domingo, 28 de agosto de 2016

Murió el Bachiller Noel Valery

Murió el bachiller Noel Valery
Ayer en la noche dejó de existir el Bachiller Noel Valery, quien fue Presidente del Concejo Municipal de Ciudad Bolívar y Presidente Regional de la Junta Patriótica que derrocó al dictador Marcos Pérez Jiménez,
El doctor Carlos Valery me llamó ayer temprano para informe de este conmovedor suceso que cortó la vida de su padre a la edad de 98 años en la casona de la Avenida Táchira en donde de los años cuarenta también vivió su Padre don Natalio Valery, luchador incansable por el avance social y económico de la provincia.
En la gráfica de mejores tiempos lo vemos junto con el pediatra que también fue presidente edilicio,  doctor Carlos Hernández Acosta y el gobernador Luís Felipe Goubat)  tertuliando sobre los problemas de la ciudad capita,
El  26 de abril celebró sus 98 años, pues nació en 1918, cuando Ciudad Bolívar aún se reducía a lo que hoy denominamos Casco Histórico.
Noel Valery siguiendo el ejemplo de su Padre, realizó obras perdurables para el desarrollo urbano de Ciudad Bolívar cuando ejerció la concejalía y Presidencia de la Municipalidad del entonces Distrito Heres.
         Hijo de Don Natalio Valery Agostini y de Maria Ana Caballazzi La Cava, trató como su padre de origen francés, de seguir las huellas de este como maestro de la masonería, empresario y político.
         Así llegó a ser concejal y Presidente del Concejo Municipal, luego de haber sido Gerente fundador de la  “Embotelladora Orinoco” en 1947, fabricante de la famosa bebida internacional “Coca Cola” y de la “Gaseosa V” con extensiones en las poblaciones de Upata y San Félix de Guayana.
         Llegó a la Presidencia del Concejo Municipal de Heres en 1964-1965 para suplantar en la misma a Miguel Vicente Trota y tras haber sido presidente de la Junta Patriótica en el Estado Bolívar a raíz de la revolución cívico militar estallada el 23 de enero de 1958, la cual dio al traste con la Dictadura del General Marcos Pérez Jiménez.
El 5 Diciembre 1964 los bolivarenses fueron convocados por el Presidente Municipal Noel Valery para conmemorar la Batalla de Araure con la inauguración de la Plaza José Antonio  Páez en la urbanización Vista Hermosa. Así mismo ese mismo día inauguró la Plaza Francisco Pancho Contasti Gerardino en la zona oriental del cementerio, justamente en la Calle La Manga de Pero Seco. Los bustos en las peanas de ambas plazas fueron realizadas por el artista hispano Julio Manuel Barreiro Rivas, el mismo escultor que en 1969 modeló el Jesucristo de barro negro de 11 metros de alto en los morichales a San Salvador de Paúl.
El 23 de Mayo 1965, dentro del año Bicentenario de la fundación de la ciudad, fue inaugurado el Hipódromo Municipal Angostura en la zona del Jobo Liso por el bachiller Noel Valery y el presidente del centro hípico Antonio José Grimaldi
El primero de septiembre 1965 el bachiller Noel Valery, a nombre de la Municipalidad Heriana impuso a Monseñor Constantino Maradey Donato las Llaves de la ciudad.  El acto ocurrió en la Terminal del Aeropuerto en medio de una nutrida manifestación de parroquianos, jubilosos por haber sido el paisano elevado a la jerarquía de prelado como primer obispo de la Diócesis de Cabimas en el Estado Zulia.
Noel estuvo al frente de la firma N. Valery Agostini e hijos ("La Comercial Orinoco") con representaciones de firmas tanto nacionales como extranjeras. Asimismo cuando su padre abrió las plantas embotelladoras de Coca Cola y Gaseosas "V", en esta ciudad y en los poblaciones de Upata y San Félix, con la denominación comercial de C. A. "Embotelladora Orinoco" que funcionó en edificio propio construido en el Paseo Orinoco.
La Coca Cola llegó a Ciudad Bolívar por primera vez en 1941.  La botella costaba un real y los guayaneses buscaron la novedad hasta que al año siguiente, junio de 1942, llegó la competencia.  “Llegó la Pepsi-cola” decían los parroquianos bolivarenses a través del comerciante julio Paván. Hacía treinta años que la The Pepsicola C.A,  en Long Island City había dado a conocer al mundo la agradable gaseosa.  Entonces fue cuando la Coca Cola, a través de don Natalio Valery instaló en junio de 1947 una planta embotelladora.  Entonces, una caja de 24 botellas costaba cuatro bolívares, Pero, la Pepsicola terminó avasallando el mercado montando plantas en Ciudad Bolívar y Caroní, llevando a la quiebra la Coca Cola de los Valery.  


