domingo, 8 de enero de 2012

Del Paseo Alameda al Paseo Orinoco



El 20 de diciembre de 1916, un decreto del Presidente del Estado, general Marcelino Torres García, dispuso la pavimentación y construcción de aceras de la Calle Orinoco y del Paseo Alameda.

Entonces lo que actualmente conocemos como Paseo Orinoco estaba seccionado en dos partes: la Calle Orinoco que iba desde el Puerto de Blohm hasta lo que es hoy El Mirador y la Alameda la parte occidental. La pavimentación se realizó con cemento que venía en barriles, importado del puerto fluvial de Hamburgo sobre el río Elba y los barcos de paso por la Isla Helgoland, en el Mar del Norte, embarcaban los mollejones que utilizaban los ricos para el piso de sus mansiones.

El explorador Francisco Michelena y Rojas, a mediado del siglo XIX y durante su estadía en Ciudad Bolívar, escribió que las calles principales corrían de Sur a Norte, pero que también estaban interceptadas en ángulos rectos por otras E. O, de no menos méritos, y entre éstas la gran calle paralela al río en donde se hacían todos los negocios del comercio.

“Pocas ciudades -decía- hay en el mundo, muy pocas, tan bien situadas, a la orilla de un majestuoso río, sin que sobresalten temores de una inundación, y que pueda embarcarse a bordo de un navío de día sin más que atravesar los 20 pasos de calle que lo separan del buque; tampoco habrá muy pocas calles, en un clima cálido como Angostura, en donde sus habitantes se paseen o haga a cubierto sus transacciones comerciales debajo de galería espaciosas, cómoda y elegante; y si se quisiese más fresco, los dos rangos de copados árboles de la Alameda satisfacía ampliamente sus deseos. Por lo general, la ciudad es bonita, aseada, bien empedrada y las aceras enladrilladas. Hay muy buenas casas, y algunas mejores que las mejores de la Capital de la República.

O la Policía está muy bien formada o la población es muy bien inclinada porque no se ve robos ni desmanes de otra naturaleza: muchos de los presos vienen de otras provincias a purgar sus sentencias en la cárcel”.

Así como la describe Michelena era Ciudad Bolívar o lo fue hasta muy avanzado el siglo XX. Una ciudad limpia, muy limpia, con calles atractivas bien trazadas y pavimentadas. La gran pavimentación hasta las afueras fue acometida en tiempos de Llovera Páez por el gobernador José Gervasio Barceló Vida y continuada con mucha vitalidad durante la gestión del ingeniero Leopoldo Sucre Figarella. De esos tiempos es el Puente Angostura y el moderno Paseo Orinoco.

El Paseo que bordea el Orinoco frente a Ciudad Bolívar comenzó en el siglo XVIII con el nombre de Calle La Muralla-Paseo La Alameda; Calle Orinoco-Paseo La Alameda; Paseo Falcón, después de la Guerra Federal, Paseo Gómez en tiempos del dictador y, finalmente, Paseo Orinoco en 1967 cuando fue trasformado para elevar la cota de protección de la ciudad contra las periódicas crecidas del río.

Fue inaugurado junto con el Puente Angostura y costó 4 millones de bolívares. Consta de ocho secciones y dos vías de circulación divididas por una isla de mil 500 metros con árboles corpulentos, acera, pasarela a la margen del río, jardines, puesto de descanso, faroles, zonas de estacionamiento, sistema de sonido para música ambiental y los bustos del licenciado Francisco Antonio Zea, presidente del Congreso de Angostura; monseñor Mariano Talavera y Garcés, administrador apostólico de la diócesis de Guayana (1829-1841) y bachiller Narciso Fragachán, introductor del bachillerato privado en la ciudad. En 1975 fue prolongado por la parte oriental, desde la Capitanía de Puerto hasta la Urbanización Los Coquitos.

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