miércoles, 31 de agosto de 2016

El Creador de la Orden Congreso de Angostura

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Asdrúbal Aguiar (en la foto), personaje vinculado al Estado Bolívar desde los tiempos del gobernador Manuel Garrido Mendoza, es el creador de la Orden Congreso de Angostura, de gran prestigio internacional hasta que algunos Gobernadores la relajaron otorgándola a diestra y siniestra distante de las motivaciones conceptuales de la Orden.
Se instituyó por una Ley de la Asamblea Legislativa conforme a un anteproyecto presentado por Aguiar, entonces Secretario Privado del Gobernador  arquitecto Manuel Garrido Mendoza (1970-1974).
El anteproyecto fue presentado el 21 de enero de 1971 al Poder Legislativo Regional  y tuvo como fundamental objetivo, establecer una forma  permanente, con la cual dignificar la importancia histórica de uno de los hechos más transcendentales de una Epopeya Libertaria, motivadora de la estabilidad de nuestras instituciones y fiel gestor de la nacionalidad.
Asdrúbal Aguiar, hermano de Hermágoras Aguiar, quien fue Presidente Ejecutivo d la Electricidad de Ciudad Bolívar, salió de Ciudad Bolívar ungido de la buena fortuna pues desde entonces ha enaltecido sus estudios profesionales y ocupado los más relevantes cargos a nivel nacional e internacional.
Egresado de abogado en la Universidad Central de Venezuela consiguió el master en dicha Universidad en Derecho de la Integración Económica y así como un Curso de Postgrado de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. Diplomado como Especialista en Comercio Internacional por la Libera Universitá Internazionale degli Studi Sociali (LUISS) sita en Roma y Doctor en Derecho Summa cum laude por la Universidad Católica Andrés Bello ubicada en Caracas.
Profesor y catedrático en varias universidades, así como ensayista y escritor además columnista de la prensa. Ejerció como Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos,  ocupó el cargo de gobernador del Distrito Federal  entre 1994 y 1996 designado por el gobierno del presidente Rafael Caldera, además de desempeñarse como Ministro de la Secretaría de la Presidencia y de Relaciones Interiores bajo ese mismo Gobierno.
En Paris fue designado Presidente de la Unión Latina, organización internacional e intergubernamental creada en 1954 por países de los cinco continentes con lenguas oficiales derivadas del latín.
         La noticia de su importante jerarquía internacional fue placentera para los bolivarenses y para Venezuela porque fue el primer hispanoparlante en presidir la Unión Latina, organización que cuenta con 35 estados miembros, entre ellos, naciones de habla española, portuguesa, italiana, francesa y rumana y aunque parezca raro, también está Filipinas, archipiélago del sureste asiático, cuya incorporación se hizo tomando en cuenta sus orígenes hispánicos.
         La Unión Latina que al comienzo de su formación tenía como objetivo fortalecer y promover los valores de la latinidad sigue sujeta a ese principio, pero ahora con el advenimiento de la llamada globalización piensa a través de su nueva autoridad  que su papel ahora en tal sentido es más riguroso, amplio e importante. 
         Aguiar en sus primeras declaraciones dijo entonces que si el problema planteado por la globalización es el avance de la humanidad hacia el pensamiento único con lo cual los modelos políticos, económicos y culturales tendrían que responder a un único patrón, o a una unidireccionalidad intelectual, nada más apropiado entonces que la Unión Latina defienda el patrimonio de la latinidad como elemento de diversificación de tales patrones.   Últimamente Aguiar ejercía, no se si todavía,  la docencia en Argentina.




lunes, 29 de agosto de 2016

La familia de las cuatro letras


Así me dijo el Comisario Cirilo Perdomo (en la foto) que se llamaba internamente  el Cuerpo Técnico de la Policía Judicial.  Me lo dijo en la ocasión de averiguación contra un empresario minero que me había suministrado información documental publicada en El Nacional, sobre la actuación de funcionarios de ese cuerpo y la Guardia Nacional.

         No transcurrió muchos días sin que el empresario minero fuera a parar a La Pica, con lo cual los dos organismos de investigación y seguridad quedaron virtualmente exentos de culpa, lo que no significa que en las prenombradas familias no haya ovejas negras, pues en la viña del señor, como bien reza la Biblia, inevitablemente nunca deja de crecer la mala hierba, con la cual, por supuesto, el labriego debe permanecer alerta, hoz en mano, para que el cultivo no se arruine.
         El CTPJ es un buen cultivo a pesar de la maleza que algunas veces  le introducen  las correntías y, el 20 de febrero de 1991 cuando cumplió 43 años aún no le habían cambiado el nombre por el que ostenta ahora, tan largo como tan difícil de memorizar  o romper con la tradición.
Este cuerpo fue creado ese día y mes de 1958, por la Junta cívico- militar presidida por el Contralmirante Wolfgan Larrazábal Ugueto,  como órgano auxiliar del Poder Judicial que hasta entonces se valía de la funesta Seguridad Nacional.
         La Seguridad Nacional era un organismo híbrido, mezcla de policía de estado policía judicial, que se prestó para condenables situaciones de hostigamiento, coacción, tortura y persecución política en aras de un gobierno de fuerza repudiable por ilegítimo, agresor de los derechos ciudadanos y de la dignidad  humana.
La PTJ, nacida al calor de un gobierno de facto pero en función de la Democracia, acabó con la Seguranal que malogró vidas, lesionó reputaciones y se auto -levantó un expediente de policía funesta y malvada.
         Hoy los Tribunales de Justicia cuentan con una Policía preventiva y represiva, pero al mismo tiempo científica, que persigue y combate el delito donde quiera que surja, coadyuvando así a la estabilidad y protección social.
         La edad de la PTJ en  Venezuela es, si se quiere, la misma que tienen las Seccionales y Delegaciones más importantes del país, entre ellas, la de Ciudad Bolívar establecida bajo la dirección del amigo Carlos Guzmán Vera, a quien siempre persiguió el fantasma del suicidio. La de Ciudad Guayana fue creada en 1983 por el gobierno de Luis Herrera Campíns atendiendo a su crecimiento poblacional, al alto índice delictivo y al establecimiento allí de un nuevo circuito del Poder Judicial.
         A nivel nacional la PTJ creció, se tecnificó y abrevó en los adelantos que se producían en las mejores policías del mundo como la norteamericana, la francesa, la inglesa y la Israelí para perfeccionar sus métodos, sistema y mantener una depuración constante en aras de su eficacia, fortaleza, confianza y credibilidad social. En esa dirección procuraba que sus miembros fuesen licenciados universitarios formados a través de núcleos y delegaciones en las regiones del país. En tales núcleos los funcionarios podían en un año optar al grado de detective y luego de cuatro años más de estudios a distancia, optar a la licenciatura de ciencias criminales.
         No se si mantiene hoy la misma estructura y marcha al mismo ritmo profesional de antes cuando yo era corresponsal de El Nacional y me tocaba visitar diariamente a Guzmán Vera montado en su oficina en los altos de la Casa Capella. Hoy la antigua PTJ se llama conforme a la Ley promulgada en enero de 2001 “Cuerpo de Investigaciones, Científicas, Penales y Criminalísticas”.  Ahora, Señor Perdomo, es la familia de  las cinco letras (CICPC)






