martes, 31 de enero de 2012

Crónica angostureña 1915


El Ejecutivo del Estado reanudó el 22 de enero la construcción de las aceras utilizando cemento importado en barril, de las fábricas de Hamburgo. Los trabajos comenzaron por la cuadra la Copa de Oro (actual edificio Bello, en la foto) y la Catedral, bajo la dirección del alarife Alejandro Sutherland.

Este Alejandro Sutherland que, creo, fue el primer Sutherland llegado a Guayana, hombre prolífico, se le contaron 32 hijos. Era un excelente alarife. Al término de la calle Libertad, al frente del cerro El Vigía, súbditos británicos lo contrataron a objeto de que les construyera una Capilla para sus prácticas religiosas. Se trataba de la primera Capilla Anglicana que los bolivarenses preferían llamar Capilla protestante.

Sutherland se radicó en Ciudad Bolívar procedente de Trinidad, contratado como albañil para levantar el dique en una zona sensible por donde solía meterse el Orinoco al superar la cota 16. El terreno adyacente, inundable, fue aprovechado mediante relleno y desde entonces el pueblo comenzó a llamarlo El Tapón. Pues bien, a objeto de incorporar esa zona al desarrollo urbano de la ciudad, el presidente Marcelino Torres García, decidió transformarla en lo que entonces se conoció como Parque Piar. Los trabajos anteriores se completaron con un nuevo terraplén, granzón, aceras, piletas y siembra de árboles. El concejo completó la obra con el desmonte de toda la parte baja de la Laguna, Los Morichales, Paseo 5 de Julio, avenida La Germania, calle Orinoco y El Dique.

Cuando inauguraron el Parque Piar, ya desaparecido lamentablemente, los bolivarenses, fervientes piaristas, celebraron el 24 de julio de 1915, aniversario del natalicio del Libertador, rindiéndole homenaje al prócer Manuel Piar. Así, además del parque con su nombre, el Concejo Municipal, cumpliendo un acuerdo del 27 de agosto del año anterior, ordenó la colocación en el salón de sesiones de un retrato al óleo del héroe de la Batalla de San Félix.

El único homenaje al Libertador lo hizo el General Diego Alberto Blanco, escribiendo y publicando en El Luchador el 23 de julio este poema: “Héroe! Profeta! Pensador profundo / Fue libertad tu mágico delirio / Genio sublime, redimiste a un mundo / Y alcanzaste corona de martirio / Oh Padre de la Patria, tu perdón / A todos generosos nos los diste / Y en brazos de Colombia tu creación / Al sepulcro tranquilo descansaste”.

Alejandro Sutherland, quien tomó parte activa en estos trabajos de saneamiento urbano que hizo posible ese parque en honor al héroe de San Félix, había llegado a principios de siglo a Ciudad Bolívar en un barco de la empresa The Welcome Steamship, que estableció una nueva línea de vapores para cubrir el servicio de navegación de cargas y pasajeros entre La Guaira y Ciudad Bolívar con escalas en Barrancas, Trinidad, Demerara, Moroni, Cayena, Carúpano, Pampatar, Cumaná y Guanta. El servicio fue inaugurado con el vapor Bienvenido.

La llegada del Bienvenido coincidió con dos sucesos: la reanudación de la temporada del Hipódromo de Ciudad Bolívar y la invasión de la langosta. Curiosamente una temporada mixta de carreras de caballos y bicicletas. Ese domingo, la primera carrera de bicicletas se la disputaron tres corredores y 4 la segunda, en distancia de 800 y 1200 metros. Las tres siguientes fueron de caballos: 2 en la primera y 3 en cada una de las siguientes en 700, 600 y 500 metros, para cuya asistencia los organizadores habilitaron camiones de pasajeros frente a la Cantina La isla. La invasión de la langosta fue sobre los campos. Este insecto saltador que ocasionalmente aparecía en bandas migratorias producía grandes daños a las cosechas

lunes, 30 de enero de 2012

El Trapecio del Mercado

La Ciudad Bolívar de los años cincuenta contó con un pintoresco mercado municipal, prácticamente a la orilla del río, justo en el punto donde Moreno de Mendoza  hizo construir el San Gabriel, fuerte vis a vis con el San Rafael, al lado opuesto, para guardar el paso fluvial contra cualquier aventurero, pirata o corsario de los países enemigos de España.

En ese mercado convergía la ciudad parroquiana, la que iba de compra provista de costal y cesto, la que procuraba el fruto fresco recién llegado en falcas y curiaras, tres puños y barcazas, la que iba a saborear los manjares del amanecer y a enterarse de lo humano y lo divino, de lo intrascendente y lo descomunal.

Era un mercado profuso, heterogéneo y bullicioso, pero más aún por los días decembrinos después que la parranda de Pura Vargas soltaba el último y más profano de los aguinaldos.  Entonces, era la romería desde las gradas de la Catedral y la Plaza Bolívar bajando por la Constitución y la Igualdad al encuentro del café con leche, de la empanada caliente, del carato de moriche o la chicha acanelada del negro de las Lamus.

Al mediodía el mercado no era tan congestionado, pero había un despacho donde la gente azarosa se apiñaba. Se llamaba El Trapecio. Trapecio el sitio y trapecio la especialidad: un soberbio sancocho de pescado de lo más creativo y singular.  Un hervido donde se juntaba toda la sustancia proteica y cerebral de la ictiofauna orinoquense.

Julio Barazarte, que así dicen que se llamaba aquel taumaturgo de la cocina trapecista, compraba cabezas de la venta de pescado del día, generalmente de morocoto, cachama, zapoara, curbinata y blanco pobre. Las metía en un saco y luego de toletearlas con una macana india apropiada, las sumergía sin sacarlas del costal en una palangana de agua hirviente. Allí sujetaba el saco hasta el adecuado punto de cocción y finalmente utilizaba aquella suerte de consomé para preparar el tradicional sancocho de pescado con mucha verdura, ají y presas. De esta manera se lograba el colosal trapecio donde la gente, sin temores ni red de protección, tomaba vuelo.

El plato rebosado, con derecho a repetir, costaba apenas medio real. Por supuesto, no había cliente que no repitiera, especialmente recién casados, caleteros y toda la marinería fondeada, desde Los Palos de Agua hasta La Trinidad y La Carioca, marinería que luego se hacía sentir alborotada por las noches en la llamada Ciudad Perdida.

En agosto del 43, el Orinoco volvió por sus fueros en un desbordamiento similar al de 1892 y acabó con la Ciudad Perdida. Más tarde, el gobernador Eudoro Sánchez Lanz, reubicó el mercado y desapareció El Trapecio. No hubo añoranza porque la gente descubrió que el secreto de aquel almuerzo espectacular estaba en la cabeza y por ello se hizo célebre la de zapoara: cebo para las mujeres y también para atrapar forasteros.

Se acabó El Trapecio y se acabó el Mercado Público, el mismo al cual se refiere en 1859 Francisco Michelena y Rojas cuando escribe sobre La Alameda (actual Paseo Orinoco), donde los comerciantes hacían sus transacciones bajo las copas de los robustos árboles. Entre La Alameda y el río, sobre un terreno rocalloso abordable por embarcaciones menores cargadas de provisiones, se encontraba el mercado formando un semicírculo. A este mercado llegaban víveres de toda naturaleza y en abundancia, no sólo de Cumaná y Barcelona, sino del Meta viniendo de Casanare, del Apure y de provincias distantes. Tal la admirable hidrografía de Venezuela, por la cual  la ciudad estaba en contacto con muchas provincias

domingo, 29 de enero de 2012

Tomás Funes y los sucesos de Río Negro


El 27 de mayo de 1913 llegó a Ciudad Bolívar la noticia de los sucesos sangrientos de Río Negro ocurridos el 8 del mismo mes y en los que perdieron la vida el gobernador general Roberto Pulido, su esposa y dos niños; el secretario general de gobierno, Antonio Espinoza; Pablo H. Pulido, E. Delepiani, Baldomero Benítez, Jesús Cabecci, Pedro Varela, Heriberto Maggi, Rafael Maggi, Juan Bautista Espinoza, N. Linares, N., Bonalde, N. Chávez, Pedro Becerra, N. Martínez, Reyes Carvajal, Froilán Valero, Domingo Martínez, J. M. Soublette y dos peones, todos en el propio San Fernando de Atabapo.

En Santa Rosa de Amazonas hubo tres víctimas (Antonio Valero, su hijo y Jesús Valero). En Maroa y la montaña de Yavita, cinco muertos; uno en Punta Don Diego; tres en Punta de San Diego; dos en el Vichada; uno en Isla Ratón; tres en Maipure, (general Víctor Aldana, Feliciano Guevara y Mariano D’Griello) y cuatro en Atures.

Se sindicó a Tomás Funes, quien encabezó la matanza con 25 hombres armados, entre ellos, Luciano López, Manuel García González, Balbino Ruiz, Jacinto Pérez (a) Picure, Casimiro Zamarra (a) Avispa, Pedro Medina, Manuel Maestracci y Ramón Yánez.

Tomás Funes, barloventeño de Río Chico, llegado a Ciudad Bolívar a comienzos del siglo XX, con un modesto cargo militar que apenas le servía para sobrevivir en tierra ajena, pero que bien lo favoreció para entrar de lleno en el comercio y seguir más tarde a la zaga de aventureros ansiosos de mejor fortuna.

Amazonas o San Fernando de Atabapo, como mejor era conocido entonces ese territorio virgen, prometía la riqueza del balatá, la sarrapia y el caucho además de colorantes y otras resinas, de gran demanda en el mercado internacional y allá se fue Tomás Funes atraído por las perspectivas de la explotación de los productos forestales.

Para 1910 ya Tomás Funes era un próspero comerciante, jefe de la primera casa comercial del territorio y cuyo negocio se asemejaba más a un cuartel que a una casa mercantil. Quienes en San Fernando de Atabapo vivían de la explotación y exportación de productos forestales, enfrentaban a un competidor desleal y con todas las ventajas del Poder: la Casa Mercantil Pulido & Cía., cuyo mayor accionista era el general Roberto Pulido, gobernador del territorio.

Las medidas del gobernador Pulido que tuviesen que ver con la explotación de productos forestales exportables como la goma, tendían a favorecer sus intereses en perjuicio de la competencia. Así, el impuesto que la gobernación cobraba por la salida del producto forestal fuera del territorio, era costumbre pagarlo en giros a la vista a cargo de acreditadas casas mercantiles de Ciudad Bolívar. El gobernador Roberto Pulido, sin embargo, dictó un decreto ordenando que tales derechos había que pagarlos en oro en el propio San Fernando.

