lunes, 30 de julio de 2012

Arturo de Córdova en Ciudad Bolívar

El 28 de diciembre de 1949, el astro mexicano del cine, estuvo de visita en Ciudad Bolívar para proseguir vuelo hacia la Gran Sabana, donde descansaría tras haber rodado entre La Guaira y Margarita la película “La Balandra Isabel llegó esta tarde”, basada en un cuento del escritor venezolano Guillermo Meneses.

El paisaje natural de la Gran Sabana trascendía fuera de nuestras fronteras en cierto modo gracias al Capitán de aviación, Charles Boughan que la había dado a conocer y había levantado en Canaima un campamento turístico.

Boughan vino a Venezuela como piloto de la Línea TACA en 1948 y se encontraba volando en 1949 entre Chicanán e Icabarú en un avión I. Luscombe. Luego se dedicó a trabajar concesiones mineras obtenidas en las inmediaciones de la Meseta del Auyantepui, dominando el paisaje de la Laguna de Canaima. Podríamos decir que fue el primero en poner a valer la zona. Construyó un campamento y pista de aterrizaje e inició el turismo en esa edénica región, desde Maiquetía cobrando 450 bolívares por persona, incluyendo hospedaje por dos días.

Atraído por esa oferta quiso llegar hasta la Gran Sabana el astro mexicano que venía cautivando a los bolivarenses con sus películas de alto contenido dramático. Los bolivarenses se acercaron al Hotel Victoria para ver en carne y hueso, fuera de pantalla, al protagonista del Conde de Monte Cristo y Dios se lo pague, clásicos dentro de los 85 filmes de este actor cinematográfico nacido en Mérida, Yucatán, México, el 7 de mayo de 1907 y fallecido a la edad de 66 años (3 de noviembre de 1973).

La Balandra Isabel llegó esta tarde comenzó a exhibirse en Ciudad Bolívar en julio del año siguiente (1950) en los cines Plaza y América, dirigida por Carlos Hugo Christensen, basada en un cuento de Guillermo Meneses con guión de Aquiles Nazoa. Protagonizada por Arturo de Córdova, Virginia Luque y América Barrios. Actuación del niño Néstor Zavarse cantando al cuatro la canción Chogüi que se hizo famosa en toda Venezuela.

Asimismo fueron exhibidas las películas Dios se lo pague y El Conde de Montecristo. La primera trataba de un obrero, despojado por su patrón de los planos de un invento. Su mujer se suicida y él decide vengarse. Se disfraza de mendigo y con las limosnas logra hacerse millonario y así desdobla su existencia siendo un hombre poderoso que vive con lujo en su palacio, y de a ratos es el pordiosero en cuyo oficio aprende a conocer a los hombres y a medir las intenciones y los afanes. Cumplido el ciclo de su empresa y cuando llega la hora de su desquite deberá optar por sus mujeres.

La segunda -El Conde de Motecristo- cinta basada en la novela clásica de Alejandro Dumas protagonizada por el mismo Arturo de Córdova, trata sobre todo los temas de la justicia, la venganza, la piedad y el perdón y está contada en el estilo de una historia de aventuras.

La Balandra Isabel llegó esta tarde fue una superproducción llevada a cabo por Luis Guillermo Villegas Blanco y su casa productora cinematográfica Bolívar Films en 1949. Este largometraje venezolano ganó el Primer Premio de Fotografía en el Festival de Cannes en 1951.

Se basa en el cuento homónimo del venezolano Guillermo Meneses publicado en 1934 y trata de un melodrama erótico sobre Segundo (Arturo de Córdova), un capitán de mar casado y su pasión por Esperanza, una mujer del puerto de La Guaira. Cuando Segundo por fin decide terminar con sus amoríos, Esperanza lo hechiza para impedir que regrese con su esposa e hijo

domingo, 29 de julio de 2012

El árbol emblemático de Guayana


 
El 21 de mayo de 1952, el gobierno regional nombró jurado para estudiar y escoger el árbol que dentro de la flora nacional pudiera representar al estado Bolívar. Dicho jurado lo integraron Tirso Tosta, Ernesto Sifontes, Adrián J. Cordoliani, José Nacy Perfetti y J A. Montes Ávila. Todos ellos coincidieron en designar al sarrapio o sarrapia, árbol autóctono de la región del Bajo Caura, “Árbol Emblemático del Estado Bolívar”, no sólo por su porte señorial de fronda y flora sino por el valor económico de su fruto, fuente de la Cumarina, utilizada en la industria de la perfumería y para aromatizar ciertos tipos de tabaco.

Centenares de miles de árboles de impresionante corpulencia cubren las tierras húmedas de Guayapo, Suapure, Hilaria, Monte Oscuro, Pastora, Chiveta, El Caballo y El Manteco en el Bajo Caura, sin dejar de mencionar las selvas ribereñas de la zona media, desde el raudal La Mura hasta la desembocadura del Nichare y las grandes montañas orinoqueñas.

Lo espléndido y generoso de esa flora sarrapiera es su fruto (coumarouna punctata), drupa de forma alargada y pulposa de cuya almendra se obtiene la cumarina. Los frutos caen espontáneamente, sin que el árbol lo toque para nada la mano del hombre, suerte que jamás tuvo el caucho al que había que exprimirle la savia a fuerza de mortales incisiones.

Al madurar el fruto, entre febrero y abril, cae de árbol y ya en marzo está lista y servida la mesa del sarrapiero recolector.

Los campesinos del Caura dicen que el sarrapio llega a crecer hasta 30 metros de altura y que cuando florece, todo su hábitat es de color lila y penetrantemente aromático. La producción de una mata oscila entre 10 y 20 kilogramos de frutas, depende de su edad y tamaño. Hay unas que dan excepcionalmente hasta un quintal (45 kilogramos), pero para obtener un kilogramo de almendras que es lo que en definitiva tiene valor comercial, se requiere recoger de 350 a 400 frutos.

Los indios Maquiritare y también los Panare obtienen la almendra utilizando hábilmente una puntilla fabricada por ellos. En cambio, los campesinos del Caura y del Orinoco, luego de eliminar la pulpa fibrosa, obtienen la almendra, eliminando su dura cobertura a golpe de piedra. Se trata de un trabajo en cierto modo cuidadoso, pues subsiguientemente existe una cutícula que si se malogra puede depreciar la calidad de la almendra. Por ello en el argot de los sarrapieros se habla de almendra de primera y de segunda. Esta labor suele hacerlo el campesino cuando declina el Sol y luego que ha estado durante el día recolectando el fruto diseminado bajo la anchurosa fronda o follaje de los sarrapios.

Ciudad Bolívar fue desde el siglo diecinueve, el centro de mayor comercio del producto a través de importantes casas mercantiles, siendo las más destacadas hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial, Dalton & Cía y Blohm y Cía. que financiaban las cosechas a través de intermediarios. En 1955 entró en escena el extinto comerciante Floduardo Inocente Díaz (Quírico Díaz), quien también comerciaba con el balatá y la quina alternando este comercio de exportación con la industria de cerámica para la construcción.

Además de la firma Quírico Díaz a través de su hijo el abogado José Díaz (mi compañero de estudio en Caracas), hay otros grupos en Maracay y Valencia que van directamente a Maripa por una cosecha que debido a la inflación carece de atractivo para los campesinos del Caura. Recientemente estuvimos en Maripa y apreciamos que todavía llegan intermediarios en busca del fruto de la cumarina.

sábado, 28 de julio de 2012

Anselmo Zapata Ávila

 
El 21 de junio de 1948, falleció en la población aurífera de El Callao, el general Anselmo Zapata Ávila, uno de los caudillos más recios del Yuruari con varios duelos personales de los que salió ileso y sin condena aparente dada su amistad con Gómez y Cipriano Castro.

Anselmo Zapata fue sepultado en Belén al lado de la tumba marmórea que había hecho levantar para Aselmito, su hijo más querido, ahogado en el río Caballape. El área sepulcral contaba con un jardín regado con el agua que extraía en el sitio un molino de viento.

El hombre, favorecido por una estatura fuera de lo común (medía dos metros), lo acomplejaba sin embargo su piel oscura cubierta por una robusta personalidad primitiva, curtida en las faenas llaneras, autodidacta y con un gran espíritu de superación, llegó a ejercer funciones públicas tanto en la región aurífera del Yuruari como en el gobierno del estado Bolívar. En dos ocasiones se encargó de la Presidencia del Estado.

Se distinguió como gobernador del Territorio Federal del Yuruari posteriormente a su lance personal con el general Santiago Rodil en la plaza mayor de Guasipati. Desempeñó una curul parlamentaria en calidad de suplente y ejerció papel destacado en la Batalla de Orocopiche al lado de los generales Domingo Sifontes y José María (El Mocho) Hernández, dentro del marco de la Revolución Legalista que llevó al poder al general Joaquín Crespo.

Estuvo al lado de Cipriano Castro cuando se vio a punto de ser derrocado por la Guerra Libertadora que tuvo a Ciudad Bolívar como último reducto. Se desempeñó bien en San Félix y luego en Carúpano tras el derrocamiento del Gobierno del general Julio Sarría Hurtado por el alzamiento del capitán Ramón Cecilio Farreras.

Durante el gobierno de Gómez acompañó en la Vicepresidencia del Estado al general Marcelino Torres García y al general Vicencio Pérez Soto con quien su hermano Simón hizo buenas migas siguiéndolo hasta Maracaibo. Cansado de la guerra y la política se retiró a sus hatos en el Yuruari hasta el día de su muerte y separados de sus hijos con los cuales nunca se llevó bien acaso porque ambos habían heredado su carácter duro y severo.

Fue señalado como responsable de la muerte de su hermano el general Simón Zapata Ávila, seguidor del Mocho Hernández, cuando fue a someterlo tras haber tomado la plaza de Guasipati. Entonces se acercó al cadáver de su hermano con notable reverencia, se despojó del sombrero y le dio sepultura con honores.

Pero el duelo más espectacular fue el que sostuvo contra el gobernador del Territorio Federal Yuruari, general Santiago Rodil. Por esa muerte no fue juzgado, lo salvó el requerimiento que hizo de él, Cipriano Castro para enrolarlo en las batallas contra la Revolución Libertadora.

Horacio Cabrera Sifontes en su libro ”Guayana y el Mocho Hernández”, dice que el general Zapata era un hombre excepcional, hijo también de un miliar, el general Anselmo Zapata Rodríguez, apureño, y de una “catirota de ojos rayados”. Las inquietudes del general Zapata eran las de un hombre serio “quien por una especie de prurito de valentía, sorteaba su vida con la muerte como si se tratara de un juguete sin valor. Lo hacía con tal sencillez como si para él, la verdadera vida consistía en vencer el riesgo, afrontándolo. Sus arrestos de hombría llegaron a hacerse leyendarios, a exagerarse en el argot popular como patrón de prueba del machismo local. Quizás era el populacho y no Zapata el que hería el orgullo del recién llegado..., porque él, personalmente, era cortés y generoso”.


viernes, 27 de julio de 2012

El armador Alberto Minet

El 19 de febrero de 1957, el armador francés Alberto Minet, propuso al Concejo Municipal de Ciudad Bolívar, construir un puente sobre el río Orinoco, como corolario de una campaña a favor iniciada en 1949 por el cuerpo edilicio y reforzada más tarde por la Cámara de Comercio presidida por don Natalio Valery Agostini.