domingo, 28 de agosto de 2016

El Bachiller Noel Valery


El 27 de agosto de 2916 dejó de existir el Bachiller Noel Valery, quien fue Presidente del Concejo Municipal de Ciudad Bolívar y Presidente Regional de la Junta Patriótica que derrocó al dictador Marcos Pérez Jiménez,
El doctor Carlos Valery me llamó ayer temprano para informe de este conmovedor suceso que cortó la vida de su padre a la edad de 98 años en la casona de la Avenida Táchira en donde de los años cuarenta también vivió su Padre don Natalio Valery, luchador incansable por el avance social y económico de la provincia.
En la gráfica de mejores tiempos lo vemos junto con el pediatra que también fue presidente edilicio,  doctor Carlos Hernández Acosta y el gobernador Luís Felipe Goubat)  tertuliando sobre los problemas de la ciudad capita,
El  26 de abril celebró sus 98 años, pues nació en 1918, cuando Ciudad Bolívar aún se reducía a lo que hoy denominamos Casco Histórico.
Noel Valery siguiendo el ejemplo de su Padre, realizó obras perdurables para el desarrollo urbano de Ciudad Bolívar cuando ejerció la concejalía y Presidencia de la Municipalidad del entonces Distrito Heres.
         Hijo de Don Natalio Valery Agostini y de Maria Ana Caballazzi La Cava, trató como su padre de origen francés, de seguir las huellas de este como maestro de la masonería, empresario y político.
         Así llegó a ser concejal y Presidente del Concejo Municipal, luego de haber sido Gerente fundador de la  “Embotelladora Orinoco” en 1947, fabricante de la famosa bebida internacional “Coca Cola” y de la “Gaseosa V” con extensiones en las poblaciones de Upata y San Félix de Guayana.
         Llegó a la Presidencia del Concejo Municipal de Heres en 1964-1965 para suplantar en la misma a Miguel Vicente Trota y tras haber sido presidente de la Junta Patriótica en el Estado Bolívar a raíz de la revolución cívico militar estallada el 23 de enero de 1958, la cual dio al traste con la Dictadura del General Marcos Pérez Jiménez.
El 5 Diciembre 1964 los bolivarenses fueron convocados por el Presidente Municipal Noel Valery para conmemorar la Batalla de Araure con la inauguración de la Plaza José Antonio  Páez en la urbanización Vista Hermosa. Así mismo ese mismo día inauguró la Plaza Francisco Pancho Contasti Gerardino en la zona oriental del cementerio, justamente en la Calle La Manga de Pero Seco. Los bustos en las peanas de ambas plazas fueron realizadas por el artista hispano Julio Manuel Barreiro Rivas, el mismo escultor que en 1969 modeló el Jesucristo de barro negro de 11 metros de alto en los morichales a San Salvador de Paúl.
El 23 de Mayo 1965, dentro del año Bicentenario de la fundación de la ciudad, fue inaugurado el Hipódromo Municipal Angostura en la zona del Jobo Liso por el bachiller Noel Valery y el presidente del centro hípico Antonio José Grimaldi
El primero de septiembre 1965 el bachiller Noel Valery, a nombre de la Municipalidad Heriana impuso a Monseñor Constantino Maradey Donato las Llaves de la ciudad.  El acto ocurrió en la Terminal del Aeropuerto en medio de una nutrida manifestación de parroquianos, jubilosos por haber sido el paisano elevado a la jerarquía de prelado como primer obispo de la Diócesis de Cabimas en el Estado Zulia.
Noel estuvo al frente de la firma N. Valery Agostini e hijos ("La Comercial Orinoco") con representaciones de firmas tanto nacionales como extranjeras. Asimismo cuando su padre abrió las plantas embotelladoras de Coca Cola y Gaseosas "V", en esta ciudad y en los poblaciones de Upata y San Félix, con la denominación comercial de C. A. "Embotelladora Orinoco" que funcionó en edificio propio construido en el Paseo Orinoco.
La Coca Cola llegó a Ciudad Bolívar por primera vez en 1941.  La botella costaba un real y los guayaneses buscaron la novedad hasta que al año siguiente, junio de 1942, llegó la competencia.  “Llegó la Pepsi-cola” decían los parroquianos bolivarenses a través del comerciante julio Paván. Hacía treinta años que la The Pepsicola C.A,  en Long Island City había dado a conocer al mundo la agradable gaseosa.  Entonces fue cuando la Coca Cola, a través de don Natalio Valery instaló en junio de 1947 una planta embotelladora.  Entonces, una caja de 24 botellas costaba cuatro bolívares, Pero, la Pepsicola terminó avasallando el mercado montando plantas en Ciudad Bolívar y Caroní, llevando a la quiebra la Coca Cola de los Valery.  


jueves, 25 de agosto de 2016

Una Chalana llamada “La Múcura”