jueves, 25 de agosto de 2016

Una Chalana llamada “La Múcura”


“La múcura está en el suelo, mamá, no puedo con ella / Me la llevo a la cabeza y, mamá, no puedo con ella / Es que no puedo con ella”.  Este porro colombiano de Tulio Fuentes de los años cincuenta, según me han dicho, volverá por sus fueros.  Como que es la moda.  Está resucitando la música del pasado así como José Luis Rodríguez resucitó la de los Panchos.  Siempre es  bueno que suceda, al menos en este caso de la múcura,  para dar a conocer una expresión indígena que el avance de la civilización ha ido sepultando en el olvido.  Porque la múcura es vocablo cumanogoto y tamanaco, según el diccionario folclórico del amigo Juan José Ramírez.  Claro, nuestros antepasados  no decían múcura sino mukra.  En Colombia y Bolivia también es común el término.
         Se trata de un ánfora de barro, o más criollo, de un tinajón de barriga esférica, cuello largo y boca ancha, utilizado antes para cargar agua en la cabeza o en el cuadril y  también  para enterrar sus morocotas quienes poco confiaban de la banca.
         Este recipiente de barro crudo fue popularizado en una canción en forma tal que el nombre, por asociación o figuración, se lo endilgaron a autobuses, carretas, barcos y ratoneras.  En Ciudad Bolívar fue popular una chalana construida por Alberto Minet y echada al río con ese nombre, para trasbordar los vehículos entre una costa y otra del Orinoco, pero tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe. La chalana se hundió en febrero de 1952, martes de carnaval, entre la isla  Degredo y la Piedra del Medio.
         La chalana había zarpado de Soledad con 2 camiones zorra cargados de palas mecánicas para una compañía minera, más sus respectivos conductores, ayudantes, un pasajero y los tripulantes de la embarcación.  Zaspó y no arribó a su destino porque se hundió y desaparecieron bajo las aguas el conductor Vicencio Verdú y su ayudante Octavio González.  Los demás sobrevivieron a este naufragio que opacó la alegría del Carnaval y del que se estuvo hablando por mucho tiempo.  
Hasta se especuló atribuyéndolo a la hidra de siete cabezas que según una vieja leyenda mora bajo la Piedra del Medio.
         En esa oportunidad, la guaracha hizo mutis en los escenarios y emisoras.  En cambio, cuando Marcos Pérez Jiménez fue derrocado por el golpe cívico militar del 23 de enero de 1958, los medios radioeléctricos no encontraron una música más apropiada  y asociada al acontecimiento que  “La Mucura” en la voz grabada de Víctor Piñero.  La verdad es que nada era tan parecido a una múcura que el célebre gordito de Michelena, sólo que el cuello, en vez de largo,  era corto, pero estaba en el suelo porque  el pueblo ya no podía ni lo quería.
         La responsabilidad de Minet quedó intocada, pues se comprobó que La Múcura se hundió no porque se la haya tragado la hidra sino por exceso de carga.  Fue la primera chalana de hierro construida por Minet recién llegado de Francia y por encargo de don Antonio Levanti asociado con Planchar, quien era dueño de una bomba de gasolina y un taller de reparación de vehículos.
A la orilla del río, cerca de la las instalaciones de los depósitos de combustible de la Creole, Minet construyó  un cobertizo para construir la chalana y que al mismo tiempo le sirvió de oficina y  cuarto de dormir.  El señor Planchar no estaba convencido de que una chalana de metal flotara siendo el hierro tan pesado.  Minet le apostó la escopeta que él le había prestado para cazar patos en la laguna. Si el barco se hunde más arriba que la línea de flotación, la escopeta es mía le dijo Minet. Cuando se convenció que La Múcura flotaba y que había perdido su escopeta, “Me la entregó arrepentido de haber dudado de mí”. Me contó Minet, quien de ninguna manera la aceptó.   La segunda chalana construida por Minet fue la de Olivieri para el Paso de Caruachi en el Caroní.