El decreto causó indignación e incluso fue protestado por el comercio de Ciudad Bolívar, pero no hubo vuelta atrás y ante la imposibilidad de cumplir con esa forma de pagar el gravamen, los comerciantes se vieron impelidos a vender el producto forestal, a precio de gallina flaca en el propio San Fernando y ¿quiénes lo compraban? Los agentes de Pulido & Cía., que además monopolizaban el servicio de transporte mixto de carga y pasajeros.

Ante esta situación que los llevaba a la ruina, los comerciantes y agentes de San Fernando no encontraron otra salida en defensa de sus intereses que armar una conjura liderada por uno de ellos, Tomás Funes, hombre que al final se transforma en un sanguinario cegado por la ambición y el poder

sábado, 28 de enero de 2012

Inauguración del Teatro Bolívar

Como homenaje al primer centenario del natalicio del Libertador en 1883, se levantó en Ciudad Bolívar un teatro con su nombre el cual estuvo activo durante cuatro decenios sirviendo de escenario a compañías de zarzuelas e importantes trouppe de otras ciudades del mundo.

Pero las representaciones teatrales no comenzaron en la Provincia de Guayana con el Teatro Bolívar. Hay testimonios de que en días muy especiales se hacía lo que llamamos hoy “teatro de calle”. El “Correo del Orinoco”, por ejemplo, da cuenta en su edición 110 que el décimo aniversario (1821) de la Declaración de la Independencia se celebró en Angostura con actos religiosos en la Catedral y por la noche cena bailable en la casa del vicepresidente de Venezuela. Tres días luego el señor James. Hamilton dio en su casa un convite. Las fiestas se prolongaron al pueblo de Soledad “cuyo comandante político y militar, teniente coronel Francisco Javier Suárez de Añez, dispuso algunas diversiones por tres días consecutivos, con juegos de toros, máscaras y representaciones teatrales...”.

Naturalmente que con el Teatro Bolívar comenzó en Guayana, específicamente en Ciudad Bolívar, la actividad teatral en forma, al igual que ocurrió en Caracas con el Teatro Municipal o Teatro Guzmán Blanco, construido en 1876 sobre la demolición del Templo San Pablo.

Después de siete años de haberse construido el Teatro de Caracas, se construyó el de Ciudad Bolívar, gracias a las contribuciones y esfuerzos mancomunados de la población. Esto sucedió en el último año del quinquenio de Guzmán Blanco y siendo presidente del Estado, el General Ramón A. Mayol, bajo cuyo mandato se construyó también el acueducto de la capital bolivarense.

El Teatro Bolívar comenzó a construirse muy lentamente por iniciativa del presidente del Estado Soberano de Guayana, Juan Bautista Dalla Costa hijo, quien el 6 de noviembre de 1869 convocó a la Casa de Gobierno a un grupo de personalidades de la ciudad que comprometió inicialmente en el proyecto.

Ellos fueron Enrique Krohn, Cristiano Vicentini, Narciso Villanueva, Ernesto Hahm, Henrique Kraft, José Lezama, Ángel Santos Palazzi e Hilario Gambús, quienes se comprometieron formalmente arbitrar los fondos necesarios para llevar a cabo la construcción del teatro.

Dalla Costa, además de dicha Junta presidida por él para hacer realidad el teatro o coliseo como se le llamaba también, designó otras para el empedrado de las calles y construcción del Hospital La Cruz transformado finalmente en El Capitolio o cuartel de la Plaza Miranda.

El Teatro Bolívar, construido en la parte más alta del cerro El Vigía, fue inaugurado el 5 de marzo de 1883 y le tocó al doctor Ramón Isidro Montes pronunciar el discurso alusivo. Entonces, entre otras cosas dijo: “Señores, el edificio que inauguramos no es sino el templo de la música. Así como es necesario erigir altares para rendir en ellos el culto al dios verdadero, tal como se impone a la razón humana por medio de la revelación, así también es necesario erigir templos para rendir culto a ese mismo dios en una de sus manifestaciones que es bien de lo bello. No sólo de pan vive el pobre. El sentimiento de lo bello es un verdadero pasto espiritual, es pan del alma”.

La construcción del Teatro Bolívar en la cual se empeñó el químico José Félix Armas, fue realmente lenta y posible gracias a los esfuerzos persistentes de una junta que él presidía. Se estrenó con una velada artístico-literaria que luego se hizo frecuente a beneficio de otras sociales. Las trouppe que llegaban del exterior a presentarse en el Teatro Municipal de Caracas solían pasar por Ciudad Bolívar.

viernes, 27 de enero de 2012

Bartolomé Tavera Acosta


En agosto de 1910, la Universidad de Bogotá confirió al etnólogo e historiador, Bartolomé Tavera Acosta, el grado de doctor en filosofía y letras. Pocos lo sabían, pues el personaje era tan sencillo que no tenía por qué hacer ostentación de ese título que para la época era de mucha valía, consideración y admiración.

Entonces, Ciudad Bolívar y Guayana en general, tuvieron comunicación fluida con Bogotá a través del Orinoco y el Meta, la tenía desde los mismos tiempos de la Colonia y de la República. Recordemos que primero que a Venezuela, el Liberador liberó a Nueva Granada atravesando Los Andes.

Bartolomé Tavera Acosta, cuando recibió ese título, residía en Ciudad Bolívar y dedicaba su extraordinaria capacidad de investigador a la Provincia de Guayana. Aquí llegó a ocupar honrosos cargos, entre ellos, secretario general de Gobierno, concejal, legislador, inspector de Aduana y gobernador del Territorio Federal Amazonas. Él era de Carúpano de donde también era el poeta Andrés Mata, quien vivió en Ciudad Bolívar, y desde donde escribió su primer libro de poesía, mucho antes de fundar el hoy más que centenario diario El Universal.

Vida intensa tuvo este polígrafo en Ciudad Bolívar. Vivía en la calle Libertad, frente al edificio de Eugenio Berletta, sede más tarde del Liceo Sucre y después corresponsalía de El Nacional. Allí frente a ese edificio donde dio sus primeros pasos la telefonía bolivarense, escribió la mayoría de sus treinta obras, entre ellas Anales de Guayana que es la crónica más densa escrita de la región desde la Colonia hasta la Guerra de los Azules. Tiene algunos errores, como señaló Manuel Alfredo Rodríguez, pero de poca monta y que en nada opacan la labor de este hombre que se desveló noche y día para perpetuar nuestra memoria.

El historiador Ramón Armando Rodríguez, en su Diccionario Biográfico e Histórico de Venezuela señala que posiblemente después de Arístides Rojas, ha sido Tavera Acosta, el venezolano que ha tratado mayor número de asuntos sobre nuestro país.

Pascual Venegas Filardo afirma por otra parte, que la obra de Tavera Acosta es vasta y compleja, comprende temas de historia venezolana, etnología, lingüística, espeleología y geografía. Esta última, sin ser la más extensa, es, no obstante, una de las más interesantes por lo que aporta al conocimiento geográfico del sur de Venezuela.

Siendo gobernador del Territorio Federal Amazonas, designado por el presidente Cipriano Castro, de cuyo nacionalismo era admirador, escribió Río Negro libro donde se condensa la historia de aquella región que en un tiempo fue turbulenta por la ambición que despertó en mucha gente la explotación del caucho y las resinas. Bastaría con recordar a Tomás Funes y las peripecias que vivió hasta parar en la cárcel de Ciudad Bolívar, el escritor Rufino Blanco Fombona, quien también fue gobernador del selvático territorio cuya capital entonces era San Fernando de Atabapo.

En el estado Bolívar sólo un liceo, el de Upata, recuerda su nombre, pero al escritor lo recuerdan más los bolivarenses por su libro Anales de Guayana, que como bien expresó en el prólogo de una reedición el historiador Manuel Alfredo Rodríguez “...es el fruto de una larga investigación centrada en los archivos de Ciudad Bolívar y los errores que seguramente tiene son de escasa monta al lado de sus grandes méritos. De ahí que los Anales sea un libro caro al corazón de los guayaneses”. Sus últimos días transcurrieron en el estado Aragua del que fue su senador, secretario general y gobernador. Falleció en Maracay el 8 de febrero de 1931, a la edad de 44 años, este historiador de origen carupanero

jueves, 26 de enero de 2012

75 años de escultismo en Bolívar


1936 fue el año de la pasión, hoy un poco apagada, por el escultismo en Ciudad Bolívar, gracias a esa vocación educacional y de amor por la naturaleza que tuvo aquel maestro a quien el romancero de la geografía espiritual de Venezuela, Héctor Guillermo Villalobos, llamó “el Rey Blas” (José Luis Aristeguieta) que vestía casi siempre de caqui y corbata negra.
El maestro de maestros, tan leído y que seguramente había disfrutado los libros sobre exploración con muchachos, de Robert Badem Powell, siendo maestro y después director de la Escuela Heres, encontró de aliado a un oficial del cuartel El Capitolio de la Plaza Miranda, para la formación de los primeros Boy Scout de Ciudad Bolívar.
Aquel oficial, capitán Alfonzo Mujica, había pertenecido a la tropa de Boy Scouts en el Colegio Católico Alemán de Valencia, estado Carabobo, cuya corta vida se debió al desconocimiento de los verdaderos fines del escultismo por parte de su fundador el capitán Pérez Brihuela.
El escultismo nació en Inglaterra a comienzos del siglo pasado como un movimiento educativo para jóvenes, vale decir, como una manera de combatir la delincuencia, buscando el desarrollo físico, espiritual y mental de los jóvenes para que puedan constituirse en buenos ciudadanos.
Pone énfasis en las actividades lúdicas con objetivos educativos, en las actividades al aire libre y en el servicio comunitario. Estas últimas con el objeto de formar el carácter y enseñar de forma práctica valores humanos. El escultismo está presente en 165 países, con aproximadamente 30 millones de miembros en todo el mundo, agrupados en distintas organizaciones.
El primer campamento de Boy Scouts en Venezuela lo formó Ramón Ocando Pérez con el nombre de San Sebastián el 27 de mayo de 1913 en el estado Zulia, pero la Asociación de Scouts de Venezuela, antes Federación de Boy Scouts, fue constituida el 15 de febrero de 1937, un año después de haberse iniciado el movimiento en Ciudad Bolívar por iniciativa del capitán Alfonzo Mujica y el maestro José Luis Aristeguieta.
De manera que los primeros boy scouts fueron los alumnos del Maestro José Luis Aristeguieta, entre ellos, Luis Manuel Rojas, César Obdulio Iriarte, Edgar Roscio Vivas, Edmundo Tovar, José Luis Afanador, Guillermo Wenzel, Arístides Rangel hijo, Leandro Aristeguieta, José Noel Martín, Carlos Antonio Roberto, Juvenal Montes, Luis Albero Limardo, Pedro Vicente Cisneros, Alejandro Guntermann, Leopoldo Sucre Figarella, Juan Manuel Sucre Figarella, Manuel Behrens, Fernando José Flores, Fernando Irady Contreras, Said José Moanack Víctor Manuel Rojas, Alberto Palazzi, Luis Eduardo Jean Joseph, Mario Jiménez Gambús, Brígido Natera, Álvaro Natera, Otto Piñero, Jesús Reyes, Reinaldo Castro y Vinicio Grillet.
Los muchachos fueron agrupados en tres tropas: la número uno con el nombre de “Centurión” distinguida con pañoleta amarilla; “Bolívar” la Nº 2 pañoleta azul y franja blanca representando las estrellas y la Tropa “Piar” Nº 3 con pañoleta roja.
El primer comisionado fue el mismo José Luis Aristeguieta seguido más tarde de de Alejandro Guntermann y Fernando Flores, considerado este último el que mayor impulso le dio al escultismo avanzando hasta El Callao, Caicara y San Félix. Con él surgieron las muchachas scouts y la Compañía de Scouts marinos, integrada por los hijos de caleteros. Con Flores se iniciaron las excursiones, caminatas y los cursos para scouts master y dirigentes de tropas. De aquí salió como jefe de tropa el amigo scouter Jesús A. Lizardi (en la foto), quien me suministró buena parte de estos datos.
Ciudad Bolívar fue sede de la LII Asamblea Nacional de la Asociación en 1960, presidida por el doctor Juvenal Montes W. e instalada por el gobernador Pedro Battistini Castro

