sábado, 9 de febrero de 2013

El Santuario de las Siervas


b1santuarioEl 7 de septiembre de 1946, la feligresía bolivarense celebró con varios actos el cincuentenario de la fundación de la Congregación de las Siervas del Santísimo la cual tuvo lugar en Caracas gracias al octavo arzobispo del Distrito Federal, Monseñor Juan Bautista Castro, quien siendo capellán de la Santa Capilla de Caracas tuvo esa idea.
Veinte años después, específicamente el 18 de noviembre de 1916, siendo Monseñor Sixto Sosa, Obispo de Claudiapolis y administrador Apostólico de Guayana, la Congregación se extendió a Ciudad Bolívar donde fundó su segunda casa.
Todavía en Venezuela la hermandad religiosa no había podido levantar santuario propio, pero encontró terreno y ambiente propicios para que Ciudad Bolívar se hiciera privilegiada en ese sentido.
Un día de Reyes, 6 de enero de 1927, luego de la misa de la mañana, las religiosas, acompañadas de un grupo de señoras, se detuvieron ante las piedras sobrantes de la ampliación de la Catedral y resolvieran ellas mismas cargarlas al solar donde pensaban construir su santuario. La Catedral había sido ampliada en la parte posterior abarcando una capilla que había sido erigida años atrás bajo la advocación de San Antonio. Viene siendo lo que es hoy el altar mayor, Sacristía y el salón de la parte alta donde existe una larga mesa de reuniones. Los trabajos habían sido ejecutados y concluidos en mayo de 1922 por el constructor Antonio Valera Villalobos para la nueva iglesia.
En romería, luego de cada misa de la mañana, estimulados desde el púlpito o el altar por Monseñor Dámaso Cardozo, los feligreses se impusieron la obligación de acompañar a las monjas para sentirse bien con Dios representado en la Eucaristía, de cargar las piedras tres cuadras más abajo hasta depositarlas en el solar por donde luego fueron remodeladas las calles El Rosario y Dalla Costa.
El Santuario quedó concluido no como unidad aislada del entorno urbano, sino insertado y formando esquina dentro de la propia retícula urbanística, con las fachadas, de acceso escalonado, hacia el naciente y unida hacia el poniente con la Casa de la Congregación. De acuerdo con el proyecto levantado por el doctor Pablo H. Carranza, quien fue rector del Colegio Nacional de Guayana, consta de una nave principal con una gran puerta también hacia fuera y que llegó a funcionar como capilla particular de las monjas adoradoras de Cristo.
Bajo el arco toral de la nave principal un céntrico altar en cuya base de hierro permanece visiblemente el cofre que guarda el acta de fundación y en el fondo del Santuario un crucifijo más un retablo traído de Génova y bendecido el 26 de febrero de 1950 por Monseñor Juan José Bernal. En la nave lateral derecha la imagen de la Virgen de la Soledad. Una tercera en el templo es la Virgen María hilando, restaurada y transformada en la imagen de Nuestra Señora del Rosario.
La culminación, apoteósica por la euforia religiosa y homenaje al esfuerzo tanto de la Congregación como de la comunidad, fue el 14 de octubre de 1934 cuando Monseñor Miguel Antonio Mejía, Obispo de la Diócesis, bendijo el santuario que ya había sido concluido y para cuyo acto solemne vino expresamente de Caracas, la madre Magdalena, superiora general de las Siervas del Santísimo Sacramento.
Entonces se repitieron las palabras que Monseñor Mejía había pronunciado en los primeros meses de iniciada la obra; “Este Santuario Eucarístico será un asilo para los perseguidos del dolor y el infortunio... un sol que alumbra los tortuosos senderos de la tierra... manantial de vida levantado en el propio corazón de Guayana...”.

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