Una Chalana llamada “La Múcura”


“La múcura está en el suelo, mamá, no puedo con ella / Me la llevo a la cabeza y, mamá, no puedo con ella / Es que no puedo con ella”.  Esta guaracha de los años cincuenta, según me han dicho, volverá por sus fueros.  Como que es la moda.  Está resucitando la música del pasado así como José Luis Rodríguez resucitó la de los Panchos.  Siempre es  bueno que suceda, al menos en este caso de la múcura,  para dar a conocer una expresión indígena que el avance de la civilización ha ido sepultando en el olvido.  Porque la múcura es vocablo cumanogoto y tamanaco, según el diccionario folclórico del amigo Juan José Ramírez.  Claro, nuestros antepasados  no decían múcura sino mukra.  En Colombia y Bolivia también es común el término.
         Se trata de un ánfora de barro, o más criollo, de un tinajón de barriga esférica, cuello largo y boca ancha, utilizado antes para cargar agua en la cabeza o en el cuadril y  también  para enterrar sus morocotas quienes poco confiaban de la banca.
         Este recipiente de barro crudo fue popularizado en una canción en forma tal que el nombre, por asociación o figuración, se lo endilgaron a autobuses, carretas, barcos y ratoneras.  En Ciudad Bolívar fue popular una chalana construida por Alberto Minet y echada al río con ese nombre, para trasbordar los vehículos entre una costa y otra del Orinoco, pero tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe. La chalana se hundió en febrero de 1952, martes de carnaval, entre la isla  Degredo y la Piedra del Medio.
         La chalana había zarpado de Soledad con 2 camiones zorra cargados de palas mecánicas para una compañía minera, más sus respectivos conductores, ayudantes, un pasajero y los tripulantes de la embarcación.  Zaspó y no arribó a su destino porque se hundió y desaparecieron bajo las aguas el conductor Vicencio Verdú y su ayudante Octavio González.  Los demás sobrevivieron a este naufragio que opacó la alegría del Carnaval y del que se estuvo hablando por mucho tiempo.  
Hasta se especuló atribuyéndolo a la hidra de siete cabezas que según una vieja leyenda mora bajo la Piedra del Medio.
         En esa oportunidad, la guaracha hizo mutis en los escenarios y emisoras.  En cambio, cuando Marcos Pérez Jiménez fue derrocado por el golpe cívico militar del 23 de enero de 1958, los medios radioeléctricos no encontraron una música más apropiada  y asociada al acontecimiento que  “La Mucura” en la voz grabada de Víctor Piñero.  La verdad es que nada era tan parecido a una múcura que el célebre gordito de Michelena, sólo que el cuello, en vez de largo,  era corto, pero estaba en el suelo porque  el pueblo ya no podía ni lo quería.
         La responsabilidad de Minet quedó intocada, pues se comprobó que La Múcura se hundió no porque se la haya tragado la hidra sino por exceso de carga.  Fue la primera chalana de hierro construida por Minet recién llegado de Francia y por encargo de don Antonio Levanti asociado con Planchar, quien era dueño de una bomba de gasolina y un taller de reparación de vehículos.
A la orilla del río, cerca de la las instalaciones de los depósitos de combustible de la Creole, Minet construyó  un cobertizo para construir la chalana y que al mismo tiempo le sirvió de oficina y  cuarto de dormir.  El señor Planchar no estaba convencido de que una chalana de metal flotara siendo el hierro tan pesado.  Minet le apostó la escopeta que él le había prestado para cazar patos en la laguna. Si el barco se hunde más arriba que la línea de flotación, la escopeta es mía le dijo Minet. Cuando se convenció que La Múcura flotaba y que había perdido su escopeta, “Me la entregó arrepentido de haber dudado de mí”. Me contó Minet, quien de ninguna manera la aceptó.   La segunda chalana construida por Minet fue la de Olivieri para el Paso de Caruachi en el Caroní.


