martes, 3 de julio de 2012

Origen de Ciudad Guayana


 
B1Topicos
Foto William Urdaneta
“Ciudad Guayana” no es nombre originalmente moderno. En escrituras antiguas hemos hallado que a Santo Tomé o Santo Tomás de Guayana, como prefiere la Iglesia y el mismo Correo del Orinoco, nombre primigenio de la capital de la provincia, solían identificarla por síntesis como Ciudad Guayana.

De suerte que lo conocido hoy como Ciudad Guayana viene al pelo o, mejor, tiene consonancia con la flamante capital del municipio Caroní desde 1982, pues hasta ese año la capital era San Félix de Guayana.

En efecto, el 29 de junio de 1961 la Asamblea Legislativa había reformado la Ley de División Político-Territorial del estado, para crear el Distrito Municipal Caroní estableciendo como su capital a San Félix de Guayana perteneciente al Distrito Piar, e integrado además por Puerto Ordaz, Matanzas, Castillito y Caruachi que entonces pertenecían al Distrito Heres.

Al siguiente día, 30 de junio, la Asamblea Legislativa decretó la creación en la mesa de Chirica de una ciudad con el nombre de Santo Tomé de Guayana y cuya acta de fundación colocó en acto solemne el entonces presidente de la República, Rómulo Betancourt, el 2 de julio de 1961.

El nombre de Santo Tomé de Guayana nunca apareció en la Ley de División Político-Territorial, en cambio Ciudad Guayana comenzó a aparecer a partir de 1982, cuando ya se creía consolidada en unidad urbana lo que en un principio se llamó Distrito Municipal Caroní.

La pregunta que surge es si realmente se fundó una ciudad con el nombre de Santo Tomé de Guayana o Ciudad Guayana es la unión de todos esos centros poblados antiguos como San Félix y modernos como Puerto Ordaz.

Concluyo en que Ciudad Guayana como urbe moderna tiene su raíz en Puerto Ordaz que comenzó por ser un campamento de la Orinoco Mining y terminó abierto al desarrollo urbano más impresionante de la Venezuela contemporánea.

El nombre de Puerto Ordaz hace honor al lejano comendador que desentrañó a fuerza de sangre y temeridad los telúricos misterios del gran río. Para entonces se barajaron y echaron a la consideración nombres como Nueva Erin, Nuevo Dorado, Manoa, pero prevaleció el nombre del intrépido conquistador por ocurrencia de quien iba a fungir de fundador, porque los pueblos, por tradición colonial siempre tienen un fundador por más colectiva que sea la empresa. De suerte que Luis Felipe Llovera Páez, miembro de la Junta Militar que gobernaba al país e hijo de la tierra bolivarense, le tocó, por partida doble, la autoría del nombre y el protagonismo del acto de colocación de la primera piedra.

El sitio exacto de la ceremonia era todavía “monte y culebra”, apenas desmontado por el machete rozador. Allí fueron instalados una mesa rústica y un micrófono para amplificar, innecesariamente, la voz que llenó de augurios a obreros pioneros, aun cuando la fauna peculiar experimentaba la pérdida de su hábitat.

Observamos que monseñor Juan José Bernal Ortiz, prelado de la ceremonia que tuvo lugar en la mañana del 9 de febrero de 1952, fue el mismo que impartió la bendición a la primera piedra colocada por Rómulo Betancourt para oficializar la realidad de Ciudad Guayana, conformada por San Félix y Puerto Ordaz, a ambos márgenes del Caroní en confluencia con el Orinoco. Lo que inició el pro cónsul de la dictadura la coronaba sin prejuicio el jefe del gobierno de la democracia.   

Hubo que protocolizar con una visita la fundación de Ciudad Piar, y allá se enrumbaron, pero el río Santa Bárbara estaba crecido, monseñor Bernal invocó a la santa y pronto como por milagro amainó la tempestad.

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