lunes, 17 de junio de 2013

Paquita y Dolores, mellizas prodigiosas


Sabemos que los adelantos de nuestra época contribuyen abrirle caminos de esperanza a los seres invalidados de la voz, el oído y la vista.  Sabemos que  en la actualidad existen escuelas adaptadas a sus necesidades y que se han perfeccionado instrumentos para enseñarles a hablar, leer y comprender. La prueba la tenemos en el caso de ciegos graduados de abogados y otras profesiones en Universidades de Caracas; sin embargo, en provincia adentro la gente común ve como milagro el que ciegos puedan leer y escribir y ser capaces de participar en foros defendiendo una causa. Lo mismo ocurre con respecto a los sordomudos. La gente corriente se sorprende y ve como hecho sobrenatural el que un sordomudo pueda leer la palabra en los labios de sus semejantes y ejecutar algún instrumento musical de difícil manejo para quienes están bien dotados de sus sentidos.
Al transcurrir el tiempo, esta misma gente tendrá que darse cuenta que no es tan imposible el que los ciegos como los sordomudos puedan llevar una vida como cualquier ser normal. La imaginación y la ciencia trabajan constantemente a favor de estos seres físicamente deficientes y cuentan con el valor, la entereza y voluntad de ellos para vencer dificultades.
Paquita y Dolores son ejemplos vivos de lo que puedan lograr los seres prisioneros del silencio y la oscuridad del medio que los rodea. Su caso es más emocionante aún porque se trata de mellizas. Mellizas con ojos de limo y rostros de ángel.
Paquita y Dolores son venezolanas, pero nacidas en Cataluña, provincia de Barcelona, España. En 1969 cuando el profesor José Francisco Miranda las dio a conocer, tenían residencia fija en esta ciudad guayanesa porque aquí se establecieron definitivamente sus padres. Su madre, Franciscana Vila de Moreno, regentaba un abasto en el Paseo Orinoco, mientras que Casimiro Moreno –el padre- trabajaba como supervisor electricista en Matanzas. Había dos hermanos varones más en la familia, uno que estudiaba medicina y otro que ejercía como dibujante proyectista.
Paquita y Dolores –ya lo hemos dicho - son mellizas y a jugar por lo iluminado de sus rostros, viven en un mundo fantástico y etéreo, de donde solo se observan seres y objetos que andan. Estamos lejos de creer que vivan afligidas; por lo contrario, no se percibían perturbaciones psicológicas en ella, al menos, cuando el profesor José Francisco Miranda (Fixi) se las ingeniaba para darles clase de piano.
Nos conmovieron estas jóvenes mellizas con “The Fair”, del compositor Gurllit Cornelius, interpretada al piano a cuatro manos. Este fue el ejercicio de prueba para pasar eximidas al segundo año. Fueron las únicas eximidas en teoría, piano y  el solfeo que practican, a falta de voz,  con un ejercicio rítmico, de medida. Su paso por la escuela de Sordomudos de Caracas, les permitía, mediante una pedagogía especial, asimilar las palabras por la vista según los movimientos de los labios  de su interlocutor. Esto, lo afirmaba el profesor Miranda, había sido básico en sus lecciones de música, tanto como la instrucción primaria que poseían y su sensibilidad para percibir las vibraciones. Se cree que la perciben porque de otra manera no se concibe que ejecuten el piano.
 Su madre, que casualmente se hallaba en la Escuela de Música “Carlos Afanador”, cuando nos interesamos por las mellizas, nos dijo que es normal el aparato vocal de las jóvenes y que podrían hablar si la sordera les hubiera ocurrido después de la niñez, pero les ocurrió a pocos meses de haber nacido, a causa de una intoxicación con estreptomicina.  No hablan porque jamás han oído la voz humana.


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