Minet, en su propuesta a la Municipalidad informó que los estudios del proyecto los inició en 1948 cuando vino a Ciudad Bolívar, contratado por la empresa Transporte Fluvial del Orinoco, propiedad de Antonio Levanti, para construir varias chalanas de hierro, toda vez que las de su flota eran simples barcazas de madera de escasa capacidad y consistencia contra los embates del tiempo y un lastre carga siempre muy pesado.

Se hallaba en Caracas Alberto Minet desde 1947, a donde llegó vía Puerto La Cruz en un barco carguero, trayendo consigo sólo una maleta, una liviana máquina de escribir y 600 dólares. Atrás había dejado el desastre de la Guerra donde sirvió en una subterránea fábrica de aviones de caza.

Levanti, quien operaba en Sociedad con Félix Tomassi y Enrique Planchart, ofreció todas las facilidades a Minet y éste improvisó un Varadero en el puerto de La Trinidad donde fabricó las primeras chalanas de hierro, entre ellas, La Múcura, nombre que respondía a una guaracha muy de moda para la época y en cuya letra el pueblo encontraba un mensaje que asociaba negativamente con la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.

“La Múcura está en el suelo, mamá no puedo con ella”, decía la canción pero la de Minet no era de barro sino de hierro y acero, de 20 metros de eslora y con capacidad para 50 toneladas de carga, naufragó el 27 de febrero de 1952, Martes de Carnaval, a la 1:50 de la tarde, entre el Degredo y la Piedra del Medio. Había despegado de Soledad con 2 camiones zorra cargados de palas mecánicas para una compañía naviera; los conductores de los camiones, Octavio González y Vinicio Verdú, con sus respectivos ayudantes; el pasajero Ramón Jaime y la tripulación de la chalana integrada por el capitán Efraín Navarro, Santos Salazar, Daniel Guevara y Daniel Vásquez. Perecieron ahogados el conductor Vicencio Verdú y el ayudante del conductor, Octavio González. Las pérdidas se estimaron en medio millón de bolívares. Siete meses antes (3.8.51) la chalana de madera Apure propiedad de Salvador Acosta, se había incendiado, cargada de combustible, en el puerto de la Creole.

Tampoco la municipalidad pudo con el puente, presupuestado entonces en 15 millones de bolívares, cuando el dólar estaba a 3,50 de lo que resultaba “Mucho camisón para Juana Petra”. Lo construyó el MOP cuando Leopoldo Sucre Figarella era ministro de Obras Púlcas.10 años después por 160 millones de bolívares. Pero en vez de construirlo tomando de base central la Piedra del Medio como siempre se había pensado, lo construyó cinco kilómetros aguas arriba, entre Punta Chacón y Playa Blanca, no sólo porque los estudios geológicos realizados por la UDO resultaban favorables sino por considerar que la Piedra del Medio era un monumento natural que debía conservarse y no intervenciones de ninguna clase. De todas maneras el puente terminó opado la piedra como símbolo identificador de la ciudad.

En febrero de 1957 cuando Alberto Minet formuló sin éxito, su propuesta a la Municipalidad, construía en su Astillero “Evenca” ubicado en La Carioca, un muelle flotante provisional para que la empresa Inocenti pudiera descargar los componentes de la Planta Siderúrgica que desde Italia llegaban para ser instalada en la zona de Matanza que entonces dependía de Ciudad Bolívar.

jueves, 26 de julio de 2012

Carlos Emiliano Salom


 
El 3 de diciembre de 1943 falleció el médico bolivarense Carlos Emiliano Salom, educador y miembro de la Academia de Medicina. Nació en Ciudad Bolívar el 8 de agosto de 1872. Casado con Isabel María Rivas, maestra fundadora del Colegio Santa Teresita de Jesús, de Ciudad Bolívar.

En la capital del estado Bolívar prestó servicios como médico, profesor del Colegio Federal de Guayana, fue director del Liceo Fernando Peñalver, miembro fundador de la Sociedad Médica del estado Bolívar y director del Hospital de Niños Pobres y ocupó diversos cargos políticos.

En el ramo de Instrucción Pública se desempeñó como catedrático y director de la Escuela Nocturna de Artesanos, miembro de la Facultad de Medicina del antiguo Colegio Universitario, examinador de escuelas primarias y de Instrucción Superior en el Colegio Universitario y en el Colegio Federal de Varones, fundador del Colegio R.I. Montes, de Guasipati, junto con los bachilleres Nicolás A. Farreras y Luis Alberto Betancourt; profesor de Castellano, Física y Química, intendente de Instrucción en el Territorio Federal Yuruari, delegado del Concejo de Instrucción Pública del estado Bolívar en el Territorio Yuruari y en calidad de miembro de la Delegación de Instrucción Primaria.

En el campo político se distinguió como concejal vicepresidente en el territorio federal Yuruari y secretario privado del gobernador de ese territorio federal, juez superior del territorio, diputado a la Asamblea Constituyente por el Distrito Roscio, vicepresidente del Concejo Municipal del Distrito Roscio, vicepresidente del Concejo Municipal de Heres.

El doctor Carlos Emiliano Salom tuvo actuación destacada en el periodismo. Sus trabajos de investigación publicados en la Gaceta Médica de Ciudad Bolívar, los relacionados con la Patología Tropical, fueron reproducidos por otras revistas científicas del exterior, específicamente de España, Filipinas y Estados Unidos de Norteamérica. En suma fueron 151 publicaciones, de las cuales 99 relacionadas con Patología Tropical. Su último trabajo, Equinoccio de Otoño, prefigura el final de su existencia el 3 de diciembre de 1943.

El doctor Eleazar Alcalá de Armas dijo del doctor Carlos Emiliano Salón el día de su muerte, que “no era de esos hombres de quienes hay que decir que era bueno porque su existencia dejo de ser. Es que era uno de los más humildes y de los más serviciales médicos de nuestra ciudad. No conoció lujosos automóviles, no supo de placas con titulares grandes para anunciar su nombre, dromedario del saber que iba rumiando filosofía por las calles tortuosas de la ciudad para dispensar en la casucha del más pobre sus conocimientos desinteresadamente, porque, él era uno de los galenos que más que ningún otro comprendía la misión humanitaria que les cabe desempeñar a los titulares de carrera.

Salom era médico de La Concordia, de Las Mercedes o Los Coolíes, de Santa Ana, de Perro Seco... Fue médico de la Clínica de Niños Pobres y “nadie mejor que él para desempeñar esa labor, lento como los niños era su caminar, su palabra y sus ademanes, infantil su carácter, pero maduro su criterio, voluntad, ingenua su expresión, diáfana su amistad. Médico de los niños tenía que ser, quien era un niño grande de bastón”.

El doctor Juan Gambús expresó “… como Juan Vicente González en Caracas, podría decirse del doctor Salom que nació, vivió y murió en Ciudad Bolívar. Nadie más aferrado que él al pedazo de tierra nativa, nadie la quiso más y la sintió más en sus momentos de angustia y de zozobra. Llegará el día en que Guayana rinda al doctor Salom el homenaje que se merece como uno de sus hijos más dignos y más útiles”.

miércoles, 25 de julio de 2012

Inauguración de la avenida Táchira



El doctor Ovidio Pérez Agreda cuando en noviembre de 1938 asumió la presidencia del estado Bolívar, designado por el gobierno de Eleazar López Contreras, se propuso por recomendación del Presidente de la República que antes había visitado la ciudad, construirle una avenida que la comunicara con su aeródromo, donde ya estaban aterrizando los aviones comerciales de Aeropostal.

Efectivamente, al año siguiente decretó la construcción de una avenida que llevaría el nombre del estado donde habían nacido tanto el Presidente como él, y para lo cual solicitó del Concejo Municipal que así lo acordó el 19 de junio, la adjudicación del terreno respectivo.

La Standard Oil Company se comprometió obsequiar varias toneladas de asfalto como en efecto ocurrió y la avenita pudo ser construida casi en tiempo récord e inaugurada el 15 de febrero de 1941, aniversario del Congreso de Angostura. Constaba de 1.600 metros de longitud, la primera construida en Ciudad Bolívar y el estado y con la cual se inició el desarrollo urbano de la capital.

Para el acto vino expresamente una gruesa delegación del estado Táchira, vía aérea, haciendo escala en San Fernando de Apure, integrada por el presidente de la Asamblea Legislativa, Víctor Labiosa; el presidente del Concejo de San Cristóbal, Luis Alberto Ramírez; el Dr. Soublette Baldó, director del diario Vanguardia y presidente del salón de lectura; el presbítero Eloy Contreras; Pedro Felipe Villasmil, en representación del Comercio y otras personalidades del gobierno de San Cristóbal.

Fue un día de alborozo y los intelectuales de la ciudad se desbordaron escribiendo crónicas y poemas como este de Juan del Mar: “Que Hermosa y sugerente es la Avenida / Es una argenta Vía, tersa y bruñida / y como un rayo luminoso, recta / y en su ideológica prolongación perfecta / como una escala espiritual con vida / a pesar sobre el Ande en la proyecta melena de granizo / y a la secta de regionalismo incomprensivo / murió al nacer un sentimiento vivo / de bienhechora venezolanidad / porque los andinos y los orientales / no somos pueblos como ayer rivales / hoy compartimos con fraternidad”.

Una vez construida e inaugurada la avenida Táchira, el gobernador Ovidio Pérez Ágreda decretó en la misma arteria vial el estadio Rafael Urdaneta, para lo cual destinó una partida de 80 mil bolívares.

El Concejo Municipal, presidido por Adrián Cordoliani, reaccionó contra el nombre y propuso que se llamara Tomás de Heres y para reforzarlo reubicó el busto de Heres que se hallaba en la Plaza Talavera en la intercepción de la avenida Táchira con la 5 de Julio.

El 24 de julio de 1942, aniversario del natalicio del Libertador, quedó formalmente inaugurado el estadio Tomás de Heres en la avenida Táchira. Hubo una misa de campaña dentro del mismo estadio y el gobernador Carlos Meyer, quien sustituyó a Pérez Ágreda, hizo entrega de 85 títulos de propiedad de los terrenos de la Táchira a igual número de obreros que trabajaron en la realización de la avenida que incorporaba la ciudad capital al desarrollo urbano.

Los obreros terminaron vendiendo sus parcelas a la gente de la clase media y alta que prefirieron abandonar el casco histórico para construir modernas quintas en la avenida. Se construyeron además el Colegio Nuestra Señora de las Nieves, la Cancha Tenis Club Deportivo Social y asimismo se estableció allí el llamado Morichal de Rafael Alejo donde en febrero de 1946 fueron agasajados los poetas Miguel Otero Silva y Nicolás Guillén, invitados ambos por el gobernador también poeta, Héctor Guillermo Villalobos, para ofrecer al pueblo bolivarense un recital

martes, 24 de julio de 2012

Los Baños de La Mariquita

B1banosEl 4 de junio de 1929, vientos huracanados azotaron a Ciudad Bolívar, volaron los techos frágiles de varias viviendas y derribaron árboles, entre ellos, un enorme y frondoso Matapalos en los Baños de La Mariquita a donde iban los citadinos a pasear y recrearse bajo una cristalina cascada del río San Rafael.