“La múcura está en el suelo, mamá, no puedo con ella / Me la llevo a la cabeza y, mamá, no puedo con ella / Es que no puedo con ella”.  Este porro colombiano de Tulio Fuentes de los años cincuenta, según me han dicho, volverá por sus fueros.  Como que es la moda.  Está resucitando la música del pasado así como José Luis Rodríguez resucitó la de los Panchos.  Siempre es  bueno que suceda, al menos en este caso de la múcura,  para dar a conocer una expresión indígena que el avance de la civilización ha ido sepultando en el olvido.  Porque la múcura es vocablo cumanogoto y tamanaco, según el diccionario folclórico del amigo Juan José Ramírez.  Claro, nuestros antepasados  no decían múcura sino mukra.  En Colombia y Bolivia también es común el término.
         Se trata de un ánfora de barro, o más criollo, de un tinajón de barriga esférica, cuello largo y boca ancha, utilizado antes para cargar agua en la cabeza o en el cuadril y  también  para enterrar sus morocotas quienes poco confiaban de la banca.
         Este recipiente de barro crudo fue popularizado en una canción en forma tal que el nombre, por asociación o figuración, se lo endilgaron a autobuses, carretas, barcos y ratoneras.  En Ciudad Bolívar fue popular una chalana construida por Alberto Minet y echada al río con ese nombre, para trasbordar los vehículos entre una costa y otra del Orinoco, pero tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe. La chalana se hundió en febrero de 1952, martes de carnaval, entre la isla  Degredo y la Piedra del Medio.
         La chalana había zarpado de Soledad con 2 camiones zorra cargados de palas mecánicas para una compañía minera, más sus respectivos conductores, ayudantes, un pasajero y los tripulantes de la embarcación.  Zaspó y no arribó a su destino porque se hundió y desaparecieron bajo las aguas el conductor Vicencio Verdú y su ayudante Octavio González.  Los demás sobrevivieron a este naufragio que opacó la alegría del Carnaval y del que se estuvo hablando por mucho tiempo.  
Hasta se especuló atribuyéndolo a la hidra de siete cabezas que según una vieja leyenda mora bajo la Piedra del Medio.
         En esa oportunidad, la guaracha hizo mutis en los escenarios y emisoras.  En cambio, cuando Marcos Pérez Jiménez fue derrocado por el golpe cívico militar del 23 de enero de 1958, los medios radioeléctricos no encontraron una música más apropiada  y asociada al acontecimiento que  “La Mucura” en la voz grabada de Víctor Piñero.  La verdad es que nada era tan parecido a una múcura que el célebre gordito de Michelena, sólo que el cuello, en vez de largo,  era corto, pero estaba en el suelo porque  el pueblo ya no podía ni lo quería.
         La responsabilidad de Minet quedó intocada, pues se comprobó que La Múcura se hundió no porque se la haya tragado la hidra sino por exceso de carga.  Fue la primera chalana de hierro construida por Minet recién llegado de Francia y por encargo de don Antonio Levanti asociado con Planchar, quien era dueño de una bomba de gasolina y un taller de reparación de vehículos.
A la orilla del río, cerca de la las instalaciones de los depósitos de combustible de la Creole, Minet construyó  un cobertizo para construir la chalana y que al mismo tiempo le sirvió de oficina y  cuarto de dormir.  El señor Planchar no estaba convencido de que una chalana de metal flotara siendo el hierro tan pesado.  Minet le apostó la escopeta que él le había prestado para cazar patos en la laguna. Si el barco se hunde más arriba que la línea de flotación, la escopeta es mía le dijo Minet. Cuando se convenció que La Múcura flotaba y que había perdido su escopeta, “Me la entregó arrepentido de haber dudado de mí”. Me contó Minet, quien de ninguna manera la aceptó.   La segunda chalana construida por Minet fue la de Olivieri para el Paso de Caruachi en el Caroní.


miércoles, 24 de agosto de 2016

Cruz Moreno Seijas: 75 Años

El Periodista Cruz Moreno Seijas
Sube hoy al Escaño 75 de la escalera del tiempo

El colega Cruz Moreno Seijas sube hoy el escaño 75 de la interminable escalera del tiempo, pues nació en Maturín el 24 de agosto de 1941, Día de San Bartolomé, patrono de los sastres, pero Moreno nada de sastre tiene sino los flux que ellos cortan y que él siempre ha ostentado muy bien igualando en el gusto del buen vestir y de la moda, por supuesto, al doctor León Guevara Enet.
         Vive en ciudad Bolívar desde 1959, cuando contaba 18 años de edad.  Vino como asistente de su hermano Jesús Moreno  que operaba un Linotipo en la Editorial Talavera editora del diario “El Bolivarense” donde prácticamente Morenito se hizo periodista de tanto imponer lingotes de plomo caliente.
Moreno es hijo de una indígena conocida en la tierra del Guarapiche  como  ”Doña Bárbara” por el parecido que tenía con el llanero personaje de la novela de Rómulo Gallegos,  solo que el marido padre de Morenito no se llamaba Santo Luzardo ni nada tenía que ver con él toda vez que su padre Cruz  Moreno era de  origen vasco aunque nunca pudo dominar la lengua Euskera, propia de esa etnia hispana y la más antigua del continente europeo.
Moreno Seijas trabajó como reportero y alguna veces como Jefe de Información en casi todos los periódicos de ciudad Bolívar (El Bolivarense, El Luchador, El Expreso) y Ciudad Guayana y como Jefe de Prensa de la Gobernación del Estado Bolívar en tiempo de los gobernadores copeyanos y siendo Tomás Chino León, Jefe de Relaciones Públicas.
En resumen este colega que siempre y en los momentos más atribulados anda con una sonora sonrisa ha sido  profesional muy práctico y sobre todo leal, trabajador, critico de sí mismo y de los demás, un poco tímido  y servicial.  Casado con la Guía de Turismo, Ana López, con la que cuenta cuatro hijos sumados a otros muchos que tuvo por fuera en sus andanzas reporteriles. (AF)






