miércoles, 28 de junio de 2017

La Banda del Estado Bolívar en 1916


El 19 de diciembre de 1916, el Presidente del Estado, general Marcelino Torres García, decretó la creación de la Banda Gómez del Estado y designó a José Francisco Calloca como director. 
Calloca era un músico y compositor italiano que vino en una compañía  de ópera contratada para actuar en el Teatro Bolívar.  Ejecutaba el clarinete, el fagot y el piano.  Se identificó con el ambiente y decidió quedase aprovechando que  la colonia italiana era muy importante a comienzos del siglo veinte.
El músico  al poco tiempo se convirtió en un agente de comercio importador y mayorista.  Importaba materiales artísticos, perfumes, pajillas y hasta automóviles.  Con la ayuda del Estado montó una Academia de Música y con los egresados fundó la Banda Gómez del Estado decretada por el Presidente y los equipó con uniformes e instrumentos importados por él mismo desde su patria Italia. 
De la casa italiana Adolfo Lapiani importó para la novedad de la Banda del Estado dos juegos de 44 uniformes de gala y de media gala.  Los primeros de excelente paño negro, tipo dolmen, de dos hileras de botones plateados y brandeburgos blancos y azules, más su correspondiente kepis de forma alta, semejantes al usado por ciertos cuerpos  de la infantería italiana, con plumero blanco y azul, cucarda en los colores venezolanos y una lira plateada, y los segundos de dril y kaki  con sus distintivos e insignias.
La Banda Gómez debutó con todas las de la ley, tocando en todas las ceremonias solemnes del Ejecutivo y ofreciendo esplendidas retretas ya en la Plaza Miranda como en la Plaza Bolívar, Plaza Arismendi y los fines de semana en el Paseo Falcón o La Alameda.
En la Banda destaca Domingo Maradei, padre de Monseñor Constantino Maradei Donato,  Además de barbero, pulpero, era junto con Antonio Caruso el primer clarinetista, de la banda Gómez primero y que la Banda Dalla Costa después.
Los directores de la Banda del Estado han estado, por lo general, sujetos a los cambios de Gobernadores.  Así, cuando el general Silverio González, fue designado Presidente del Estado en marzo de 1924, hizo que Calloca se dedicara a tiempo completo a su mejor lucrativo oficio de agente de comercio y dejara la dirección de la banda en manos de su alumno más destacado,  José Francisco Miranda (Fitzi), quien fungía de subdirector.
Telmo Almada, recién llegado de Zaraza en 1921, ejecutaba el trombón y el cornetín en la Banda y era al mismo tiempo director de la Orquesta Venezuela con la cual estreno su famosa pieza “Canciones de Himeneo” en el Paseo Falcón el 21 de octubre de 1930.  Fitzí Miranda, para no quedarse atrás, estrenó al año siguiente el pasodoble ¨Late 28¨ dedicado al primer avión comercial llegado a Ciudad Bolívar.  Ese mismo año firma contrato con la  Southen Music Publisching Co. de Nueva York para grabar su joropo ¨La Sapoara¨.
En octubre de 1930, el Presidente Silverio González es transferido al Estado Anzoátegui e invita al profesor José Francisco Miranda para que dirija la Banda de aquella entidad.  Fitzi acepta, especialmente porque el nuevo gobernante, José J. Gabaldón  ha traído consigo a su paisano Laudelino Mejías (el famoso autor de Conticinio) para que lo sustituya.  Eleva de 9 a 40 los ejecutantes Telmo Almada es nombrado subdirector.

El 8 de junio de 1932 fallece Manuel Jara Colmenares  y  toca a su paisano Laudelino Mejías acompañar con la Banda su entierro. Entonces interpreta sus valses El Guayanés y el Primer Ramo. Así quedan las cosas hasta 1933 que asume la presidencia del Estado el doctor Antonio Alamo y sustituye a Laudelino Mejías por  G. Franco.  Como Silverio González también ha sido sustituido en Anzoátegui, Fitzí Miranda vuelve a Ciudad Bolívar y funda una orquesta particular con el nombre de  Dalla Costa, que luego adosa a la Banda del Estado después de la muerte del Dictador..

lunes, 26 de junio de 2017

Rosendo Magallanes Guerra



Sus ascendientes provenían de los inmensos llanos del Guárico y de las montañas del Yocoima y como el gran marino del estrecho que lleva su nombre, navegó por el mundo de su fantasía creadora. Y guerreó durante cuarenta años hasta caer vencido y ahogado por el humo de las ramas que nos trajeron hace miles de años los arucas del sur.  Ellos, tal vez, le trajeron y no lo sabía, el arte que llevó hasta Suiza su alumno predilecto, el Chino  Ramón Eleazar López
       Lo conocí en  1969 bajo el ala sagrada de la poeta Mimina Rodríguez Lezama, nativa como su madre en la tierra del Yocoima. Entonces daba trazos sobre el lienzo con la sabiduría de un arquitecto venido del cielo, pero que sabía de las miserias, de las deformidades, de esqueletos retorcidos que muchas veces vimos retratados con fuerza en sus grabados.
       Con uno de ellos, creo se llamaba “Mecánicos L” (en la foto) ganó el premio mayor del Salón Estadal de Artes Plásticas, auspiciado por la Universidad de Oriente, la Casa de la Cultura y el Inciba. El jurado integrado por el Lic. Félix Guzmán, profesor Arsenio Pasarini y doctor José Sánchez Negrón fueron certeros y contundentes en el fallo.  Tenía 23 años y quería seguir los pasos del pintor de moda en esos años, el Maestro Jesús Soto, hasta dejar ver su equivocación y retornar a su camino expresionista y un tanto surrealista.
       Era silencioso como un sabio y atlético como un caballo de fuerza.  Por la vía del diseño y la fotografía llegó al periodismo e ilustró y redactó con el vigor avasallante del artista.  Siempre quiso estar arriba como un potro desandando  y explorando caminos que se perdían en el infinito de sus aspiraciones.  Tenía poder de convencimiento sin discutir mucho.  Era la vitalidad de su silencio entrecortado por su voz de bajo lo que le aseguraba el predominio en los más variados y complejos aspectos de la vida, incluyendo el del amor que le permitió prolongarse 33 veces.
       Alternaba sus creaciones plásticas con la fotografía, la docencia y el periodismo, en puestos de dirección.  En El Bolivarense, El Expreso y finalmente  El Progreso, diario tabloide donde  quedó la huella del periodista, del diagramador, del redactor y del director que  en vida fue el colega.
Carlos Mejías, después que dejó su participación docente y administrativa  en el IUTIRLA,  tuvo la suerte de encontrar en Rosendo Magallanes Guerra, su alter ego. Y es que el flamante editor de la Calle Vidal desde su juventud cultivó el proyecto de un periódico que en El Callao  se llamó  “La Voz del Yuruary, y en Ciudad Bolívar “La Denuncia”, pues bien, este semanario donde Rosendo Magallanes estampó su impronta, se convirtió en laboratorio de El Progreso, diario de profusa circulación en todo el ámbito regional en el  que hasta el momento de su muerte sirvió en calidad de director auxiliar aún con la salud paulatinamente cediendo a los embates del tiempo que nunca pudo alargar más allá de su desiderátum.  Perdió el equilibrio en el peldaño 63 de este tiempo y cayó, como dijera Neruda, como piedra en la tumba, sin perder la compostura a pesar del dolor que lo atenazaba.
       Bien recordamos su página en Facebook “SOY UN VIEJO PERIODISTA, CON CASI 40 AÑOS DE ACTIVIDAD PROFESIONAL ADEMAS, ME DEDICO A LAS LABORES DE ARQUITECTURA Y COMO ARTISTA PLÁSTICO, EN EL CAMPO DE LA PINTURA, ESCULTURA Y CERÁMICA. APARTE DE FOTÓGRAFO PROFESIONAL.

