domingo, 29 de enero de 2012

Tomás Funes y los sucesos de Río Negro


El 27 de mayo de 1913 llegó a Ciudad Bolívar la noticia de los sucesos sangrientos de Río Negro ocurridos el 8 del mismo mes y en los que perdieron la vida el gobernador general Roberto Pulido, su esposa y dos niños; el secretario general de gobierno, Antonio Espinoza; Pablo H. Pulido, E. Delepiani, Baldomero Benítez, Jesús Cabecci, Pedro Varela, Heriberto Maggi, Rafael Maggi, Juan Bautista Espinoza, N. Linares, N., Bonalde, N. Chávez, Pedro Becerra, N. Martínez, Reyes Carvajal, Froilán Valero, Domingo Martínez, J. M. Soublette y dos peones, todos en el propio San Fernando de Atabapo.

En Santa Rosa de Amazonas hubo tres víctimas (Antonio Valero, su hijo y Jesús Valero). En Maroa y la montaña de Yavita, cinco muertos; uno en Punta Don Diego; tres en Punta de San Diego; dos en el Vichada; uno en Isla Ratón; tres en Maipure, (general Víctor Aldana, Feliciano Guevara y Mariano D’Griello) y cuatro en Atures.

Se sindicó a Tomás Funes, quien encabezó la matanza con 25 hombres armados, entre ellos, Luciano López, Manuel García González, Balbino Ruiz, Jacinto Pérez (a) Picure, Casimiro Zamarra (a) Avispa, Pedro Medina, Manuel Maestracci y Ramón Yánez.

Tomás Funes, barloventeño de Río Chico, llegado a Ciudad Bolívar a comienzos del siglo XX, con un modesto cargo militar que apenas le servía para sobrevivir en tierra ajena, pero que bien lo favoreció para entrar de lleno en el comercio y seguir más tarde a la zaga de aventureros ansiosos de mejor fortuna.

Amazonas o San Fernando de Atabapo, como mejor era conocido entonces ese territorio virgen, prometía la riqueza del balatá, la sarrapia y el caucho además de colorantes y otras resinas, de gran demanda en el mercado internacional y allá se fue Tomás Funes atraído por las perspectivas de la explotación de los productos forestales.

Para 1910 ya Tomás Funes era un próspero comerciante, jefe de la primera casa comercial del territorio y cuyo negocio se asemejaba más a un cuartel que a una casa mercantil. Quienes en San Fernando de Atabapo vivían de la explotación y exportación de productos forestales, enfrentaban a un competidor desleal y con todas las ventajas del Poder: la Casa Mercantil Pulido & Cía., cuyo mayor accionista era el general Roberto Pulido, gobernador del territorio.

Las medidas del gobernador Pulido que tuviesen que ver con la explotación de productos forestales exportables como la goma, tendían a favorecer sus intereses en perjuicio de la competencia. Así, el impuesto que la gobernación cobraba por la salida del producto forestal fuera del territorio, era costumbre pagarlo en giros a la vista a cargo de acreditadas casas mercantiles de Ciudad Bolívar. El gobernador Roberto Pulido, sin embargo, dictó un decreto ordenando que tales derechos había que pagarlos en oro en el propio San Fernando.

El decreto causó indignación e incluso fue protestado por el comercio de Ciudad Bolívar, pero no hubo vuelta atrás y ante la imposibilidad de cumplir con esa forma de pagar el gravamen, los comerciantes se vieron impelidos a vender el producto forestal, a precio de gallina flaca en el propio San Fernando y ¿quiénes lo compraban? Los agentes de Pulido & Cía., que además monopolizaban el servicio de transporte mixto de carga y pasajeros.

Ante esta situación que los llevaba a la ruina, los comerciantes y agentes de San Fernando no encontraron otra salida en defensa de sus intereses que armar una conjura liderada por uno de ellos, Tomás Funes, hombre que al final se transforma en un sanguinario cegado por la ambición y el poder

1 comentario:

  1. Duscupe, Sr. Fernández, solo le escribo para corregirle el apellido de una de las víctimas de Funes, no se llamaba Jesús Cabecci, sino Jesús Capecchi. Muchas gracias y felicitaciones por su relato

    F. Capecchi

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