jueves, 13 de junio de 2013

Dos años Luchando contra la roca


Los obreros upatenses se impusieron una tarea titánica, la de romper a fuerzas de martillo y pólvora las rocas subterráneas que impedían el paso de la red de cloacas.
Más de dos años llevaban ellos en este esfuerzo. Esfuerzo como duro y oneroso hasta el punto de haber quebrado a seis contratistas. El rendimiento normal en el trabajo de abrir las zanjas para colocar las gruesas tuberías, debía ser de 400 metros semanales, pero en Upata el promedio era notablemente inferior.
En las zonas menos obstaculizadas, los obreros abrían cincuenta metros de zanjas por semana.  “Es la tierra más dura que he conocido en mi vida de obrero”, dijo un hombre fornido, vestido de bragas azules, cuyo cuerpo temblaba de píes cabeza a medida que operaba el martillo que impulsado por aire comprimido se iba internando hasta abrir la roca azul que está bajo el suelo de Upata.   Era una tarea donde el martillo de aire se alternaba con la pólvora para hacer saltar los pedazos de roca.
            El ingeniero Jesús M. Gaubeca Sarría, quien dirigía los trabajos, explicaba que se tuvo que sustituir la dinamita por la pólvora en consideración a la frágil estructura de las casas de Upata.
Esta obra de ponerle cloaca a Upata que se había  propuesto el INOS, se hallaba en septiembre del 67 en su tercera etapa. Etapa ésta que costó un millón quinientos mil bolívares y debía entregarse al terminó de catorces meses. “Estará para fines de año” dijo entonces a la prensa  el ingeniero Gaubeca, y a esa altura podrá servir al ochenta por ciento de la población. 
            Upata, sobre el Escudo Guayanés, con más de 26 mil habitantes, tenía más de 200 años de fundada y durante todo ese tiempo, las aguas negras llegaban al Yuruary corriendo por las superficies planas y a veces inclinadas de las calles. En el futuro esto no sucedería, porque a pesar de las inmensas rocas sobre la cual esta levantada la ciudad, habrá vías subterráneas para las aguas sucias que antes y todavía dan un aspecto insalubre y desagradable al olfato y a vista de propios y extraños.
            Ya la villa del Yocoima habia sido favorecida con el agua potable gracias a la construcción de la represa de Capaipucito que en aquellos días el babandí  le sumó fama hasta el punto de que muchos viajeros y turistas traían de vuelta su botellita en cada oportunidad que visitaban a la bendita ciudad de los carreros.
            El agua y la red de aguas servidas había sido una promesa de su hijo nativo el Presidente Raúl Leoni, de manera que en 1969 cuando entregó el mando a su sucesor, Rafael Caldera, ya Upata disfrutaba de ese servicio por el cual venían luchando cívicamente todas las instituciones del pueblo, entre ellas, el Club de Leones que ese día de septiembre de 1967 cuando visitábamos a Upata para reportar los trabajos, se reunía para elegir nueva directiva que quedó integrada por ingeniero forestal Bernabé González Yajure; en calidad de Presidente y Vicepresidentes, ingeniero civil Eloy Yánez Salges.  Otros directivos eran Ángelo Donato Carola, Afit Haddad, Ricardo José Acero; secretario, ingeniero José Zerpa; tesorero, José Enmanuelli Poggy;  domador, Humberto Paulillo;  tuercerrabos, Bonaventura Veneziano, y vocal, José Araujo.
            El  Comité femenino lo integraron Sol Mireya de Yánez, Leita de González Yajure y Nallua de Haddad.
La Asamblea del cubil leonístico de Upata celebraba también el segundo aniversario de su fundación. En esa asamblea se rindió homenaje a los fundadores Ricardo José Acero, Incola Blanco, ingeniero Bernabé González Yajure, Mario la Roca, y Humberto Paulillo.



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