       

miércoles, 21 de junio de 2017

De Bártoli y Pompeyo

Pompeyo Márquez y enrique Aristeguieta cuando eran camardas

A Humberto Bártoli lo llaman aquí sus allegados "El Hombre de la penicilina" y tal cogno­mento tiene su razón de ser. Fue él ciertamente el médico que primero intro­dujo y aplicó en esta re­gión la penicilina, a 16 años de haber sido descu­bierta por el científico in­glés Alexander Flemming. Y por la bendita penicilina, casualmente, el médico bo­livarense perdió su cargo en el campamento de la Iron Mnes Co. de Palúa.
El superintendente de la compañía pretendía que la poderosa sustancia bacte­riológica que traían cruda en frascos de 100 mil uni­dades desde Estados Uni­dos, fuese utilizada úni­camente en pacientes nor­teamericanos.   Entonces, se armó la de Tro­ya.  Bártoli formó un be­rrinche al Musiú, descolgó la bata de médico, se en­cuelló el estetoscopio, tomó el maletín y se mar­chó a Tumeremo llamado a combatir un serio brote epidémico de viruela. An­tes debió practicar de emergencia una operación quirúrgica, la primera en la Zona del Hierro, de un acceso apendicular al obre­ro Angel Medina. Total que fueron diez años en Tumeremo llegando a ser director del hospital del municipio.
En la década de los 50, Roscio que abarcaba Gua­sipati, El Callao, Tumeremo, El Dorado y Santa Elena, era un distrito de importancia minera y agro­pecuaria. Las minas de Oro de El Callao estaban con­cesionadas a la New Gold­field y allí, valiéndose que el gerente tenía su mismo apellido, logró enchufarse Pompeyo Márquez utili­zando uno de sus múltiples seudónimos de comunista perseguido: Ezequiel Már­quez.
Pero duró poco tiempo, pues tan pronto como en­tró, le montó un sindicato a la New Goldfiel. Dicen que fue el primero creado en el estado Bolívar, aun­que hay quienes aseveran que fue el Sindicato del Hierro mientras otros ase­guran que fue el de la Ha­rina en Ciudad Bolívar. Lo cierto es que Pompeyo pasó 15 meses en El Callao ya como secretario del hospital de la empresa, como contabilista de Rassi o em­pleado en los negocios de Alejandro González, pri­mer prefecto de la demo­cracia en 1958.
En El Callao, Pompeyo Márquez produjo sus pri­meros artículos periodís­ticos denunciando la rela­ción feudal que existió allí en tiempo de la Goldfiel. Hasta él fue imposible que llegara la inteligencia pes­quisante de la Seguridad Nacional, específicamente los sabuesos  Canache, Go­mecito, Roncito y Mano de goma. No era fácil porque Pom­peyo tenía el mismo apelli­do del Gerente de la Com­pañía y luego porque ex­hibía una pinta de musiú, no obstante ser bolivaren­se.  ¿Bolivarense?
Pompeyo explica lo de su gentilicio bolivarense que suele reclamar Soledad de Anzoátegui: "Lo que pasa es que antes el Orinoco no separaba sino que unía y había quien tenía casa a ambos lados por cuestiones de seguridad y comodidad, especialmente cuando el río crecía o se tenía que viajar al centro o pasar ganado. Es posible que yo haya nacido en Ciudad Bolívar como lo expresó mi mamá cuando fui a sacar la Libreta Militar y que mi papá me haya presentado en Soledad, lo que yo vine a saber circunstancialmente en 1958 cuando al visitar la capital del distrito Independencia de Anzoatiguense, el Prefecto me dijo que había encontrado accidentalmente esa partida. (28 de abril de 1922) Yo la tengo, la conservo, pero el resto de mi documentación personal  me mantiene como nacido en Ciudad Bolívar”.



martes, 13 de junio de 2017

La Bandera del Estado Bolívar

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El 12 de octubre de 2000, además de conmemorarse el Día de la Raza, fue fecha propicia para izar por primera vez la Bandera del Estado Bolívar, diseñada por el maestro de la pintura, Jesús Soto y la cual había sido  presentada en 1995 al entonces gobernador Andrés Velásquez.  El Consejo Legislativo Regional, atendiendo la solicitud del Gobernador Antonio Rojas Suárez, retomó la discusión del proyecto de reforma de la Ley respectiva que la incluía y lo aprobó.  Luego en sesión especial en la  Plaza Bolívar, el Presidente de la Cámara hizo formal entrega al Gobernador para el Ejecútese de la Reforma Parcial de la Ley de Escudo, Sello, Himno y Símbolos del Estado Bolívar.  Acto que se cumplió al tiempo que al compás del Himno del estado se izaba la Bandera.
         La Bandera (168x110 cms.) de color dorado como la misma riqueza del suelo bolivarense, se compone de una circunferencia verde (69 cms.), en el centro, símbolo de su abundante vegetación y superpuestas a todo lo largo y centro de la Bandera, tres franjas azules horizontales de diez centímetros de ancho y separadas ente si por otros diez centímetros, símbolo de los ríos que surcan la región de Guayana. En el centro de la franja del medio, ocho estrellas blancas de cinco puntas cada una, colocadas en forma horizontal: siete representativas de la siete provincias que juntas declararon la Independencia de Venezuela, y la octava decretada por el Jefe Supremo Simón Bolívar el 20 de noviembre de 1817 para honrar a la Provincia de Guayana donde se estabilizaron los Poderes republicanos que hicieron posible la emancipación de Venezuela y Colombia.
         Con la Bandera quedó completada, la trilogía simbólica que tradicionalmente identifican a las entidades federales de la República.
Primero fue el Escudo, adoptado por la Asamblea Constituyente del Estado  soberano de Guayana en 1864 como resultado de la nueva Constitución impuesta por el triunfo de la Guerra Federal.  Luego, el Himno del Estado, el cual data del 5 de julio de 1911, por disposición del entonces Presidente del Estado, Arístides Tellería.  El Himno fue adoptado luego de un certamen ganado por el poeta J. M. Agosto Méndez y el maestro de la música Manuel Jara Colmenares..
         El Escudo del Estado Bolívar, posterior a la Colonia y a raíz de la Federación, tiene en la parte superior, fondo azul y formando arco, siete estrellas albas, las cuales simbolizan las siete provincias que se confederaron en 1811 para declarar la Independencia Nacional.
En la parte inferior, un río de oro en representación del Orinoco; sobresaliendo de las aguas una gran roca, figurando la Piedra del Medio. Sobre la roca sentada una India que apoya el brazo izquierdo en un ánfora que vierte agua en el río.
         Hacia la derecha del campo, y saliendo por detrás en posición oblicua, un caduceo como blasón del comercio; y a la izquierdo en la misma posición, un pico, símbolo de la minería. Coronando el Escudo y en el fondo plata, un triángulo radiante con un ojo en el centro que representa la mirada protectora de la Provincia.
         Dos ramas de oliva, emblema de la Paz, orla el Escudo desde la parte inferior donde se juntan, hasta encontrarse cada uno de los símbolos del Comercio y de la Industria Minera. El punto de unión de las ramas se oliva, ostenta un lazo de cinta alba en la cual se leen las siguientes inscripciones: en el centro 5 de julio de 1811, Independencia; a la derecha: 15 de febrero de 1819, Congreso de Angostura y a la izquierda: 16 de diciembre de 1863, fecha de que Guayana se incorporó a la República Federal.

