lunes, 8 de agosto de 2016

La Plaza de los Mártires


La Plaza Mayor de Angostura, antes de ser consagrada oficial y públicamente como Plaza Bolívar, fue reconocida como Plaza de los Mártires en memoria de quienes fueron fusilados allí, todos guerreros de la Independencia y de otros eventos armados vinculados a intereses políticos regionales.
El General en Jefe, Manuel Piar, prócer de la Emancipación y Libertador de la Provincia de Guayana, fue el primero.  Encabezó la lista de los llamados Mártires, luego de haber sido pasado por las armas en la tarde del 16 de octubre de 1817, tras sentencia dictada por un Tribunal Castrense que lo halló culpable de los delitos de desobediencia militar, deserción y conspiración.
El 9 de agosto de 1823, fueron fusilados los oficiales  Anizeto Maldonado y Félix Figuera, acusados de armar una conspiración para derrocar al Gobernador Juan José Olivares, recién designado cuando los guayaneses esperaban y aspiraban que fuera un nativo como Eusebio Afanador o Juan Vicente Cardozo que representaron a la provincia como diputados al Congreso de Angostura.
El 6 de agosto de 1832, a raíz de la separación de Venezuela de la Gran Colombia y por secundar la rebelión de José Tadeo Monagas opuesta a esa determinación protagonizada por el General José Antonio Páez,  fue fusilado el Coronel Remigio Femayor junto con sus compañeros de armas, Teniente Nicolás Quiroga, Sargento Justo Prieto y soldado José Vargas, sin fórmula de juicio y disposición del Jefe de Operaciones de la provincia ,de Guayana, General Pedro Hernández.
En ese entonces era pena mortal  conspirar o sublevarse contra la autoridad gobernante.  Ese mismo año se sublevaron los Negros Esclavos de Angostura, pero fueron derrotados tras tomar el Parque de Artillería.  Los negros reclamaban la abolición de la esclavitud tal como lo proclamó el Libertador en 1816.  Los cabecillas de esta rebelión igualmente fueron fusilados, pero no en le Plaza Mayor de Angostura sino en le Plaza de Castillito como era conocida el  hoy Mirador. Hasta allí podía llegar el prejuicio de la discriminación racial y religiosa porque quien moría siendo practicante de religión distinta a la cristiana católica,  no podía ser sepultado en el Cementerio Municipal.


  

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