miércoles, 25 de enero de 2012

Símbolos ambientales


El Gobierno del estado Bolívar debería seguir el ejemplo de Mérida y dictar un decreto sobre nuestros símbolos emblemáticos ambientales, especialmente por ser Bolívar la entidad de la región Guayana y del país que concentra el mayor potencial de bosques naturales, con una superficie de casi 18 millones de hectáreas, una hidrografía portentosa y por lo tanto muy rica no sólo en flora sino en fauna.

Un decreto de tal naturaleza debe abarcar el compromiso ambiental de rescatar todas las especies en extinción como el Águila Harpía y el Gallito de Roca, por mencionar sólo dos de la ornitología que ya no se ven ni se sienten, porque la presión social hacia la selva es cada vez más acentuada tanto por la minería como por el turismo.

Mérida declaró en 1997 al cóndor de los Andes, el oso frontino, la flor del frailejón y el bucare-ceibo como símbolos emblemáticos ambientales. Nosotros, es decir, el estado Bolívar, se adelantó en 1952 y declaró el sarrapio o la sarrapia como su árbol emblemático no sólo por su porte señorial de flora y sombra sino por el valor económico de su fruto. Pero nos quedamos allí y olvidamos otras especies singulares de la zoología y la botánica como el manatí, la tonina, el danto, el tigre, el cunaguaro, el gato de monte, el puma, el mono araguato, el mono tití, el mono viudita, el mono capuchino, para mencionar solo algunos mamíferos. Aves como el gallito de roca, el moriche blanco, el moriche negro, el pájaro campanero, el pájaro sombrilla, la garza corocoro, el águila harpía, el guacamayo, el tumuruco. Peces como la zapoara que es única en el mundo, el morocoto, la curbinata y el lau lau que en los mejores restaurantes de Caracas lo hacen pasar por el mero de mar. Quelonios como la tortuga arrau y el terecay. Reptiles como el caimán y la baba. Y árboles notables como el pardillo, el cartán, el algarrobo, el alcornoque, el purguo y el cedro, además de nuestra famosa sarrapia montañera.

Acertado, por ejemplo, sería que se declarara símbolo emblemático de nuestras aves al gallito de roca que es una de las especies mas bellas del mundo, especialmente por sus colores anaranjado y amarillo y porque vive en las zonas boscosas junto a las grandes rocas, y en su época de celo practica un baile en pareja mientras uno danza en el centro de un círculo.

Asimismo, el Águila Harpía (en la foto), de enormes proporciones que anida en árboles gigantescos al sureste de Guayana, desde el Caura hasta la Sierra de Imataca. Sabemos que The Peregrine Fund, que es un organismo ambientalista internacional, con sede en el estado de Idaho en los Estados Unidos, ha emprendido y está apoyando un programa de protección de esta ave considerada la más poderosa del mundo y que es víctima de los cazadores y demás depredadores de nuestros bosques. Yo tuve el privilegio de internarme en un bosque de El Palmar, conducido por el profesor Israel Rivas, para contemplar una en lo más alto de la copa de un árbol.

El pájaro moriche de Guayana trascendió en el drama “Orquídeas azules” de la escritora Lucila Palacios, el cual se recrea en una leyenda guayanesa que cuenta la forma cómo un pájaro moriche se resistía a dejar la ciudad para volver a la selva por estar enamorado de la flor de un jardín cultivado por una doncella. Esta obra teatral fue montada en Caracas con música de María Luisa Escobar y desde entonces todo el que venía del centro a Guayana quería pagar fortunas por llevarse un moriche

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