sábado, 21 de septiembre de 2013

El Orfeón Cinético de Fitzi


El encuentro de Ciudad Bolívar con el arte óptico gracias al Museo de Arte Moderno  y a su creador pionero universal de ese arte óptico en su modalidad cinética,  orientó no sólo a numerosos jóvenes hacia una tendencia plástica diferente a la tradicional, sino también a músicos y compositores como José Francisco Miranda (en la foto) que anunció entonces estar trabajando en la creación de un Orfeón Cinético.
         La primera presentación pública de este sorprendente conjunto  que modificaba substancialmente la forma polifónica del canto, ocurrió en la noche del 3 de octubre de 1972, en el auditorio del Grupo Escolar Estado Mérida y fue posible apreciar entonces la interpretación de cuatro  hasta ocho canciones a una vez con movimientos danzantes de los integrantes del grupo.
         El Profesor Fitzí Miranda como prólogo de su demostración ante un rebasado auditorio intrigado y movido por la curiosidad, explicó que la Coral concebida por él,  podía interpretar ordinariamente varias piezas musicales diferentes dentro de un tono armónico y equilibrio que permite captar la esencia de las correspondientes melodías.
         Se trataba de un “cinetismo audible” y si a eso se agregaba que los integrantes del grupo polifónico escenificaban la pieza con movimientos danzantes,  el resultado no podía ser otro que el de una estampa múltiple del sonido y de las formas.
         En esta labor, el Profesor Miranda primeramente realizaba los arreglos armónicos y luego levantaba lo que él llamaba “Sonograma”.  Esa noche del debut,  la pieza falconeana “Sombra en los Médanos” (Penetrable 1) fue ejecutada simultáneamente con las melodías “Misotys”, “Sobre las olas”, “Danubio azul”, “Las bellas noches de Maiquetía”, “Geranio”, “Ensueño” e “Imitación del Pájaro Chuchumbé”, todos valses.
         El Orfeón Cinético de Guayana estaba formado por 38 personas sometidas previamente a un proceso de preparación y ensayos durante  tres meses.  Fitzí Miranda, autor del joropo “La Sapoara” que en 1936 popularizó  la voz de Soledad Espinal,  había compuesto entonces 8 conciertos para piano, 62 canciones y varios himnos, entre ellos, “El Estudiante”.
En el marco de sus composiciones musicales, creo que su último intento fue el de complacer a Soto (ambos nacieron en Santa Ana), inventando su "Orfeón Cinético" desvanecido por la propia fuerza de su extinción física. Estaba tan entusiasmado que nos llevó a su pequeño cuarto de estudio en lo alto de su quinta "Norelsa" de la avenida Táchira y nos hizo apreciar las grabaciones de sus ensayos.
Si la pintura vibra y resuena con tambores de vanguardia en el ámbito artístico mundial signada por la novedad del cinetismo, por qué no la música? se preguntaba. Desde que el hombre comenzó a captar la música en el monosilábico balbuceo del niño, la forma y expresión del sonido, del ritmo y la melodía se han complicado en su evolución que ya no hay manera de detenerlos. Siempre, por ello, "el futuro de la música es de difícil pronóstico".
Edgard Varese, compositor norteamericano, aconsejaba abandonar la orquesta clásica cuyos instrumentos no ofrecen sino limitaciones, y utilizar en su lugar instrumentos eléctricos para que el músico en estado de creación pueda disponer de todos los sonidos del universo. Algo aproximado creo que se proponía Fitzí cuando quiso modificar las corales, las agrupaciones polifónicas: divorciarse del grupo polifónico tradicional para situarse ante el Orfeón Cinético realizando con sus cuatro voces características una polifonía moderna.
Fitzí, como Varese, se lanzaba con una nueva teoría dentro del campo de la música y la concretó con la anuencia de la zona educativa, fundando con colegas de la docencia el Orfeón Cinético del Magisterio que debutó en el auditorio del Grupo Escolar Mérida.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada