqueta Acevedo. Circulaba quincenalmente y “cuando la Dirección lo juzgue conveniente”. Se ocupaba de literatura y de intereses generales. La suscripción mensual era de un bolívar y se canjeaba con todos los periódicos dentro y fuera de la República.
         El Alba circuló durante veinte años y se sostuvo fundamentalmente con los denuncios mineros y finalmente con una subvención de cien bolívares del estado. Refiriéndose a El Alba, en su libro “Creciente”, Rafael Pineda dice que “por su tono y presentación, El Alba no sólo entusiasmó a los entendidos que colaborarían en sus páginas –como los Oxford, Sandalia Siso, Pedro Manuel Castro, César D’Escrivan, Fernando Teodoro y María Cova Fernández, C. De Brindis Pérez, José Mercedes González, Cipriano Fry Barrios, Ramón Otero Fernández, Carlos Rodríguez Jiménez, María Díaz, entre otros- sino que también sirvió para apaciguar las tribulaciones entre quienes tenían familiares entregados al laboreo de las minas, pues parte del contenido del periódico confirmaba la existencia del oro y auguraba días prósperos para todos con la publicación de un cartel en que Andrés Brito, guardaminas del estado Bolívar, hacía saber que las minas de veta aurífera denominada “La Alianza”, ubicada en jurisdicción del Municipio Pedro Cova, había sido protocolizada en su oficina, en caso de que alguien que no fuera su denunciante se creyera con derechos sobre la posesión.
         El Alba, casi todo impreso con tipos sueltos de diez puntos, siempre le dio más importancia a lo literario destacando en primera plana los temas de esta índole en tanto que lo informativo estaba relegado a las páginas internas y la última dedicada a la publicidad comercial. Una muestra es la edición 213 del 15 de agosto de 1928 de la cual conservo copia facsimilar de un ejemplar.
         Esta edición número 213 abre su primera página a tres columnas, con un elogio al autor del artículo “Minas del Yuruari” publicado en el semanario Correo de Guayana de Ciudad Bolívar y el cual no es otro que el doctor Miguel Emilio Palacio, a quien le da los títulos de geólogo, científico, minerólogo práctico, sociólogo, filósofo y eminente profesor de letras. Para entonces Miguel Emilio Palacio, profesor del Colegio Federal y quien fundó en Guayana la primera Escuela Minera, había quedado ciego a causa de una explosión en las minas subterráneas de El Callao. El Alba lo alude diciendo que “es el Milton americano, ilustrado y sabio, como lo fue el inmortal inglés. El Milton inglés llevaba el paraíso perdido que era la luz de sus ojos. Nuestro Milton, con la esplendorosa luz de su inteligencia, canta en himno patriótico el riquísimo resurgimiento del Yuruari aurífero e industrial”.
         En la misma primera plana resaltan dos sonetos: El Regreso, de Juan Santaella y La Bienamada, de J. M. Agosto Méndez, así como una Carta Lírica, de Anita Acevedo Castro, donde llora la ausencia del amado.
         En la segunda página se lee un corto poema en prosa de Virgilio Bártoli Salmerón, seguido a una columna de la nota informativa sobre una Junta de Fomento que preside el doctor Lecuna Bejarano. Luego da cuenta de la visita a Upata del bardo Agosto Méndez, para un recital a beneficio del Cementerio. Informaciones sobre la muerte en San Félix del coronel barquisimetano José Flores Alvarado; recepción festiva al doctor Carlos Rodríguez Jiménez por su discurso en la inauguración en Ciudad Bolívar de un bronce regalado por el Congreso Nacional como homenaje al General Juan Vicente Gómez.
         En la página tres a una columna están las Sociales y a dos columnas una relación, primera quincena de agosto, de la Administración de Rentas del distrito Piar, firmada por le administrador A. Ma. Guerra y el presidente municipal A. Lecuna Bejerano.
         En la última página una publicidad de la Bigott, fabricante del cigarrillo Bandera Roja, “imposible de agualar en calidad”, otra de la sub. Agencia Víctor de C. Lecuna Baldó que vendía vitrolas, ortofónicas, discos y agujas; un anuncio de La Previsora, de Daniel Vera, ofreciendo casabe, leña, tabaco de fumar y de rollo, así como goma china; Rectificación de Licores, de J. A. Medina ofreciendo su nueva bebida el ambarito Chartrense, y de la Zapatería Polar de José M. Silva anunciado su gran surtido de pieles. (AF)