lunes, 22 de agosto de 2016

La maldición de El Dorado


Si ese legendario rey o cacique llamado El Dorado, tan parecido a Midas, realmente existió, ha debido lanzar una maldición tan severa que hasta ahora, quienes se aventuran a su encuentro no han logrado sino destrucción del medio ambiente, enfermedad y muerte.
         ¡Cuánto se ha dicho y escrito sobre El Dorado y su secuela espantosa!  Desde los tiempos bíblicos se busca a El Dorado, sólo que entonces tenía el nombre de Ofir.  Era Ofir  una ciudad dorada que jamás apareció en ninguno de los mapas de la antigüedad, pero que buscaron incesantemente a costa de muchos sufrimientos y derramamientos de sangre,  aventureros obsesionados por este sólo y único pasaje de la Biblia: “E Hiram envió con la armada a sus servidores, marineros que conocían el mar, junto con los servidores de Salomón.  Y llegaron a Ofir, y allí recogieron oro, cuatrocientos veinte talentos, y lo llevaron al rey Salomón”.  Parece ser que con ese oro, el Rey Salomón construyó el templo que todavía se disputan en lucha sangrienta y milenaria palestinos e israelitas.
         La experiencia histórica es abismal y desesperante.  El sociólogo Paúl Tabori la sentenció como una de las más grandes estupideces del planeta; sin embargo, aquí en Guayana donde la añagaza de El Dorado terminó de convencer a la gente que no era otro sino ese oro volcánico natural de la tierra, la situación ha cambiado.  Ahora la gente sabe a ciencia cierta donde está El Dorado, pero sabe que para llegarle con barra, pala, palín y batea, hay que destruir la naturaleza boscosa desafiando la zoonosis y dejando el alma y el pellejo sepultados entre cavernas.
         De esa realidad ambiental, cultural, económica y social se investiga con profundidad y persistencia.  A cada momento vemos, leemos, escuchamos, a través de los medios de comunicación social, cómo numerosos grupos e instituciones locales, nacionales y universales están sumamente inquietos y trabajan para coadyuvar en la solución de este problema cada vez más insoluble.
Recordamos al Grupo GREBO formado en el Núcleo Bolívar de la UDO y  la misma Comisión Permanente de Ambiente, Recursos Naturales y Ordenamiento Territorial del Consejo Legislativo Regional denunciando e investigando el problema de la minería ilegal al Sur del Estado Bolívar.
         Y los bolivarenses se preguntan y preguntan ¿qué van a investigar?, si la realidad está en nuestras propias narices. Si sobre el tema existen toneladas de informes oficiales y documentos. Recientemente una televisora metropolitana presentó un documental sobre la permanente agresión contra el medio ambiente que ya es rutina de la prensa y todas las plantas de televisión.  Más que buscar el oro en tantas formas confundido con la tierra, el minero lo que busca es el sustento que no encuentra en los centros urbanos o en la ciudad industrial.  Porque eso de buscar oro bajo el peso de una maldición ancestral, amigo, no es ninguna guayabita sabanera.   Entonces, lo que está planteado es darle trabajo estable y bien remunerado a la gente para que no ligue la buena suerte a través de la baraja, el dado, la lotería o la aventura del oro desafiando las calamidades de la jungla.
         La buhonería que ahora degrada y desfigura a nuestra ciudad del Orinoco se parece mucho a la minería en eso de depredar en aras del sustento.  Pero, lamentablemente, es la alternativa que eventualmente encuentra quienes no encuentra donde emplear su capacidad y fuerza muscular.  De manera que lo que está planteado es la creación de fuentes de trabajo y eso es imposible que pueda hacerlo sólo el gobierno, mucho menos, alejando al inversionista que no cree en El Dorado sino en las fuerzas creadoras de los bienes de fortuna y el equilibrio social.


viernes, 19 de agosto de 2016

La baranda de la Plaza Bolívar

Es a partir de 1869 cuando se erige la estatua pedestre del Libertador que se comienza a dar a la Plaza Mayor de Angostura la conformación actual cerrada con rejas y portones, pero un poco más grande, abarcando incluso el muro occidental de la Catedral y separada de la fachada de los inmuebles que la circundan por estrechas calles a través de las cuales podían transitar los rudimentarios medios de transporte de la época.
         La Plaza, totalmente cercada con barandas de hierro forjado y tres pesados portones, tenía faroles, 16 bancos de madera y hierro, y tres piletas de cuyo centro emergían esculturas de hechura romana con hilos de agua.  El piso fue embaldosado con mollejones en 1900 siendo Presidente del Estado Lorenzo Guevara.
         En tiempos de Eleazar López Contreras y siendo el doctor Ovidio Pérez Ágreda, Presidente del Estado, dispuso reducir el perímetro de la Plaza a objeto de facilitar el tránsito por la calle Bolívar que resultaba estrecha.  Se le asignó el trabajo a la Herrería de Giuseppe Abatí, ubicada en la avenida El Porvenir, frente a La Laguna, y quien tomó las previsiones para mantener los portones, pero una decisión del Presidente del Estado culminó con su eliminación definitiva por estimar que las plazas públicas debían permanecer abiertas, sin horario, para el disfrute de la ciudadanía.  Los portones permanecían desde entonces bajo custodia en el fondo de la casa de don José Abatí, hijo del herrero Giuseppe Abatí hasta que fueron repuestos hae seis años.
         Hasta entonces y, desde mediados del siglo veinte, se acostumbraba abrir y cerrar la Plaza Bolívar de seis de la mañana a seis de la tarde por cuestión de seguridad y para evitar las deyecciones  de animales realengos en  sus jardines.
         En 1983 y con vista a los actos del bicentenario del natalicio de Padre de la Patria la Dirección de Fomento y Obras Públicas a cargo de la ingeniero Marina Corona, inició, a través de la contratista “Gobesfra”, la misma que construía el Boulevard, los trabajos de remodelación de la Plaza.
         Se aspiraba a que la Plaza fuese más funcional, pero aceptable dentro del propio diseño original. Su piso antigua de mollejones que había sido cambiado por granito durante la administración del gobernador Rafael Sanoja Valladares, pretendieron sin éxito cambiarlo  con laja verde  traída de las canteras del Miamo.
         La remodelación afectó también algunas zonas verdes y fuentes que a criterio de la gobernación hacían infuncional la Plaza. El podium para las retretas fue restaurado y la escultura de mármol que simboliza a Venezuela elevada y mejorada su ubicación con relación a las otras que simbolizan las naciones de la Gran Colombia.
         La remodelación de la Plaza Bolívar no pasó de los tres millones de bolívares y  el diseño elaborado por el Grupo Natalio Ávila guardaba cierta relación con la obra del Boulevard Bolívar que entonces se ejecutaba y que resultó un desastre y lo más grave, con la autorización de la Junta Nacional de Conservación del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación que presidía el Dr. Armando Rojas.
En tiempos del Gobernador Antonio  Rojas Suárez y durante una visita del Presidente  de la República, Hugo Chávez Frías,  un tumulto de personas se recostó en las barandas de la parte occidental y la derribó. Siempre hemos dicho que las plazas públicas son sitios para la recreación pasiva como pasear, tertuliar, reencontrarse con el amigo, deleitarse con el concierto o la retreta tradicional y los actos oficiales solemnes, pero no para manifestaciones públicas con gritos y pancartas, no para montar en su vecindad una tarima y presentar espectáculos de corte popular, para ello el Estado diseñó y construyó la Plaza Centurión, el Anfiteatro del Parque el Mirador y la Concha Acústica.