Bañistas que disfrutaban la cascada escaparon milagrosamente de ser aplastados por el Matapalos. Entonces La Mariquita se estaba haciendo famosa no sólo por lo reconfórtante de la cascada sino porque allá o procedentes de allá solían registrarse accidentes bastante lamentables.

La Mariquita era uno de los lugares bucólicos de recreación pintorescos de la ciudad, dominado por una cascada ideal para los bañistas y donde un corso de apellido Pinelli, emparentado con la familia Liccioni, tuvo una cría de animales. Estaba realmente en pleno bosque, a tres cuartos de horas a caballo y a una hora y media a pie desde la ciudad cuando todavía no había llegado el automóvil.

Cuando los franceses Jean Chanfanjon y Augusto Marisot estuvieron en Ciudad Bolívar en 1886-87 realizando exploraciones botánicas, pasaron varios días inolvidables en La Mariquita según recogen en sus memorias. Aquí batieron “pájaros de todos los colores y de todos los tamaños para colecciones, desde un pájaro azul cabeza negra y blanca del tamaño de una gallina de Guinea, hasta colibríes, los más microscópicos pájaros moscas”.

En el paraje de La Mariquita, en lo alto de una vega, se alimentaron con tórtolas, periquitos, perdices y pequeños hortelanos. El sudor abundante del verano de abril lo aplacaban con el fruto del manzano de caoba de propiedades astringentes y por la tarde siguiendo un tanto el rito europeo del té y galletitas, tomaban guarapo acompañado de casabe junto con dos peones que le sirvieron de grata compañía.

Los garajes de la ciudad alquilaban automóviles para ir de paseo a La Mariquita y el servicio se hizo tan frecuente que la Municipalidad estableció una tarifa de dos bolívares por un paseo en vehículo hasta aquellos bosques, invadidos en los años 60 por el Arzobispo Crisanto Mata Cova para numerosos damnificados que allí se asentaron bajo el manto de la Virgen del Valle. Por eso se llama Barrio Virgen del Valle, de nombre solamente porque ya es parte del desarrollo urbano de la ciudad.

El barrio “La Mariquita” que ya dejó de ser barrio para transformarse en un conglomerado urbano con todos los servicios, nació en mayo de 1967 al calor de 80 familias invasoras que vivían arrimadas y carecían de techo propio.

Esas familias venían de ser desalojadas de un terreno proyectado para la urbanización Andrés Eloy Blanco, en la avenida de su nombre.

Ante la medida de desalojo, los invasores alegaron que estaban construyendo ranchos en la zona por insinuación de Monseñor Crisanto Mata Cova, quien hacía poco se había posesionado del arzobispado. Monseñor tratando de amparar a los invasores, viajó a Caracas a entrevistarse con el Presidente de la República para tratar el caso, mientras tanto un grueso pelotón de policías, atendiendo instrucciones del presidente edilicio, procedió a tumbar los ranchos dejando a sus propietarios y corotos debajo de los árboles.

Estas ochenta familias, amparadas por el prelado, se reubicaron en la zona de “La Mariquita” que Monseñor Mata Cova bautizó con el nombre barrio “Virgen del Valle”, lo que llevó al concejal Antonio José Grimaldi a señalar al Arzobispo como el “primer invasor de tierras de la ciudad capital”.

A raíz de este suceso fueron desapareciendo la cascada y por lo tanto los atractivos como bucólicos baños de La Mariquita.

lunes, 23 de julio de 2012

López Contreras visita Ciudad Bolívar

El 4 de septiembre de 1938, el presidente de la República, general Eleazar López Contreras, visitó Ciudad Bolívar, donde fue recibido por unas 12 mil personas que lo aguardaban en el Paseo Alameda. Llegó a la ciudad a bordo de la cañonera Rafael Urdaneta y se dirigió seguidamente a la Plaza Bolívar.  Visitó el Palacio de Gobierno así como las obras construidas y en construcción.  También le dispensó una visita al Barrio Perro Seco que se hallaba inundado. Visitó igualmente al liceo Peñalver en la Casa del Congreso de Angostura, el Cuartel del Capitolio donde fue recibido por el coronel Juan Bautista Páez, comandante del batallón Rivas. Visitó el barrio El Pueblito y muy cerca El Matadero Municipal, Santa Ana, la Cárcel Pública, el Mercado y el Hospital Las Mercedes. En el Club de Comercio se reunió con diversos sectores de la sociedad bolivarense y pronunció un discurso en el que dijo que, “Mi gobierno no es un gobierno de fuerza, sino de convencimiento, no de fuerza sino de ley y la ley es dura, pero los hombres y los gobiernos con un poco de buena voluntad, lograrán no violarla”.

El discurso de bienvenida antes estuvo a cargo del gobernador del Estado doctor José Benigno Rendón y de don Natalio Valery, presidente de la Cámara de Comercio, quien disertó sobre la  realidad económica y social de la región, disertación que a juicio del gobernador y demás funcionarios, fue cruda y dejaba mal situada la administración regional, por lo que tan pronto el presidente de la República se ausentó, se encresparon los ánimos y la prensa local fue portavoz de quienes aplaudieron a Valery como de quienes estaban en desacuerdo con el contenido, forma y tono de su discurso.

El presidente López Contreras manifestó su preocupación por los problemas que planteó en su discurso el presidente de la Cámara de Comercio, y dijo que él mismo había constatado el estado de abandono en que se hallaba San Félix y prometió  además de un vasto plan minero, incluir en el Plan Trienal de su gobierno la construcción de la carretera Ciudad Bolívar a San Félix. Por la noche el magistrado disfrutó una velada presentada en su honor en el Club de Comercio

El Presidente regresó navegando el Orinoco en la cañonera y en el Caño San Juan se trasladó al Leandro, yate presidencial, para continuar hasta Maturín, ciudad natal de su esposa que se había separado de la comitiva para visitar la Isla de Trinidad.

Lo cierto es que en el mes de noviembre y coincidiendo con las elecciones donde fue electo senador junto con Eduardo Oxford, el gobernador José Benigno Rendón fue sustituido por el tachirense Ovidio Pérez Ágreda y juramentado por el entonces presidente de la Asamblea Legislativa, doctor José Miguel Gómez Rangel (El Pope Gómez).

Antes de formalizar la entrega de la Gobernación José Benigno Rendón, puso en servicio el Hospital Roscio a un costo de 146.764 bolívares y el centro de enajenados a un costo de 70 mil 619 bolívares. Hasta entonces a los enfermos mentales los internaban en la Cárcel Pública junto con los delincuentes y procesados políticos; afortunadamente no eran tantos pero de todos modos constituían un problema de salud grave.

La primera operación quirúrgica en el Hospital Roscio de El Callao se practicó un mes después de su inauguración. Se trató de una apendicitis de urgencia de un obrero de una compañía minera de El Callao. La practicó el Dr. Jorge Figarella ayudado por los doctores Antonio Van Praah y Pedro Reyes Gordon, en calidad de anestesista.

domingo, 22 de julio de 2012

Virgilio Decán, la voz de cristal


 
El 4 de agosto de 1945, Virgilio Decán, el famoso Aly Khan de nuestros días, debutó como cantante aficionado en la emisora “La Voz de Guayana”, promocionado entonces como el “Tenor de la voz de cristal”.

Canta a las 7:15 de la noche los días lunes, miércoles y viernes, con un repertorio de boleros de moda y luego de ganar un concurso de aficionado. Se inició acompañado al piano por el padre Constantino Maradey Donato y luego lo hará el profesor José Francisco Miranda, quien era el director artístico de la emisora inaugurada el año anterior.

Virgilio Decán percibía ochenta bolívares al mes por su actuación en la emisora y otros veinte por cantar en el Coro de la Catedral, todo lo cual lo utilizaba para pagar el arrendamiento de la casa donde vivía con su madre que era una típica lavandera del Río Orinoco.

Cuando alcanzó el segundo nivel de secundaria se fue a Caracas a presentar examen de locución y regresó de nuevo a la ciudad para continuar en la radio, ya no como cantante de bolero, sino como locutor comercial, lo que le permitió acceder con mayor entusiasmo a la narración deportiva, tanto del béisbol como de las carreras hípicas en el Hipódromo Angostura.

Cuando terminó el cuarto año volvió a Caracas para terminar su bachillerato en el Fermín Toro y trabajar al mismo tiempo en la radio para sostenerse. Mientras trabajaba, primero en Radio Cultura y luego en Ondas Populares, se graduó de bachiller e ingresó a la Universidad donde se graduó. Cuando se recibió de abogado en la Facultad de Derecho, ya era un locutor hípico al lado de Mister Chips, de Miralejos, de Don Fulgencio y de Juan Francisco Rodríguez, con quien terminará asociándose en la compañía Monitor Hípico.

Fue Juan Francisco Rodríguez, quien lo bautizó con el nombre de Aly Khan, nombre tomado prestado al príncipe de Pakistán, quien en su tiempo fue un extraordinario hípico con famosas cuadras de caballos en Francia e Italia, casado con aquella diva del cine llamada Rita Hayworth, la diosa del amor.

Virgilio Decán, nacido en Ciudad Bolívar el 13 de julio de 1931, es hijo expósito de Yolanda Decán, de origen hindú. Actualmente vive casado en segunda nupcias con Ingrid Decán y con su primera esposa tuvo tres hijos Ivanova, quien fue directora del Museo de Arte Moderno Jesús Soto; Igor, fallecido a los 34 años de edad y Wladimir.

La trasmisión de su primera carrera ocurrió en el Hipódromo de El Paraíso, siendo locutor comercial y fue accidental por no haber llegado a tiempo el narrador oficial Luis Delgado Campos (Doctor X), a punto de largarse la primera carrera en 1.400 metros, Virgilio tomó el micrófono, similar al que había utilizado en el Hipódromo de Ciudad Bolívar. La prueba contó con una buena descripción de comienzo a fin resultando triunfadora la yegua Celaje, pero el bisoño Decán, con apenas 18 años de edad, en vez de felicitaciones por haberlo hecho también y oportunamente, fue despedido.

Decán entró en la televisión de la mano de Enrique Soto Rivera, quien le dijo entonces: “Tienes un pozo de petróleo cerrado”, dándole a entender las facultades que podría explotar en el medio audiovisual. Debutó en la pequeña pantalla en 1967, en el canal 11 junto a Francisco Andrade Álvarez y pasó en 1968 a CVTV (Canal 8), dándole inicio al tradicional programa dominical Monitor Hípico.

La carrera narrada por Virgilio más emocionante a nivel internacional, fue el triunfo de Victoreado con Gustavo Ávila, el 26 de Junio de 1966.

sábado, 21 de julio de 2012

Unión Tenis de Ciudad Bolívar



El tenis fue inventado en 1873 por el comandante británico Walter Clopton Wingfield. Los primeros campeonatos de aficionados se celebraron en el Croquet Club, en Wimbledon, Gran Bretaña (masculino en 1877, femenino desde 1884). El tenis comenzó en Australia en 1880, en Melbourne, y en la última década del siglo XIX se introdujo en las colonias británicas. Hoy el tenis es uno de los deportes más populares, en parte, porque se puede jugar desde la infancia hasta una edad avanzada.