miércoles, 25 de enero de 2012

Símbolos ambientales


El Gobierno del estado Bolívar debería seguir el ejemplo de Mérida y dictar un decreto sobre nuestros símbolos emblemáticos ambientales, especialmente por ser Bolívar la entidad de la región Guayana y del país que concentra el mayor potencial de bosques naturales, con una superficie de casi 18 millones de hectáreas, una hidrografía portentosa y por lo tanto muy rica no sólo en flora sino en fauna.

Un decreto de tal naturaleza debe abarcar el compromiso ambiental de rescatar todas las especies en extinción como el Águila Harpía y el Gallito de Roca, por mencionar sólo dos de la ornitología que ya no se ven ni se sienten, porque la presión social hacia la selva es cada vez más acentuada tanto por la minería como por el turismo.

Mérida declaró en 1997 al cóndor de los Andes, el oso frontino, la flor del frailejón y el bucare-ceibo como símbolos emblemáticos ambientales. Nosotros, es decir, el estado Bolívar, se adelantó en 1952 y declaró el sarrapio o la sarrapia como su árbol emblemático no sólo por su porte señorial de flora y sombra sino por el valor económico de su fruto. Pero nos quedamos allí y olvidamos otras especies singulares de la zoología y la botánica como el manatí, la tonina, el danto, el tigre, el cunaguaro, el gato de monte, el puma, el mono araguato, el mono tití, el mono viudita, el mono capuchino, para mencionar solo algunos mamíferos. Aves como el gallito de roca, el moriche blanco, el moriche negro, el pájaro campanero, el pájaro sombrilla, la garza corocoro, el águila harpía, el guacamayo, el tumuruco. Peces como la zapoara que es única en el mundo, el morocoto, la curbinata y el lau lau que en los mejores restaurantes de Caracas lo hacen pasar por el mero de mar. Quelonios como la tortuga arrau y el terecay. Reptiles como el caimán y la baba. Y árboles notables como el pardillo, el cartán, el algarrobo, el alcornoque, el purguo y el cedro, además de nuestra famosa sarrapia montañera.

Acertado, por ejemplo, sería que se declarara símbolo emblemático de nuestras aves al gallito de roca que es una de las especies mas bellas del mundo, especialmente por sus colores anaranjado y amarillo y porque vive en las zonas boscosas junto a las grandes rocas, y en su época de celo practica un baile en pareja mientras uno danza en el centro de un círculo.

Asimismo, el Águila Harpía (en la foto), de enormes proporciones que anida en árboles gigantescos al sureste de Guayana, desde el Caura hasta la Sierra de Imataca. Sabemos que The Peregrine Fund, que es un organismo ambientalista internacional, con sede en el estado de Idaho en los Estados Unidos, ha emprendido y está apoyando un programa de protección de esta ave considerada la más poderosa del mundo y que es víctima de los cazadores y demás depredadores de nuestros bosques. Yo tuve el privilegio de internarme en un bosque de El Palmar, conducido por el profesor Israel Rivas, para contemplar una en lo más alto de la copa de un árbol.

El pájaro moriche de Guayana trascendió en el drama “Orquídeas azules” de la escritora Lucila Palacios, el cual se recrea en una leyenda guayanesa que cuenta la forma cómo un pájaro moriche se resistía a dejar la ciudad para volver a la selva por estar enamorado de la flor de un jardín cultivado por una doncella. Esta obra teatral fue montada en Caracas con música de María Luisa Escobar y desde entonces todo el que venía del centro a Guayana quería pagar fortunas por llevarse un moriche

martes, 24 de enero de 2012

Luto guayanés por Rubén Darío


El 19 de febrero de 1916 (13 días después) el mundo intelectual bolivarense, particularmente los poetas y amantes de la poesía en transe hacia la modernidad, se enteraron y guardaron luto por la muerte del nicaragüense Rubén Darío, seudónimo de Félix Rubén García, poeta, periodista y diplomático, considerado el fundador del modernismo literario hispano. Falleció en su tierra natal, a donde regresó en 1916 luego de una vida excéntrica, y bohémica, dedicado al consumo excesivo de alcohol.

Regresó a Nicaragua procedente de la isla de Mallorca, donde se estableció en 1913 Allí comenzó a escribir su último libro, “La isla de oro” una novela que dejó inconclusa, conmovido por la descomposición hacia la que se estaba encaminando Europa. También compuso Canto a Argentina y otros poemas (1914), un libro dedicado a este país en el año de la celebración de su centenario, siguiendo el modelo del Canto a mí mismo de Walt Whitman. En 1915 publicó La vida de Rubén Darío. Enfermo, regresó a Nicaragua, donde murió al año siguiente.

A raíz de su muerte, Federico García Lorca y Pablo Neruda le dedicaron en el Pen Club de Buenos Aires un discurso al poeta nicaragüense que sorprendió a más de un centenar de escritores argentinos allí reunidos.

Neruda: -Dónde está en Buenos Aires la plaza de Rubén Darío? Lorca: Dónde está la estatua de Rubén Darío? Neruda: El amaba los parques. Dónde está el Parque Rubén Darío? Lorca: Dónde está la tienda de rosas de Rubén Darío? Neruda: Dónde está el manzano y las manzanas de Rubén Darío? Lorca: Dónde está la mano cortada de Rubén Darío? Neruda: Dónde? Lorca: Rubén Darío duerme en su Nicaragua natal bajo su espantoso León de marmolina, como esos leones que los ricos ponen en los portales de sus casas. Neruda: Un león de botica al fundador de leones, un león sin estrellas a quien dedicaba estrellas. Lorca: Dio el rumor de la selva con un adjetivo, y como Fray Luis de Granada, jefe de idiomas, hizo signos estelares con el limón, y la pata de ciervo, y los moluscos llenos de terror e infinito: nos puso al mar con fragatas y sombras en las niñas de nuestros ojos y construyó un enorme paseo de gin sobre la tarde más gris que ha tenido el cielo, y saludó de tú a tú el ábrego oscuro, todo pecho, como un poeta romántico, y puso la mano sobre el capitel corintio con una duda irónica y triste de todas las épocas.

Neruda: Merece su nombre rojo recordarlo en sus direcciones esenciales con sus terribles dolores del corazón, su incertidumbre incandescente, su descenso a las espirales del infierno, su subida a los castillos de la fama, sus atributos de poeta grande, desde entonces y para siempre imprescindible.

Lorca: Como poeta español enseñó en España a los viejos maestros y a los niños, con un sentido de universalidad y de generosidad que hace falta a los poetas actuales. Enseñó a Valle Inclán y a Juan Ramón Jiménez, y a los hermanos Machado, y su voz fue agua y salitre, en el surco del venerable idioma. Desde Rodrigo Caro a los Argensolas o don Juan Arguijo no había tenido el español fiesta de palabras, choques de consonantes, luces y formas como en Rubén Darío.

Rubén Darío es considerado como el poeta modernista más influyente, y el que mayor éxito alcanzó, tanto en vida como después de su muerte. Su magisterio fue reconocido por numerosísimos poetas en España y en América, y su influencia nunca ha dejado de hacerse sentir en la poesía en lengua española

lunes, 23 de enero de 2012

La Fotografía de Rojas Camacho


El 4 de enero de 1917, Eugenio Rojas Camacho anunció la instalación de su taller de Fotografía en la calle 30 Llaves No. 15 (Calle Venezuela). Este fotógrafo era muy solicitado en su tiempo por la calidad de sus imágenes. Algunas de ellas, especialmente de publicidad, conservo en vidrios o transparencias de las utilizadas en los cines que me regaló en cierta ocasión su nieto Pablo Rada. Él me informó que Eugenio Rojas Camacho era nativo de Ciudad Bolívar y murió de tuberculosis a los 45 años de edad. Se casó en 1898 con Adelaida Mauco (en la foto). Sin embargo, Rafael Pineda dice que era oriundo del Arauca. Dice textualmente así: “El periplo de Eugenio Rojas Camacho abarca Arauca (Colombia) de donde era oriundo; Puerto España (Trinidad) y Ciudad Bolívar donde ya estaba activo, primero en 1907 a juzgar por una fotografía suya tomada a Mercedes Unceín de Bermúdez en disfraz de japonesa en los Carnavales de 1907 y finalmente en 1909 guiándose por una fotografía de ese año tomada a Antonio Levanti”.

Antes de haber hecho posible ese taller, Eugenio Rojas Camacho, practicaba la fotografía comercial a domicilio o por encargo y su laboratorio lo tenía improvisado en su propia casa de habitación.

Alguien le propuso, pero se negó a tomar una serie de fotografías sobre un plan develado por el gobierno sobre un nuevo asalto al Correo del Oro a los pocos días de haber montado su taller. El plan consistía en asaltar el Correo del Oro que cumplía la ruta Minas de El Callao a Ciudad Bolívar haciendo escala y trasbordo en el Puerto de San Félix, para lo cual había previamente que secuestrar a las autoridades de San Félix y Barrancas. Cuando se proponían zarpar por el Orinoco para llevar a cabo su plan, la Policía apresó a Jesús María Molina, Luis Ovalles, Miguel Cotúa y Francisco Miquilena. Molina, jefe de la banda fue capturado en las bocas del río San Rafael. El Correo del Oro en esa ocasión era conducido por José María Rizo, hijo, y gracias a la intervención temprana de la policía pudo zafarse de la suerte que a fines del siglo pasado le tocó a Frank Busch en Rancho de Tejas.