Nota al margen,-  El Ingeniero mecánico Douglas Beltrán afirmó que en 1995 consignó ante el Despacho del gobernador Andrés Velásquez, el diseño de una bandera similar y supone el Maestro Jesús Soto se recreó en ella para cumplir con el encargo del gobernador de concebir una Bandera para el Estado Bolívar.




martes, 23 de mayo de 2017

La novedad de las bombillas


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La llegada de la luz eléctrica a Ciudad Bolívar inclinó a numerosas casas mercantiles a incorporar el ramo de los artefactos eléctricos como bombillas, sócates, cables, fusibles y la última novedad en esa materia según publicidad de entonces fueron las llamadas “Lámparas eléctricas movedizas” (en la foto) de la marca Wolf. Esta lámpara se podía colocar en cualquier lugar “y siempre la luz sin lastimar la vista”. La recomendaban para los doctores como algo indispensable. Asimismo para los dentistas, dibujantes y escribanos. Para las señoras que acostumbraban coser en máquinas, lo mismo que para las señoritas que tocaban el piano. La dicha lámpara constaba de tres brazos, 42 pulgadas, extendidas y 14 dobladas. 

Niqueladas, de latón o cobre. Estas lámparas llegaban por el puerto fluvial de la ciudad procedentes de la casa Mendoza Bros de Nueva York.
Había casas de familias y sedes de instituciones oficiales que no obstante haber contratado el servicio de energía eléctrica difícilmente abandonaron las antiguas lámparas de carburo granulado o acetileno. Por ejemplo, la Catedral instaló el 13 de marzo el alumbrado de gas acetileno con un aparato central generador marca “Monach” importado de los Estados Unidos. Daba una luz clara en tres arañas, con diez mecheros cada una en la nave mayor; 14 mecheros en el Presbiterio del Altar Mayor; una en la Sacristía; 5 en el Coro Alto; 15 en la nave lateral del Carmen; 15 en la lateral de Cristo; por su instalación el obispo Durán pagó 682,85 pesos.
La bombilla o lámpara incandescente llegó a Ciudad Bolívar al mismo tiempo que entró en servicio en julio de 1911 la Planta Eléctrica movida por vapor producido en calderas con carbón antracita. Las bombillas se instalaban dentro de las edificaciones y en el ambiente externo los llamados arcos voltaicos, de una luz más intensa producida por electrodos alimentados con una corriente de 10 amperios. La corriente provocaba un gran calentamiento en el punto casi de contacto de los electrodos dando lugar entre ellos una descarga luminosa similar a la llama.
La bombilla es uno de los inventos más utilizados por el hombre desde su creación hasta la fecha. Según la revista Life es la segunda más útil de las invenciones del siglo XIX. La comercialización de la bombilla por parte de la compañía Edison estuvo plagada de disputas de patentes con sus competidores.
En torno a 1914 las bombillas sufrieron una fuerte reducción de su vida útil, disminuyendo su duración de las 2 mil 500 a las mil horas. La bombilla se convirtió así en el primer objeto de consumo víctima de la obsolescencia programada. El cartel de productores, participado entre otros por Phillips, Osram y Zeta, llegó a un acuerdo de colusión para fomentar la adquisición de bombillas reduciendo conscientemente su duración.
Los bolivarenses de la ciudad capital estaban felices con la llegada de la electricidad y todo cuanto ello significaba para el porvenir de la ciudad. Los únicos que parecían preocupados eran los vecinos de la planta por el ruido que producía y optaron por ofrecer en ventas sus viviendas a la compañía. Preferían disfrutar a la distancia del beneficio de una electricidad a la cual muchos le atribuían algo mágico. Si era capaz de imitar la luz del día para disolver la noche, cualquier cosa más podía esperar la gente del fenómeno y de ello estaba seguro el doctor Chass De Grath, quien inventó el específico “Aceite eléctrico” para calmar toda clase de dolor. Se hacían entonces toda clase de especulaciones y hubo quien pensara si acaso los arcos voltaicos no contribuirían a aumentar la temperatura del verano  por las noches.

lunes, 22 de mayo de 2017

La Publicidad del Siglo Pasado

CABALLERO HAGASELA SUAVE Y PLACENTERAMENTE. 
Su afeitada le proporcionara un suave placer con la crema de afeitar MENNEN. 

 La publicidad es tan antigua como el mercado mismo. La necesidad de dar a conocer un producto o un servicio por el medio masivo más adecuado, impuso lo que actualmente conocemos como publicidad.

La técnica de comunicación comercial de nuestros días está más que avanzada en comparación con las formas primitivas de hacer publicidad, Hoy en día se cuida mucho la forma y estética del mensaje tomando en cuenta lo que se recomienda o sugieren algunas disciplinas relacionadas con el comportamiento del ser humano como la psicología, la sociología, la antropología, la estadística y la economía. Todos estos temas, por lo general, son indispensables, científicamente hablando, en el estudio de mercado y concepción de un mensaje adecuado para el público.

Por supuesto que hasta mediados del siglo veinte, la publicidad era más simple y menos científica pues el mensaje publicitario no contaba con los medios radioeléctricos y audiovisuales de hoy, sino con el mensaje periodístico completado con los cartelones, los vidrios cinematográficos y los impresos tipográficos.

Particularmente, los periódicos bolivarenses hasta muy avanzado el siglo pasado distribuían la publicidad en primera y última páginas. Una publicidad constante, frecuente en primera página, era la Emulsión de Scott, la del hombre del bacalao, que para le época parecía no sólo la panacea de muchos males comunes sino que además prometía buena salud y crecimiento. Destacaba la que el establecimiento mercantil “El Cóndor” dedicaba a los fonógrafos portátiles recién llegados de los Estados Unidos, distribuidos por Miguel L. Ramírez.  Asimismo, E. Boulissiere vendía fonógrafos y discos Pathé.  Nunca faltaba la publicidad de las Velas Huecas, de superior estearina considerada de mayor duración que las macizas a juicio de su fabricante en Caracas, E. Franklin.
Los cigarrillos La Colombina cuya cajetilla venía con la figura de un animal que se sorteaba todos los meses y se pagaba cinco bolívares por cada animal premiado. El febrífugo de Valentiner Behrens preparado con plantas indígenas que según la publicidad era infalible contra el paludismo, las afecciones del bazo y del hígado. Las píldoras topológicas del N. Bolet, recomendadas para regenerar la sangre y tonificar el sistema nervioso.
Perfumes de toda clase, especialmente los de marca Rigaud, violeta blanca, de Birmania, Flores de Auvrnia, Luis XV, Lilas de Persia; píldoras vegetales de Bristol, purificador zarzaparrilla, píldoras purgativas del Doctor Guillie, Ron viejo hilo de oro, el Cholagogue universal publicitado como el más poderoso, el más activo y el más popular de todos los específicos contra el Paludismo, Hemoglobina en vino y granulada para combatir la anemia, la Febricine para  atacar las fiebres y disentería, el jarabe de Nafé contra la tos, el resfriado y la bronquitis.

La Botica El Águila de Guillermo Lange se gastaba un cuarto de aviso en los periódicos para promocionar su variedad de perfumes importados. Agostine & Mariani vendía el vino Medoc; Alejandro Castro tenía una Agencia de despacho de buques en la calle Dalla Costa; La Botica del Orinoco, situada en la Alameda vendían Bacilina anticatarral. Boragina competía con sus tijeras de barbero desde la calle Orinoco con las de Antonio Lauro en su “Petit Trianon Barbería”.