martes, 19 de junio de 2018

UPATENSES PRIMERAS PERIODISTAS



      Las primeras mujeres guayanesas y posiblemente venezolanas dedicadas al periodismo, fueron las upatenses Concepción Acevedo de Taylhardat y Anita Acevedo Castro, no sólo periodistas sino también editoras como Elizabeth Mallet, de Inglaterra, la primera del mundo.
      Junio, mes del primer periódico sostenidamente libre de Venezuela, el Correo del Orinoco, editado, como dice su editorial, “en las inmensas soledades” del gran río padre, siempre es bueno, ideal para recordar no sólo lo que ha sido el periodismo en Guayana y el país, sino también para resaltar a los valores humanos dedicados a la inquieta y vocacional tarea de informar y orientar.
      Y reflexionando sobre el tema recordaba a la primera mujer periodista del mundo y me preguntaba quién o quiénes fueron las seguidoras de Elizabeth Mallet en Venezuela y Guayana y resaltaban siempre las figuras de las upatenses, Concepción de Taylhardat y Anita Acevedo Castro.
      Elizabeth Mallet, no solamente fue la primera periodista del mundo sino que editó el primer diario también del mundo: el “Daily Courant” que era una hoja de pequeño formato, a dos columnas, impresa sólo por una cara. El pie editorial decía: “Londres, vendido por E. Mallet, junto a la taberna de King’s Arms, en Flete Bridge”. El primer número salió a la calle el 11 de marzo de 1702, apenas con 194 líneas de noticias.
      Pues bien, aquí en el Estado Bolívar siguieron su ejemplo Concepción de Taylhardat y Anita Acevedo  Castro, comenzando el siglo veinte, no cotidianamente como lo hizo la Mallet, sino con una periodicidad menor.
      Concepción Acevedo de Taylhardat, nacida en Upata (1855) y fallecida, casualmente en junio de 1953, fue, no sólo periodista, sino poeta y docente, en un tiempo en que la incorporación de la mujer a los ofrecimientos de la vida moderna actual se veía prácticamente vedada.
      Upata entonces, como Ciudad Bolívar, estaba culturalmente en situación privilegiada en comparación con otras ciudades venezolanas, debido a la floreciente economía signada por la explotación del oro del Yuruari y a la corriente migratoria que a través de las colonias antillanas se mantenía fluida desde países importantes de Europa como Francia.
      De Francia, precisamente, procedía Raúl Lefranc de Taylhardat, poeta y oficial retirado del ejército galo, quien se casó con ella para hacer hogar y familia, trasplantado en Venezuela, lejos de su patria asediada por la guerra.
      Cuando Upata le resultó imposible para ampliar el horizonte de sus aspiraciones, la pareja se trasladó a Ciudad Bolívar que tenía, a pesar del oro del Yuruari, mayor movimiento mercantil que Upata. Así, Concepción Acevedo de Taylhardat encontró clima y mejores posibilidades para dar rienda suelta no sólo a su vocación literaria, sino para cumplir su misión de madre.
      Catorce años después, a la edad de 35 años y tras la muerte de su esposo, se radicó en Caracas, con mejores perspectivas para consolidar su carrera de docente que la mantuvo activa durante 60 años y preparar mejor a sus hijos. En la Caracas de 1890 pudo también continuar su trabajo literario iniciado en Ciudad Bolívar en 1888 con el semanario “Brisas del Orinoco” (primer periódico fundado y dirigido en Venezuela por una mujer) y los poemarios “Flores del Alma” y “Arpegio”.
      En Caracas fundó primero “El Ávila” y luego la revista literaria “La Lira” que mantuvo su circulación durante 28 años y en la cual colaboraron Andrés Mata y Luis Urbaneja Achepol, entro otras glorias de las letras venezolanas. En Caracas, asimismo, estudió linotipia y telegrafía, alternó con los intelectuales de la época y colaboró en “El Cojo Ilustrado”.

