domingo, 29 de julio de 2012

El árbol emblemático de Guayana





El 21 de mayo de 1952, el gobierno regional nombró jurado para estudiar y escoger el árbol que dentro de la flora nacional pudiera representar al estado Bolívar. Dicho jurado lo integraron Tirso Tosta, Ernesto Sifontes, Adrián J. Cordoliani, José Nancy Perfetti y J A. Montes Ávila. Todos ellos coincidieron en designar al sarrapio o sarrapia, árbol autóctono de la región del Bajo Caura, “Árbol Emblemático del Estado Bolívar”, no sólo por su porte señorial de fronda y flora sino por el valor económico de su fruto, fuente de la Cumarina, utilizada en la industria de la perfumería y para aromatizar ciertos tipos de tabaco.

Centenares de miles de árboles de impresionante corpulencia cubren las tierras húmedas de Guayapo, Suapure, Hilaria, Monte Oscuro, Pastora, Chiveta, El Caballo y El Manteco en el Bajo Caura, sin dejar de mencionar las selvas ribereñas de la zona media, desde el raudal La Mura hasta la desembocadura del Nichare y las grandes montañas orinoqueñas.

Lo espléndido y generoso de esa flora sarrapiera es su fruto (coumarouna punctata), drupa de forma alargada y pulposa de cuya almendra se obtiene la cumarina. Los frutos caen espontáneamente, sin que el árbol lo toque para nada la mano del hombre, suerte que jamás tuvo el caucho al que había que exprimirle la savia a fuerza de mortales incisiones.

Al madurar el fruto, entre febrero y abril, cae de árbol y ya en marzo está lista y servida la mesa del sarrapiero recolector.

Los campesinos del Caura dicen que el sarrapio llega a crecer hasta 30 metros de altura y que cuando florece, todo su hábitat es de color lila y penetrantemente aromático. La producción de una mata oscila entre 10 y 20 kilogramos de frutas, depende de su edad y tamaño. Hay unas que dan excepcionalmente hasta un quintal (45 kilogramos), pero para obtener un kilogramo de almendras que es lo que en definitiva tiene valor comercial, se requiere recoger de 350 a 400 frutos.

Los indios Maquiritare y también los Panare obtienen la almendra utilizando hábilmente una puntilla fabricada por ellos. En cambio, los campesinos del Caura y del Orinoco, luego de eliminar la pulpa fibrosa, obtienen la almendra, eliminando su dura cobertura a golpe de piedra. Se trata de un trabajo en cierto modo cuidadoso, pues subsiguientemente existe una cutícula que si se malogra puede depreciar la calidad de la almendra. Por ello en el argot de los sarrapieros se habla de almendra de primera y de segunda. Esta labor suele hacerlo el campesino cuando declina el Sol y luego que ha estado durante el día recolectando el fruto diseminado bajo la anchurosa fronda o follaje de los sarrapios.

Ciudad Bolívar fue desde el siglo diecinueve, el centro de mayor comercio del producto a través de importantes casas mercantiles, siendo las más destacadas hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial, Dalton & Cía y Blohm y Cía. que financiaban las cosechas a través de intermediarios. En 1955 entró en escena el extinto comerciante Floduardo Inocente Díaz (Quírico Díaz), quien también comerciaba con el balatá y la quina alternando este comercio de exportación con la industria de cerámica para la construcción.

Además de la firma Quírico Díaz a través de su hijo el abogado José Díaz (mi compañero de estudio en Caracas), hay otros grupos en Maracay y Valencia que van directamente a Maripa por una cosecha que debido a la inflación carece de atractivo para los campesinos del Caura. Recientemente estuvimos en Maripa y apreciamos que todavía llegan intermediarios en busca del fruto de la cumarina.(AF)

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