sábado, 7 de septiembre de 2013

El Libro no ha muerto

El fin del mundo libresco predicho por Marshall McLuhan fue planteado y discutido en Ciudad Bolívar en el mes de mayo de 1975, con motivo de la clausura del Festival del Libro Venezolano de Monte Ávila, cuya exposición fue totalmente vendida.
         En el coloquio realizado en la Casa de la Cultura y que versó sobre la importancia del libro en la cultura de los pueblos intervinieron, entre otros, los escritores Salvador Garmendia (en la foto), Adriano González León, Manuel Alfredo Rodríguez, Luis  García Morales y José Sánchez Negrón.
         La muerte del libro decretado por el omnivoraz sistema de comunicaciones electrónicas instantáneo, fue negada por todos los panelistas, pero sin llegar a desconocer la importancia avasallante de la imagen.
         Salvador Garmendia dijo por su parte que entre el lector y el libro hay una comunicación muy íntima y muy personal que hace que el libro sea eterno e indestronable, sobre todo, porque actúa en una zona del ser humano donde solamente la palabra puede hacerlo.  Admitió no obstante, que la imagen es más impactante que la palabra y citó aquella famosa frase según la cual “una imagen vale más que mil palabras”, pero insistió en que el valor de la palabra es tan personal y tan íntimo que ninguna otra forma de comunicación lo puede igualarla.
         Adrián González León, hizo un recuento histórico de la evolución del libro  para concluir en la imposibilidad de su extinción, no obstante reconocer también que la imagen cada día tiene mayor importancia en el aspecto pedagógico educativo y divulgativo que la palabra escrita.
         Manuel Alfredo Rodríguez expresó que toda formulación radical, a la postre, concluye en el justo medio aristotélico y que siendo evidentemente abrumador y desproporcionado el número de habitantes por lector, cabe concluir en que el libro es manantial de donde surge el instrumento formativo básico de las minorías dirigentes. Concluyó diciendo que el libro va a perdurar, pero reducido a una minoría.
         A casi cuatro décadas de ese suceso literario, muy poco visto ahora,  en le Casa de la Cultura Carlos Raúl Villanueva, todavía se continúa reflexionando y opinando sobre el canadiense Marshall Macluhan y los medios digitales que según apuntan algunos críticos, no es propiamente la extinción del libro sino que  degradan la escritura.
El escritor Alberto Chimal coincide en considerar que es falso eso del fin del libro impreso.  Afirma que sólo es una modificación de su posición en la sociedad. Los medios digitales son herramientas que pueden ser benéficas si nosotros las empleamos adecuadamente para lograr nuestros objetivos. Las herramientas digitales son un complemento para la promoción de la lectura, las cuales no acabarán con los archivos escritos, así como no hemos dejado de escribir, hablar, utilizar la memoria; por lo tanto lo que tenemos es una situación donde debemos aplicar las diferentes tecnologías para superarnos.
Por su parte, el escritor Juan Domingo Argüelles, expresa que “desde hace aproximadamente cuatro décadas, cuando McLuhan publicó La galaxia Gutenberg (1962) y firmó apresuradamente el acta de defunción de la cultura escrita, no pasa un año en el que no se anuncie  la inexorable desaparición del libro. Sin embargo, año con año, asistimos no a la verificación de tan apocalíptica profecía, sino más bien a la comprobación de que el libro no sólo no desaparece sino que se revitaliza y, para hacer más absurda la ironía, surgen nuevos sellos editoriales, grandes y pequeños, que, a contracorriente, se entregan, a la heroica o disparatada tarea de publicar títulos.
Si publicar libros no es negocio, entonces es un vicio que tiene una buena cantidad de consumidores que no han permitido que la adicción se extinga.


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