miércoles, 17 de agosto de 2016

La Bañera de Dalla Costa


Cuando algún visitante de la Casa de San Isidro se le ocurría caminar el patio,  le llamaba la atención una bañera casi como tirada entre las piedras y preguntaba si allí acaso el Libertador solía bañarse, pero imposible que para entonces, me refiero a 1819, existiera en esta ciudad tan pobre y de escasos habitantes, una bañera de mármol como esa.  Tal vez alguna tina o pila de madera para sentarse de cuclillas y disfrutar, más por sumersión o baño de asiento que de toda la humanidad.
         Esa bañera de mármol, en la Casa de San Isidro, estaba allí como están otras cosas que no son propias del inmueble ni menos que haya de algún modo pertenecido al Libertador.  Esa bañera, tiene una leyenda grabada que dice haber pertenecido a Dalla Costa hijo y fue donada al Museo Talavera por José Miguel Carranza en 1945.  Paso a creer que a Juan Bautista Dalla Costa hijo, cuya juventud y educación transcurrió en Europa pudo haberla traído de allá como de allá importó el inmenso piano de la Catedral que destruyó el comején o la escultura de Diana La Cazadora que en su hogar con tanto celo guarda doña Malú Liccioni de Huncal y la cual rescató de la bodega de Saturnino Pardo.
        Hace ya unos cuantos días, leyendo periódicos antiguos, me encontré  con la reproducción de un telegrama enviado desde Tucupita,  septiembre de 1936, en el que un señor Max Rojas D. ofrecía en venta la Biblioteca de Dalla Costa constante de 3 mil volúmenes con su correspondiente vitrina.  ¡Figúrense ustedes a donde fue a parar!  Por supuesto que el Gobierno Regional no la compró porque como de costumbre el presupuesto nunca alcanza para obras tan dignas, pero en alguna parte debe estar, quién sabe sin en el exterior.
         La señora Milagros Figueroa, tan preocupada por la memoria de la ciudad, me hablaba recientemente de la necesidad de una agrupación para rescatar el espíritu civilista de Juan Bautista Dalla Costa, sin duda uno de los ciudadanos y hombres públicos realmente progresistas de la Guayana del siglo diecinueve.
         Lo de la bañera, por supuesto, es otra cosa, pero un detalle que sirve para ver los modos de vida de otros tiempos cuando no existía acueducto y el agua había que tomarla del tejado en tiempo de lluvia o cargarla desde la orilla del río, de morichales o del jagüey más cercano.  Y como era tan escasa a pesar del Orinoco, la gente se bañaba cada ocho días y por la mañana apenas si el agua alcanzaba para lavarse la cara, las piernas y los brazos.  Hoy en día el agua fluye hasta por las alcantarillas y los baños y balnearios compiten en confort y hay bañeras también de todo tipo, precio y colores, muy parecidas a la de Dalla Costa, pero tienen otro nombre: jacuzzi, equipadas con chorros de agua a presión que crea unas burbujas relajantes.
         A finales del siglo XIX algunas casas de las clases altas ya disponían de cuartos de baño, con agua corriente y bañeras de madera, cobre o hierro; mientras tanto, el resto de la población acudía a la playa de los ríos cercanos, especialmente el Orinoco y el San Rafael, y a los baños públicos construidos a solicitud del ayuntamiento por Georges  Underhill, con el cual había contratado la construcción del acueducto cuya matriz iba desde punta Castillito en la zona del Mercado Municipal (El Mirador) hasta la parte alta del antiguo Polvorín Santa Bárbara, donde se levantó la Caja de Agua.
Gracias a la industrialización de los aparatos sanitarios la mayoría de las viviendas desde muy avanzado el siglo XX tienen uno o más cuartos de baño, equipados con agua caliente y bañeras o platos de ducha de acero esmaltado. Además, el baño se ha convertido en un hábito higiénico muy importante para la salud del bolivarense.  (La bañera de Dalla Costa ha sido referida a la Casa Parroquial)



lunes, 15 de agosto de 2016

El Colegión


“El Colegión” que era una escuela primaria graduada sostenida por el Gobierno Regional siguiendo la política que sobre educación gratuita impuso Juan Bautista Dalla Costa en el siglo diecinueve, funcionaba en la parte baja del edificio colonial que sirvió de asiento al Congreso de Angostura
         Allí permaneció hasta  1912 que la absorbió el Ministerio de Instrucción  y lo transformó en la Escuela graduada “Tomás de Heres” que los profesores Alejandro Fuenmayor y el Bachiller Ramón Antonio Pérez trasladaron a la Casa Piar.
         El amigo José Vicente Mariño, quien formaba parte del Consejo Editorial de la revista Rasmia (impreso) y Códice (virtual), me pidió en cierta ocasión por correo electrónico, a nombre de la Escuela que en Ciudad Guayana lleva el nombre del Bachiller Felipe Hernández, escribiera sobre el Colegión y este personaje, del que nada o escasamente se sabía en la institución.  Eso pasaba con otras escuelas o liceos como el de El Palmar que lleva el nombre del doctor José Eugenio Sánchez Afanador, porque ha sido conducta tan reiterada como criticada del Ministerio respectivo y de la Dirección de Educación del Estado, no suministrar los datos biográficos  ni el retrato del personaje escogido para identificar los planteles.
Yo tampoco sabía mucho de FH en el momento y para enterarme tuve, incluso,  que ir hasta el cementerio colonial donde se hallan sus restos desde el 31 de agosto de 1939 que lo sepultaron sin Juana, su compañera que pudo sobrevivirlo hasta diez años después.
Nativo de Ciudad Bolívar, el bachiller Felipe Hernández destaca entre los maestros de la capital angostureña que hasta muy avanzado el siglo veinte  ejercieron el magisterio como un apostolado.  Casado con Juanita Natera, tía de Don Brígido Natera Ricci, fundador del diario El Bolivarense, Felipe Hernández fue maestro del Colegión cuando este funcionaba en la Casa del Congreso de Angostura.  En la histórica casona se prestaba entonces para dar cabida a los tres niveles de la educación pública.  En la parte baja que da con la calle Bolívar (aquí la foto) funcionaba la primaria y en la parte alta frente a la Plaza Bolívar, la secundaria y hasta principios del siglo veinte la educación universitaria.
         Hernández fue también director fundador de la Escuela Nacional Joaquín Moreno de Mendoza, creada en 1936 y por cuyas aulas pasaron Jesús Soto, Rafael Pineda José Sánchez Negrón, Vicente Latorraca, Brígido y Alejandro Natrera Contreras, Mario Jiménez Gambús, entre otros destacados profesionales.
         La Escuela Joaquín Moreno de Mendoza fue transferida al Municipio La Paragua para darle paso al Grupo Escolar Estado Mérida, un edificio modelo construido en los antiguos predios de la Ciudad Perdida durante el gobierno de Isaías Medina Angrita, pero que no pudo inaugurar el Presidente porque lo derrocaron el 18 de octubre del 45.
         Dos Escuelas, una en Ciudad Guayana y otra en Ciudad Bolívar, llevan el nombre de este distinguido maestro bolivarense, padre del médico Felipe  Hernández Natera, quien estudió en el Colegio Federal de Varones.  Luego prosiguió en la Universidad Central de Venezuela donde se graduó en 1934 de médico cirujano.  Posteriormente se especializó en ginecología.  Asistió a varios Congresos científicos y ejerció como cirujano de la Plaza de Toros de Caracas, donde tuvo ocasión de demostrar su capacidad profesional y habilidad con el escalpelo, en la operación de la ligadura femoral en el novillero Pepe Luis Vásquez.  Fundó una Clínica en Caracas para tratar la esterilidad y otros padecimientos propios de la mujer.  Algunos de sus trabajos científicos fueron publicados en la Gaceta Bayer.  Miembro fundador de la Comisión Pro Banco de Sangre del Estado Bolívar en Caracas y Presidente de la Casa Orinoco.