miércoles, 24 de agosto de 2016

Cruz Moreno Seijas: 75 Años

El Periodista Cruz Moreno Seijas
Sube hoy al Escaño 75 de la escalera del tiempo

El colega Cruz Moreno Seijas sube hoy el escaño 75 de la interminable escalera del tiempo, pues nació en Maturín el 24 de agosto de 1941, Día de San Bartolomé, patrono de los sastres, pero Moreno nada de sastre tiene sino los flux que ellos cortan y que él siempre ha ostentado muy bien igualando en el gusto del buen vestir y de la moda, por supuesto, al doctor León Guevara Enet.
         Vive en ciudad Bolívar desde 1959, cuando contaba 18 años de edad.  Vino como asistente de su hermano Jesús Moreno  que operaba un Linotipo en la Editorial Talavera editora del diario “El Bolivarense” donde prácticamente Morenito se hizo periodista de tanto imponer lingotes de plomo caliente.
Moreno es hijo de una indígena conocida en la tierra del Guarapiche  como  ”Doña Bárbara” por el parecido que tenía con el llanero personaje de la novela de Rómulo Gallegos,  solo que el marido padre de Morenito no se llamaba Santo Luzardo ni nada tenía que ver con él toda vez que su padre Cruz  Moreno era de  origen vasco aunque nunca pudo dominar la lengua Euskera, propia de esa etnia hispana y la más antigua del continente europeo.
Moreno Seijas trabajó como reportero y alguna veces como Jefe de Información en casi todos los periódicos de ciudad Bolívar (El Bolivarense, El Luchador, El Expreso) y Ciudad Guayana y como Jefe de Prensa de la Gobernación del Estado Bolívar en tiempo de los gobernadores copeyanos y siendo Tomás Chino León, Jefe de Relaciones Públicas.
En resumen este colega que siempre y en los momentos más atribulados anda con una sonora sonrisa ha sido  profesional muy práctico y sobre todo leal, trabajador, critico de sí mismo y de los demás, un poco tímido  y servicial.  Casado con la Guía de Turismo, Ana López, con la que cuenta cuatro hijos sumados a otros muchos que tuvo por fuera en sus andanzas reporteriles. (AF)






lunes, 22 de agosto de 2016

La maldición de El Dorado


Si ese legendario rey o cacique llamado El Dorado, tan parecido a Midas, realmente existió, ha debido lanzar una maldición tan severa que hasta ahora, quienes se aventuran a su encuentro no han logrado sino destrucción del medio ambiente, enfermedad y muerte.
         ¡Cuánto se ha dicho y escrito sobre El Dorado y su secuela espantosa!  Desde los tiempos bíblicos se busca a El Dorado, sólo que entonces tenía el nombre de Ofir.  Era Ofir  una ciudad dorada que jamás apareció en ninguno de los mapas de la antigüedad, pero que buscaron incesantemente a costa de muchos sufrimientos y derramamientos de sangre,  aventureros obsesionados por este sólo y único pasaje de la Biblia: “E Hiram envió con la armada a sus servidores, marineros que conocían el mar, junto con los servidores de Salomón.  Y llegaron a Ofir, y allí recogieron oro, cuatrocientos veinte talentos, y lo llevaron al rey Salomón”.  Parece ser que con ese oro, el Rey Salomón construyó el templo que todavía se disputan en lucha sangrienta y milenaria palestinos e israelitas.
         La experiencia histórica es abismal y desesperante.  El sociólogo Paúl Tabori la sentenció como una de las más grandes estupideces del planeta; sin embargo, aquí en Guayana donde la añagaza de El Dorado terminó de convencer a la gente que no era otro sino ese oro volcánico natural de la tierra, la situación ha cambiado.  Ahora la gente sabe a ciencia cierta donde está El Dorado, pero sabe que para llegarle con barra, pala, palín y batea, hay que destruir la naturaleza boscosa desafiando la zoonosis y dejando el alma y el pellejo sepultados entre cavernas.
         De esa realidad ambiental, cultural, económica y social se investiga con profundidad y persistencia.  A cada momento vemos, leemos, escuchamos, a través de los medios de comunicación social, cómo numerosos grupos e instituciones locales, nacionales y universales están sumamente inquietos y trabajan para coadyuvar en la solución de este problema cada vez más insoluble.
Recordamos al Grupo GREBO formado en el Núcleo Bolívar de la UDO y  la misma Comisión Permanente de Ambiente, Recursos Naturales y Ordenamiento Territorial del Consejo Legislativo Regional denunciando e investigando el problema de la minería ilegal al Sur del Estado Bolívar.
         Y los bolivarenses se preguntan y preguntan ¿qué van a investigar?, si la realidad está en nuestras propias narices. Si sobre el tema existen toneladas de informes oficiales y documentos. Recientemente una televisora metropolitana presentó un documental sobre la permanente agresión contra el medio ambiente que ya es rutina de la prensa y todas las plantas de televisión.  Más que buscar el oro en tantas formas confundido con la tierra, el minero lo que busca es el sustento que no encuentra en los centros urbanos o en la ciudad industrial.  Porque eso de buscar oro bajo el peso de una maldición ancestral, amigo, no es ninguna guayabita sabanera.   Entonces, lo que está planteado es darle trabajo estable y bien remunerado a la gente para que no ligue la buena suerte a través de la baraja, el dado, la lotería o la aventura del oro desafiando las calamidades de la jungla.
         La buhonería que ahora degrada y desfigura a nuestra ciudad del Orinoco se parece mucho a la minería en eso de depredar en aras del sustento.  Pero, lamentablemente, es la alternativa que eventualmente encuentra quienes no encuentra donde emplear su capacidad y fuerza muscular.  De manera que lo que está planteado es la creación de fuentes de trabajo y eso es imposible que pueda hacerlo sólo el gobierno, mucho menos, alejando al inversionista que no cree en El Dorado sino en las fuerzas creadoras de los bienes de fortuna y el equilibrio social.