Una de las pistas para descubrir el plan de asalto al Correo la dio uno de los comprometidos, pues de antemano había contratado la compra de un camión de 10 quintales por 2.800 a la Casa Dalton & Cía. Sucres. La idea era ponerse en un dinero para comprar lo que había soñado como la manera de independizarse, pues según declaró la vida de peón y arriero no iba con su personalidad innata.

El 23 de enero de ese año fueron los carnavales de Ciudad Bolívar y Rojas Camacho por sí solo no se daba para cubrir los variados aspectos del Carnaval, especialmente los que tenían que ver con la elección de Lina Mercedes Torres, hija del presidente del estado, Marcelino Torres García, como reina del Carnaval de Ciudad Bolívar 1917, evento realizado en el salón del Club de Comercio, amenizado con música de la Banda Marcial Ribas y la Banda Gómez del estado. Días después, el primero de febrero, Lina Mercedes renunció al reinado por la muerte en Caracas de un hermano del presidente del estado, de suerte que hubo que proclamar reina del Carnaval a la señorita Amelia Casalta, quien había quedado en segundo lugar, pero Amelia declaró que en esas condiciones no y en definitiva fue proclamada la señorita Vivas que había quedado en tercer lugar del certamen

domingo, 22 de enero de 2012

La Revista Horizontes

Ya agonizando el siglo XIX, los bolivarenses comienzan a disfrutar de una nueva publicación periódica fuera de lo común. Se trata de la Revista Horizontes, del Centro Científico-literario de Ciudad Bolívar. Apareció el 31 de enero de 1899 y estuvo circulando hasta 1914 bajo la dirección de los doctores Luis Alcalá Sucre, J. M. Agosto Méndez y Bartolomé Tavera Acosta.

En el último año del siglo XIX, un grupo de hombres aguijoneado por el deseo no sólo de divulgar sus conocimientos científicos y producciones literarias, sino de confrontarlos y decantarlos con los aportes del diálogo y la discusión, acordó asociarse coherentemente bajo la disciplina de un compromiso.

Así nació el 10 de enero del primer mes del último año del siglo diecinueve, en la casa de habitación del doctor Luis Alcalá Sucre, este organismo, en el lugar se reunieron a las 7:00 de la noche, además del anfitrión, los doctores Luis Felipe Vargas Pizarro, José Miguel Torrealba García, Guillermo Herrera Franco, Bartolomé Tavera Acosta, José Manuel Agosto Méndez, José Tadeo Ochoa, Luis Antonio Natera Ricci, Carlos García Romero; bachilleres Federico Calderón, Saturnino Rodríguez Berenguer, Pedro Felipe Escalona, Antonio José Lagardera, Ernesto Núñez Machado, Luis Acevedo Itriago, Ángel Vicente La Rosa, Antonio Bello, Rafael Villapol y los ciudadanos Luis María Mármol, Juan Vicente Michelangelli, Luis Aristeguieta Grillet y Miguel Isaías Aristeguieta.

Estos fundadores, a los cuales se fueron sumando en el tiempo otros intelectuales valiosos, nombraron al Dr. Luis Alcalá Sucre, presidente del Centro y a los doctores Luis Felipe Vargas Pizarro y José Miguel Torrealba, primero y segundo vicepresidentes, respectivamente, Secretario de Actas, J. M. Agosto Méndez; Secretario de Correspondencia, B. Tavera Acosta y Tesorero, Saturnino Rodríguez Berenguer.

Idea primordial del Centro era fundar una revista que a la postre vino a ser “Horizontes”, en formato de 34x25 cm, y con un director, el presidente del centro, Luis Alcalá Sucre y un administrador, B. Tavera Acosta. Todos los miembros se consideraban redactores y así, el 31 de enero de 1899, inició su aventura científico-literaria desde el taller tipográfico de Julio S. Machado que terminó en los talleres de “La Empresa” de los Hermanos Suegart.

Su primer número de dieciséis páginas que con el tiempo duplicará a treinta y dos, se presenta con un editorial titulado “Prospecto” en el que destaca que “Hijos nosotros de estos últimos tiempos, quisiéramos destruir la onda amarga que ahoga las iniciativas generosas de nuestro compañeros, los intelectuales hastiados de una brava generación naciente -borrar las arrugas precoces de los rostros y las contracciones de los labios juveniles- que si es cierto que no vivimos en el mejor de los mundos, también lo es que la humanidad no parece tan fea como la pintan los misántropos, pues ni por regla general resultan los hombres perversos y malandrines, ni las mujeres se convierten siempre en las diablillas de uñas sonrosadas que los bardos describen en sus deliquios lacrimosos”.

La aparición de esta revista ocurrió once días luego del fallecimiento de uno de los impresores más notables de la ciudad: Jesús María Ortega y Rodríguez (20 de enero de 1899), decano para entonces del gremio de impresores del estado Bolívar y fundador del vespertino “El Bolivarense”, el diario de más larga duración -19 años- del siglo diecinueve.

Junto con el guaireño Jesús María Ortega y Rodríguez se distinguieron otros impresores de talla y renombre como el cumanés Carlos María Martínez, fundador junto con Andrés Jesús Montes de “El Boletín Comercial”, semanario y trisemanario convertido más tarde por Pablo María Rodríguez en el primer diario que tuvo Guayana.

sábado, 21 de enero de 2012

70 años del Rotary Club


Hace setenta años salió de su estado embrionario el Rotary Club de Ciudad Bolívar por la iniciativa de un grupo de abnegados empresarios, comerciantes y profesionales de la capital bolivarense en 1942.

César Mattei, Julio César Paván, José Gervasio Barceló Vidal,  Natalio Valery Agostini, Herman Meinhard, Adán Blanco Ledezma, Paúl Tomassi, Federico Max Ferrer, Carlos Vega, Julio del Río, Héctor Nowel, Lino Bossio, Juan Alcalá, Teodoro Valdivieso, José Ramón Santamaría, Lamberto Cazadore y Luis Aldomar, incansables ciudadanos que le dieron lustre a la ciudad desde sus respectivas profesiones, sirvieron tal como lo demanda la institución que aquí preside el rotario Luis Enrique Mejía, a la comunidad a través de la solidaridad;  siendo fieles a los principios de ética profesional y comercial, en función de la paz y el entendimiento universal.

En Ciudad Bolívar  el Rotary Club encontró su asiento en 1942, 15 años después de haber llegado a Venezuela (1927), 37  luego 'de su fundación y a poco tiempo de haberse decidido su internacionalización en el propio Chicago, donde fue creado en 1905 por un grupo de ciudadanos liderados por Paúl Harry.

Pero el Rotary Club en Venezuela “murió al nacer” porque no obstante ser el general Eleazar López Contreras uno de los socios, el Benemérito Juan Vicente Gómez desconfiaba de este club que para él tenía, conforme a lo que le habían chismeado sus esbirros, características de una logia de la conspiración. “Mejor -le hizo saber al general López Contreras- mejor sugiérele a esa gente que se quede tranquila, pues ya tenemos bastante con los revoltosos de la universidad”. Y el incipiente Rotary caraqueño desapareció y no revivió sino en 1936, tras la muerte del dictador.

Aquí en Ciudad Bolívar se fundó el 21 de enero de 1942 en el entonces Hotel Victoria, aunque las reuniones sucesivas se registraron primero en el Club de Comercio o antiguo Club de Los Alemanes, cuando estaba entre el Paseo Orinoco y la calle Constitución. Luego pasó prácticamente a tener su sede en el Gran Hotel Bolívar, primer hotel moderno de la ciudad obra que  propulsó mediante una movida campaña que al final don Ernesto Bilancieri asumió como primer accionista. Hoy opera en el Hotel Laja Real, donde el miércoles por la noche se reunió para otorgar el Premio Herman Meinhard a Nidia Morante de Zurita, quien con su hija Nidia ha sido la fundadora del grupo polifónico Cantata Cantorum y esposa del médico José Francisco Zurita, quien para el próximo período presidencial pasará a sustituir al rotario Luis Enrique Mejía. Zurita aspira a ser gobernador del distrito rotario, con él serían cuatro lo gobernadores salidos del seno del Rotary Club de Ciudad Bolívar, el primero fue el médico Héctor Nouelt, seguido del ingeniero Lino Bossio y el médico cardiólogo y ex director de la Escuela de Medicina, Arturo Lara (en la foto).

El Rotary Club de Venezuela está repartido en dos distritos: el 438 de Occidente con unos 40 clubes y el 437 de centro-oriente con 40 incluyendo a Caracas, Aruba y Bonaire, todos los cuales agrupan a 1.500 rotarios. Cada distrito tiene un gobernador.

Para ser gobernador rotario se requiere tener siete años en la organización, haber sido presidente del Rotary, tener buena reputación, capacidad de trabajo, espíritu de empresa y gran solidaridad.

Son numerosas las obras sociales y humanitarias realizadas por el Rotary Club de Ciudad Bolívar a lo largo de estos setenta años, sobresaliendo su participación en lo que a nivel internacional viene realizando el club contra el flagelo casi erradicado de la poliomielitis o parálisis infantil