Estaban de moda y bien publicitadas novelas de Víctor Hugo, Dumas, Claretie, Sué Pierre Loti, Belot. Se vendía el tomo a 2 reales. La heladería de Iberia de los Hermanos Palazzi vendía unos helados que muchos mezclaban con la colita Cardier.

Blohm, Acquatella y Pietrantoni exportaban cueros, Domingo Valery exportaba Balatá; Virgilio Casalta, cauchos del Caura; Palazzi Hermanos, plumas de garza; Rafael Bermúdez, café y oro fundido. Todos estos productos publicitados casi diariamente en la prensa local.

miércoles, 10 de mayo de 2017

La Docencia y sus desafíos

Enedina Temiche de Villaroel y su hija Yuglis Coromoto se asociaron en la investigación y escritura de “La Docencia y sus desafíos”, un libro de excelente formato, editado y diseñado por el equipo editorial de Néstor Curra Arciniegas, un guayanés metido a caraqueño desde hace tiempo.

La obra plantea “un contenido ideológico, reflexivo, humanista y técnico innovador, para reconocer y establecer estrategias que permiten al educador liderar los retos que demanda el nuevo milenio”.

Las autoras de este libro  se auxilia con una bien seleccionada bibliografía que al ritmo de la reflexión de ellas en sintonía con sus experiencias en diversos campos de la enseñanza, se va traduciendo en un lenguaje natural, asimilable y orientador, a los largo de sus diez capítulos.

El eje de la obra es el educador como líder social comprometido a poner de lado si es necesario el recetario tan común de los programas oficiales, abriéndose a las fuerzas del cambio, pero siempre apoyado en los principios filosóficos universalmente admitidos por la pedagogía moderna.

Interpretamos a la luz de una rápida lectura del libro que el educador no debe quedar encasillado en la rutina de la enseñanza sino abrirse, respirar otros aires del conocimiento y plantearse retos de acuerdo con la dinámica de la sociedad que avanza, plantearse cuál es su visión-misión personal, profesional y ciudadana, conocer la visión-misión de la institución donde labora y saber cuál es la visión misión del país en general, sólo así podrá aclarar su papel dentro y fuera del aula.

Se propone en el libro como visión del educador venezolano, ser un profesional de dimensión humanista preparado académicamente, que represente la esperanza de un país, guía, orientador, facilitador, formador de un proceso educativo integrador, crítico, creativo, activo, participativo, con soluciones prácticas y cónsonas al momento vivido, con visión de futuro en la preparación del venezolano, para poder incorporarse de manera creativa, constructiva positiva en la interacción de una democracia participativa, hacia la autorrealización individual y colectiva de un país próspero y solidario con bases sólidas de libertad, solidaridad y justicia social.

Y como misión plantea la formación de este capital humano en el país, toda misión es servicio, toda misión es acción, tarea, esfuerzo, compromiso. Garantizando la proyección de los valores y principios enmarcados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la Ley Orgánica de Educación y demás instrumentos legales de la Nación, con capacidad manifiesta de paz, libertad y bien común. El educador debe trabajar en formarse internamente bajo la visión del educador venezolano.

Enedina Villaroel es una educadora con amplia experiencia en los diferentes niveles y modalidades del sistema educativo venezolano, profesora de castellano y literatura, postgrado en Currículum practitional en ONL, profesora de postgrado (Gerencia educativa y planificación y evaluación), participó en la elaboración de los diseño curricular de Educación Básica (1987), directora de Educación del estado Bolívar, supervisora V del Ministerio de Educación, coordinador del equipo de investigación educativa del estado Bolívar, administradora del docente de aula, verdadero protagonista de la transformación educativa del país.

Su hija Yuglis Villaroel es maestra especialista y profesora de educación especial, amplia experiencia en las diferentes áreas de la Modalidad de Educación Especial (déficit cognitivo, dificultades de aprendizaje, sordo ceguera, deficiencia auditiva y problemas del lenguaje, Talleres laboristas, Educación Básica) coordinadora de Educación especial de la Zona Educativa del estado Miranda (2000). Profesora de Pregrado y extensión universitaria Unefa, actuación en el proceso de desarrollo y actualización docente, identificada plenamente con los cambios profundos del 111 milenio y el Rol del Docente y la sociedad en la dinámica educativa.

viernes, 5 de mayo de 2017

Lo que en 1916 se decía de Piar

Resultado de imagen para imagen de PiarEn febrero de 1916 se desató en Ciudad Bolívar una polémica periodística sobre el origen de Manuel Piar. Salieron a relucir dos versiones. La del historiador colombiano Ernesto Restrepo Tirado que presenta a Piar como curazoleño al igual que su esposa María Marta Boom y su hija María Elizabeta. Restrepo se basa en el expediente instruido en 1822-1827 sobre reclamación de los haberes militares del general Piar, y la del historiador carupanero Bartolomé Tavera Acosta, quien escribe que desde 1874, año de la destrucción de los conventos en Caracas, comenzó a decirse que en un archivo de las monjas de la Concepción se había hallado la partida de nacimiento de Piar. Narra Tavera que desde entonces comenzaron los historiógrafos como el prelado Arroyo y Niño, Pesquera Vallenilla,  Vergara y Velasco, Julio Calcaño, Laureano Villanueva, Ángel Núñez y Lino Duarte Level, entre otros distinguidos letrados, a solidarizarse con la especie según la cual Piar realmente habría nacido en Caracas en 1777, hijo de un príncipe de Braganza y Soledad Jeres Aristeguieta, del mantuanaje caraqueño. El apellido Piar le vendría por don Fernando Piar, su padre adoptivo, y la mulata Isabel Gómez, nodriza y partera.
Pero es bueno aclarar que si bien Lino Duarte Level coincide en decir que Piar nació en un convento de Caracas, no así con la especie según la cual era hijo de un príncipe de Braganza. Por el contrario, Duarte Level (angostureño, secretario de Guzmán Blanco) sostiene que era hijo de Marcos Ribas, el padre de José Félix Ribas quien siendo viudo sostuvo un flirteo con Soledad Jeres Aristeguieta, de allí lo bien que siempre se llevaron Piar y Ribas en la lucha por la independencia.
La versión Restrepo fue confirmada en fecha reciente al hallarse en el Archivo Nacional de Holanda, en los libros de bautismos referentes a Curacao, Aruba y Bonaire, años 1774, el acta o fe de bautismo, escrita en latín, por el padre franciscano holandés William Brada. De ella se concluye que el héroe de la batalla de San Félix nació en la ciudad de Willemstad y recibió las aguas lustrales con el nombre de Manuel María Francisco, hijo de María Isabel Gómez y de Fernando Piar Lottyn. Manuel por su abuelo materno, María por su madre y Francisco por haber nacido (probablemente) el 2 de abril, día de San Francisco de Paula. El bautizo tuvo lugar el 28 de abril de 1774 en la iglesia Santa Ana de Curazao y sirvieron de padrinos el reverendo padre Juan Antonio de Aquino y Juana Paulina Gómez.
El segundo nombre Carlos, con el cual la posteridad a veces lo señala, no aparece en ninguno de los documentos de la campaña militar firmados por Piar.  Se ha dicho, sin embargo, que aparece inexplicablemente en un momento solemne de su vida, cual fue el de su matrimonio con María Martha Boom, celebrado a la edad de 24 años en el castillo de Amsterdam (Curazao) el 8 de abril de 1798. De esa unión nació María Elizabeta, nacida el 16 de diciembre de 1798, según partida de bautizo extendida el 6 de abril de 1817 por Jak Muller, presidente de la parroquia luterana. Ni antes ni después, aparece Piar con el nombre de Carlos.
La Academia Nacional de la Historia no admite ni reconoce el segundo nombre de Carlos porque no existe ningún documento fehaciente que lo testifique.  Sin embargo, en Guayana es común, incluso a nivel de las autoridades, decir “Manuel Carlos” y hasta se comete la perversión de “Carlos Manuel”. Los medios de comunicación contribuyen en ese sentido, lamentablemente.