A Ciudad Bolívar llegó desde las colonias británicas, pero muy tarde, en 1923. Lo introdujeron jóvenes mujeres que habían estudiado en esas colonias. En octubre de ese año se inauguró un Centro Deportivo con el nombre de “Unión Tenis de Ciudad Bolívar” constituido por distinguidas damas. El primer encuentro se escenificó en terrenos pertenecientes a la The Orinoco States, cedidos por Paúl Aquatella y Pedro Palazzi.

Fundaron este club: Carmen Monserratte, Sarita Monserratte, Narcisa Grillet, María Carranza, Luisa Carranza, Malvina Rosales, Pepita Rosales, Teresa Echeverría, Graciela Ortiz, Pepita Ortiz, Rosa Elena Jara, Clara Luisa Carvajal, Clemencia Echeverría, Mercedes Grillet, Anita Ramírez, María Rendón, Amalia Villegas, Luisa Rendón y las señoras de Antonosi y de Herrera

La  afición por el tenis se mantuvo hasta muy avanzado el siglo veinte y la Unión llegó a tener instalaciones propias en la Avenida Táchira, instalaciones que ahora se conocen como el Club La Cancha, donde además de la cancha de tenis existe una piscina.

1923 fue para los bolivarenses el año de los nuevos deportes, pues, además del tenis, reapareció el béisbol que los bolivarenses conocieron como una novedad a principios del siglo veinte dentro del programa centenario de la independencia.

El 29 de septiembre fue su reaparición con el Girardot Basse Ball Club, agrupando las novenas Azul y Rojos. El primer juego se pactó entre las dos novenas para el domingo 30 en el campo de la Plaza Centurión alineados así por la Novena Azul: pitcher, Joaquín Echeverría; catcher y capitán, Santiago Pérez; primera base, José Zabala; segunda base, José Manuel Sucre; tercera base, César Jara; SS, José Manuel Barceló: CF, Elías Guerra; RF, Benito Manuel Figuera LF, J. M. Aristeguieta y Umpire, oficial, J. M. Cartilla.

Por la novena Roja, pitcher y capitán, Eliseo García Delepiani;  catcher, Octavio Oquendo; primera base, José Ángel Guevara; segunda base, A. Rausseo; RF, Juan Conde; LF, Manuel Delepiani; LF, J. M. Guedez  CF, Cheché Salas. Un segundo juego se da el 12 de octubre, Día de la Raza, ocasión en que se realizaron por primea vez en el Teatro Bolívar los Juegos Florales y donde nació la idea de invitar al poeta Andrés Eloy Blanco, quien en el mes de septiembre de ese año había obtenido el premio por su “Canto a España”

El poeta venezolano recibió el premio de 25 mil pesetas el 25 de septiembre en el Teatro Pereda de manos de la reina doña Victoria Eugenia. Según el ensayista Jesús Torres Romero, el canto a España, debe tenérsele substancialmente y por encima de todo, como La epopeya americana del idioma español, un canto a esta lengua sembrada de tantos países, entendida  como signo y símbolo de nuestra unidad cultural, y de solidaridad con esa España cidiana y secular que inevitablemente la impuso.

Gran animador de estos eventos deportivo fue el tocuyano general Vicencio Pérez Soto, quien ese mismo año de la inauguración del tenis fue sustituido por el general cumanés Silverio González, animador también y nunca indiferente al fomento de los novedosos deportes que comenzaron hasta hoy a tomar fuerza en la ciudad del Orinoco

viernes, 20 de julio de 2012

Un manatí para el dictador

El 12 de marzo de 1932, el presidente del estado Bolívar, ingeniero Toribio Muñoz, le hizo al dictador Juan Vicente Gómez el hermoso obsequio de un manatí, capturado en el Orinoco.

Este mamífero de pocos meses capturado con arpón en el Orinoco, desciende de un gigante del Atlántico que suele remontar el Orinoco, donde es capturado con arpón o palangre de veinte anzuelos, para aprovechar la piel, la grasa y su carne de cuatro sabores. Pero en este caso fue para complacer al dictador Juan Vicente Gómez, pues cuando estuvo en Ciudad Bolívar sometiendo a los revolucionarios de la Guerra Libertadora, le llamó la atención este sirenio y así se le cumplieron sus deseos de tener un ejemplar en el zoológico de Maracay, gracias obviamente al interés de don Toribio Muñoz, antiguo alumno del doctor Emilio Palacios.

El Manatí gigante mide hasta cuatro metros y según los estudios puede vivir medio siglo, si es que lo dejan vivir porque como otros pisciformes del mar y del río, también tiene voraces depredadores que no respetan su tamaño para atraparlo de alguna forma y aprovechar tanto su piel como la grasa, la carne y huesos.

Oscar Castro, alias Corocoro, el pescador más antiguo del Orinoco, sostenía que la carne de este sirenio tiene según sus partes y color, sabor de cordero, de res, cerdo y lau-lau. Que tenga sabor de lau-lau no extraña porque, al fin y al cabo, ambos se alimentan de gamelotes, ramas y frutas.

Corocoro, quien llevaba 60 años pescando en el Orinoco, vivía en la margen izquierda del río, al borde de la colina donde el armador Alberto Minet construyó la casa más placentera de Soledad, desde donde se domina el empinado casco urbano de Ciudad Bolívar y la Piedra del Medio que mide las subidas y bajadas del río.

Oscar Castro, además de pescador fue fiscal de pesca y caza hasta que el MAC lo jubiló después de haberle servido durante 30 años. Entonces era sesentón. Cuando me contó lo del manatí era octogenario. Siendo fiscal cuidaba de la fauna, del manatí, las toninas y muy especialmente de las tortugas de Pararupa y también las bocas de los caños contra el aldrin y el barbasco que suelen emplear los enemigos de la fauna orinoquense.

Cuando comenzó a ser fiscal de pesca, asistió a unas cuantas charlas y aprendió muchas cosas, entre ellas, lo que significaba continuar sin control con la captura del caimán, la tortuga arrau y el manatí. Eran piezas de la fauna orinoqueña que corrían el riesgo de desaparecer por la forma intensa e irracional de su explotación.

Castro contaba que de estos anfibios, el manatí es el que está en desventaja. Quedaban pocos, acaso menos de un centenar, incluyendo no sólo los que pueblan el Bajo Orinoco y Apure sino también el Delta y el Golfo de Paria.

El amigo Oscar Castro nos configuraba el manatí como un zeppelín, de un tamaño que puede variar entre tres y cuatro metros en su estado bien desarrollado. Su trompa, vista de perfil, se asemeja a la de un cerdo y de frente alienta el aire de una tortuga. Delante, a manera de brazos cortos tiene dos aletas y en la parte posterior sólo la cola, la cual termina en un borde redondeado.

El color de su piel, gruesa y rugosa, varía de acuerdo con el ambiente de su hábitat. En el mar, gris azulado y en el río, pardo claro.   Es manso, fácil de capturar con palangre y arpón, especialmente en tiempo de aguas bajas.

jueves, 19 de julio de 2012

El último gobernador gomecista

 
El 2 de enero de 1933, el doctor Antonio Álamo, por decisión del presidente de la República, fue designado presidente del estado Bolívar una vez terminado el período del doctor Toribio Muñoz.

El doctor Antonio Álamo, historiador, abogado y político, gobernó al Estado Bolívar desde 1933 hasta la muerte del dictador Juan Vicente Gómez. Nació en Barquisimeto y fue también presidente del estado Sucre, ministro de Fomento y presidente de la Academia Nacional de la Historia.

El doctor Antonio Álamo era casado con la escritora Higinia Bartolomé, quien a los pocos días de haber llegado su marido a tomar posesión del Gobierno, en reemplazo del Ejecutivo encargado, doctor Toribio Muñoz, escribió bella estampa de la capital bolivarense, publicada en la revista local “Alondras” de Anita Ramírez:

El presidente Antonio Álamo y su esposa se residenciaron en la casa donde estuvo preso Manuel Piar antes de su fusilamiento. Allí escribió esa estampa reproducida en mayo de 1933 por la revista caraqueña “El Meridiano”.

La escritora, sumamente impresionada, encontraba a Ciudad Bolívar fabricada en una pequeña colina que vista de lejos le recordaba a Quintamar de la Sierra. Esta condición topográfica hace que las calles suban y bajen por todos lados, y la ondulación se comunique a techos y azoteas, pues no hay dos al mismo nivel y tal irregularidad resulta pintoresca. No hay la monotonía de las modernas ciudades tiradas a cordel, siempre llanas, siempre iguales, sino que lo imprevisto, sale cada momento al paso.

El doctor Álamo gobernó tres años y, durante ese tiempo, su labor fue en el campo de las relaciones sociales más pródiga que en el de la realización de obras públicas. En todo caso, ella estuvo centrada en mejorar la vialidad del interior del territorio regional. Ejecutó los puentes de Guaimire, los Caneyes, Caripito y Matacorumo en la carretera hasta El Dorado; refacción y decoración del Palacio de gobierno, estudios preliminares para el nuevo Acueducto de la ciudad capital; reconstrucción de las avenidas 5 de Julio y 19 de Abril y prolongación del Paseo Falcón hasta el Dique por el sistema de concreto.

Con motivo de las Bodas de Plata de la “Rehabilitación Nacional” (19 de diciembre), el presidente Antonio Álamo pronunció un discurso en la Piedra del Medio en el acto de colocación de la primera piedra de la estatua de La Paz. Nunca pudo ser como tampoco posteriormente el monumento que el gobernador Luis Raúl Vásquez Zamora pensaba levantar en homenaje a los descubridores de las fuentes del Orinoco, ni el que el gobernador Luis Goubat encargó para exaltar a la India del escudo de Guayana.

Juan Vicente Gómez falleció en Maracay, el 17 de diciembre de 1935, dos días antes de celebrarse un nuevo aniversario de la “Rehabilitación Nacional”, lema que marcó su mandato de casi tres decenios.

Nueve días después de la muerte de Gómez que anunciaba un nuevo status político para Venezuela, el doctor Antonio Álamo se separó del ejecutivo regional y dejó encargado del Despacho al general J. M. Osorio.

El doctor Antonio Álamo, junto con su esposa Higinia, abandonó la ciudad en horas del mediodía en un avión de Aeropostal. Lo despidieron en el aeródromo los coroneles Ángel María Sánchez, jefe de las Fuerzas Armadas acantonadas en la plaza, y Maximiliano Vásquez, administrador de la Aduana.

El general Osorio, inmediatamente después de haber sido encargado del ejecutivo, decretó la pavimentación del Paseo El Porvenir, así como el trayecto comprendido entre la Plaza Centurión y el cementerio; relleno de la calle Venezuela y construcción de un alcantarillado, desde la Esquina 30 llaves hacia el Este.
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miércoles, 18 de julio de 2012

El ingeniero upatense Toribio Muñoz



El 19 de junio de 1931, el Congreso Nacional luego de solicitarle la renuncia a Juan Bautista Pérez, eligió a Juan Vicente Gómez por el resto del período 1929-1936. Inmediatamente después se produjeron cambios de presidentes de estados, incluyendo obviamente al doctor José de Jesús Gabaldón, quien ejerció la Presidencia del estado Bolívar durante menos de un año y en su lugar quedó el ingeniero upatense, de sólida cultura humanística, Toribio Muñoz (en la foto), que venía desempeñando la Secretaría General luego de una actuación profesional y política muy importante. Había sido guardaminas y diputado al Congreso Nacional.