viernes, 20 de enero de 2012

Los retratos de los próceres

El 5 de julio de 1907, el presidente del estado Bolívar, general Francisco Linares Alcántara, publicó un decreto disponiendo la ejecución de retratos al óleo de los próceres de la independencia, general Pedro León Torres, Fernando Peñalver, Eusebio Afanador y Juan Vicente Cardozo, a fin de que sean permanentemente expuestos en el salón donde sesionó el segundo Congreso Constituyente de Venezuela de 1819, conocido con el nombre de “Congreso de Angostura”.
Los óleos fueron encargados al entonces director de la Escuela de Bellas Artes de Caracas, Antonio Herrera Toro y develados el 5 de julio de 1911, primer centenario de la Declaración de la Independencia, siendo presidente del estado el general coreano Arístides Tellería.
Gobernantes sucesivos continuaron desde entonces enriqueciendo la galería de la Casa del Congreso con óleos de los próceres civiles y militares que desde Angostura contribuyeron al proceso emancipador de Venezuela: Francisco Antonio Zea, Juan Manuel Cajigal, Diego Bautista Urbaneja, Juan Germán Roscio, Francisco Conde y Rafael Urdaneta, todos pintados por Pedro Lovera; Santiago Mariño, Diego Antonio Alcalá, Diego Vallenilla, Wenceslao Monserratte, Juan Bautista Dalla Costa, Ramón Isidro Montes, realizados por Miguel Isaías Aristigueta; Simón Bolívar, Francisco Vicente Parejo, Juan Bautista Dalla Costa, José Gabriel Ochoa, Pedro León Torre, Antonio José de Sucre, hechos por Antonio Herrera Toro; Alejandro Próspero Reverend, ejecutado por José Eugenio Montoya; Manuel Centurión, Tomás de Heres, retratados por Raúl Moleiro, y el Escudo de Venezuela cometido por el francés Eugenio Forjonel.
Para el año 1974, los cuadros estaban en un estado de deterioro lamentable y por iniciativa de la Sociedad Amigos de Guayana, que presidía el crítico de Arte, Rafael Pineda, el gobernador Domingo Álvarez Rodríguez, ordenó la restauración inmediata de las obras.
Este trabajo fue confiado a la restauradora María Teresa Gerbec, quien durante más de un año, y con las técnicas del caso, recuperó buena parte de la autenticidad de las piezas.
La Sociedad Amigos de Guayana insistió igualmente en la necesidad de restaurar los marcos, algunos carcomidos por las polillas y que habían perdido buena parte de la hojilla de oro, además de haber sufrido el desprendimiento de las molduras. También se renovaron los bastidores que fueron pastos de los insectos. De la primera tarea fue comisionado el maestro Antonio Pastor Sanchis, por el gobernador Roberto Arreaza Contasti, quien había sustituido al doctor Domingo Álvarez Rodríguez.
Fue también bajo la administración de Álvarez Rodríguez que se restauró la Casa del Congreso de Angostura (en la foto) bajo la supervisión del arquitecto Graziano Gasparini, en representación del Consejo Nacional de la Cultura, con asistencia del maestro de obras Joan Farreira, quien también intervino en la restauración de la Casa del Correo del Orinoco, augusto edificio donde resonó con proyección internacional, la voz del Jefe Supremo, Bolívar El Libertado y la de los forjadores de la nacionalidad. Aquí se dictaron la Constitución y demás leyes de la república naciente; bajo la presencia de Francisco Antonio Zea y de Juan Germán Roscio nació la unión de Venezuela, Cundinamarca y Quito y vino a terminar sus días El Correo del Orinoco, hebdomadario de la lucha tenaz y sostenida por la libertad de América. Actualmente la casona se mantiene como Museo de Sitio con una Biblioteca Bolivariana fundada por Ana Luisa Contasti, Galería de los Próceres, el salón donde sesionó el Congreso de Angostura de 1819, una sala de recitales provista de un piano de cola y en el sótano dedicado al Archivo Histórico de Guayana.

jueves, 19 de enero de 2012

Los restos de Juan Germán Roscio


 

El 4 de mayo de 1909 el diario “El Universal” de Caracas asombró con una noticia según la cual los restos del prócer de la Independencia y presidente del Congreso de Angostura, doctor Juan Germán Roscio “reposan en el Cementerio de Ciudad Bolívar en una modesta bóveda de ladrillo con una cruz y breves inscripciones”.

Agrega la nota que “sus descendientes los Afanador Roscio, actualmente en Ciudad Bolívar, pueden indicar donde está situada la tumba a objeto de que los venerados restos sean exhumados y trasladados al Panteón Nacional”.

Juan Germán Roscio se hallaba en Angostura desde 1818 secundando a Bolívar en la reconstitución de la República de Venezuela y la creación de la subsiguiente República de Colombia. Figuró dentro de los principales redactores del Correo del Orinoco. Desempeñó sucesivamente las funciones de director general de Rentas, presidente del Congreso de Angostura, vicepresidente del Departamento de Venezuela y vicepresidente de Colombia la grande. Ocupaba este último puesto cuando murió repentinamente en vísperas de reunirse el Congreso de Cúcuta.

Roscio, abogado y político, uno de los principales ideólogos del Movimiento de la independencia, era hermano de Juan Crisóstomo Roscio, alcalde de la ciudad de Angostura, posición desde la cual apoyó a la Junta Suprema de Caracas surgida el 19 de abril de 1810 y por cuya causa fue reducido a prisión y conducido al presidio de Puerto Cabello donde fue fusilado el 24 de junio de 1813. Se casó dos veces en Angostura, la primera con Mariana Concepción Arcadio, hermano de los Contasti y con la cual tuvo a su hija Trinidad, casada con Nicanor Afanador. En segunda nupcias se casó con Dolores Cueva Afanador y vivían en la que es actualmente Casa de la Cultura “Carlos Raúl Villanueva”.

En cuanto a los restos de Juan Germán Roscio nunca aparecieron en el Cementerio de Ciudad Bolívar, tal vez se encuentren en Cúcuta, según se desprende de la nota cronológica publicada en la última página de la edición 102, 21 de abril de 1821, del Correo del Orinoco que dice así “Al anunciar el fallecimiento del Excmo. Sr. Vicepresidente interino de Colombia Dr. Juan Germán Roscio, sucedido el 9 de marzo en la Villa del Rosario de Cúcuta, el más acerbo dolor nos recuerda la pérdida de un Sabio ilustre, de un Magistrado íntegro, de un Patriota eminente, y de un virtuoso ciudadano. Desde el año 1810 en que Venezuela derrocó al despotismo hasta el día en que, después de un viaje penoso y dilatado, llegó al principio de este año a la nueva capital del Estado, mil graves y difíciles empleos ocuparon de tal suerte su vida, que puede decirse con verdad, que, ni un momento respiró, sino en servicio de la Patria…”.

De suerte, muy mala por cierto, los restos de Juan Germán Roscio, como tampoco los de Manuel Palacio Fajardo ni los de Piar, se hallan como corresponde, en el Panteón Nacional. Los dos últimos murieron y fueron sepultados en Angostura y el primero el 10 de marzo de 1821, cuando se dirigía desde Angostura a Cúcuta para preparar el Congreso que se había acordado para dictar la Constitución de la nueva República de Colombia que reuniría a Venezuela, Cundinamarca y Quito.

De manera que los restos del ilustre patricio, Juan Germán Roscio, nacido en San José de Tiznados el 27 de junio de 1763 cuando entonces pertenecía a Caracas y no al Guárico como hoy, no reposan en Angostura sino en lugar desconocido de Nuestra Señora del Rosario de Cúcuta

miércoles, 18 de enero de 2012

La refacción del Teatro Bolívar

En los primeros meses de 1918 comenzaron los trabajos de refacción del Teatro Bolívar debido al deterioro del maderamen del plafón. El ebanista Cosme Hernández inició  los trabajos bajo la dirección del ingeniero  municipal J. Mendoza Briceño a un costo de 20 mil bolívares.

Las reparaciones no pasaban de ser “paños calientes”, pues el problema arquitectónico del teatro era estructural. Las bases no estaban lo suficientemente consolidadas como para soportar la carga de muros y techo y ello daba lugar a peligrosos agrietamientos que llevaron a las autoridades regionales y municipales a tomar medidas más radicales.

A causa de ese deterioro el teatro estuvo largo tiempo paralizado. Entonces se resolvió cederle en calidad de préstamo al Colegio Español Nuestra Señora de las Nieves, bajo la dirección de las Hermanas Dominicas, 20 filas de sillas y 12 bancos largos hasta que se concluyeran los trabajos de refacción.

Las labores iban parejas con la pavimentación del casco urbano en el que se había empeñado el presidente Marcelino Torres García. El Paseo La Alameda era objeto de atención y se satisfizo asimismo la demanda de los parroquianos de dotarlo de 28 bancos de piedra y cemento armado. De Igual manera se  extendió la calle Dalla Costa hasta la calle Lezama.

Los trabajos a veces se veían interrumpidos porque era tiempo de lluvias y de truenos también. Tan es así que a las 4:00 de la tarde del 14 de mayo se desató una tempestad sobre la ciudad y un rayo impactó sobre el edificio de la Cervecería de Ciudad Bolívar, haciendo pasar un “susto gordo” a todo el personal. El rayo produjo un chispazo en la sala de máquinas a través de los conductores de la fuerza eléctrica y se perdió por los soportes metálicos sin causar daños mayores. Por lo menos no se paralizó la venta de cerveza tan solicitada sobre manera al francés Francois Retal, quien tenía en el paseo Falcón un establecimiento llamado Cervecería donde además de la cerveza ofrecía al detal artículos de abasto como mantequilla, aceite, salsa, chocolate y conservas importadas.

Lo ingrato de las cervecerías era que lo consumidores pasaban la de San Quintín a la hora de drenar la abundante consumición, lo que obligó a la Municipalidad a disponer que los propietarios de inmuebles construyeran letrinas, para lo cual establecía el lapso de seis meses al cabo de los cuales si la tal disposición no se había hecho realidad, la Municipalidad contrataba los servicios de un albañil con el que el dueño del inmueble adquiría automáticamente la obligación del pago.

El presidente del estado Marcelino Torres García, quien  construyó una quinta en Ojo de Agua donde fijó su residencia y agasajaba a sus amigos, apoyó la decisión de la Municipalidad y pidió su colaboración para sembrar palmas en el Paseo 5 de Julio hasta La Lajita. La Lajita llamaban los bolivarenses a la enorme piedra sobre la cual se yergue la Casa de San Isidro. Por supuesto, no existía la avenida Táchira, pero estaba muy activo y transitable la vía del Trabuco, menos por las noches por temor a los aparecidos.

Una vez que terminaron los trabajos de refacción del Teatro Bolívar, el presidente Marcelino Torres García aceptó la idea de varios intelectuales y miembros de la colonia española de estrenar el teatro con unos juegos florales por el Día de la Raza. La reunión con ese propósito tuvo lugar en la casa del bachiller César Augusto Acosta, donde se nombró una junta organizadora presidida por Gabriel Beltrán Dalla Costa.

lunes, 16 de enero de 2012

Ramón Cecilio Farreras


El 19 de abril de 1909, el Presidente de la República, general Juan Vicente Gómez, concedió indulto a Ramón Cecilio Farreras, quien pagaba diez años de presidio en el Castillo Libertador, luego de haber sido juzgado y sentenciado por un Consejo de Guerra, que lo encontró culpable del delito de traición.

Efectivamente, Ramón Cecilio Farreras cuando contaba 24 años de edad, siendo capitán instructor de la guarnición de Ciudad Bolívar, se alzó en armas contra el Presidente del Estado Julio Sarría Hurtado y el Comandante de Armas, Ovidio Salas, en el Cuartel del Capitolio. Inmediatamente se puso a disposición del Comando General de la Guerra Libertadora, en mal momento, pues la Revolución estaba de capa caída, de manera que el golpe de estado contra Sarría vino a ser su último aliento, pero de nada le valió pues la plaza se perdió no obstante su situación estratégica.

Castro tildó a Farreras de traidor y de inmediato movió sus piezas para someter a los insurrectos. El Comando General de la Revolución encabezado por el general Nicolás Rolando se mudó para Ciudad Bolívar y diseñó toda una resistencia para enfrentar a las fuerzas del Gobierno comandadas por Juan Vicente Gómez.

Las fuerzas oficiales se ubicaron en Soledad y con unidades de guerra tomaron el Orinoco dispuestos a cañonear a la ciudad mientras varios frentes de Infantería penetraban por tierra, no obstante, se abrieron los diques del río en crecida para inundar la ciudad.