sábado, 13 de agosto de 2016

Gallegos y el Conde Cattáneo


GALLEGOS Y EL CONDE CATTANEO
En febrero de 1931 cuando Rómulo Gallegos llegó a Ciudad Bolívar en busca de material para su novela “Canaima”, trató y conoció a numerosos tipos que con nombres diferentes introdujo en su narración novelesca, entre ellos, el Conde de Sedrano Antonio G. Cattáneo Qurin (en la foto), personaje insólito que abandonó los palacios reales de la península itálica  para internarse en la selva de Guayana.
        Gallegos, a solicitud suya, fue invitado por el Presidente del Estado, doctor José de Jesús Gabaldón y su Secretario General de Gobierno, el upatense Toribio Muñoz, quien le presentó al ganadero  Rafael Lezama (en la novela Manuel Ladera) para que le sirviera de baquiano por todos los caminos, hatos y pueblos del interior de Guayana.
        Para ese año, el Conde Cattáneo contaba 51 años de edad y  prestaba servicio en la Gobernación del Estado, primero como Inspector de Obras Públicas y Director de Sanidad.  También como Jefe del Batallón Rivas No. 7 para combatir la cuarta invasión del general Arévalo Cedeño. Había ocupado otros cargos relevantes aquí y en varios puntos de Venezuela, desde la época de Cipriano Castro hasta 1970 cuando falleció, dado su rango militar de carrera, jefe de caballería en Italia y  Capitán de Cosacos en Siberia.  Incluso recorrió todos los países de América y peleó en Nicaragua al lado del General Santos Zelaya.
        Gallegos lo asume en su novela como el Conde Giaffaro, a quien Marcos Vargas, el protagonista, solía visitar los domingos atravesando el río Guarampín.  Misterioso, carilarga y desgalichado, a quien la edad ya lo hacía tartamudear,  lo describe Gallegos mientras Marcos Vargas quería que el Conde le hablara de su vida anterior, que le explicara por qué había decidido internarse para siempre en aquella selva.  En la novela el Conde vive solitario en una casa rústica, pero confortable, con huerta y jardín cultivados en medio del bosque bravío y con la momia de un indio que siempre lo había acompañado.
        ¿Decepciones? ¿Cansancio del mundo civilizado? ¿Fastidio de haberle dado la vuelta al mundo varias veces? -pregunta Marcos Vargas y el Conde movía negativamente la cabeza y quedábase mirando al criollo curioso, largo rato con sus ojos saltones…El conde sonreía inexpresivamente, mostrando sus diente largos y ennegrecidos por la nicotina.
        Lo que Gallegos inquirió del Conde, puesto en el talante y desasociego de Marcos Vargas, es lo que sicólogos modernos aconsejan a quienes sufren intoxicación de la psiquis, drenarse gritando a todo pulmón. “Hay que cuidarse haciéndose curas periódicas, abriéndole válvulas de escape a las inmundicias que se van acumulando dentro del alma a fin de que no lleguen  a intoxicarla por completo y para esto no hay nada tan bueno  como la selva. Trate usted su alma como una caldera de vapor, vigile los aparatos registradores de la presión y cuando advierta que ésta pone en peligro la integridad de aquella, gire el obturador sin falsos escrúpulos y abra la válvula al grito de Canaima. Deje que los demás se pierdan en conjeturas acerca de lo que significarán esos silbatos del alma.  Usted sabe lo que significa y eso basta”, aconsejaba el Conde y Marcos Vargas llegó desde ese momento a comprender lo que  ocurría dentro de él luego de haber dado muerte por venganza al sicario sanguinario Cholo Parima.
        Bajo una tempestad, internado en la selva, se desgarra las vestiduras y desnudo como Dios lo echó al mundo entra en plena comunión con las fuerzas telúricas y trata de purificar su alma tal como periódicamente lo hacía el Conde Giaffaro convertido desde entonces en misteriosa leyenda en boca de los purgüeros del Cuyuni y el Orinoco.
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viernes, 12 de agosto de 2016

La Feria del Orinoco


Hace 42 años fue instituida oficialmente la Feria del Orinoco abarcando en una sola unidad a la Feria Agropecuaria y la Feria de la Zapoara.  Desde entonces no ha perdido vigencia y denominación, aunque la primera vez ocurrió en enero de 1967 para que sirviese de marco a la inauguración del Puente Angostura sobre el Orinoco.  Es evidente que durante los años sucesivos, incluyendo el presente, siempre ha sido Agosto su tiempo puesto que es el mes cuando el Río Padre llega a la plenitud de sus aguas y cuando además de comenzar la pesca de la Zapoara  la iglesia católica celebra la aparición de la Virgen María en el Monte Esquilino y que en Angostura desde los tiempos de la Colonia fue entronizada bajo la advocación de la Virgen de las Nieves, pues desde una de la siete colinas nevadas de Roma, específicamente, del Monte Esquilino, nos vino en hombros de los misioneros franciscanos.
         Y la Feria del Orinoco, como todas las Ferias, elige en cada ocasión una Reina que se entiende es la guayanesa más bellas de todas las concursantes.  La primera fue Loisse Nouel, que vemos en la fotografía.  Era entonces una muchacha bella y atractiva que conocimos cuando laboraba en calidad de secretaria en la Lotería de Guayana.  Terminó casándose con el abogado Moisés Delima de tanto serenatearla con los boleros más sonadas de la época.
      Y aunque el Gobernador Edgar Vallée Vallée quiso sustituir el nombre de Feria del Orinoco por la tradicional Feria del Sapoara, no pudo porque el Orinoco realmente abarca mucho en la geografía venezolana.  La primera Reina de la Feria de la Sapoara fue una linda morena de Soledad que enervaba la voluntad de Cleto Salame, pero siempre de una u otra manera hubo Soberana, sólo el año 2009 que la Reina brilló por su ausencia, aunque poco hubiera valido elegirla porque como escribió la periodista Vanessa Boscán, el protagonista que es el Orinoco se veía disminuido por los tinglado corrugados de polietileno, la cerveza y los pinchos.
         En todo caso, hizo falta un úkase como el que dio lugar allá por los tiempos de Iván el Terrible:  “En nombre de Iván Vassilievich, Gran Príncipe de todas las Rusias, dado en Novgorod, nuestra capital, a los príncipes y bayardos que habiten a una distancia de cincuenta a doscientas verstas de Novgorod.  He elegido a N... y a N... y les he confiado la tarea de examinar a todas aquellas de vuestras hijas que puedan hallarse en condiciones de ser nuestra prometida.  Tan pronto recibáis esta carta, los que tengan hijas solteras deberán acudir inmediatamente con ellas a Novgorod-la-Grande... Quienes oculten a sus hijas y no las presenten a nuestros bayardos se atraerán grandes desgracias y terribles castigos.  Circulad esta carta entre vosotros, sin que esté más de una hora en poder de cada uno”.
         Una vez que los enviados del Príncipe habían seleccionado a las candidatas de cada capital de provincia, las más bellas eran enviadas a Moscú para escoger la que más ejerciera atracción sobre el interesado, sin importar mucho que fuese rica o pobre, noble o plebeya, sino virgen, muy sana y esencialmente hermosa.  El primer zar que eligió esposa en tan singulares condiciones fue Vassili Ivanovich.
Este modo de escoger a la más bella para esposa en la Rusia de los siglos quince y dieciséis  parece ser el origen de los concursos de bellezas adoptados por los países occidentales y que por esa vía ha venido hasta nosotros que elegimos reinas para presidir cada acontecimiento festivo trascendente, especialmente las Ferias como la del Orinoco y los Carnavales.  
        