Era casado con la también upatense Eliana Margarita Gómez Rodríguez. Se graduó de ingeniero civil en la universidad Central de Venezuela. Fue ingeniero de minas y geólogo y mantuvo en el Ministerio de Fomento el récord de planos mineros hechos en Venezuela.

A Toribio Muñoz le tocó combatir, junto con el coronel Ángel M. Sánchez, la segunda invasión desde Colombia del general Arévalo Cedeño. Celebró el aniversario de la Batalla de Ciudad Bolívar con la puesta en servicio de varias obras públicas, entre ellas, levantamiento y reforzamiento de los malecones en el Paseo Falcón, desde el Resguardo hasta el Dique; construcción de 120 metros de cloacas en la calle Dalla Costa, desde la esquina de la Aduana hasta el Orinoco; construcción de 60 metros de cloacas en la calle Igualdad, y apertura y pavimentación de una calle en el barrio Los Culíes hasta la Plaza Centurión.

Dio respaldo entusiasta al Rondá femenino, al béisbol, al fútbol, al hipismo e hizo esfuerzos para que Ciudad Bolívar tuviese una emisora, la Broadcasting Bolívar, de Rafael Ángel Cabrera, que estuvo en el aire en período de prueba coincidiendo con la recepción de las primeras emisiones de la Broadcasting Caracas, pero la muerte sorpresiva de Cabrera hizo que esta emisora feneciera al nacer.

El doctor Toribio Muñoz, prestó gran colaboración a Gallegos durante su permanencia en Guayana, y fue quien le recomendó a Rafael Lezama para que le sirviera de baquiano por los caminos del Yuruary. Gobernó interinamente hasta 1933 y presidió los actos fúnebres del músico y compositor Manuel Jara Colmenares, quien falleció el 8 de junio de 1932. Fue uno de los directores de la Banda del Estado y autor de la música del Himno del estado Bolívar. Había nacido en Táriba en 1862 y llegó a Guayana en 1983 como cornetín de la Banda del Ejército.

Asimismo Toribio Muñoz presidió las honras fúnebres del doctor Antonio María Delgado, fallecido el 19 de octubre (1931). Había sido presidente del Colegio de Abogados, secretario general de Gobierno y gobernador encargado.

Durante su breve gestión de gobernador encargado, fue trasmitido el lunes 9 de marzo por la noche a las 10:15, por Broadcasting Caracas un programa de música guayanesa dedicado a Ciudad Bolívar por cortesía de la Shell. El programa incluyó el joropo “La Sapoara” y pasodoble “Late-28” de José Francisco Miranda (Fitzi) y “Canciones de Himeneo” de Telmo Almada. Diez días después el profesor Miranda firmó un contrato para grabar su joropo La Sapoara con la “Southen Music Publishing” de Nueva York.

El presidente municipal J. M. Agosto Méndez decretó la celebración del “Día de la Madre” todos los años el tercer domingo del mes de mayo a partir del 17 de ese mismo mes de 1931.

Fue premiada con medalla de oro en la Exposición Universal de Liege, Bélgica, la Fábrica de Escobas de Ciudad Bolívar, propiedad de Ricardo Tovar.

José Ignacio von Büren amaneció con las puertas de su Platería violadas y los mostradores desvalijados

martes, 17 de julio de 2012

Tito Guizar en Ciudad Bolívar


 
El 18 de septiembre de 1941 llegó a Ciudad Bolívar el actor mexicano, protagonista de la taquillera película Allá en el Rancho Grande. Tito Guizar llegó procedente de Caracas a donde había llegado el día 4 de septiembre por la tarde en un avión de la Pan American, contratado por Radio Continente y fue objeto de un gran recibimiento similar al que le tributaron días antes en La Habana.

Tito Guizar llegó a Ciudad Bolívar en un avión de Aeropostal acompañado de su representante y fue objeto de un entusiasta recibimiento de bolivarenses que lo condujeron en caravana desde el aeropuerto La Llanera por la avenida Táchira recién inaugurada hasta el Hotel Victoria reputado como uno de los mejores de la ciudad. Todavía no se había construido el Gran Hotel Bolívar desde cuya terraza frontal habría podido contemplar la inmensidad del Orinoco que dijo le había impresionado.

El artista mexicano proyectado como el primero que traspuso la música mexicana fuera de sus fronteras llegó a Ciudad Bolívar contratado por el empresario de espectáculos públicos Joaquín Vicente Echeverría hijo, quien presentó al artista en los cines América del Paseo Orinoco y en El Royal de la calle Guzmán Blanco de Perro Seco.

Los bolivarenses se alborotaron ese día y no dejaron espacios libres en los cines ni en sus alrededores para recrearse con la presencia del actor y cantante nativo de Guadalajara (Jalisco), ciudad en la que realizó sus primeros estudios antes de trasladarse a Milán para estudiar canto.

Ya como cantante, en 1931 Tito Guizar debutó con éxito en la Chicago Gran Opera Company; alternando hasta 1935 sus actuaciones nocturnas en salas de fiestas y en la radio, como cantante, con apariciones en el cine, sobre todo dentro del género musical.

En 1936 destacó en Allá en el Rancho Grande, de Fernando de Fuentes, de la que el mismo director hará un remake de gran éxito protagonizado por Jorge Negrete en 1948. A ésta la siguen una serie de películas que le dieron gran popularidad, como Recordar es vivir (1940), Adiós Mariquita linda, de Alfonso Patiño, y Marina, de Jaime Salvador, ambas en 1944, En los altos de Jalisco, de Chano Urueta, en 1948, Sindicato de telemirones (1953), de René Cardona, o Para toda una vida (1954), de la que también fue guionista. Sus últimas actuaciones destacadas serían en 1956 en Locos por la televisión, Música y dinero y Los hijos de Rancho Grande (1956), de Juan Busitllo Oro.

La imagen desenfadada y apolítica que transmitió de su país tuvo siempre poco alcance fuera de las fronteras mexicanas, además quedó relegado por las generaciones posteriores, más interesadas por un análisis comprometido de la auténtica realidad social nacional que por el folclorismo fácil de las rancheras.

La gran acogida que tuvo Tito Guizar en Ciudad Bolívar se debió a la película Allá en el Rancho Grande, melodrama ranchero de cien minutos que protagoniza con la actriz Esther Fernández y el cómico Chaflán. Esta película dirigida por Fernando de la Fuente proyectó mundialmente al cine mexicano y está considerada entre las mejores. Los bolivarenses durante mucho tiempo cantaron “Allá en el Rancho Grande / allá donde vivía, /había una rancherita / que alegre me decía, /que alegre me decía: / Te voy a hacer unos calzones / como los que usa el ranchero, /te los comienzo de lana, / te los acabo de cuero… ”

También favoreció tal acogida de los bolivarenses al hecho de ser Tito Guizar primo de Susana Guizar a la que los guayaneses conocieron protagonizando con Cantiflas Ni sangre ni arena.

lunes, 16 de julio de 2012

Los terrenos del aeropuerto

El 12 de abril de 1940, el procurador general de la nación, doctor J. J. Abreu, solicitó ante el Concejo Municipal de Heres, el arrendamiento por el lapso de quince años, de los terrenos del actual aeropuerto de Ciudad Bolívar.

En total 150 hectáreas que entonces se conocían popularmente como Zona La Mesa o Mesa de Angostura donde estuvo acampado el general Manuel Piar antes del frustrado primer intento por tomar la plaza en poder de los hispanos.

Esos terrenos colindaban con la famosa Laja donde actualmente se alza el Hotel Laja Real, llamada entonces “Laja de la llanera” porque según Diógenes Aristóbulo Troncone, allí vivió una mujer del Llano venezolano que como una Doña Bárbara arreaba el ganado realengo con una pistola en el cinto. Los citadinos lo llamaron por asociación Aeropuerto de “La Laja de la llanera”, por lo menos hasta que el gobernador Silverio González lo bautizó “Aeropuerto 24 de Julio”. Hoy se llama “Aeropuerto Tomás de Heres” a raíz de una consulta popular.

Allí despegó después de ser armado, y aterrizó el primer avión que surcó los cielos de Ciudad Bolívar, el avión de Frank Boland, malogrado días después en el aeródromo de Trinidad.

La zona también fue conocida como “Los Peladeros” en alusión popular a que era un terreno pelado, desprovisto de vegetación. El Concejo Municipal casi con los ojos cerrados cedió a la nación el terreno, pues ansiosa estaba la ciudad de legalizar la situación del aeropuerto, tan vital para la ciudad que permanecía aislada por tierra. Fue concedido en calidad de enfiteusis dentro de los siguientes límites: Norte, Laja de la Llanera; Oeste, Trilla de automóviles hacia La Mariquita; Sur, Terrenos Municipales y Oeste, Terrenos del Hipódromo.

Se cedieron 918 mil metros cuadrados y posteriormente, sin previo permiso de la Municipalidad y sin haber cumplido nunca sus obligaciones, el Ministerio de Comunicaciones ocupó 500 mil metros de terreno más.

Siendo presidente de la Municipalidad, Antonio José Grimaldi, introdujo un reclamo en julio de 1970, ante el general Gregorio López García, director de Aeronáutica Civil, debido a que se le adeudaba al municipio 450 mil bolívares por concepto de canon de arrendamiento de dicho terreno durante treinta años. Grimaldi declaró en esa ocasión que el Ministerio de Comunicaciones nunca respondió a sus oficios de cobro y que por esa razón se vería en el forzoso cargo de intentar una medida de embargo que nunca se cumplió. Sin embargo, el presidente edilicio encontró una fórmula de resarcir el perjuicio: vendiendo parcelas dentro de la periferia del aeropuerto, lo cual fue aprovechado por algunas líneas de aerotaxis para construir sus respectivos hangares. Quienes adquirieron parcelas para construir viviendas al final desistieron por el riesgo que ello representa.

La municipalidad, confiada de que al final recuperaría esas tierras una vez que la Corporación Venezolana de Guayana cumpliera su promesa de construir un aeropuerto internacional equidistante entre Ciudad Bolívar y Ciudad Guayana, aplazó el reclamo para una coyuntura más propicia.

Otro de los alegatos de la municipalidad apunta al hecho de que la ciudad se ha visto impelida a desarrollarse urbanística y costosamente hacia el Sur y no en forma natural, estratégica e ideal siguiendo el eje de la autopista hasta encontrarse con Ciudad Guayana, debido no solamente a la extensión de tierras que ocupa el aeropuerto sino también las que abarca en las mismas condiciones el Comando de la V División de Infantería de Selva. Otra alternativa para la ciudad capital sería crecer hacia el Norte pero se halla impedida por la barrera natural del Orinoco.


domingo, 15 de julio de 2012

Homenaje a Francia


 
En 1917 aún estaban frescas las heridas de la Primera Guerra Mundial, la de 1914, en la que Francia tuvo un papel protagónico y a ella acudieron alistarse como soldados los hijos de franceses y corsos nacidos en otras provincias de ultramar como el caso de Ángel Santos Palazzi nacido en Ciudad Bolívar y quien perdió la vida en una de las batallas.