Entre tanto distinguidos personajes de Ciudad Bolívar como el obispo Antonio María Durán, Luis Brockman, cónsul de Alemania; Jesús Henserson, agente consular de los Estados Unidos y otros, parlamentaban con Gómez para evitar el derramamiento de sangre. La idea de la capitulación tomó cuerpo y se habría firmado si no hubiera sido porque el presidente Castro ordenó a Gómez que el enemigo se rindiera a discreción a cambio de las garantías a jefes, oficiales y soldados, a excepción de Farreras, quien quedaría sometido a juicio ordinario por el delito de traición.

Por la no entrega de Farreras fue imposible la capitulación y en la madrugada del 19 de julio de 1903, la ciudad acusó el impacto demoledor de la artillería y se rindió el 21 de julio de 1903.

La Batalla de Ciudad Bolívar comandada por el general Rolando arrojó saldo de 600 muertos de ambos lados y 240 prisioneros, incluyendo a los generales protagonistas, excepto Ramón Cecilio Farreras que durante meses estuvo fugitivo, escondido entre tumbas y doble paredes hasta que logró salir de la ciudad.

Lo cierto es que cuando pudo salir, a bordo de un bote que aguas abajo pensaba llevarlo hasta Trinidad, se detuvo, creyéndose salvo, en los caños del bajo Orinoco, entregándose a jolgorios que le complicaron su existencia de fugitivo. Allí fue denunciado y hecho preso por el Gobierno del Estado,

Juzgado por un Consejo de Guerra en marzo de 1904, Farreras fue condenado a diez años de presidio en el castillo Libertador de Puerto Cabello, junto con su padre Juan Bautista Farreras y su tío Eugenio Farreras. Estos últimos, uno tras otro, mueren en prisión en el curso de cuatro meses. El cadáver de su padre, por tres días, permaneció en la puerta de la celda del hijo, a quien le pusieron una vela en las manos para que lo velara.

Liberado después de la caída de Cipriano Castro (marzo de 1909), regresó a Ciudad Bolívar donde fue recibido como héroe en medio del alborozo popular, situación que indispuso al Gobierno hasta el punto de confinarlo en Mérida, donde falleció el 8 de diciembre de 1921.

domingo, 15 de enero de 2012

El primer club de béisbol del Estado


El 24 de julio de 1910, a las 10:00 de la mañana en la casa de habitación del señor Pedro González Rodríguez, se realizó una reunión para constituir un Club de Béisbol, históricamente el primero, por iniciativa del entonces presidente del Estado Arístides Tellería, con vista a uno de los puntos del programa conmemorativo del 5 de julio de 1811, proclamación de la Independencia de Venezuela. Acaso por haberse realizado el 24 de julio, fecha aniversaria del natalicio del Libertador y por celebrarse en la ciudad que lleva su nombre, se acordó se diera a conocer como “Bolívar Base Ball Club”.

A esa reunión concurrieron, además del anfitrión, el doctor J. M. Ramos, Domingo, A. Yaguno, Felipe A. Montes, Antonio A. Pérez, Alfredo Rothe, Antonio Rodríguez, José A. Bermúdez, Rafael Arana, Rafael A. Villasmil, Jesús Rodríguez, Rafael López, Andrés Quijada, Jesús Martínez Díaz, Juan Gutiérrez, Luis F. Martínez, Manuel González, Gonzalo Manzaneda y Salvador Salavarría.

Para dirigir al “Bolívar Base Ball Club” se designó la siguiente directiva: presidente, Gonzalo Manzaneda; primero y segundo vicepresidentes, José A. Bermúdez y Dr. J. M. Ramos; tesorero, Salvador Salavarría y secretario, Jesús Martínez Díaz.

De ese club salieron los dos primeros equipos: Novena Roja y Novena Azul y el primer encuentro lo celebraron el 19 de abril de 1911 a las 2:30 de la tarde. Jugaron la Novena Roja integrada por Rafael López (P), Juan Gutiérrez (C), Julio Pineda (PB), Gonzalo Manzaneda (SB), Ignacio Farías (TB), Víctor Capella (SS), Juan D. Montes (RF), Andrés Guevara (CF), José Leandro Rodríguez (LF) y suplente, P. M. Silva.

Por la Novena Azul jugaron Héctor Salom (P), Segundo Gurmeite (C), Pedro L. Rodríguez (PB), Felipe A. Montes (SB), Raúl A. Villasmil (TB), José A. Calzadilla (SS), Esteban Montes (RF), Antonio Rodríguez (CF), C. A. Rosas (LF) y suplente, Leandro Rodríguez.

Este primer juego realizado en un campo acondicionado en predios de La Laguna, cerca de la Plaza Farreras, fue ganado por la Novena Roja con Score de 20x7.

De esta forma quedó herida de muerte la Rondá, que se venía jugando desde finales del siglo diecinueve y al que ya la Policía en 1900 le había declarado guerra sin cuartel por el exceso de palabras obscenas que cundían durante el desarrollo de la misma.

La Rondá, rústico juego precursor del béisbol, quedó herida de muerte pero no moriría sino muy avanzado el siglo XX porque el béisbol tuvo una interrupción larga como consecuencia de la Primera Guerra Mundial y porque los implementos deportivos donados por el gobierno no pudieron ser repuestos a tiempo.

De manera que no fue sino el 30 de septiembre de 1923 cuando reaparece con nuevo nombre y en campo distinto. El nuevo club apareció con el nombre de Girardot y se escogió como escenario la Plaza Centurión en vez de los predios de La Laguna.

El Girardot Béisbol Club tuteló dos novenas, la Azul y la Roja y el primer juego se pactó entre las dos novenas para el domingo 30, alineadas así, por la Novena Azul: pitcher, Joaquín Echeverría; catcher y capitán, Santiago Pérez; primera base, José Zabala; segunda base, José Manuel Sucre (Chipo Sucre); tercera base, César Jara; SS, José Manuel Barceló (quien llegó a ser gobernador); CF, Elías Guerra; RF, Benito Manuel Figuera; LF, J. M. Aristeguieta y Umpire, oficial, J. M. Cartilla.

Por la Novena Roja: pitcher y capitán, Eliseo García Delepiani; catcher, Octavio Oquendo; primera base, José Ángel Guevara; segunda base, A. Rausseo, tercera base, Juan Conde; SS, Manuel Delepiani; CF, J. M Guedez; RF, Cheché Salas. Un segundo juego se dio el 12 de octubre Día de la Raza.

sábado, 14 de enero de 2012

El Plebiscito de Pérez Jiménez


El 15 de diciembre de 1957 se realizó en todo el territorio nacional la consulta plebiscitaria para la reelección del Presidente de la República y elección de diputados al Congreso Nacional para el período 58-63, todo ello, de acuerdo con la Ley Electoral aprobada por el Congreso Nacional en sus sesiones extraordinarias de noviembre último.
A las cinco y 45 minutos de la mañana, según lo previsto en la referida ley, se inició el procedimiento de instalación de las mesas de votación en los lugares previamente señalados y a las seis de la mañana se inició la votación. Podían votar, en cualquier mesa, los venezolanos mayores de 18 años y los extranjeros con más de dos años residenciados en el país. El único requisito era el de mostrar cualquier documento de identificación, cédula, título profesional, etc. Al electoral se le entregaban dos votos: uno azul para expresar el voto afirmativo y el rojo el negativo. Inscritos en el Registro Electoral 3. 278.900.
Las elecciones transcurrieron normalmente y el día 20 en la mañana el Consejo Electoral proclamó reelecto Presidente de la República de Venezuela para el período constitucional 1958-63 al General de División Marcos Pérez Jiménez, conforme a la disposición de la Ley de Elecciones y de acuerdo con los siguientes resultados: 2.738.972 votos. Votos nulos: 186.013. Gran Total: 2.924.985 votos. Votos azules afirmativos, 2.374.790. Votos rojos negativos: 364.182.
El nuevo Congreso Nacional, una vez proclamado e instalado, conforme a los artículos 5 y 6 de la Ley de Elecciones, nombró a los miembros de los Concejos Municipales y de las Asambleas Legislativas. En lo tocante al Concejo Municipal del Distrito Heres designó a Humberto Boccardo, doctor José Antonio Velásquez, Luis Ginestra, José Muratti, doctor José Luis Cestari, Malvina Rosales y Adán Blanco Ledezma.
Asimismo, el Congreso Nacional designó miembros de la Asamblea Legislativa del estado Bolívar a Adán Blanco Ledezma y Humberto Boccardo por el Distrito Heres; J. M. Arapé Garmendia y Arturo Casado, por el Distrito Piar; Emigdio Salas Navarro y Héctor Cipriano Ruiz, por Roscio; Francisco Cardier y Francisco A. Battistini, por Cedeño y Julio César Alfaro y José Bianchi Natera, por Sucre.
Por supuesto, que los partidos vigentes o en la clandestinidad protestaron contra el Plebiscito. Los resultados lo calificaron de amañados y proclamaron la lucha por cualquier medio para derrocar la Dictadura, amenaza que se materializó quince días después cuando se registró una sublevación de las Fuerza Aéreas.
En las primeras horas de la mañana del primero de enero, aviones de la Fuerza Aérea volaron sobre la ciudad de Caracas, mientras las baterías antiaéreas emplazadas en diversos sitios hacían funcionar sus cañones. Poco después la Radiodifusora Nacional de Venezuela en cadena con las emisoras comerciales del país, anunciaban que se trataba de un movimiento militar que se había producido en Maracay. El boletín expedido por el Ministerio de Relaciones Interiores añadía que en las demás guarniciones del territorio nacional reinaba la normalidad y pedía a la ciudadanía se mantuviese tranquila. Las unidades aéreas volaron sobre Caracas, siendo sometidas al intenso cañoneo por las fuerzas de artillerías.
Posteriormente se informó que trece oficiales que encabezaron el alzamiento se refugiaron en Colombia que les brindó asilo. Este fue el punto de ignición de lo que sería el 23 de ese mismo mes de enero, la revolución cívico miliar que derrocó al dictador Marcos Pérez Jiménez, a quien se percibía como bien protegido y blindado por sus compañeros de armas.
(En la gráfica el doctor Héctor Parra Márquez, Presidente del Consejo Electoral, en el momento de hacer la proclamación de Marcos Pérez Jiménez).

viernes, 13 de enero de 2012

La Plaza Miranda

La Plaza Miranda fue la segunda, después de la Plaza Bolívar, hecha en Ciudad Bolívar. Data de finales del siglo diecinueve.  Realmente no era propiamente una plaza sino un terreno circundado por el Cuartel del Capitolio, el Almacén de Pólvora o Santa Bárbara y varias casas de familias. El Gobierno pensaba levantarle allí una Plaza al Generalísimo Francisco de Miranda cuyo hijo primogénito, Leandro, era esposo de una guayanesa hija de Juan Bautista Dalla Costa, y al efecto se mandó a modelar una estatua pedestre que por muchos años permaneció en el depósito llamado “La Graja” de la Gobernación.

