viernes, 12 de agosto de 2016

La Feria del Orinoco no tiene Reina (Crónica del 2009)


Hace 42 años fue instituida oficialmente la Feria del Orinoco abarcando en una sola unidad a la Feria Agropecuaria y la Feria de la Zapoara.  Desde entonces no ha perdido vigencia y denominación, aunque la primera vez ocurrió en enero de 1967 para que sirviese de marco a la inauguración del Puente Angostura sobre el Orinoco.  Es evidente que durante los años sucesivos, incluyendo el presente, siempre ha sido Agosto su tiempo puesto que es el mes cuando el Río Padre llega a la plenitud de sus aguas y cuando además de comenzar la pesca de la Zapoara  la iglesia católica celebra la aparición de la Virgen María en el Monte Esquilino y que en Angostura desde los tiempos de la Colonia fue entronizada bajo la advocación de la Virgen de las Nieves, pues desde una de la siete colinas nevadas de Roma, específicamente, del Monte Esquilino, nos vino en hombros de los misioneros franciscanos.
         Y la Feria del Orinoco, como todas las Ferias, elige en cada ocasión una Reina que se entiende es la guayanesa más bellas de todas las concursantes.  La primera fue Loisse Nouel, que vemos en la fotografía en pose de modelo.  Era entonces una muchacha bella y atractiva que conocimos cuando laboraba en calidad de secretaria en la Lotería de Guayana.  Terminó casándose con el abogado Moisés Delima de tanto serenatearla con los boleros más sonadas de la época.
         Y aunque el Gobernador Edgar Vallée Vallée quiso sustituir el nombre de Feria del Orinoco por la tradicional Feria del Sapoara, no pudo porque el Orinoco realmente abarca mucho en la geografía venezolana.  La primera Reina de la Feria de la Sapoara fue una linda morena de Soledad que enervaba la sangre árabe de Cleto Salame, pero siempre de una u otra manera hubo Soberana, sólo este año 2009 que la Reina brilla por su ausencia, aunque poco hubiera valido elegirla porque esto que vemos ahora no es Feria sino como dice la periodista Vanessa Boscán, el protagonista que es el Orinoco se ve disminuido por los tinglado corrugados de polietileno, la cerveza y los pinchos.
         En todo caso, hizo falta un úkase como el que dio lugar allá por los tiempos de Iván el Terrible:  “En nombre de Iván Vassilievich, Gran Príncipe de todas las Rusias, dado en Novgorod, nuestra capital, a los príncipes y bayardos que habiten a una distancia de cincuenta a doscientas verstas de Novgorod.  He elegido a N... y a N... y les he confiado la tarea de examinar a todas aquellas de vuestras hijas que puedan hallarse en condiciones de ser nuestra prometida.  Tan pronto recibáis esta carta, los que tengan hijas solteras deberán acudir inmediatamente con ellas a Novgorod-la-Grande... Quienes oculten a sus hijas y no las presenten a nuestros bayardos se atraerán grandes desgracias y terribles castigos.  Circulad esta carta entre vosotros, sin que esté más de una hora en poder de cada uno”.
         Una vez que los enviados del Príncipe habían seleccionado a las candidatas de cada capital de provincia, las más bellas eran enviadas a Moscú para escoger la que más ejerciera atracción sobre el interesado, sin importar mucho que fuese rica o pobre, noble o plebeya, sino virgen, muy sana y esencialmente hermosa.  El primer zar que eligió esposa en tan singulares condiciones fue Vassili Ivanovich.
Este modo de escoger a la más bella para esposa en la Rusia de los siglos quince y dieciséis  parece ser el origen de los concursos de bellezas adoptados por los países occidentales y que por esa vía ha venido hasta nosotros que elegimos reinas para presidir cada acontecimiento festivo trascendente, especialmente las Ferias como la del Orinoco y los Carnavales.  
        

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