lunes, 22 de agosto de 2016

La maldición de El Dorado


Si ese legendario rey o cacique llamado El Dorado, tan parecido a Midas, realmente existió, ha debido lanzar una maldición tan severa que hasta ahora, quienes se aventuran a su encuentro no han logrado sino destrucción del medio ambiente, enfermedad y muerte.
         ¡Cuánto se ha dicho y escrito sobre El Dorado y su secuela espantosa!  Desde los tiempos bíblicos se busca a El Dorado, sólo que entonces tenía el nombre de Ofir.  Era Ofir  una ciudad dorada que jamás apareció en ninguno de los mapas de la antigüedad, pero que buscaron incesantemente a costa de muchos sufrimientos y derramamientos de sangre,  aventureros obsesionados por este sólo y único pasaje de la Biblia: “E Hiram envió con la armada a sus servidores, marineros que conocían el mar, junto con los servidores de Salomón.  Y llegaron a Ofir, y allí recogieron oro, cuatrocientos veinte talentos, y lo llevaron al rey Salomón”.  Parece ser que con ese oro, el Rey Salomón construyó el templo que todavía se disputan en lucha sangrienta y milenaria palestinos e israelitas.
         La experiencia histórica es abismal y desesperante.  El sociólogo Paúl Tabori la sentenció como una de las más grandes estupideces del planeta; sin embargo, aquí en Guayana donde la añagaza de El Dorado terminó de convencer a la gente que no era otro sino ese oro volcánico natural de la tierra, la situación ha cambiado.  Ahora la gente sabe a ciencia cierta donde está El Dorado, pero sabe que para llegarle con barra, pala, palín y batea, hay que destruir la naturaleza boscosa desafiando la zoonosis y dejando el alma y el pellejo sepultados entre cavernas.
         De esa realidad ambiental, cultural, económica y social se investiga con profundidad y persistencia.  A cada momento vemos, leemos, escuchamos, a través de los medios de comunicación social, cómo numerosos grupos e instituciones locales, nacionales y universales están sumamente inquietos y trabajan para coadyuvar en la solución de este problema cada vez más insoluble.
Recordamos al Grupo GREBO formado en el Núcleo Bolívar de la UDO y  la misma Comisión Permanente de Ambiente, Recursos Naturales y Ordenamiento Territorial del Consejo Legislativo Regional denunciando e investigando el problema de la minería ilegal al Sur del Estado Bolívar.
         Y los bolivarenses se preguntan y preguntan ¿qué van a investigar?, si la realidad está en nuestras propias narices. Si sobre el tema existen toneladas de informes oficiales y documentos. Recientemente una televisora metropolitana presentó un documental sobre la permanente agresión contra el medio ambiente que ya es rutina de la prensa y todas las plantas de televisión.  Más que buscar el oro en tantas formas confundido con la tierra, el minero lo que busca es el sustento que no encuentra en los centros urbanos o en la ciudad industrial.  Porque eso de buscar oro bajo el peso de una maldición ancestral, amigo, no es ninguna guayabita sabanera.   Entonces, lo que está planteado es darle trabajo estable y bien remunerado a la gente para que no ligue la buena suerte a través de la baraja, el dado, la lotería o la aventura del oro desafiando las calamidades de la jungla.
         La buhonería que ahora degrada y desfigura a nuestra ciudad del Orinoco se parece mucho a la minería en eso de depredar en aras del sustento.  Pero, lamentablemente, es la alternativa que eventualmente encuentra quienes no encuentra donde emplear su capacidad y fuerza muscular.  De manera que lo que está planteado es la creación de fuentes de trabajo y eso es imposible que pueda hacerlo sólo el gobierno, mucho menos, alejando al inversionista que no cree en El Dorado sino en las fuerzas creadoras de los bienes de fortuna y el equilibrio social.


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