El 24 de octubre de 1898, el presidente del Estado, general Ernesto García decretó “Procédase a la formación de un jardín en la Plaza Miranda. En cada uno de los ángulos sendos bustos de bronce de los próceres Manuel Cedeño, Cornelio Antonio Muñoz, José Tomás Machado y Ascensión Farreras”. Esta disposición jamás se ejecutó porque el gobernante no duró un año en sus funciones debido a la Revolución Restauradora de Cipriano Castro.

El lugar continuó llamándose Plaza Miranda, no obstante, en 1901, el Gobierno del doctor José Ángel Ruiz decidió levantarle un monumento al prócer civil Juan Bautista Dalla Costa Soublette fallecido el 10 de febrero de 1894, de manera que en su centro se colocó una peana y sobre ella un busto modelado en Italia de esta personalidad de la historia, inaugurado el 5 de julio de ese año. Correspondió a Don Hilario Machado pronunciar el discurso de orden.

El terreno no estaba modelado en plaza como tal y para que no continuara llamándose Plaza Miranda, el 7 de julio de 1913, el doctor Luis Godoy, presidente del Estado Bolívar, decretó “Artículo 1º. En la Capital del Estado, en el terreno adyacente por el oeste al Cuartel Nacional y donde se levanta el busto del esclarecido guayanés Juan Bautista Dalla Costa, se construirá una Plaza, debidamente ornamentada, que llevará el nombre de “Plaza Dalla Costa”.

Sin embargo, la imposición de este decreto no pudo con la fuerza de la costumbre. Para los citadinos bolivarenses con Dalla Costa en el centro o no, esta era la Plaza del Generalísimo por lo que en 1986, aprovechando el programa de revitalización del Casco Histórico se decidió buscarle otro destino al busto de Juan Bautista Dalla Costa Soublette. Se colocó en el jardín interno de la antigua Casa de los Gobernadores de la Colonia donde permanece y en la plaza de su nombre se colocó un busto del Generalísimo Francisco de Miranda, donado por la Logia Asilo de la Paz, toda vez que la estatua pedestre desapareció de los depósitos de la Gobernación. El gobernador Roberto Arreaza Contasti ordenó en 1976 a la PTJ en tiempos del comisario Cirio Perdomo, que abriera una averiguación sobre el paradero de la estatua del Generalísimo y se determinó que la misma había sido donada, sin autorización de la Asamblea Legislativa, por el gobernador Luis Raúl Vásquez Zamora a la Base de Palo Negro en Maracay, sin que la Asamblea Legislativa y el pueblo de Ciudad Bolívar se percataran.

Cuando se denunció, el cronista de la ciudad, José Sánchez Negrón, explicó que durante la administración del fallecido gobernador Luis Raúl Vásquez Zamora se fue de Ciudad Bolívar la estatua de Miranda, no  obstante, haber sido él uno de esos hombres nobles y verticales que nacen rara vez, pero como todo ser humano tuvo sus errores, muy  pocos durante su mandato en el estado Bolívar, pero nadie es infalible.

jueves, 12 de enero de 2012

La Plaza Farreras

El general Francisco Linares Alcántara, a quien los bolivarenses preferían distinguir con el nombre de “Panchito” para no confundirlo con su padre homónimo, se extrañó cuando llegó a esta tierra, no encontrar nada que recordara la existencia del prócer de la independencia sudamericana, Ascensión Farreras, y decidió construirle una plaza con su nombre, pero los citadinos rara vez la identificaban como “Plaza Farreras” sino como “Plaza del abanico” por el diseño tan parecido a ese instrumento con el cual las damas antañonas espantaban el sofocante calor del trópico.

Realmente, Abraham Tirado, ingeniero contratado, le dio esa forma semicircular parecida también a la cola de un pavo real, más aun cuando le sembraron palmas y en el vértice un chaguaramos que creció más de la cuenta.

La plaza fue construida en un ángulo de la calle Piar con Bolívar. Pero fue el sucesor, general Arístides Tellería, a quien le tocó ejecutar la obra de acuerdo con el plano propuesto por el ingeniero Abraham Tirado, para lo cual destinó 4.033,75 bolívares.

Se utilizó cemento romano en sus aceras, piso de ladrillos y en el centro una fuente de agua, pero como el lugar era anegadizo hubo que rellenarlo y explanarlo con 3 mil carros de tierra, levantada medio metro sobre el nivel de la calle. Fue inaugurada el 5 de julio de 1911, dentro del programa conmemorativo de los cien años de la Independencia.

La Plaza Farreras permaneció hasta 1987 que el gobernador Pablo Gamboa Rivero le mandó a pasar tractor para convertir el espacio en un parqueadero de vehículos.

Ascensión Farreras era hijo de esclavos y se enroló en el ejército libertador. Participó en varias de las acciones militares que se liberaron desde el Orinoco hasta el Perú.

Don Félix Farreras, el primer abogado que tuvo la ciudad, adquirió dos negros bozal procedentes del Esequibo, de nombres Melchor Ambrosio y Juana Nepomucema y por consentimiento de ambos hizo que el cura Fray José Moreno los casara. De esa unión nació Ascensión Farreras diez años después (1780), adoptando el apellido de los amos de sus padres.

Ascensión Farreras comandaba una Flechera realista durante la conquista de Guayana y tal como posteriormente lo hiciera su paisano Tomás de Heres en el sur con el Batallón Numancia, se pasó con ellas al bando patriota, reforzando así las escasas unidades de las Fuerzas Sutiles del Orinoco comandadas por el capitán margariteño Antonio Díaz.

Farreras debutó en las filas patriotas con el grado de Teniente en la batalla de La Hogaza, el 2 de diciembre de 1817. A partir de allí participó en todas las batallas que se dieron hasta el Perú. Finalizada la campaña del Sur, regresó a Guayana donde llegó a ser Comandante de Armas.

Bajo el gobierno (1851-55) de José Gregorio Monagas, Ascensión Farreras fue ascendido a coronel efectivo del Ejército (1853) y cinco años luego (1857) el presidente José Tadeo Monagas lo designó Comandante de Armas de la Provincia de Guayana. El 20 de diciembre de 1861, en plena dictadura de Páez y en los albores del triunfo de la Guerra Federal, fue ascendido a General de Brigada y el 12 de febrero de 1864, el general Juan Crisóstomo Falcón, primer presidente a raíz de la victoria de la Guerra Federal, lo ascendió a general de división, tenía 94 años. Once meses después, 18 de enero de 1865, moriría. El cargo más importante que Farreras llegó a desempeñar en Guayana fue el de Comandante de Armas, un año después de dividida Venezuela en 20 estados federales. También fue varias veces diputado provincial y presidente del Concejo Municipal de Heres.

miércoles, 11 de enero de 2012

Plaza de la Rehabilitación



El 26 de febrero de 1917 se da a conocer un decreto del Presidente del Estado, General Marcelino Torres García, disponiendo se erija para conmemorar el 19 de diciembre, aniversario del ascenso al Poder del General Juan Vicente Gómez, la Plaza de la Rehabilitación, en las inmediaciones de la Casa de San Isidro, donde estuvo el antiguo Obelisco.

Al efecto, se designó un jurado integrado por los ciudadanos Hilario Machado, bachiller Régulo Machado, Guillermo Celis Ávila, doctor Mendoza Briceño, doctor Antonio Delgado y bachiller Narciso Fragachán para decidir mediante un certamen el diseño correspondiente.

El jurado favoreció con su veredicto el diseño del artista local Juan de Dios Baldivián, consistente en una columna de quince metros sobre el centro de la plaza, ostentando una alegoría del caudillo Juan Vicente Gómez, por ser éste el actor principal del movimiento post castrista llamado de la “Rehabilitación Nacional”.

El monumento fue inaugurado el 19 de diciembre del mismo año aprovechado el Obelisco erigido en 1874 para conmemorar la Revolución del 27 de Abril y a su caudillo Antonio Guzmán Blanco.

La alegoría gomecista de la Plaza de la Rehabilitación consistía en tres esculturas simbólicamente representativas del tradicional lema del régimen: “Venezuela, Paz y Trabajo”. Este lema de la alegoría adosada a la columna fue posteriormente alterado (“Venezuela Paz(a) Trabajo”) por manos ocultas complicadas en una conspiración en la que desde Soledad estuvo envuelto el célebre guerrillero upatense Angelito Lanz.

Tras la muerte del caudillo Juan Vicente Gómez en diciembre de 1935, los guayaneses, aunque un poco tarde, salieron a las calles y trataron de acabar con todo lo que tuviera emparentado con el dictador más longevo que ha tenido Venezuela, incluida las esculturas. Sobrevive el obelisco erigido con ladrillos y mezcla mulata y en cuanto a la plaza, le cambiaron el nombre. Ahora se llama “Plaza Maturín”.

Todo lo que oliera al dictador fue destruido. Los pesados grillos depositados en la cárcel colonial y con los cuales martirizaban a los presos políticos, fueron llevados a bordo de una curiara fondeada en Playa La Cocuyera y lanzados después en la hoya de 120 metros de profundidad que se localiza en la parte oriental de la Piedra del Medio. Los nombres de calles y escuela que llevaban el nombre de Gómez o de uno de sus hijos fueron eliminados. Algunas personas que calzaban el apellido Gómez lo omitían de acuerdo a la ocasión y otros adoptaron el Gomes portugués que sustituye la Z por S. Lo único que ha sobrevivido hasta nuestros días es el Puente Gómez a pesar que en un principio la gente se refería a él como el antiguo Puente Lange o Puente sobre el río San Rafael.