jueves, 4 de mayo de 2017

El Fauno cautivo

El 25 de agosto de l913 es capturado el poeta Alfredo Arvelo Larriva a los cinco meses de haber sido puesto en libertad por vía de gracia luego de  enjuiciado por Tribunales de Ciudad Bolívar  El poeta fue capturado al desembarcar desde Curazao junto con el general Simón Bello y un grupo de venezolanos que proyectaban invadir por las costas de Coro.  Este General Bello era cuñado del General Cipriano Castro, y hermano de Jorge Bello, que era jefe de la Fortaleza de San Carlos cuando Arvelo Larriva llegó allí en 1907, transferido de la Cárcel de Ciudad Bolívar.
El poeta barinés, Alfredo Arvelo Larriva, estuvo preso en la cárcel de Ciudad Bolívar  desde el 5 de abril de 1905 y finalmente transferido a la Fortaleza de San Carlos por haber herido mortalmente durante una riña al señor José María Guevara, dueño del Hotel donde se hospedaba junto con el escritor Rufino Blanco Bombona, quien se dirigía a encargarse de la Gobernación del territorio Amazonas.
Juan Vicente Gómez temiendo una invasión de Cipriano Castro se había declarado en campaña y establecido su campamento en Maracay.  Entonces se dijo que no era otra cosa que una maniobra para eternizarse en el poder y que tuvo como principal autor al General León Jurado, presidente del Estado Falcón.
Maniobra o no, lo cierto es que el poeta barinés cayó preso por segunda vez.  Cuando salió libre de la pena impuesta por el Tribunal Penal de Ciudad Bolívar, escribió  “Atrás quedó mi juventud ¿perdida? / Yo la mate: lo digo sin adornos, / Yo la mate: lo digo sin bochornos / Así mata un amante su querida/.
El poeta barinés permaneció preso y engrillado en el Castillo de Puerto Cabello durante ocho años, una prisión más prolongada y penosa que la sufrida en la Cárcel Vieja de Ciudad Bolívar, según recoge su sobrino Luis Alejandro Angulo Arvelo en su biografía “El Fauno Cautivo”.
La situación de Alfredo Arvelo Larriva en la cárcel, la describe Miguel Otero Silva en el prólogo a la primea edición de las obras completas del poeta, publicada en 1977: “En aquellas mazmorras peor que feudales lo mantuvieron sepultado entre 1913 y 1921, sometido a tan cavernoso aislamiento que ni siquiera se enteró del transcurso de la primera guerra mundial”.
A los grillos los recuerda Alfredo Arvelo Larriva al final de su soneto “Repiques de aleluya”:  “Mi alma es una ruina dorada por la aurora / Mis pascuas infantiles resucitan ahora /cual un tropel de pájaros sonoros y sencillos / mientras con ritmo isócrono y son áspero y rudo / contra el sórdido suelo de la celda sacudo / los treinta kilogramos de hiero de mis grillos”.
Ya en libertad, el poeta junto con sus amigos Pocaterra y el pintor español Emilio Gilbert rinden homenaje a Lisandro Alvarado en la revista “Actualidades” que dirige Rómulo Gallegos.

Alfredo Arvelo Larriva siguió conspirado contra la dictadura de Juan Vicente Gómez moviéndose de un lugar a otro con Gabaldón y con Román Delgado Chalbaud.  Viaja a México y luego a Paris para regresar a Venezuela en misión conspirativa que le encarga Delgado Chalbaud y que tuvo relación con el Falkes.  Para no levantar sospechas y aconsejado por Jóvito Villalba visita en Maracay al Dictador y le pide le regale el pasaje para regresar a Paris.  Así lo hizo, pero sus inmensos  deseos de ver desaparecer al Dictador no se cumplieron, murió un año antes que él, en Madrid, el 13 de mayo de 1934.  Sus restos fueron repatriados a Venezuela en 1949 cuando el hijo de Román Delgado Chalbaud, Carlos, era Presidente de la Junta Militar de Gobierno.

sábado, 22 de abril de 2017

Del Amargo Angostura al Cocinerito


Dentro del campo fortificante y alimenticio,  Ciudad Bolívar  trascendió nacional e internacionalmente en el siglo diecinueve gracias al “Amargo de Angostura” inventado por el médico Juan Benjamín Teófilo Siegert  y durante la última mitad del siglo veinte por el Adobo completo El Cocinerito inventado por Domingo Salvatori y el cual promocionó exitosamente ese maestro de la animación y la publicidad,  llamado Renny Ottolina.
Pero el “Amargo de Angostura” no pudo permanecer en la ciudad de origen por un conflicto de aranceles entre el gobierno de Guzmán Blanco y lo herederos de la marca. Asimismo El “Cocinerito” ya no cocina en la ciudad por posible falta de protección del Estado.
Las especias siempre estimularon el paladar de los occidentales desde los remotos tiempos medievales y del Renacimiento y numerosas expediciones marinas se llevaron a cabo en busca de las Indias Orientales donde abundan estas sustancias vegetales.  Las especias estaban entre los objetivos del Almirante Colón y de Magallanes cuando le dio la vuelta al mundo.
Quién en este mundo no desea utilizar las especias para reforzar la calidez y aroma de los alimentos? La pluralidad es infinita.  Pero antes de los años sesenta del siglo veinte, a nadie se le había ocurrido mezclar y balancear las especias hasta lograr un condimento único de ingredientes despersonalizados. Chef  profesionales, amas de casas y cocineras en general, utilizaban las especias en forma individual junto con la sal  para sazonar y aromatizar los alimentos.  A partir de los sesenta este aspecto fundamental de la cocina fue más práctico e ideal gracias al ingenio de este señor llamado Domingo Salvatori Salazar, que se puso a ensayar durante meses una fórmula doméstica y industrial que al final fue admitida y reconocida por el Estado y la sociedad venezolanos.
Luego que este novedoso producto bolivarense conquistó el mercado nacional y antillano, empresas más poderosas sacaron a la competencia adobos similares: Mc-Cormick,  La comadre,   Indiam, Iberia y Sabroseador Knorr que siempre conforme a estudio realizado por  “Aliven, SA” en 1988, estuvieron por debajo en la demanda.
De manera que Adobo completo El cocinerito pasó a ser líder en Venezuela en la línea de condimentos.  Tanto así que llegó a ganar el Trofeo Internacional de calidad.  Pero hoy el producto, por múltiple razones, no está en el mercado y es lamentable.  El señor Salvatori, con quien conversé en estos días me contó la historia y me dijo que se está ´preparando para el relanzamiento del producto.
Domingo Salvatori es un bolivarense descendiente de padre corso que se sembró en Tumeremo en 1901 y se casó allá mismo dejando una descendencia de siete hijos, entre ellos, Domingo, quien estudió primaria en Guasipati y bachillerato en el Peñalver.  Vivió 8 años en los Estados Unidos y fue miembro de sus Fuerzas Armadas.  Ya en Venezuela se casó con Iraida Josefina Álvarez en 1956.  Por esa vía se hizo amigo de Horacio Cabrera Sifontes, quien lo nombró Secretario Privado de su Gobernación en 1958 y comisionado para fomentar el Deporte en el Estado.  Después vino su aventura venturosa por lo que ha sido la obra más importante en su existencia vivencial, la industria del condimento del cual derivaron otro productos como “Sofrilisto”, “Sofrito”, “Adobito”, “Tar-ka-ri” y “Vinos de cocina”.