      A Concepción Acevedo de de Talhiardat como periodista de trayectoria, le siguió Anita Acevedo Castro, cuyo nombre está estrechamente ligado con “El Alba”, quincenario upatense de larga vida, editado en la segunda prensa llegada al Yuruari y la quinta de Guayana desde  The Washington Press del Correo del Orinoco.(AF)

lunes, 18 de junio de 2018

EL BOLIVARENSE DEL SIGLO XIX


      El primer periódico diario con ese nombre El Bolivarense apareció el 30 de septiembre de 1880 bajo el signo de la balanza y en formato 62 x 44 cms como diario de la tarde. En su cabezal se leía en letras grandes: Director, J. M. Ortega y Rodríguez y Cleto Navarro. Administrador: Luis A. Gómez. Más abajo: Industrias – Ciencias – Artes – Noticias – Anuncios. Luego el lema: Dada nuestras instituciones, basta el trabajo por la parte del pueblo y la justicia por la de los dos gobiernos, para felicidad y progreso de paz a todo trance.
      Su cuerpo de cuatro páginas impuestas con tipos sueltos y grabados impecablemente elaborados, conformaba lo que podríamos conceptuar hoy como un diario de avisos toda vez que la primera y última páginas estaban enteramente destinadas a los anuncios y ofertas comerciales, y las páginas internas a una información escueta y escasa, pues difícilmente se aplicaban el hexámetro técnico de las circunstancias. Las informaciones de la vida diaria –y ése era el estilo de la publicaciones de la época- iban prácticamente mezcladas con los edictos, decretos, comerciales, artículos de opinión, festividades religiosas, cartas, material literario y refritos de publicaciones de otras partes de Venezuela y del extranjero llagadas por la vía del Orinoco.
      Los anuncios aparecían en recuadros, generalmente ilustrados con grabados. Entre otros casi fijos, los del Amargo Aromático de Guayana, de Mathison y Hermanos; Barbería Fígaro, de José Natividad Pineda; Fotografía Artística, de Luis Aristeguieta Grillet;  Colegio Talavera, dirigido por J. R. Camejo; Oficina de Abogado del doctor Luis Natera Ricci; Amargo de Ciudad Bolívar, de Guillermo Eugenio Monch; Aceite para alumbrado Luz Diamante, Cigarrillo Cacique, Aceite de hígado de bacalao y Pianos verticales de cola fabricados por H. Kohl en Hamburgo.
       El Bolivarense terminó sus días con el siglo, vale decir, con la muerte de su fundador, Jesús María Ortega, ocurrida el 20 de enero de 1899, tras cuarenta años de incansable labor tipográfica. Cinco años antes (1895), había sido fundado El Anunciador, periódico que lo sucedería. (AF)
     


viernes, 15 de junio de 2018

EL GUAYANÉS Y OTROS PERIÓDICOS DE 1845



Hasta 1845 que los angostureños habían permanecido ayunos de noticias, aparecieron las publicaciones Orinoco y El Guayanés. Este último más que el primero, rompió los fuegos y extendió su llama de ardor político contenido con el siguiente lema: “La verdad es el arma del guerrero”. No tenía día fijo de salida sino cuando “necesite defender una causa, que le trae al mundo”. Ambas publicaciones circularon durante casi todo el año. Luego aparecieron  Los Ganzos, el Centinela del Orinoco, y El Compilador hasta 1853 que llegó a Angostura la tercera imprenta adquirida por la Municipalidad a través de la firma mercantil Wuppermann & Cia.
            Con la llegada de los Monagas al poder, el periodismo guayanés, hasta entonces polémico y agresivo, llegado a su punto culminé con El Filántropo, baja la guardia y se templa más por instinto de conservación que por falta de motivo.
            Además de la papelería de los entes públicos se editaron en la Imprenta Municipal, el periódico semi-oficialista El Progreso, primero, después del Correo del Orinoco, en darle cabida a la poesía, lo cual estimuló a intelectuales como Gabriel Salom, Francisco Javier Mármol, Eugenio María León y José Miguel Núñez, entre otros, para sacar en 1854 la revista literaria “Flores Silvestres”, formato de un octavo y 30 páginas.
            Dos años más tarde, el Gobernador Santos Gáspari, un médico corso radicado en Guayana desde 1835, dispuso por Decreto la creación de la Gazeta de Guayana, periódico dedicado a lo puramente oficial.
Durante la dinastía de los Monagas, dijimos, el periodismo en Guayana bajo la agresividad y se moderó apegado a las circunstancias políticas imperantes, pues los Monagas no solamente incoaron juicios contra la prensa y desterraron a Antonio Leocadio Guzmán, director de El Venezolano, sino que atentaron contra el Congreso y ello, inevitablemente fue pauta para las publicaciones provincianas. De suerte que a la caída de los Monagas en 1858, cayeron también los juicios contra la prensa y proliferaron de nuevo los periódicos. En Ciudad Bolívar (Ciudad Bolívar desde 1846)fue editado El Boliviano dirigido por Luis Pérez, impreso en la Imprenta Municipal y unido al clima de agitación que conmovía al país. Luego le siguieron El Centinela del Orinoco, dirigido por Carlos I. Salom, denunciando diez años de oprobio y pidiendo castigo para los Monagas;  El Cigarrón (1860) por la misma línea, apegado a la nueva realidad gubernamental y en la que destacó como contrapartida El Punzón, semanario satírico y burlesco que ridiculiza al Gobernador Bibiano Vidal: “Y abur, abur, ño Vidal / Que te guardo el patrimonio / Si no te lleva el demonio / Por absurdo y animal”.
            El diarismo en Guayana comenzó con El Boletín Comercial. Este periódico llegó a ser de alta periodicidad de manera escalonada: primero como bisemanario (lunes y sábado), luego como trisemanario y finalmente se hizo diario vespertino. (AF)