viernes, 19 de agosto de 2016

La baranda de la Plaza Bolívar

Es a partir de 1869 cuando se erige la estatua pedestre del Libertador que se comienza a dar a la Plaza Mayor de Angostura la conformación actual cerrada con rejas y portones, pero un poco más grande, abarcando incluso el muro occidental de la Catedral y separada de la fachada de los inmuebles que la circundan por estrechas calles a través de las cuales podían transitar los rudimentarios medios de transporte de la época.
         La Plaza, totalmente cercada con barandas de hierro forjado y tres pesados portones, tenía faroles, 16 bancos de madera y hierro, y tres piletas de cuyo centro emergían esculturas de hechura romana con hilos de agua.  El piso fue embaldosado con mollejones en 1900 siendo Presidente del Estado Lorenzo Guevara.
         En tiempos de Eleazar López Contreras y siendo el doctor Ovidio Pérez Ágreda, Presidente del Estado, dispuso reducir el perímetro de la Plaza a objeto de facilitar el tránsito por la calle Bolívar que resultaba estrecha.  Se le asignó el trabajo a la Herrería de Giuseppe Abatí, ubicada en la avenida El Porvenir, frente a La Laguna, y quien tomó las previsiones para mantener los portones, pero una decisión del Presidente del Estado culminó con su eliminación definitiva por estimar que las plazas públicas debían permanecer abiertas, sin horario, para el disfrute de la ciudadanía.  Los portones permanecían desde entonces bajo custodia en el fondo de la casa de don José Abatí, hijo del herrero Giuseppe Abatí hasta que fueron repuestos hae seis años.
         Hasta entonces y, desde mediados del siglo veinte, se acostumbraba abrir y cerrar la Plaza Bolívar de seis de la mañana a seis de la tarde por cuestión de seguridad y para evitar las deyecciones  de animales realengos en  sus jardines.
         En 1983 y con vista a los actos del bicentenario del natalicio de Padre de la Patria la Dirección de Fomento y Obras Públicas a cargo de la ingeniero Marina Corona, inició, a través de la contratista “Gobesfra”, la misma que construía el Boulevard, los trabajos de remodelación de la Plaza.
         Se aspiraba a que la Plaza fuese más funcional, pero aceptable dentro del propio diseño original. Su textura antigua de mollejones que había sido cambiada por granito durante la administración del gobernador Rafael Sanoja Valladares, pretendieron sin éxito restituirla  con laja verde  traída de las canteras del Miamo.
         La remodelación afectó también algunas zonas verdes y fuentes que a criterio de la gobernación hacían infuncional la Plaza. El podium para las retretas fue restaurado y la escultura de mármol que simboliza a Venezuela elevada y mejorada su ubicación con relación a las otras que simbolizan las naciones de la Gran Colombia.
         La remodelación de la Plaza Bolívar no pasó de los tres millones de bolívares y  el diseño elaborado por el Grupo Natalio Ávila guardaba cierta relación con la obra del Boulevard Bolívar que entonces se ejecutaba y que resultó un desastre y lo más grave, con la autorización de la Junta Nacional de Conservación del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación que presidía el Dr. Armando Rojas.