     

viernes, 21 de abril de 2017

Antiguo puerto de Ciudad Bolívar


Toda la costa norte de la ciudad, desde La Cerámica hasta la Carioca, era hasta los años cuarenta del siglo veinte, un recaladero de barcos de distintas esloras y velamen, pero el más común y donde prácticamente se apiñaban las naves era el arenoso puerto de La Cocuyera, antes llamada “La Escollera”  La Cocuyera” –le decían- porque por las noches se llenaba de luciérnagas que parecían estrellas salpicando de viva y fugaces luces el ambiente playero.
            El puerto de La Cocuyera era una rada, una bahía natural que se pronunciaba durante la temporada de estiaje entre la punta pedregosa del Mercado Municipal y la punta del patio del Resguardo convertido después en el Comedor popular Manuel Piar.
            Ahora a ojos vista “La Cocuyera” no existe por quedar fuera del juego dinámico de la navegación de cabotaje, agredida por la mampostería del nuevo malecón y porque la navegación a vela quedó anclada en el pasado, es decir, quedó superada por las máquinas de propulsión y los grandes barcos mineros que no tienen porque arriesgarse hasta donde ahora no hay fluvial vida comercial, no hay cocuyos, no hay caleta, ni siquiera Aduana sino un enorme paredón con la consigna armada “Patria o muerte, venceremos”,  Vencida quedó la ciudad al ser despojada de su Aduana y mutilada su Capitanía de Puerto.  Hasta el astillero que Alberto Minet tenía en La Trinidad  desapareció. 
            Quien bien describe en feliz romance lo que era el puerto  antiguo es el poeta Héctor Guillermo Villalobos. “Estampas del Puerto en domingo” es un romance que el poeta fecha en 1942 y en el cual evoca los mástiles embanderados, los barcos parecidos a chozas levantadas en la orilla, al humo de las cocinas confundido con el humo de las pipas de los viejos contramaestres.
            No obstante que el domingo no había movimientos de caleta parecía más claro, alegre e iluminado por los parroquianos con sus típicos trajes domingueros paseándose por La Alameda colmada de árboles frondosos y desde lo alto de la catedral las campanas llamando a misa, el lamento de las guaruras marineras, el clarín del guarda-costa perforando la lejanía, los pájaros aleteando en el tope de las grímpolas, el coloquio de lo vecinos del agua, los chistes, las canciones, las risas.   
Todo un ambiente natural y espontáneo que insufla las arterias del poeta: Mañana de madrugada / va a salir la "Carmen Luisa". /  La balandra se acicala / como una mujer bonita. /En el espejo del río / su esbelta silueta admira, / mientras sus hombres alegres / repasan velas y drizas. / Sueña en el amanecer / la balandra "Carmen Luisa": / entre rumor de aparejos / y voces de despedida / se irá como una mujer, / henchido el seno de brisa. / Es un caimán soñoliento / el bongo "Las Tres Marías". / Descansa en el fondeadero / mientras remiendan su quilla. / El patrón está en la popa / mirando el agua dormida. / Masca tabaco y escupe. / Se llama Pancho Medina /  y es un manco veterano / en más de cien travesías. / Pancho Medina se llama, / pero su nombre de pila / se lo cambiaron sus hombres / por el de "Pancho Mandinga" / desde que cruzó "El Infierno" / en un bote de espadilla... / De Río Negro hasta Las Bocas, / patrón de "Las Tres Marías", / con el puño en el timón / ¿quién no respeta a "Mandinga"? / Allí está el bote "Confianza" /  y a su costado el "Pichincha" / y el "tres-puños" "Luisa Cáceres" / que llegó de Margarita; / "Las Tres Divinas Personas" / y la "Josefa María", / la "Buena Fe", "La Esperanza" / del capitán Leoncio Piña, / y tantos más... todos juntos /  ¡como una sola familia! …”


miércoles, 12 de abril de 2017

Asilo San Vicente de Paúl

El  29 de noviembre de 1927 fue fundado el Asilo San Vicente de Paúl por las hermanas franciscanas del Sagrado Corazón de Jesús, bajo la tutela de la Madre Superior  Isabel Lagrange, fundadora igualmente de la Congregación que en Ciudad Bolívar tiene como misión velar por la salud y mejor vida de los ancianos desvalidos.
         El mes anterior, el Asilo cumplió 82 años de fundado y el aniversario pasó, como suele decirse coloquialmente, por debajo de la mesa, y no podía ser de otra manera si bien sabemos las penurias que está pasando ese santo y noble refugio de los que ya concluyen su período vital.
         El asilo asiste internamente como huéspedes permanentes a  58 ancianos entre hombres y mujeres, allí, en el mismo lugar de siempre, en la avenida que adoptó su propio nombre porque fue uno de los primeros establecimientos cimentados en este lugar cuando era “monte y culebra”, un simple terreno cercado, con un molino de viento que extraía el agua de un profundo aljibe e improvisados cubículos que a lo largo de estos ocho decenios se han venido transformando en lo que es hoy el establecimiento, más confortable, con árboles frondosos, jardinería, aves gorgoteando sobre las ramas  y patios de reposo que hacen al anciano una vida más consustanciada con la naturaleza.
         Y ¿cómo las hermanas devotas de San Francisco de Asís, patrón de los ecologistas y curador de los leprosos, sostienen este refugio de los ancianos? Prácticamente con dádivas del sector privado y del sector público, pero nunca suficientes para cubrir las erogaciones que mensualmente deben realizar por concepto de medicinas, alimentación,  administración, servicios, mantenimiento y recreación.  El déficit actual por efectos de la inflación es de 27 mil bolívares fuertes que bien pudiera cubrir el petróleo, pero lamentablemente el oro negro sólo alcanza para satisfacer la corrupción y las  necesidades ajenas a nuestro país.
         No se bajo la tutela de cual sacerdote de la Iglesia Católica está hoy el Asilo San Vicente de Paúl y qué tanto podría aportar ahora que prácticamente los mentores de la iglesia están en conflicto con el Gobierno.  Sólo podríamos dar cuenta que  Monseñor Samuel Pinto Gómez, el Vicario de la Diócesis ya no está para salir a abogar por los desvalidos.  Claro, él  aceptó servir por una temporada de dos meses en el Asilo de Ancianos San Vicente de Paúl, que se transformaron en 22 años de labor interrumpida, pero ya no puede más, de todas formas para él fue una gran lección de vida, agradable y también trágica por aquellas familias que buscaban para encerrar a sus ancianos porque a pesar de quererlos mucho, estorbaban en sus casas.  
         Si estuviéramos en la antigua Roma, las cosas serían distintas porque allá había una especie de Gerontocracia y en consecuencia los viejos desvalidos tenían mejor trato, protección social y consideración.  Durante la monarquía de Roma, el rey era elegido por el Consejo de Ancianos (Senado), asamblea que después se convirtió en consejo asesor de los cónsules. En la Francia revolucionaria, el poder legislativo fue ejercido por una asamblea bicameral compuesta por el Consejo de Ancianos (250 miembros) y el Consejo de los Quinientos.  Pero en la Venezuela moderna, saudita, socialista y petrolera, las cosas funcionan de otra manera.
         Muy poco puede hacer la directora actual del Asilo, María del Socorro Hernau junto con las otras hermanas. Necesita un voluntariado dispuesto a exigirle más que a la ciudadanía al Gobierno en cualquiera de sus niveles para que mire con preocupación hacia ese establecimiento donde terminan de cumplir su ciclo vida los que de alguna manera se agotaron sirviendo a esta ciudad.
        