EL FILÁNTROPO 1842


   
 Más que periodismo para cumplir la función social de informar objetivamente y entretener, el periodismo de los primeros  tiempos fue de combate, periodismo político de denuncia, muy prestado también a los intereses socio-económico preestablecidos. Las publicaciones anteriores respondían a ese concepto igualmente con mayor reciedumbre los que le siguieron hasta los tiempos presidenciales del General Carlos Soublette.
            Al iniciarse 1840, la imprenta de los Ayala sacó el cuarto semanario: La Cuenta, también de corta duración. El regreso de Páez a la Presidencia de la República que afincaba aún más en el Poder regional a Heres y a sus seguidores los Heresiarcas como despectivamente le decían sus adversarios, motivó un nuevo receso en el periodismo hasta el 7 de marzo de 1842 que apareció  El Filántropo, órgano de la Sociedad Filantrópica constituida por quienes seguían el pensamiento del Partido Liberal fundado en Caracas en 1840 por Antonio Leocardio Guzmán.
            El Partido Liberal también tenía su periódico: El Venezolano y del mismo corte de recia oposición al gobierno que tachaba de oligarca, era El Filántropo. Su lenguaje realmente demoledor fue calificado por Juan Vicente González como “Monumento a la Perversidad”. Tan demoledor que los Hermanos Ayala no quisieron continuar por si sólo la responsabilidad y prefirieron desprenderse de la imprenta, la cual asumió enteramente la Sociedad, pero instalándola por prevención en el vecino pueblo de Soledad, al otro lado del río.
            El Filántropo circuló hasta el número 29 (20 de marzo de 1843), vale decir, hasta un año después del asesinato de Tomás de Heres, contra quien el mismo semanario y sus antecesores exacerbaron la incomprensión y el resentimiento político transformándolos en odio.
            ¿Por qué desapareció El Filántropo? No sólo porque ya no existía Heres, sino porque ese año de 1843 fue electo Presidente de la República por cuatro año el general Carlos Soublette, hermano de Isabel Soublette Jeres Aristeguieta, primera esposa del viejo Dalla Costa. De allí que Dalla Costa, tertuliano del Libertador y dueño de una gran fortuna se haya retirado entonces de la política al igual que algunos de sus seguidores, entre ellos Cristiano Vicentini. Dalla Costa murió en Génova en 1869.
            Desaparecido el Filántropo, el Taller donde se imprimía retornó a Angostura en calidad de compra por Pedro José Cristiano Vicentini, quien dio el paso hacia la independencia económica con taller propio instalado en calle La Muralla, ampliando su empresa con el antiguo equipo tipográfico del Correo del Orinoco. (AF)
            