Ese año, en mayo, el historiador Bartolomé Tavera Acosta se dirigió a los intelectuales guayaneses y a otros residentes en diversas poblaciones de Venezuela, pidiéndoles un pensamiento en honor a Francia. El resultado obtenido, se encuentra en las páginas de un libro (en la foto) que según dice Tavera en el pórtico “sonarán gratamente en el corazón de todos los filántropos y en el cerebro de quienes se dan cuenta de la nobleza moral del liberalismo redentor”. Todos: médicos y literatos, abogados y periodistas, poetas, escritores, ingenieros y artistas, respondieron con la hidalga gentileza.

Los intelectuales Luis Camilo Ramírez, Jesús Sánchez Carrero, Ismael Urdazieta, José Bastardo García, Reinaldo Hahn, Alfonso Santoni Gómez, Diego Carbonel. Félix, Villarroel, Francisco Pietrantoni, Roberto Basalo, Pedro Rollin, Angel Santos Palazzi. Rafael Hernández, Roberto Tarbes, Sadi Bardoza, Vicente Marcano, Marcelo, Villanueva, Luis Basalo, René Tarbes, Blas Peechio, Manuel Bermúdez, Teodoro Ravelo, Mario A. Velásquez, Marcos Vecchini Pérez y Manuel Hernais Becerra, aparecen en el libro rindiendo Homenaje a Francia, no sólo por su rol en la Guerra sino por haber sido en el mundo la protagonista en defensa y afirmación de los Derechos del Hombre.

Tavera Acosta dice al iniciar el álbum: “desde que en 1914 el monstruo de la guerra abrió en Europa sus sangrientas fauces, las simpatías por todas partes se levantaron en honor del pueblo que promulgó los Derechos del Hombre”.

De allí el que sea .Francia, la única nación beligerante por cuya causa combatieron en sus filas individuos de todas las latitudes del globo. De allí el que las más altas mentalidades de la tierra, señaladamente en nuestra América, hayan encendido sus cerebros al amor del fuego luminoso de su gloria, para expresar sus ardientes votos por el triunfo reparador, definitivo y perdurable de sus ideales de cultura y civilizaciones cristianas.

No sólo los intelectuales españoles y portugueses, los de la Argentina y Norteamérica, y los catalanes y peruanos, exhibieron sus sentimientos de sincera y entusiasta adhesión al ideal de Francia y de sus aliadas, sino también los de la Guayana venezolana, concretándolos exclusivamente a la gran patria francesa: espontáneo homenaje que en aras de la gratitud a la madre intelectual de los latinoamericanos, quisieron rendirle; y digna y generosamente lo cumplieron, como José María Arroyo, desde la vecina Soledad proclamando a la nación gala como: “la pensadora que un día alzó gigantesca tribuna desde la cual, solemne y varonil, hizo la publicación de los derechos civiles del hombre, entrando para siempre en los dominios de la inmortalidad.

“El eco de tan avanzadas doctrinas traspasó el océano que separa de nosotros a aquel pueblo poseído de ideas de regeneración y engrandecimiento, y estremeció el alma de los grandes pensadores de la América.

¡Espectáculo sublime! La idea del derecho pasó, hermosa como es ella, al mundo de Colón, y la libertad, eterna como la natal aleta, eterna como el progreso; fue desde entonces el ideal de los hombres que debían levantar en la fecunda tierra americana el monumental edificio de la República. La que conserva a los ciudadanos su dignidad y la que concede a los pueblos poder ilimitado para el ejercicio cabal de la libertad”.

sábado, 14 de julio de 2012

Sociedad Protectora de la Agricultura

 
Varios periódicos de Ciudad Bolívar, entre ellos, el Diario de Guayana, El Loro, El Pueblo, El Trueno, La Campana, El Yuruari de Guasipati se pusieron de acuerdo e iniciaron una campaña a favor del desarrollo del cultivo del algodón.

Dicha campaña culminó el 16 de noviembre de 1925 con la instalación de una Sociedad Protectora de la Agricultura, pues ante la llegada del petróleo, o Mene, como le decían los indígenas, tomaba cuerpo el temor por el futuro de la agricultura, pues era notorio que numerosos agricultores, llaneros y pescadores, abandonaban su oficio tradicional para buscar trabajo en las compañías petroleras que ofrecían jugosos salarios.

Previendo ese porvenir aciago, en Ciudad Bolívar se fundó esta Sociedad Protectora de la Agricultura, presidida por Eduardo Boccardo y a la cual la Sociedad de Artesanos y Obreros donó 500 kilogramos de semillas de algodón para que fueran distribuidas entre los labriegos ribereños. Por su parte, el gobierno regional creó el Premio Juan Vicente Gómez, de 8 mil bolívares, para el mayor productor del año.

Posteriormente, el Congreso Nacional acordó adquirir para la Nación las tierras propiedad del general Juan Vicente Gómez denominadas “Hatos del Caura”, por la cantidad de 17 millones de bolívares, para el desarrollo de un vasto plan de colonización. El acuerdo firmado por el presidente del Congreso, Pedro Emilio Coll, establecía que 114 leguas cuadradas ubicadas en el distrito Cedeño, en las márgenes del Caura y el Orinoco.

Estas tierras ganaderas del Caura pertenecían anteriormente al general Joaquín Crespo y el encargado de administrarlas era el general Manuel González Gil, quien logró reunir 700 hombres después para respaldar la Revolución Legalista encabezada por el caudillo del Totumo.

Manuel Gil, desde los Hatos del Caura llegó a ser jefe militar y presidente del estado Bolívar, pero virtualmente hizo un mal gobierno sancionado por la Asamblea Legislativa, descuidó una ganadería altamente productiva a la que Juan Vicente Gómez en su tiempo quiso restaurar comprándolas a quienes la heredaron de Crespo después que éste murió en la batalla de la Mata Carmelera, protagonizada por el general José María (Mocho) Hernández. Pero luego el caudillo de la Mulera se dio cuenta que esas tierras estaban muy lejos de su alcance y sin mucho pensarlo se las vendió a la Nación para la creación de una colonia agrícola.

Para la época, la población del estado se ubicaba en 65.852 habitantes. La exportación para Europa y Norteamérica se estimaba en 10.818.284 bolívares contra una importación de Bs. 2.136.551. Las exportaciones desde los puertos fluviales del estado tenían un valor de 13.227.840 bolívares y las importaciones 4.392.579 bolívares. Como se observa la balanza de pago era muy favorable a la economía regional.

Los hatos de Gómez que se extendían desde las márgenes del Caura hasta las del Orinoco sobre una superficie de 114 leguas cuadradas, fueron adquiridos por la Nación en julio de 1926, por la cantidad de 17 millones de bolívares, a objeto de destinarlos al desarrollo de un vasto plan de colonización agrícola, pero no fue sino 13 años después (julio de 1939) cuando comenzó a materializarse, gracias a un proyecto presentado al Congreso por los diputados de Bolívar Antonio García Delepiani y Héctor Guillermo Villalobos. Al siguiente año llegaron a Maripa que había sido elevada a capital del distrito Sucre desplazando a Moitaco, 266 bultos con todo lo concerniente a una planta arrocera, incluyendo los módulos del edificio. Entonces la región del Caura no sólo era importante por la madera, la Sarrapia y la ganadería sino también por una abultada producción de arroz.

viernes, 13 de julio de 2012

Semanario "El Loro"


Uno de los semanarios más dinámico que tuvo Ciudad Bolívar fue sin duda El Loro. Era, pudiéramos decir, un super-tabloide, 84x33 cm, cuatro columnas, fundado por el periodista Régulo Salazar en 1940 y que tenía como presentación ser un “semanario enciclopédico de intereses generales”. El ejemplar que cayó en mis manos gracias a la generosidad del doctor J.M. Gómez Bello, es el Nº 60 y tiene fecha 17 de octubre de 1942, en plena guerra mundial, paradójicamente cuando se registraba una marcada escasez de papel. Claro, el periódico no requería de mucho espacio para sus concisas y variadas informaciones.

El cabezal aparece ilustrado con la figura del Loro y a la derecha una publicidad del cigarrillo “Victoria” de mucha demanda para el momento y al cual se sumaría después el cigarrillo “Capitolio”, al cual era adicto el periodista Rafael Durán Rondón (Curro Puya). A la izquierda en recuadros una publicidad de la línea “Ideal” con servicio de automóvil a toda hora con sólo llamar el 172 y el 385 y el directorio del hebdomadario: Director, Régulo Salazar, y redactor: José Tadeo Machado. Administración en calle El Rosario Nº 27.

Régulo Salazar, además de periodista era político, militante de Acción Democrática que lo postuló como director de Política durante el gobierno de Héctor Guillermo Villalobos, quien no lo aguantó por mucho tiempo “Que se vaya a otra parte con su sinfonía de bejuco”, escribió. Eso le parecía al gobernante la publicación de Régulo.

El semanario, de cuatro páginas, desplegaba en la última un espacio muy leído denominado Correo Azul en el cual el lector podía libremente participar pagando Bs. 0,25 por cada 25 palabras y Bs. 0,05 por cada palabra más. Era un espacio hasta cierto punto, divertido y seductor que ponía alegres y burlones a unos y de mal humor a otros con el contenido de textos como éstos: “Todo mi corazón se lo entregaría al coloradito, que trabaja en el Bar Cirnos de nombre Pablo. Lo único que me desagrada de él es que me tiene miedo. Billetera”.

“Mi adorado tormento es un jovencito de nombre Leandro O., que trabaja en la Oficina del M.O.P.; lo que me desagrada de él, es que siempre lo veo con una sirvienta de color opaco. Si te dejas de eso, seré tuya para siempre. La Rubia”.

“José Antonio: te odio y te desprecio por las múltiples tonterías que hablas. Un hombre como tú no debe cometer errores. La rubia del Hotel”.

“Estoy como la manteca en el sol, por una trigueñita de nombre Marina, a quien adoro con loco frenesí. Si me correspondes, contesta a: Trigueño Alto”.

“Estoy como loco por una jovencita de iniciales N. R., que habita en la Calle Lezama. Si me amas, seré el hombre más feliz. X-X”.

“En el Mercado hay un gordiflón de iniciales. P. I. L., pesero y ex pulpero, se la echa de enamorado, pero que va gordito, tú te pareces a Sancho Panza. La Gorda”.

“Eres una muchachita que vives en la calle Libertad 70 más o menos. No te había visto antes, por lo que presumo que no eres de aquí, o no estabas -en esta ciudad. No sé tu nombre pero, debe ser tan bello como tu personita. Estoy que me descoyunto por ti, si me quieres seré tu eterno y amante y compañero. Dime si estás comprometida. Enamorado”.

“Estoy locamente enamorada de un conductor de iniciales P. R.-R., que trabaja en la Línea Trocadero. Lo único que no puedo pasar de él es que es muy tímido. Contesta a R.V.”.

miércoles, 11 de julio de 2012

La Revista Oriflama

El 30 de mayo de 1926 apareció el primer número de la revista mensual de 30 páginas “Oriflama” del Centro de Estudiantes del Colegio Federal de Ciudad Bolívar, transformado después en el actual Liceo Fernando Peñalver. Para entonces, ya el colegio aceptaba mujeres en su matrícula y estaba dirigido por el doctor Oscar Luis Perfetti y en la subdirección el doctor Carlos Emiliano Salom, ambos médicos.