        


martes, 11 de abril de 2017

José Francisco Calloca


José Francisco Calloca, italiano,  vivió en Ciudad Bolívar desde finales del siglo diecinueve, luego que vino como componente de una Compañía de ópera contratada para actuar en el Teatro Bolívar.
         En esa ocasión, su paisano y amigo Miguel Denti, quien ejercía la dirección de la Banda del Estado, le ofreció y aceptó la subdirección de la banda  además de ejecutar dentro de ella el clarinete. También ejecutaba el forgot y el piano.  Para Denti fue de mucho beneficio el ingreso de Calloca a la Banda pues necesitaba ayuda de cierta calidad para poder atender un negocio que había montado en la ciudad.
A principios del Siglo veinte, Miguel Denti, quién sería más tarde el padre de Nicanor Santamaría, profesor de cuatro, fue suplantado por Manuel Jara Colmenares en la Dirección de  la Banda y Calloca comisionado por el Gobierno para organizar la Banda Marcial del Batallón “21 de Diciembre” acantonado en la ciudad.  El 10 de septiembre de 1908 debutó dicha  Banda Marcial y desde entonces comenzó a alternarse por las tardes en las retretas de la Alameda, Plaza Miranda y Plaza Arismendi.
Dado el éxito de Calloca en la fundación de la Banda, fue requerido desde Caracas como maestro instructor de un regimiento y el Viernes Santo de 1914  estrenó en el Templo Altagracia su composición “La Paráfrasis de Job”.   En su edición del 28 de abril de 1914, el vespertino El Luchador de los Hermanos Suegar  dedica la siguiente nota al músico y compositor italiano José Francisco Calloca: “Este apreciado amigo, quien dejó gratos recuerdos en esta ciudad, donde desempeñó la dirección de la Banda Marcial y la subdirección de la Banda del Estado y quien en la actualidad es Maestro Instructor de un regimiento en Caracas, acaba de estrenar en el templo Altagracia durante los ritos del Viernes Santos, su composición “La paráfrasis de Job”.
Al año siguiente vuelve a Ciudad Bolívar contratado por el Gobierno de Marcelino Torres García para ponerse al frente de una Academia de Música creada por el Ejecutivo con vista a la reestructuración de la Banda del Estado, debilitada por carencia de instrumentistas.  Manuel Jara Colmenares pasa entonces a dirigir la Banda Marcial del Batallón Rivas que vino a acantonarse en la ciudad.
El 19 de diciembre de 1916, el Presidente del Estado, general Marcelino Torres García, decretó la creación de la Banda Gómez del Estado y designó a José Francisco Calloca como director.  Este formó la Banda con los egresados de la Academia de Música y los equipa con uniformes e instrumentos importados de Italia.  De la casa italiana Adolfo Lapiani llegaron dos juegos de 44 uniformes de gala y de media gala.  Los primeros de excelente paño negro, tipo dolmen, de dos hileras de botones plateados y brandeburgos blancos y azules, más su correspondiente kepis de forma alta, semejantes al usado por ciertos cuerpos  de la infantería italiana, con plumero blanco y azul, cucarda en los colores venezolanos y una lira plateada, y los segundos de dril y kaki  con sus distintivos e insignias.
Los directores de la Banda del Estado han estado, por lo general, sujetos a los cambios de Gobernadores.  Así, cuando el general Silverio González, fue designado Presidente del Estado en marzo de 1924, hizo que José Francisco Calloca se dedicara a tiempo completo a su lucrativo oficio de agente de comercio –importador y mayorista- (importaba materiales artísticos, perfumes, pajillas, automóviles) y dejara la dirección de la banda en manos de su alumno más destacado,  José Francisco Miranda (Fitzi), quien venía ejerciendo la subdirección.  Calloca al final liquidaría el negocio y se radicaría en Caracas, donde falleció a muy avanzada edad.


         

lunes, 10 de abril de 2017

El hijo del campanero


Guillermo, el hijo del campanero, apenas contaba 14 años y su entusiasmo mayor era montar voladores en tiempo de cuaresma cuando la brisa del Este encuentra en el Orinoco cause abierto para soplar las velas de las frágiles embarcaciones fluviales.
         A veces es el viento barinés que viene desde los valles de Santo Domingo a cambiar el rumbo de los aviones que aterrizan en el aeropuerto de Ciudad Bolívar, pero que también sirve para elevar los voladores, cometas, papagayos o, papelotes, como lo llaman los mexicanos.
         Ser hijo del campanero era hasta cierto punto un privilegio en los años cuarenta porque allá arriba sobre el tejado que cubre las naves arqueadas de la Iglesia Catedral se podía subir utilizando los escaños de la torre e izar bien alto los voladores.
         Una tarde veraniega Guillermo estaba tan emocionado aprovechando la fuerza sostenida de la brisa que se fue con su volador siguiendo el rastro ondulado del tejado que conduce hacia la claraboya de cristal hasta que sin siquiera presentirlo hizo trizas con sus pies descalzos la ventana trasparente y cayo como una ofrenda sobre el altar mayor levantando las rodillas de la feligresía allí orando al silencio interrumpido por el ruido brusco y sordo de la muerte.
         El trágico suceso conmovió hondamente a la ciudad entera y nunca las campanas hicieron sentir más nítido, dolido y sonoro el badajo contra el bronce fundido hacía tantos años en alguna forja catalana.
         “Murió trágicamente Guillermo, el hijo del Campanero, el hijo predilecto del Sacristán que bautizó Dámaso Cardozo y confirmó Monseñor Miguel Antonio Mejía”, fue la queja dolida y resignada de las esquinas y vecinos.
         El volador de Guillermo también feneció con su cuerda y rabo de hilachas enredado en el ramaje de la arboleda de la plaza.  Desde entonces los muchachos  renunciaron a las azoteas como habían renunciado a las calles sembradas de postes tensados de tendidos eléctricos y se refugiaron en los playones veraniegos del Orinoco a riesgo de quedar también atrapados sus voladores por las jarcias de los barcos surtos o anclados en el puerto.
         El campanero después no pudo sostenerse sobre los escaños ascendentes de la torre del campanario. El mundo aprisionado en su cerebro se le colaba por la caverna oscura del campanario  hasta  caer en el desmayo que lo depositaba sobre los huesos tiernos de Guillermo.  Su mujer lo revivía con yerbas y la fregosa surtida por sus vecinos.  Así se eternizó en la espera de que algún día resucitara con la fuerza espiritual que le insuflaban los sacerdotes de la iglesia y la energía piadosa de la feligresía.  Pero nunca ese día llegó sino cuando ya no pudo más afinar los oídos para que entrara de lleno el redoblar incesante de las campanas en cuyas ondas saltaba el volador empinado de su hijo.