martes, 9 de agosto de 2016

El Primer Hospital de Ciudad Bolívar


En principio creía que el Hospital Caridad era el mismo fundado por el obispo Mariano Talavera y Garcés, entre 1828 y 1842, a decir del Presbítero Guevara Carrera en sus “Apuntes para la historia de la Diócesis de Guayana”, pero viéndolo bien, el prelado lo que fundó no fue un hospital sino un Hospicio para mujeres indigentes, según Luis Aristeguieta Grillet.
         El primer hospital fue de hombres. Lo verificamos en la Gaceta Oficial de 1865 del Archivo Histórico donde aparece un oficio, 8 de abril,  del entonces Presidente del Estado, José Loreto Arismendi, solicitando a la dirección del Hospital de Caridad que la “indigente Ana María sea admitida en ese hospital exclusivo para hombres por no existir un hospital de mujeres. Quizá sea el único caso que ocurra por mucho tiempo sin mezclar los sexos en aquel establecimiento”.
         Este caso dio pie al Gobernante para tratar de crear  un Hospital para Mujeres nombrando al efecto una Comisión, a la cual instruyó el 25 de marzo  para que se “dirija al Concejo Municipal a fin de que la provea de un edificio debido a que la finca adquirida con tal fin se halla en una situación de litigio”.
         El 26 de julio de 1867, el Concejo Municipal, presidido por Antonio María Prieto, considerando que “a pesar de los esfuerzos que hasta ahora se han hecho por establecer el hospital de mujeres, no ha podido lograrse este a consecuencia de lo insuficiente de sus rentas”,.decreta el establecimiento del Hospital de Mujeres “destinándose las propiedades y rentas que existen para ello”.
         Efectivamente, en ese momento era posible porque el doctor Santos Gáspari, fallecido en Córcega el 22 de febrero de 1867 había dejado una manda de 2 mil francos para la construcción de la Capilla del Cementerio Católico y  una casa de su propiedad para que fuese destinada a Hospital de Mujeres, pues ya existía el de hombres.
         El único Hospital que había existido en la ciudad desde la instauración de la República, era el Militar dirigido por el doctor Juan Teófilo Benjamín Siegert y establecido por necesidad de la guerra (1819) en el  Convento de San Francisco.  Luego, cuando el Convento  fue transformado en Cuartel de Artillería, pasó a la calle Concordia, pero era un hospital que funcionaba sólo en tiempo de guerra.  Así en 1903 cuando la Batalla de Ciudad Bolívar (Guerra Libertadora) se improvisó en la Casa del Congreso de Angostura.
         El Hospital para Mujeres al fin fue creado con el nombre de Hospital de las Mercedes en una de las alas del edificio convertido después en Palacio Municipal.  En la otra ala funcionaba el Hospital de Caridad,  la cual fue objeto de una amplia remodelación con 25 mil bolívares enviados por el Gobierno Nacional y los impuestos fijados a los cueros de res.  Una vez reinaugurado (1907) pasó a llamarse Hospital Ruiz, por acuerdo municipal anticipado del 15 de mayo de 1900, en homenaje a uno de sus médicos más consecuentes, el doctor José Ángel Ruiz, fallecido el 21 de diciembre de 1897.    Las dos alas eran englobadas con el nombre de Hospital Caridad y Mercedes. Posteriormente Hospital Ruiz y Páez  en el homenaje también  al médico José Félix Páez, quien al igual que el anterior, ganó el afecto y admiración de la comunidad por su gran espíritu humanitario y su lucha a brazo partido contra las enfermedades.
Por decreto del 13 de marzo de 1883, del Presidente  J. M. Emazábal se reglamentaron, además de estos hospitales municipales, el Hospital del Lázaro y Elefantiasis que había sido creado cerca de la Laguna de Segundo al pie de la llamada Piedra de los Lázaros.  Cuando esta laguna subía impedía el paso hacia la hacienda La Potoca y había que tomar el camino de Agua Salaza.
        