EL TELÉGRAFO primer periódico después del Correo



      El periodismo guayanés del siglo diecinueve, pasó por tres fases relevantes: la del Correo del Orinoco (1818-1822) como órgano oficial de la emancipación; la de publicaciones hebdomadarias de la sociedad civil iniciadas con El Telégrafo (1839) y la del diarismo inaugurado con El Boletín Comercial (1865) y que terminó con El Bolivarense (1880-1899).
            Después de fenecido el Correo del Orinoco, Guayana tuvo un receso de tres decenios en el ejercicio del periodismo.
            El afloramiento de los partidos políticos: de un lado los Conservadores del gobierno paecista, representados de ççaquende del Orinoco por el prócer militar Tomás de Heres y del otro, los liberales, por Juan Bautista Dalla Costa, el viejo, líder del movimiento mercantil de la región, estimuló el renacimiento del periodismo que había quedado atrás con la extinción del Correo.
            De suerte que al calor del interés político, ese receso del periodismo fue interrumpido por la aparición de El Telégrafo, un semanario concebido por el núcleo civil que se movía en torno al viejo Dalla-Costa contra el gobierno severo de Tomás de Heres, ya Gobernador o Comandante de Armas de la provincia.
            El Telégrafo fue impreso en la segunda prensa establecida en Angostura luego de la The Washington Press, donde se editó entre 1819 y 1822 el hebdomadario de los patriotas. Fue adquirida por Lorenzo de Ayala y Hermanos, precisamente, a través de la firma comercial Juan Bautista Dalla Costa e hijos. Para operarla se contrató al joven tipógrafo italiano Pedro José Cristiano Vicentini, quien se radicó en Angostura desde el año 1839.         
            La Prensa tipográfica, totalmente dotada, llegó a la Angostura del Orinoco a fines de diciembre de 1839 y en ella, previo prospecto, tiraje de cien ejemplares, se editó El Telégrafo con el siguiente lema: “Periódico consagrado a los deseos del pueblo y con sólo el objeto de su exclusivo bien”. Daba cabida a toda información vinculada con el movimiento mercantil, marítimo-fluvial, cultural, social, religioso, judicial y político. En lo político tenía una sola línea: combatir al gobierno que desde la Comandancia de Armas influenciaba el caudillo Tomás de Heres. Pero un periódico de provincia con una línea semejante era imposible que se sostuviera, máxima existiendo  en Venezuela un Código de Imprenta que calificaba como delito los escritos adversos a los dogmas de la religión católica romana, los que excitaran a la rebelión, perturbaran la tranquilidad pública u ofendieran a la moral, la decencia, la reputación y el honor de las personas.
            Los adversarios del Gobierno encontraron una forma de evadir los controles, y fue editando periódicos de vida efímera, pero cada vez con mayor vigor combativo. Así tenemos que de septiembre a diciembre de 1839 circularon, además de El Telégrafo, el Campanero y Cuatro contra Tres. Este último sin eufemismo. Crudo y desafiante: “Esta es un publicación periódica que persigue un fin: destruir a Heres, acabar con un sistema que considera nefasto para toda la Provincia”.(AF)