         Nunca el sermón alusivo del Vicario fue más enternecedor y elocuente.  Se imaginó centenares de voladores cortejando a Guillermo en su viaje por el cielo.  La historia trajo a su mente al notable sabio del helenismo, Aquitas de Tarento,  que se trepaba en las rocas a poner a prueba su invento. Recordó también al guerrero  asiático Han Sin que lo concibió con fines bélicos, y a Franklin para probar que los rayos tenían mucho que ver con la electricidad.  Hasta aquí mismo en el Orinoco, el bachiller Ernesto Sifontes quiso utilizar los voladores como objetos aerostáticos para sus investigaciones meteorológicas, pero ninguno tuvo el resultado trágico que segó la vida temprana de Guillermo, el hijo predilecto del campanero.

sábado, 11 de febrero de 2017

Primera Convención de Escritores

La Primera, y única hasta ahora, Convención Nacional de Escritores de Venezuela, se instaló en Ciudad Bolívar el 10 de agosto de 1973 bajo la presidencial del poeta y escritor José Ramón Medina (en la foto), quien después fuera director del diario El Nacional de Caracas, pero en ese entonces dirigía la Página de Arte del diario de Puerto Escondido.  Era la primera vez que la AEV, se reunía a nivel nacional desde su fundación en 1936 tras la caída del dictador Juan Vicente Gómez.
          En su discurso inaugural, José Ramón Medina rindió homenaje a la tierra de Guayana, a su gente de letras y a las figuras representativas de la cultura venezolana.
         La instalación, se hizo dentro de una sesión solemne de' la Asamblea Legislativa que en esa forma quiso ofrecerle tributo al escritor venezolano represen­tado en las delegaciones de las Seccionales del país.
         Inició el acto el Presidente de la Legislatura, profesor Alfonzo Paraguán, luego el poeta José Sánchez Negrón, Presi­dente de la AEV, Seccional Bolí­var, posteriormente José Ramón Medina y al final el poeta Héc­tor Guillermo Villalobos, quien a su nombre y el de Luz Machado y Lucila Palacios, agradeció la Medalla del Escritor que les fue impuesta por el cuerpo legislativo.  Como invitado especial estuvo el Gobernador Manuel Garrido Mendoza.
El Presidente de la AEV, José Ramón Medina, en su discurso  improvisado de instalación dijo que para la celebración de esta primera Convención se escogió Ciudad Bolívar por muchas ra­zones, entre ellas, precisamente porque en esta ciudad del Orinoco palpita la tradi­ción histórica y no sólo recoge el homenaje y el mensaje del Gran Hombre, el Padre de la Patria, sino porque aquí además se encuentra el pasado, el presente y el futuro de Venezuela.
Expresó que esta romería de intelectuales viene a promover nuevas acciones en el campo de la cultura y del pensamiento na­cional, a discutir con el deseo de contribuir con programas y pla­nes verdaderamente creadores dentro de lo que/ debe ser en el campo de la realidad nacional actual, la literatura como una forma de la cultura venezolana de nuestro tiempo.
Nuestra literatura es hoy en día un hecho definitivo de endurecimiento del pensa­miento y del espíritu creador de los escritores venezolanos.
Afortunadamente ya no es­tamos en el tiempo en que po­díamos mirar en forma parroquial lo que se hacía, sentía y decía al escribir en Venezuela. Hoy decirnos, pensamos y hace­mos con la convicción de que es­tamos integrados a una literatu­ra no solamente latinoamericana rica, sino universal.
Nuestros poetas de­jaron de ser desde hace mucho tiempo poetas exclusivamente venezolanos para alcanzar un rango americano y universal. Asimismo ha sucedido con nuestros novelistas, ensayis­tas e investigadores históricos, su labor ha dejado de estar circunscrita al límite patrio para alcanzar una resonancia mayor y hoy es copartícipe de un avance general de la literatura americana y universal.
Nuestra poesía, nuestra no­vela y nuestro cuento y ensayos hoy en día pueden compararse con ventaja muchas veces a las más audaces manifestaciones de lo literatura en otros países.

El es­critor de provincia no puede considerarse un escritor marginado, olvidado; por el contrario, "estamos convencidos de que la raíz primaria de la literatura venezolana descansa justamente en la labor callada, heroica, con­secuente del escritor de la pro­vincia de nuestro país".

jueves, 9 de febrero de 2017

Diamante guayanés parecido al africano

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De este lado sur del Orinoco está buena parte de la tierra más vieja del mundo y, acaso, la más afortunada. Rica en hierro, Manganeso, níquel, cromo, oro, diamantes, bauxita, recur­sos forestales, energía hidroe­léctrica y pesca. To­do, excepto el hierro, el oro y el diamante, está intocable.
El hierro, como lo dijera Miguel Otero Silva en una mancheta cuando era director de El Nacional, "se va, cantando la can­ción del que no vuelve".  No vuelve –agregamos-  sino transformado en neveras, au­tomóviles, cocinas y toda cla­se de artefactos industriales y domésticos.
El diamante lo llevan desde hace más de ochenta años y nos lo regresan de talla y engastado en medallones y anillos, para que paguemos más de lo que costó sacarlo de la tierra y llevarlo al extranjero.
La extracción del diamante tuvo en la  Guayana de los años 70 más atractivo y relevancia que el oro. No producimos tanto diamante como el Congo, Ghana, Sudáfrica, Angola, Liberia y Tanganika, pero sí lo suficiente para lo que podría ser una modesta industria. Además, la producción, aunque baja en los últimos años,  es constante y si llegaran a descubrir las rocas madres o kimberliticas, no sería aventurado afirmar que Guayana estaría entre los grandes productores.
Los placeres diamantíferos del Guaniamo  han sido los más grandes encontrados hasta ahora en Guayana. Desde 1923 hasta 1969 los mineros buscaron el dia­mante en los aluviones de la cuenca del Caroni y del Cu­yuní por el lado oriental.  Dspués de esa fecha lo vienen buscando por la región suroccidental, en la cuenca del Cuchivero y del Caura.
Pero la meta importante del buen minero es poder dar con la génesis kimberlítica, con la roca madre del diamante. El Prof. de Geología de la UDO, José Baptista Gomes, mortalmente atracado en Caracas, realizó estudios en tal sentido y comprobó, junto con el Dr. Darcey Pedro Svisero, de la Universidad de Indiana, que los diamantes del Guania­mo tienen el mismo origen de las gemas africanas y solía decir a sus alumnos que Angola y el Congo Belga, tardaron 40 años en descubrir la roca madre trabajando e investigando en for­ma organizada. Rusia aprove­chó la experiencia africana y tardó sólo 12 años en llegar hasta las kimberlitas para figurar en las estadísticas mundiales de los grandes productores de gemas.
En Venezuela –digamos mejor en Guayana-  llevamos más de cien años sacando diamantes con “suruca” y de la forma más aventurada y anárquica.  Jamás aquí se ha trabajado organizadamente sobre la base de un programa ni se ha considerado este renglón minero como un aspecto importante de la economía. A los guayaneses y en especial a los geólogos y economistas, las resulta inconcebible que se haya dejado pasar tanto tiempo sin haberse elaborado un Programa del Diamante, pero a pesar del diamante extraí­do en el curso continuado de más de ochenta años, todavía queda bastante como para pensar en un Programa.
Los diamantes que los mineros guayaneses explotan en las cuencas de los ríos, quebradas y bolsones de los valles, lleva­dos allí por las crecientes, se cree que provienen de la For­mación Roraima cuya edad se calcula en 1.700 millones de años.
Mientra esta formación domine la topografía de la región, siempre habrá diamantes en los cauces de los ríos y márgenes de manera más o menos esporádica, nos comentó en cierta ocasión el profesor Baptista.  Por otra parte, es desconocida el área abarcada  en épocas anteriores por la Formación Roraima, lo que supone que puede haber diamante en aluviones y eluviones  provenientes de su destrucción en zonas donde actualmente existe la Formación.  Tal suposición ofrece una perspectiva favorable del futuro del diamante  dentro del aspecto económico.