La idea de la revista como órgano de un Centro de Estudiantes emergió del discurso pronunciado por el estudiante José Miguel Gómez Rengel en 1924 con motivo del centenario de la Batalla de Ayacucho, pero no fue sino en 1926 cuando se materializó con la creación del Centro presidido por Carlos Fragachán Arreaza e integrado en su primera directiva por Pablo Rugieri Parra en calidad de vicepresidente; Juan Bautista Rodríguez Natera, segundo vicepresidente; Carlos José Ramírez Torres, secretario; Carlos Evaristo Rendón, subsecretario; Clementina Bello, tesorera; Hortensita Flores, subtesorera; José Miguel Gómez Rengel, orador de orden, y José Antonio Silva, bibliotecario.

La mesa de redacción de la revista quedó formada por Ricardo Archila, como director; Héctor Guillermo Villalobos, subdirector; administrador: Jorge Sánchez y redactores: Alejandro Uncein e Inés Figarella.

Oriflama, formato dieciseisavo, se editaba en los talleres tipográficos de La Empresa. Se publicaba el último de cada mes. No aceptaba colaboración sino exigida. Se canjeaba con los periódicos y revistas nacionales y extranjeras. No devolvía originales. Los anuncios tenían precios convencionales y el ejemplar costaba un bolívar y 2 los atrasados.

En su nota editorial advierte que “al ingresar en el palenque de la vida periodística, lo hace sin otra fuerza que el entusiasmo de la juventud y sin otra prenda de valor que la sinceridad de nuestras ideas para contribuir al adelanto intelectual de Guayana, de esta tierra heroica, que siempre ha seguido las huellas de Minerva. Oriflama no brindará al amable lector artículos engalanados de literatura, ni mucho menos científicos, pues sus colaboradores, pequeños practicantes de la lengua de Cervantes, ahora es cuando empiezan a trillar el camino de la ciencia para más tarde combatir en el espacioso campo de ella”.

El editorial concluye saludando al estudiantado de la República y a las publicaciones locales que en la ciudad se contraían al diario vespertino “El Luchador” fundado en 1905 y dirigido por Jorge Suegart, el diario “El Correo de Guayana”, la revista “La Voz del Orinoco”, dirigida por César Gómez y Juan Eduardo Enet, el semanario festivo “El Loro” dirigido por Régulo Salazar, “La Gaceta Eclesiástica”, órgano de la Diócesis, dirigida por el doctor Dámaso Cardozo y “El Faro de Angostura” dirigido por el jurista José Eugenio Sánchez Afanador.

El primer número de Oriflama incluye trabajos históricos, literarios y científicos así mismo noticias contraídas a las actividades del Centro de Estudiantes del Colegio Federal. En ellas Héctor Guillermo Villalobos publicó sus primeros poemas y se convirtió en la revelación literaria de la revista y en la figura relevante de la nueva poesía guayanesa.

Circularon en total 24 números y por su dirección, además de Ricardo Archila, pasaron J. F. Reyes Baena y Juan Alberto Gambús. La revista Oriflama cerró definitivamente sus páginas el 24 de abril de 1928 con una cinta negra en su portada, luto por la llamada “Generación del 28” cuyos integrantes, en su mayoría estudiantes de la Universidad de Caracas, fueron presos y perseguidos por la dictadura de Juan Vicente Gómez.

Los primeros directores: Ricardo Archila, se distinguió como médico y escritor, J. F. Reyes Baena, director de El Nacional de Caracas y Héctor Guillermo Villalobos, poeta de la geografía espiritual de Guayana.

martes, 10 de julio de 2012

Los bolivarenses conocen el hielo

Igual que en el Macondo, del Gabo García Márquez, los bolivarenses no conocían el hielo. Ese hielo que en la actualidad y en forma de cubitos sale de los congeladores domésticos e industriales para refrigerar los alimentos. En “Cien años de Soledad”, Aureliano Buendía recuerda frente al pelotón de fusilamiento la tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Tal vez le resultó algo prodigioso como a José Arcadio Buendía la lupa y el imán que el gitano Melquiades llevó por primera vez a Macondo, un pueblo de 300 habitantes que se fijó a la orilla de un río y entre dos sierras que lo aislaron del mundo civilizado.

Fue la Nueva Cervecería de Ciudad Bolívar que en 1939 dio a conocer a los bolivarenses el hielo para que degustaran mejor la cerveza, la malta, o cualquiera otra bebida o alimento de su gusto. En esa ocasión la cervecería sacó al mercado local el novedoso producto “Jugo de Malta”, bebida algo dulce en media botella chata, como la vemos en la fotografía. Ella añadida a la Pilsen “Princesa Bolívar” y “La Negra”, junto con gaseosas y el hielo cristal.

De manera que a Ciudad Bolívar llegó primero el hielo industrial vendido en consistentes y gordas panelas que los clásicos refrigeradores o neveras que lo hacían domésticamente posible como ocurre hoy día. Las primeas neveras llegaron en los años cuarenta de la marca Electrolux y General Electric. Unas que funcionaban con electricidad y otras que funcionaban al vapor por medio de un mecanismo al igual que las cocinas de kerosén.

El hielo que conocían o se imaginaban los bolivarenses era el de los picos y montañas nevadas en ciudades muy altas de clima frío y cuatro estaciones, pero de difícil utilización. No obstante se cuenta que Alejandro Magno mandaba traer nieve de las montañas para refrescar los vinos y también algunos alimentos; el Emperador Nerón enfriaba sus jugos de fruta y sus vinos con hielo o nieve traídos de las montañas por sus esclavos.

La conservación del hielo o nieve del invierno se realizaba en pozos bajo tierra que se tapaban con paja y ramas de roble, hasta que en el siglo XIX, se inventaron las máquinas de hacer hielo, lo que propició la producción en masa. Ya en ese tiempo en algunos hogares se conservaba el hielo en cajas hechas de madera y corcho

Detrás del hielo vino el invento de los helados, barquillas y posicles como le dicen popularmente en Oriente. Es muy difícil establecer cuál es el origen del helado, ya que el concepto del producto ha sufrido sucesivas modificaciones en la medida del avance tecnológico, de la generalización de su consumo y de las exigencias de los consumidores.

Un gran avance en esta industria fue el descubrimiento del descenso de la temperatura de solidificación de las soluciones de sal. Utilizando un balde rodeado con una mezcla de hielo y sal o de agua y sal a bajas temperaturas, se congelaran batiendo bebidas y jugos de frutas azucarados a temperatura inferiores a las normales, dando lugar a los primeros helados de textura cremosa.

Algo así era lo que hacía en Ciudad Bolívar Sebastián Torres (Mojón de Tigre), nacido en 1904. Se le olvidó su nombre de pila porque durante medio siglo lo obligaron a responder por “Mojón de Tigre”. El apodo se lo endilgó un ganadero y la muchachada lo encontró tan divertido y placentero como las barquillas que lograba artesanalmente antes que llegaran las máquinas que utilizan heladerías, cafés y establecimientos que fabrican comercialmente los helados.

lunes, 9 de julio de 2012

Segundo Hipódromo de Ciudad Bolívar


El 12 de noviembre de 1935 surge la  directiva del Jockey Club que durante el lapso 1935.1936 hace realidad el segundo Hipódromo de Ciudad Bolívar. La Presidencia recayó sobre José Acquatella.  Vicepresidente, Carlos Palazzi; Secretario Alberto Liccioni y Tesorero, Miguel Ángel Pacífico.
La nueva estructura del coso hípico queda de una vez consolidada en la zona de Los Morichales en un terreno donado por la Municipalidad a cambio del anterior en la zona de Santa Lucía donde en 1907 se inició el hipódromo..
            El nuevo hipódromo fue posible a numerosas contribuciones y al estímulo del Presidente del estado Antonio Álamo.  La reina de la inauguración fue la Nena Requesens.  Las carreras se iniciaron con la novedad del Pool.  Se sellaba un promedio de 400 papeletas de un bolívar cada una.  El 10 por ciento de la jugada se destinaba a mejorar las instalaciones del Hipódromo y otros 10 por ciento al mantenimiento de los hospitales Ruiz, Caridad y Clínica de los niños pobres.
En 1937 se volvió a interrumpir la actividad hípica alegando el Jockey Club escasez de dinero para sostener el hipódromo así como reducido número de caballos de carrera y faltas de estímulos a los propietarios. La directiva del Jockey Club tiró la toalla y fue menester nombrar una Junta Reorganizadora.
Con la llegada del general Isaías Medina Angarita al Poder, las promesas electorales, la construcción de obras públicas y cierto cambio que se notaba en la economía por efectos de la industria petrolera que tomaba auge, se abrieron nuevas perspectivas para el hipismo. Se reorganizó el coso con el nombre Hipódromo Angostura y desde entonces fue permanente y continua la actividad hípica, siempre por temporadas hasta que se hizo fija todos los fines de semana.
Jacinto Fernández, quien pertenece a una pléyade de viejos constructores y alarifes de la ciudad (el sólo ha construido 33 casas), nos facilitó un programa de una de las la temporadas del segundo Hipódromo donde sólo se jugaban oficialmente mutuales.
Según Jacinto en ese sitio donde hoy se levanta el complejo CADA, hubo dos Hipódromos: el heredado del Hipódromo Viejo que carecía de óvalo, vale decir, las carreras se efectuaban en línea recta, y el que se adaptó a los requerimientos modernos.
En ese segundo Hipódromo se inició como narrador hípico Virgilio Decán, quien también narraba los encuentros de béisbol a través de Radio Bolívar y cantaba en el Coro de la Catedral.  Entonces lo llamaban “La voz de cristal”.
Cuando se recibió de abogado en la Facultad de Derecho, ya era un locutor hípico al lado de Mister Chips, de Miralejos, de Don Fulgencio y de Juan Francisco Rodríguez, con quien terminará asociándose  en la compañía Monitor Hípico.
            Fue Juan Francisco Rodríguez, quien lo bautizó con el nombre de Aly Khan, nombre tomado prestado al príncipe de Pakistán, quien en su tiempo fue un extraordinario hípico con famosas cuadras de caballos en Francia e Italia, casado con aquella diva del cine llamada Rita Hayworth, la diosa del amor.
            Popular en 1935 era la gallera Farreras con sus consabidas temporadas de gallos que comenzaban a las 9 de la mañana del domingo y terminaban a las 3 de la tarde a objeto de que los apostadores pudieran acudir al Hipódromo de Los Morichales.  Don Elías Inatty y el coronel F. Navas eran los directores del palenque.
Ese Hipódromo se mantuvo activo hasta el período de Noel Valery, quien fue presidente del Concejo Municipal entre 1964-1966, bajo cuya gestión un grupo de propietarios de cabellos proyectó un nuevo hipódromo, pero en Jobo Liso.

domingo, 8 de julio de 2012

La antigua Radio Bolívar

El 8 de mayo de 1937 quedó inaugurada la segunda estación de radio fundada en Ciudad Bolívar, la Radio Bolívar, con sus artistas y bajo la dirección de sus propios dueños (foto): José Francisco Miranda (Fitzi), en la dirección artística y Pedro Elías Behrens, en la dirección técnica.