Un grabado a cincel que sobre una piedra gigantesca decía “Viva Gómez y adelante” y que databa desde la época del general Vicencio Pérez Soto, fue deformado a martillazos por el joven Juan Sutherland, a quien sus compañeros de escuela apodaban “Perro sucio”. Otro tanto hizo Guillermo Wenzel Soublette al pasar por frente a la Casa de Gobierno y gritar ¡Viva la Libertad!, pero fue sometido y preso por los guardias de turno, lo que suscitó un movimiento estudiantil masivo exigiendo la libertad de Guillermo y a partir de entonces con Lucila Palacios, Alida Gambús y Herminia Pizarro, se prendió el movimiento cívico que marchó por las calles de la ciudad y puso en fuga al Presidente del Estado, el historiador, abogado y político barquisimetano, doctor Antonio Álamo.


martes, 10 de enero de 2012

La Barbería Petit Trianon de Lauro

El Palacio de Versalles en Francia es más bien un conjunto de palacios pequeños y grandes. El Palacio pequeño, conocido como Petit Trianón, servía de  retiro de  la reina  María Antonieta, esposa del rey Luis XVI. Ahora no sabemos por qué Antonio Lauro Ventura, le puso a su barbería en Ciudad Bolívar ese nombre de Petit Trianón,  inaugurado el 30 de marzo de 1910, si él era italiano, supongo que para atraer a la colonia corsa en la ciudad que era numerosa y bien acomodada.
Se trataba de un lujoso salón de barbería situado en la calle Orinoco con el lema  “preferido de la gente chic y amante del progreso”.  La prensa local publicó un aviso sobre la novedad en materia de corte de pelo y participaba a su clientela “que ha hecho venir de Caracas al señor Ventura Montoya, operario de reconocida competencia que ha trabajado en el “Petit Trianon” de aquella capital, para mejor atender y satisfacer una vez más a sus constantes favorecedores”.
            Antonio Lauro Ventura, padre de Antonio Lauro Cutroneo, nacido en Ciudad Bolívar, reputado como el primer compositor venezolano cuya obra es conocida, estudiada e interpretada en las más reputadas ciudades del mundo musical. De hecho, forma parte del repertorio universal de la guitarra.
            Lauro Ventura, procedente del Sur de Italia, se radicó en Ciudad Bolívar comenzando el siglo veinte. Montó su barbería al lado de lo que es hoy el Hotel Colonial, antiguo Hotel Bolívar y alternaba el oficio como músico  tocando el Bombardino y también la guitarra en los momentos de expansión con sus amigos, entre ellos, José Francisco Calloca, presidente de la Colonia italiana y director de la Banda del Estado.
            En 1916 se casó en Caracas con Amida Crutoneo y de regreso a Ciudad Bolívar se instaló en la casa propiedad del médico Domingo Figarella, ubicada entre las calles Constitución y Amor Patrio.  Allí nació Antonio Lauro Crutoneo en la mañana del 3 de agosto de 1917, cuando el Orinoco llegaba al tope de sus aguas, buen presagio para quien también llegaría al tope de la composición y ejecución guitarrística.
            El vespertino de los Suegart publica la noticia de un Petit Triaón en ciudad Bolívar semejante al de Caracas y se lamenta no poder publicar la gráfica, pues aunque acaba de poner en servicio la adquisición de un moderno equipo de estereotipia que permite al periódico publicar imágenes mediante cliché obtenido por coladas de plomo fundido. Pero los moldes de los clichés venían de estados Unidos.  Por cierto, que la primera imagen publicada por el periódico correspondió a “El Juramento de Washington” y la segunda  al “Juramento de Lincold”. 
En la misma edición publica el decreto del Presidente del Estado, General Arístides Tellería, disponiendo la construcción del Paseo 5 de julio, obra que contrata al ingeniero Pablo Carranza, Rector del Colegio, con longitud de 2.600 metros por 14 de ancho, desde el extremo norte del Dique de la Laguna del Medio hasta unirse con El Porvenir. Este paseo se inauguró con un gran desfile el 5 de julio de 1911, primer centenario de la declaración de la Independencia de Venezuela.  También data de ese tiempo el Paseo San Antonio, llamado después Moreno de Mendoza (Fundador de la ciudad) y el Paseo Meneses bautizado con ese nombre en memoria del ingeniero y pedagogo Olegario Meneses, quien fue catedrático del Colegio Federal de Varones.  Publicó un ensayo sobre el Curare, descubrimientos del oro y la situación económica y social del Yuruari.  Murió cerca de Trujillo, su tierra natal, víctima de la malaria.

Pío Cerani regresa de la guerra

El 13 de mayo de 1916, regresó a la ciudad Pío Cerani luego de prestar servicio militar en su patria natal, Francia, en guerra contra los aliados teutones de 1914.

Pío Cerani se hallaba en Guayana desde 1901, atraído por la selva y los tesoros minerales de sus tierras. De allí que figurara pronto como empresario y dueño de minas como “Salva la Patria”, “Carabobo”, “El Chibao” y “Vuelvan Caras”,

Fue distinguido por el Gobierno francés en 1937 para reavivar la llama de la lámpara votiva del Soldado Desconocido en el Arco del Triunfo, donde quedó inscrito su nombre en el “Libro de Oro” como ex combatiente de la guerra.

Casado con la guayanesa Enriqueta Odremán. El retorno de este comerciante corso coincidió con la llegada a Ciudad Bolívar desde Caracas del primer automóvil que tardó varios días retando caminos escabrosos llenos de “bombas” cenagosas.

Este primer auto venía conducido por Luis Coll Pardo, agente viajero de la firma William H. Phelps, cumplía por primera vez el raid Caracas-Ciudad Bolívar en un automóvil Ford. Para entonces otras marcas de vehículos como Studebaker, Empire, Briscoe y Overland ya estaban en el mercado de Ciudad Bolívar a través de la empresa de Domingo Golía, pero había llegado no por tierra sino por barco.

Luego se incorporó el King para siete pasajeros y 75 HP distribuido por la empresa Ginestra y Aristiguieta más el Buick, agenciado por Edmundo Suegart, representante igualmente del Dodge y el Brothers.

El primero en adquirir un carro de la marca Buick fue el general Máximo Benigno. W. H. Phelps tenía en la ciudad una sucursal del Ford the Universal Car. El Ford modelo “T”: está reconocido como el precursor, el que preparó el camino de la industria automovilística e inició el movimiento a favor de las carreteras en todas partes.

Atrás quedaron los carromatos, los coches. Estos se fueron extinguiendo a partir de los años treinta o mientras subsistió en el Callejón Dalton (calle Piar de Ciudad Bolívar) la famosa Herrería de Humberto Bates, especializada en reparación y fabricación de vehículos de tracción de sangre. Humberto Bates fabricaba carros para mulas, ruletos y wagones. Asimismo, unas ruedas especiales para rodar por arenales y espuelas para la explotación del balatá, estilo inglés o como las muy prácticas de Demerara.

Pío Cerani a su regreso de la Guerra trajo al cónsul británico Mister Hart, la mala noticia de la muerte de su hermano C. Hart, oficial a bordo del Queen Mary, en combate naval librado por la escuadra inglesa contra una alemana. El combate naval se registró el 31 de mayo, cerca de la costa Jutland. El Queen Mary, de 27.400 toneladas había sido botado en 1912 y constaba de ocho cañones de 13,5 pulgadas y 16 de seis pulgadas y era capaz de desarrollar una velocidad de 29 nudos.

En 1921 contrajo matrimonio con la guayanesa Lourdes Odremán y posteriormente en acto especial el nombre de L. Pio Cerani quedó grabado en el “Libro de Oro”; como ex combatiente corso de la guerra europea de 1914. También fue distinguido como Coronel ad-honorem del Ejército de los EE UU de Norte América por sus valiosos servicios. En 1935, el Sr. L. Pío Cerani organizó una Fundación a objeto de traer a Venezuela científicos franceses para el acercamiento intelectual y científico franco-venezolano.

En 1938, fue nombrado Consejero del Comercio Exterior de Francia. Dadas sus fuertes relaciones comerciales, logró interesar al capital norteamericano sobre la producción venezolana y que continuase adquiriendo la sarrapia, de cuya recolección dimanaba el sustento y mejoramiento social de millares de trabajadores venezolanos.

domingo, 8 de enero de 2012

Del Paseo Alameda al Paseo Orinoco



El 20 de diciembre de 1916, un decreto del Presidente del Estado, general Marcelino Torres García, dispuso la pavimentación y construcción de aceras de la Calle Orinoco y del Paseo Alameda.

Entonces lo que actualmente conocemos como Paseo Orinoco estaba seccionado en dos partes: la Calle Orinoco que iba desde el Puerto de Blohm hasta lo que es hoy El Mirador y la Alameda la parte occidental. La pavimentación se realizó con cemento que venía en barriles, importado del puerto fluvial de Hamburgo sobre el río Elba y los barcos de paso por la Isla Helgoland, en el Mar del Norte, embarcaban los mollejones que utilizaban los ricos para el piso de sus mansiones.

El explorador Francisco Michelena y Rojas, a mediado del siglo XIX y durante su estadía en Ciudad Bolívar, escribió que las calles principales corrían de Sur a Norte, pero que también estaban interceptadas en ángulos rectos por otras E. O, de no menos méritos, y entre éstas la gran calle paralela al río en donde se hacían todos los negocios del comercio.

“Pocas ciudades -decía- hay en el mundo, muy pocas, tan bien situadas, a la orilla de un majestuoso río, sin que sobresalten temores de una inundación, y que pueda embarcarse a bordo de un navío de día sin más que atravesar los 20 pasos de calle que lo separan del buque; tampoco habrá muy pocas calles, en un clima cálido como Angostura, en donde sus habitantes se paseen o haga a cubierto sus transacciones comerciales debajo de galería espaciosas, cómoda y elegante; y si se quisiese más fresco, los dos rangos de copados árboles de la Alameda satisfacía ampliamente sus deseos. Por lo general, la ciudad es bonita, aseada, bien empedrada y las aceras enladrilladas. Hay muy buenas casas, y algunas mejores que las mejores de la Capital de la República.

O la Policía está muy bien formada o la población es muy bien inclinada porque no se ve robos ni desmanes de otra naturaleza: muchos de los presos vienen de otras provincias a purgar sus sentencias en la cárcel”.

Así como la describe Michelena era Ciudad Bolívar o lo fue hasta muy avanzado el siglo XX. Una ciudad limpia, muy limpia, con calles atractivas bien trazadas y pavimentadas. La gran pavimentación hasta las afueras fue acometida en tiempos de Llovera Páez por el gobernador José Gervasio Barceló Vida y continuada con mucha vitalidad durante la gestión del ingeniero Leopoldo Sucre Figarella. De esos tiempos es el Puente Angostura y el moderno Paseo Orinoco.

El Paseo que bordea el Orinoco frente a Ciudad Bolívar comenzó en el siglo XVIII con el nombre de Calle La Muralla-Paseo La Alameda; Calle Orinoco-Paseo La Alameda; Paseo Falcón, después de la Guerra Federal, Paseo Gómez en tiempos del dictador y, finalmente, Paseo Orinoco en 1967 cuando fue trasformado para elevar la cota de protección de la ciudad contra las periódicas crecidas del río.

Fue inaugurado junto con el Puente Angostura y costó 4 millones de bolívares. Consta de ocho secciones y dos vías de circulación divididas por una isla de mil 500 metros con árboles corpulentos, acera, pasarela a la margen del río, jardines, puesto de descanso, faroles, zonas de estacionamiento, sistema de sonido para música ambiental y los bustos del licenciado Francisco Antonio Zea, presidente del Congreso de Angostura; monseñor Mariano Talavera y Garcés, administrador apostólico de la diócesis de Guayana (1829-1841) y bachiller Narciso Fragachán, introductor del bachillerato privado en la ciudad. En 1975 fue prolongado por la parte oriental, desde la Capitanía de Puerto hasta la Urbanización Los Coquitos.