miércoles, 13 de junio de 2018

El Boletín Comercial, primer diario de Guayana



E1 diarismo en Guayana se inicia con la aparición de "El Boletín Comercial" fundado el 4 de abril de 1860. Hasta entonces y a partir del "Correo del Orinoco", las pu­blicaciones guayanesas no habían logrado reducir la perio­dicidad de sus salidas. Que se sepa, en ningún otro lugar de Venezuela, a excepción de Caracas, circulaba cotidiana­mente para entonces otro periódico.
En la hermosa ciudad del Ávila andaba por sus fueros "El Federalista", diario de la tarde, llenando el vacío dejado por el "Diario de Avisos", "El Independiente" y "El Pasa­tiempo", de Jesús María Soriano. Eran tiempos de la gue­rra federal.
Desde la fecha de su fundación, "El Boletín Comercial" empezó a salir como bisemanario en una imprenta —la cuarta traída a Guayana— de Carlos María Martínez, tipógrafo cu­manés que tuvo a su cargo en 1856 la impresión del órgano edilicio "La Gaceta de Guayana".
"El Boletín Comercial", bajo la dirección de Andrés Je­sús Montes, estuvo apareciendo los días miércoles y sábado hasta el 9 de septiembre de 1862. A partir de esa fecha se convierte en trisemanario. El tipógrafo Carlos María Martí­nez deja entonces de ser socio y funda la "Revista Mercantil" que sale también tres veces por semana como contrapartida de "El Boletín Comercial", al que califica dentro de una disputa entablada, de "órgano puramente ministerial".
En 1864, Andrés Jesús Montes, Director-fundador de "El Boletín Comercial" se asocia con Jesús María Ortega, nativo de La Guaira y quien viajó a Ciudad Bo­lívar con ese propósito; pero esta sociedad habrá de durar poco, pues al año siguiente, el periodista Montes traspasa sus derechos a Pablo Mara Rodríguez recién salido de la Secretara General de Gobierno bajo la presidencia estadal de Juan Bautista Dalla-Costa, hijo. Rodríguez acomete la tarea de transformar "El Boletín Comercial" de trisemanario en diario vespertino y su esfuerzo se cumple el primero de septiembre de 1865. Poco tiempo después, Jesús María Ortega asume toda la responsabilidad del diario y lo conduce hasta 1872 cuando desaparece por factores económicos y políticos.
"El Boletín Comercial" transcurrió durante casi toda la época gubernamental de Juan Bautista Dalla-Costa y regis­tró en sus páginas las más importantes incidencias que se produjeron en el territorio guayanés a raíz de la Guerra Fe­deral y la llamada Revolución de los Azules. Hay constancia en sus páginas de la obra progresista de Dalla-Costa y del esfuerzo tesonero por mantener a esta provincia alejada dc las guerras intestinas que estremecían al país. Se decía que "El Boletín Comercial" marcaba una línea contraria a la Revolución de los Azules y que por ello recibió los ataques más fuertes de "El Orden", periódico de poca vida que diri­gió en 1869 Juan Manuel Sucre y de donde combatió con sagacidad a los oponentes de su doctrina y de sus ideas el presbítero Antonio José Sucre, pariente del Gran Mariscal de Ayacucho.
Desde el "Ccrreo del Orinoco" hasta 1872 fue "El Bo­letín Comercial" el periódico de mayor duración en Guayana y ostenta también el orgullo de haber sido el primer diario. A partir de su liquidación, Guayana no tuvo más diario sino hasta ocho años después; sin embargo, durante ese receso, proliferaren semanarios, bisemanarios y quincenarios que aprovechando la explosión económica del oro, llegaron a su­mar hasta trece.
"El Boletín Comercial", al menos en su nombre, fue re­vivido en 1904 por Sebastián Allegretti, con una circulación mayor de 800 ejemplares, rica en informaciones regionales, nacionales y extranjeras. Ya para la fecha había muerto Je­sús María Ortega, su fundador en la primera época. Este nuevo "Boletín Comercial" pasó finalmente a manos de Ed­mundo Suegart, quien apresuró su liquidación para fundar junto con su hermano Agustín Suegart el diario "El Lucha­dor", tradicionalista y conservador por ex­celencia, decano del diarismo guayanés.
Pero el real sucesor de "El Boletín Comercial" fue "El Bolivarense" fundado por el mismo Jesús María Ortega ocho años después —1880— de la desaparición del primero. Para este nuevo compromiso con el periodismo cotidiano guaya­nés, Ortega adquirió la segunda imprenta a vapor que se in­trodujo a Guayana. La primera fue la establecida por Eme­terio Pérez en 1878. "El Bolivarense" 'estuvo circulando du­rante 19 años realizándose como el diario de existencia más prolongada durante el siglo XIX.
Podemos concluir afirmando que el periodismo en Gua­yana señala tres etapas cumbres: la del "Correo del Orinoco" que es su punto de partida y el que representa para Vene­zuela el símbolo histórico del periodismo verdaderamente na­cional en su hora más dramática y difícil; la de "El Telé­grafo", periódico aparecido en 1839 bajo la dirección del v"- neciano Pedro José Cristiano Vicentini, tres lustros después. de la desaparición del "Correo del Orinoco", jalonando la permanencia del periodismo en Guayana como factor intelec­tual de acción y de progreso; y la de "El Boletín Comercial" que revolucionó la tradición de la publicación hebdomadaria e inauguró la etapa del diarismo.
En las etapas de "El Telégrafo" y de "El Boletín Comer­cial" debemos subrayar los nombres de Pedro José Cristiano Vicentini y Jesús María Ortega y Rodríguez, de quienes poco se escribe y recuerda al hablar del periodis­mo regional. Ellos cumplieron dentro de este campo una ta­rea ardorosa y digna y marcaron los hitos más importantes del periodismo guayanés, treinta años después de la desapa­rición del "Correo del Orinoco". (AF)