Después de su período de prueba, la Radio Bolívar debía inaugurarse el miércoles 21 de abril, pero por inconvenientes de carácter técnico fue diferida para el 8 de mayo a las 6:00 de la tarde, cuando la bendijo el vicario de la Catedral, Dr. Dámaso Cardozo.

El programa de inauguración incluyó a las 6:15. Himno de Guayana, interpretado por un coro de jóvenes acompañado de orquesta; 6:20, mensaje del director artístico; 6:30, música bailable con la Orquesta Dalla–Costa; 7:00, actuación del cantante español, René Najera; 7:30, música bailable con la Orquesta del Estado; 8:00, actuación artística de Carmen Liccioni, S. Calojero, Isabel Caro, Tito Ávila, Elena Acosta Yánez, Lilia Tovar, Federico Behrens, Antonio Marcó y Ana María Gutiérrez; 8:30, ópera La Viuda Alegre y 10:00 de la noche, música bailable.

Esta emisora que arrancaba a las 11:00 de la mañana y cerraba sus audiciones a las 8:30 de la noche, regularmente operaba con las siglas Y.V.6.R.C, en 6.420 kilociclos. En enero del año siguiente adquirió un nuevo transmisor de medio kilovatio para onda larga con potencia de 300 walts. La emisora apenas se mantuvo en el aire durante tres años, al cabo de los cuales arrendó sus equipos, adquiridos por el obispo Miguel Antonio Mejía, a nombre de la Diócesis de Guayana, para la fundación de la Voz de Guayana, emisora de la iglesia.

La Radio Bolívar fue la primera en trasmitir un juego de pelota directamente desde su propio escenario, en este caso, el Rondá. Entonces tenía dos años de fundada y dio pie para la realización del Primer Campeonato de Rondá Copa Radio Bolívar, entre los clubes Nueva América, Patriota, Capitolio, Mundial Bolívar y el Monte Carlos R. C. Presidido por el periodista Edmundo Barrios.

El 15 de mayo de 1944 fue inaugurada oficialmente la Voz de Guayana, bajo la dirección del vicario de la catedral, Dr. Dámaso Cardozo. Fue invitado a inaugurarla el presidente del estado Bolívar, Dr. Mario Briceño Iragorri, quien a nombre de su gobierno dirigió un mensaje de bienvenida. El discurso inaugural estuvo a cargo del Pbro. J. M. Guevara Carrera, en el que destacó el esfuerzo de monseñor Cardozo y del Pbro. José Ignacio Rincón (técnico de Radio) para hacerla posible.

Tras la muerte de monseñor Mejía ocurrida el 9 de octubre de 1947, la Voz de Guayana salió del aire y sus equipos volvieron al poder del profesor José Francisco Miranda, quien de nuevo reinauguró la Radio Bolívar, el 5 de enero de 1949 bajo las siglas YVQE, 720 kilociclos y YVQF, 6.200 kilociclos. Aparece el Prof. J. F. Miranda como director y Aurelio Peralta, director técnico. Los estudios fueron instalados en la biblioteca auditorio y trasmitía de 5:00 de la tarde a 10:00 de la noche. Allí, en la parte más elevada de la ciudad, permaneció hasta junio del año siguiente cuando, luego de suscribir J. F. Miranda un contrato con la sucesión Torres Valencia para constituir ambas emisoras un circuito radial local, establecieron las dos un estudio común en la calle Dalla-Costa No. 117.

El 15 de junio de 1951, El Universal de Caracas denunció la forma irregular como operaban las dos emisoras, obligando a Ecos del Orinoco interrumpir sus trasmisiones hasta enero de 1956, que fue adquirida por Antonio José Istúriz

sábado, 7 de julio de 2012

Upata: Rosa de la montaña


 

Tanto el mito, la leyenda y el cuento, con grados más o menos distantes uno del otro, pertenecen al mundo de la imaginación creativa y se constituyen en tales a partir de un momento dado, es decir, cuando emprende una navegación comunicacional de largo aliento hasta hacerse tradición, pertenencia y parte cultural de la historia de un pueblo.

De todos, el mito es quizás el más puro y surge como explicación de algo que tiene que ver con la Cosmogonía. La leyenda, está más identificada con los elementos dinámicos y protagónicos de la mitología en tanto que el cuento constituye el ensamblaje o integración de los elementos de la leyenda de forma que pueda ser narrado.

No todas las leyendas son irreales como es la creencia general.  Hay leyendas que tienen un sustento de verdad y otras que teniendo un sustento histórico son falsificadas o alteradas como creo es el caso de la leyenda “Rosa del bosque” dada a conocer por Celestino Peraza en su libro “Leyendas del Caroní” publicado en 1988 por el Ministerio de Educación conjuntamente con la Academia Nacional de la Historia en la serie “Biblioteca Popular Venezolana”.

“Rosa del bosque” que la tradición upatense ha venido remplazando por “Rosa de la Montaña” en alusión a un árbol autóctono de flores rojas que así se llama (Brownea  grandiceps), marca, según la leyenda, el nacimiento o fundación de Upata por Fray Buenaventura de Celedonio y Antonio Moreno de Mendoza, hijo del fundador de Angostura, Manuel Moreno de Mendoza, en honor a Up-Ata, cacica de los Arinagotos, herida mortalmente por una flecha envenenada, disparada por el indio guarauno Tocoma al verla en brazos de un blanco.

Aquí comienzan las alteraciones de la leyenda o su choque con la historia que documentalmente sitúa la fundación de Upata el 7 de julio de 1762, dos años antes que Angostura, por lo que no pudo ser un hijo de Moreno de Mendoza de nombre Antonio (el hijo de Moreno de Mendoza se llamaba José Antonio, además de Joaquín y Manuel), ni tampoco Fray Buenaventura de Celedonio o Celonio quien aparece históricamente como fundador de la Misión de Santa Cruz del Calvario en 1760.

Quienes históricamente aparecen como fundadores de la villa de San Antonio de Upata, son los frailes Benito de La Garriga, Fray Jaime de Anglesola, Fray José de la Guardia y unas 26 familias españolas. Upata no fue fundada como Misión de Indios sino como Villa en un valle fértil y de agradable clima rodeado de colinas. La Misión de Indios más cercana a Upata era la Misión de San José de Capapuy, a media legua, que existía desde el año 1733. Algunos indios de Capapuy fueron utilizados como peones en la fundación de la iglesia y primeras casas de Upata.

Otra deformación de la leyenda se encuentra en el significado de Upata. Según Celestino Peraza significa “Flor del bosque”, pero el significado en lengua de los Arinagotos o Arecuna, Pariagotos o Guayanos, es “Mi Tierra”. Esto lo explica muy bien el historiador upatense Carlos Rodríguez Jiménez, embajador de Venezuela en Japón por mucho tiempo, basado en las investigaciones de Andrés Brito y el padre Cesáreo de Armellada, lingüista e historiador, autor de numerosas obras de gran importancia para el conocimiento de los pueblos indígenas: “Por desconocimiento de la lengua de los indios guayanos, han sido mucho los fantasmas con que han querido descifrar el significado de vocablos como Upata y Yocoima.  Estos fantasmas adornados con leyendas y repetidas ciento de veces, han formado quizás una tradición que resulta molesto tener que destruir”.

viernes, 6 de julio de 2012

El inciso que desgració a Leoni

Raúl Leoni, a quien vemos en la gráfica posando con doña Menca (Carmen América Fernández), su esposa e hijos, en el jardín de su casa, ha sido hasta ahora el único guayanés que ha llegado a la Presidencia de la República, como se dice en lenguaje criollo, “a puro pulso”, evolucionando y escalando, progresivamente, las más altas posiciones universitarias, sociales y políticas, en un país donde el paracaidismo y los golpes de fuerza frecuentan el ambiente de la cosa pública desde que Páez nos separó de la Gran Colombia, para recobrar nuestra identidad y verdadero  gentilicio.

El 29 de enero de 1937, Leoni se hallaba en Ciudad Bolívar de regreso del exilio, luego de una lucha intensa desde la Presidencia del Centro de Estudiantes de Derecho primero y Presidente de la Federación de Estudiantes de Venezuela después. Había estado preso en La Rotunda por participar en la huelga ferroviaria y en el Castillo Libertador, de Puerto Cabello; de allí se fue al exilio para retornar tras la muerte del dictador Juan Vicente Gómez y el ascenso al poder del general Eleazar López Contreras, quien prometió darle un giro democrático al sistema de gobierno imperante, en virtud de lo cual comenzaron a organizarse gremios y partidos políticos para entrar en acción, participando en las elecciones para cuerpos deliberantes planeadas conforme a la nueva Constitución.

Efectivamente, una nueva Constitución fue sancionada para reducir a cuatro años el ejercicio de la Presidencia, pero sorpresivamente se incluyó un inciso que en el proceso eleccionario desgració a muchos dirigentes de las nuevas promociones, entre ellos, Raúl Leoni.

La Asamblea Legislativa del estado Bolívar había elegido a Raúl Leoni y a Héctor Guillermo Villalobos, diputados al Congreso Nacional, y de suplentes, a Raimundo Aristeguieta y José Francisco Reyes Baena.

Entonces, la elección del Presidente de la República, el Congreso Nacional y los Senadores eran escogidos por las Asambleas Legislativas, los diputados por las Asambleas Municipales y los Concejos Municipales, directamente por la comunidad que supiera leer y escribir.

De manera que nuestros diputados fueron escogidos por una asamblea integrada por todos los concejales del estado. Pero sucedió que cuando el doctor Raúl Leoni quiso incorporarse a la Cámara de Diputados, fue rechazado. Es decir, su diputación había sido anulada por decisión del presidente de la República Eleazar López Contreras, fundamentada en el Artículo 32, inciso sexto, de la reciente Constitución de l936  que impedía a los comunistas, anarquistas y terroristas ser miembro de las instituciones o poderes del Estado, y Raúl Leoni, al igual que Jóvito Villalba y Gonzalo Barrios y Oropeza estaban fichados por el Gobierno como “comunistas” y, por lo tanto, ninguno de ellos pudo integrarse al Congreso y fueron más tarde expulsados.

La asamblea de munícipes estuvo nuevamente que reunirse para llenar la vacante de Leoni y escogió a Andrés Brito, quien al incorporarse a la Cámara de Diputados del Congreso Nacional, fue duramente atacado por el diputado Larraín.

Andrés Brito era un poeta y escritor margariteño radicado en Bolívar desde la gran Batalla de Ciudad Bolívar, cuando actuaba como secretario del general Francisco Vásquez, jefe de una de las divisiones más aguerridas de la Guerra Libertadora. Con la ayuda de Ángel Mattei y del cónsul inglés Eduardo Mathison, escapó de la redada y prisión cipriano-gomecista y se aventuró a pie hasta El Callao, donde con carta de recomendación pudo trabajar en la casa mercantil de Casanova Hermanos y desde entonces se hizo guayanés, hasta el punto de llenar la curul de Leoni sin saber que algún día éste llegaría a la Presidencia de la República.