viernes, 25 de octubre de 2013

La Colonia Penal de El Dorado

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Cuando en octubre de 1944 comenzó a operar la Colonia Penal de El Dorado en la confluencia de los ríos Cuyuní, Yuruán y Yuruari, con cien vagos y maleantes traídos de la Isla del Burro en el Lago de Valencia, los guayaneses la observaron como una afrenta y así lo denunciaron siempre, especialmente cuando el doctor Ramón Castro Mata ocupaba la Presidencia de la Cámara de Comercio.
         Dada esa preocupación, el Gobierno Nacional dispuso  transformar El Dorado en una Granja Agrícola Penitenciaria y así lo dio a conocer públicamente  el 12 de enero de 1973, a través de Antonio Ruiz Araujo, Director Gerente de la Caja de Trabajo Penitenciario (Instituto Autónomo adscrito al Ministerio de Justicia y cuyo fin es rehabilitar al recluso mediante el trabajo dirigido).
Por lo tanto, los criminales peligrosos, así como los vagos y maleantes no serían trasladados desde ese momento  a la Colonia Móvil de El Dorado en virtud de la decisión gubernamental de transformar aquel establecimiento en una Granja Agrícola Penitenciaria en la que solo podrían pagar su pena trabajando y produciendo los sentenciados campesinos de buena conducta y gran confianza.
Al efecto, el Gobierno hizo borrón y cuenta nueva: limpió El Dorado y los últimos 190 reclusos que quedaban fueron trasladados a la Casa de Reeducación y Artesanal en el Paraíso, Caracas.
Tan pronto eso ocurrió, comenzaron los trabajos  conjuntamente con la Dirección de Prisiones, el MAC, IAN y  BAP.  Se deforestaron 400 hectáreas y 200 reclusos seleccionados en la Penitenciaría de San Juan de los Morros debutaron sembrando maíz en la embrionaria Granja Agrícola Penitenciaria que de todas formas continuó siendo para muchos la Colonia Penal de El Dorado de donde muy pocos han podido escapar pues la mayoría de quienes lo  intentaron  se comieron unos con otros o se los tragó el infierno verde.
De todas maneras, los bolivarenses  continuaron insistiendo en la necesidad de suprimir ese establecimiento penal y así lo solicitaron a Carlos Andrés Pérez siendo candidato presidencial en 1973, de suerte que cuando ganó las elecciones y asumió el Poder, uno de decretos apuntaban hacia ese pedimento de los guayaneses.
Por  Decreto Presidencial de CAP quedó eliminada la Colonia de Trabajo de El Dora­do, la cual había sido creada por decre­to 233 el 21 de octubre de 1944. El Ministro de Justi­cia, doctor Otto Marín Gómez, y el Director de Prisiones, doctor Simón Benarroch Cohen, queda­ron instruidos de las formas có­mo funcionarían, en lo sucesivo, los centros penitenciarios y de internación que susti­tuirían a las famosas Colonias Mó­viles de El Dorado.
El Ministro de Justicia precisó que la medida se debía a una in­vestigación ordenada por el Pre­sidente de la República sobre el funcionamiento de las Colonias de El Dorado. De este estudio salieron varias consideraciones que, dada su trascendencia, implicaron elimi­nación del conocido centro de reclusión ubicado en la Guayana venezolana.
El Ministro de Justicia quedó encargado de la ejecución del Decreto y de tomar las providencias necesarias en cuanto a los bienes y el personal, a fin de adscribirlos y reubicarlos, en otras dependencias de su Despacho.
Sin embargo, la vigencia del Decreto no duró mucho y nuevamente, durante el Gobierno de Luis Herrera Campíns, hubo que reabrirlo debido al congestionamiento de las cárceles existentes en el país.
En diciembre de 1984 fue denunciada la situación de hacinamiento en la que sobrevivían 1150 internos de toda calaña delictual, incluyendo homosexuales depositado en una dependencia dada a conocer como “La jaula de las locas”. En la todavía llamada  “Casa amarilla” depositan a los reclusos reincidentes, considerados los más peligrosos.



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