lunes, 8 de agosto de 2016

La Plaza de los Mártires


La Plaza Mayor de Angostura, antes de ser consagrada oficial y públicamente como Plaza Bolívar, fue reconocida como Plaza de los Mártires en memoria de quienes fueron fusilados allí, todos guerreros de la Independencia y de otros eventos armados vinculados a intereses políticos regionales.
El General en Jefe, Manuel Piar, prócer de la Emancipación y Libertador de la Provincia de Guayana, fue el primero.  Encabezó la lista de los llamados Mártires, luego de haber sido pasado por las armas en la tarde del 16 de octubre de 1817, tras sentencia dictada por un Tribunal Castrense que lo halló culpable de los delitos de desobediencia militar, deserción y conspiración.
El 9 de agosto de 1823, fueron fusilados los oficiales  Anizeto Maldonado y Félix Figuera, acusados de armar una conspiración para derrocar al Gobernador Juan José Olivares, recién designado cuando los guayaneses esperaban y aspiraban que fuera un nativo como Eusebio Afanador o Juan Vicente Cardozo que representaron a la provincia como diputados al Congreso de Angostura.
El 6 de agosto de 1832, a raíz de la separación de Venezuela de la Gran Colombia y por secundar la rebelión de José Tadeo Monagas opuesta a esa determinación protagonizada por el General José Antonio Páez,  fue fusilado el Coronel Remigio Femayor junto con sus compañeros de armas, Teniente Nicolás Quiroga, Sargento Justo Prieto y soldado José Vargas, sin fórmula de juicio y disposición del Jefe de Operaciones de la provincia ,de Guayana, General Pedro Hernández.
En ese entonces era pena mortal  conspirar o sublevarse contra la autoridad gobernante.  Ese mismo año se sublevaron los Negros Esclavos de Angostura, pero fueron derrotados tras tomar el Parque de Artillería.  Los negros reclamaban la abolición de la esclavitud tal como lo proclamó el Libertador en 1816.  Los cabecillas de esta rebelión igualmente fueron fusilados, pero no en le Plaza Mayor de Angostura sino en le Plaza de Castillito como era conocida el  hoy Mirador. Hasta allí podía llegar el prejuicio de la discriminación racial y religiosa porque quien moría siendo practicante de religión distinta a la cristiana católica,  no podía ser sepultado en el Cementerio Municipal.


  

domingo, 7 de agosto de 2016

FEMAYOR FUSILADO EN LA PLAZA DE ANGOSTURA


FEMAYOR FUSILADO EN LA PLAZA DE ANGOSTURA
Rmigio Femayor fue un soldado guayanés que se distinguió en la Guerra de Independencia y que al igual que el general Manuel Piar, a quien estuvo adherido, fue pasado por las armas en le Plaza Mayor de Angostura, precisamente en plenas festividades de la patrona Nuestra Señora de las Nieves.  ¡Qué Ironía!   ¿Quién lo recuerda? Sin embargo, otros pseudo patriotas, tienen plazas, calles y avenidas con su nombre y hasta bustos y efigies.
Remigio Femayor sirvió a la República desde 1811 como soldado de caballería, haciendo luego, en 1812, la campaña sobre Guayana a las órdenes del coronel Manuel Villapol; en 1815, la segunda, con José Tadeo Monagas, quien lo ascendió a Capitán de caballería. En 1816 siguió con Piar a la tercera campaña so­bre el Orinoco. Ascendido a Teniente Coronel, fue jefe del escuadrón Guardia de Honor. Concurrió a la batalla de Sanfélix, donde se distin­guió al lado de Piar cuando éste en persona decidió la acción con una carga formidable de caballería. Femayor siguió prestando sus servicios a la causa de la Patria hasta alcanzar el grado de Coronel.
Contrajo matrimonio con Marta Infante, hermana del coronel Juan Infante, también prócer de la Independencia, y de ese enlace nacieron cinco  hijos: Manuel, Gregorio, José, Pedro y Calixta que quedaron pequeños y además desamparados porque la Madre al presenciar el fusilamiento de su esposo perdió la razón.
Treinta años más tarde,  se distinguió el tercero de sus hijos, Pedro por su valor personal durante la Guerra Federal hasta su asesinato en Tabasca el 19 de mayo de 1861por las fuerzas del Gobierno al mando del comandante Ángel Núñez.  Pedro Femayor fue uno de los valientes compañeros de Tiburcio Lira en la guerra Federal. Su hermano mayor, Gregorio, que fue el primogénito, fué bautizado en Angostura en 1819, por su padrino el general Manuel Sedeño. 
El fusilamiento de Remigio Femayor en la Plaza de Angostura ocurrió al mismo tiempo con sus soldados Teniente Nicolás Quiroga sargento Justo Prieto y soldado Pedro Vargas, sin fórmula de juicio, por disposición arbitraria del General Pedro Hernández, comandante de operaciones de Guayana a raíz de la separación de Venezuela de la Gran Colombia.  El Coronel Remigio Femayor se había puesto al lado de la sublevación de José Tadeo Monagas, partidario de la integración grancolombiana concebida por El Libertador. Más luego, convencido personalmente por José Antonio Páez,  Monagas desistió de su rebelión amparado por una amnistía total, la cual burló Hernández llevando a Femayor al paredón.
Eusebio Afanador, en su carácter de Gobernador, protestó contra tales crímenes en nota fecha 7 de octubre del mismo  año, dirigida al Gobierno Supremo de la Republica, y poco después se separó de la Gobernación.
El General Pedro Hernández (1792), verdugo de Femayor, era nativo de El Chaparro, parroquia de Barcelona. Empezó sus servicios en 1811 en la Caballería patriota. El año siguiente marchó en la expedición contra Angostura. Fracasado el intento, recaló a Maturín, donde en 1813 sirvió a las órdenes de Piar cuando la heroica defensa de esa ciudad. En 1811, a las órdenes de Bermúdez en la  misma población. En 1815, con Sedeño hizo la campaña sobre Guayana con el grado de Capitán de caballería.
En 1816 se incorporó al ejército del general Piar, ya con el grado deCoronel, y continuó toda la campaña a  las órdenes de ese jefe hasta
ser uno de los vencedores en Sanfélix, el 11 de abril de 1817. Fue uno
de los libertadores de Guayana. Enriquecido desde fines de octubre
de ese año, se fue para Caicara de Orinoco, donde se quedó residiendo.
Allí contrajo matrimonio con Luciana Tablantes en 1818, y apartado
por completo del servicio en 1820, se concretó a fomentar sus cuan-
tiosos intereses hasta que, ascendido a General de Brigada por Páez
en 1829, volvió al servicio y apoyó eficazmente la revolución separa‑
tista de ese año, haciendo levantar el pronunciamiento de Caicara
el 18 de enero de 1830. Consumada la disolución de Colombia, se su‑
blevó en Angostura, el 19 de febrero de 1831, el coronel Remigio Fe‑
mayor, enemigo personal de Hernández, también de los vencedores en Sanfélix y de los leales oficiales de Piar, pidiendo la integridad colombiana. Nombrado Hernández Comandante General de la Provincia
de Guayana, marchó sobre él; pero Femayor evacuó la plaza y se fue
sobre Caicara. Pacificado el país tras la amnistía de junio, regresó
Femayor a Angostura, donde residía su familia, retirado en absoluto
de los asuntos públicos. Allí le redujo Hernández a prisión y le fusiló
6 de agosto, junto con tres de sus compañeros de armas en la Plaza donde se alzó el cadalso de Piar.  Hernández falleció, sin sucesión, en Cabruta el día 20 de febrero de 1847, según documento de su viuda, en que pide licencia al     Obispo de Guayana para sepultar en la iglesia Catedral los restos del marido.