En tiempos de Rojas Suárez y durante una visita del Presidente  de la Republica un tumulto de personas se recostó en las barandas de la parte occidental y la derribó. Siempre hemos dicho que las plazas públicas son sitios para la recreación pasiva como pasear, tertuliar, reencontrarse con el amigo, deleitarse con el concierto o la retreta tradicional y los actos oficiales solemnes, pero no para manifestaciones públicas con gritos y pancartas, no para montar en su vecindad una tarima y presentar espectáculos de corte popular, para ello el Estado diseñó y construyó la Plaza Centurión, el Anfiteatro del Parque el Mirador y la Concha Acústica.

miércoles, 17 de agosto de 2016

La Bañera de Dalla Costa


Cuando algún visitante de la Casa de San Isidro se le ocurría caminar el patio,  le llamaba la atención una bañera casi como tirada entre las piedras y preguntaba si allí acaso el Libertador solía bañarse, pero imposible que para entonces, me refiero a 1819, existiera en esta ciudad tan pobre y de escasos habitantes, una bañera de mármol como esa.  Tal vez alguna tina o pila de madera para sentarse de cuclillas y disfrutar, más por sumersión o baño de asiento que de toda la humanidad.
         Esa bañera de mármol, en la Casa de San Isidro, estaba allí como están otras cosas que no son propias del inmueble ni menos que haya de algún modo pertenecido al Libertador.  Esa bañera, tiene una leyenda grabada que dice haber pertenecido a Dalla Costa hijo y fue donada al Museo Talavera por José Miguel Carranza en 1945.  Paso a creer que a Juan Bautista Dalla Costa hijo, cuya juventud y educación transcurrió en Europa pudo haberla traído de allá como de allá importó el inmenso piano de la Catedral que destruyó el comején o la escultura de Diana La Cazadora que en su hogar con tanto celo guarda doña Malú Liccioni de Huncal y la cual rescató de la bodega de Saturnino Pardo.
        Hace ya unos cuantos días, leyendo periódicos antiguos, me encontré  con la reproducción de un telegrama enviado desde Tucupita,  septiembre de 1936, en el que un señor Max Rojas D. ofrecía en venta la Biblioteca de Dalla Costa constante de 3 mil volúmenes con su correspondiente vitrina.  ¡Figúrense ustedes a donde fue a parar!  Por supuesto que el Gobierno Regional no la compró porque como de costumbre el presupuesto nunca alcanza para obras tan dignas, pero en alguna parte debe estar, quién sabe sin en el exterior.
         La señora Milagros Figueroa, tan preocupada por la memoria de la ciudad, me hablaba recientemente de la necesidad de una agrupación para rescatar el espíritu civilista de Juan Bautista Dalla Costa, sin duda uno de los ciudadanos y hombres públicos realmente progresistas de la Guayana del siglo diecinueve.
         Lo de la bañera, por supuesto, es otra cosa, pero un detalle que sirve para ver los modos de vida de otros tiempos cuando no existía acueducto y el agua había que tomarla del tejado en tiempo de lluvia o cargarla desde la orilla del río, de morichales o del jagüey más cercano.  Y como era tan escasa a pesar del Orinoco, la gente se bañaba cada ocho días y por la mañana apenas si el agua alcanzaba para lavarse la cara, las piernas y los brazos.  Hoy en día el agua fluye hasta por las alcantarillas y los baños y balnearios compiten en confort y hay bañeras también de todo tipo, precio y colores, muy parecidas a la de Dalla Costa, pero tienen otro nombre: jacuzzi, equipadas con chorros de agua a presión que crea unas burbujas relajantes.
         A finales del siglo XIX algunas casas de las clases altas ya disponían de cuartos de baño, con agua corriente y bañeras de madera, cobre o hierro; mientras tanto, el resto de la población acudía a la playa de los ríos cercanos, especialmente el Orinoco y el San Rafael, y a los baños públicos construidos a solicitud del ayuntamiento por Georges  Underhill, con el cual había contratado la construcción del acueducto cuya matriz iba desde punta Castillito en la zona del Mercado Municipal (El Mirador) hasta la parte alta del antiguo Polvorín Santa Bárbara, donde se levantó la Caja de Agua.
Gracias a la industrialización de los aparatos sanitarios la mayoría de las viviendas desde muy avanzado el siglo XX tienen uno o más cuartos de baño, equipados con agua caliente y bañeras o platos de ducha de acero esmaltado. Además, el baño se ha convertido en un hábito higiénico muy importante para la salud del bolivarense.  (La bañera de Dalla Costa ha sido referida a la Casa Parroquial)