miércoles, 8 de mayo de 2013

J.F. Reyes Baena



B1TOPICOS
J.F. Reyes Baena, un bolivarense radicado en Caracas desde su adolescencia, vino al encuentro de la ciudad natal para pronunciar en la Asamblea Legislativa el discurso de orden conmemorativo del aniversario del cambio de nombre de la antigua Angostura.
La invitación se la formuló el diputado Roger González, presidente de la Asamblea Legislativa, por sugerencia del autor de esta columna, tomando en cuenta la trayectoria de este guayanés que después de haber sido director de la revista Oriflama de los estudiantes del Colegio Federal, llegó a ser director de El Nacional uno de los diarios más prestigiosos de América.
Abogado, pedagogo, periodista y autor de una reconocida obra ensayística en la que abordó todos los temas de la realidad nacional, fue director de la Facultad de Humanidades de la UCV y obtuvo el Premio Nacional de Periodismo.
En su discurso ante la Legislatura el 30 de mayo de 1971, Reyes Baena pronunció una frase lapidaria “si sólo sirven nuestras riquezas para incrementar el capital foráneo, sería mejor regresar a la condición de país pobre, pero honrado y sobre todo libre”. Dijo, refiriéndose a Guayana, que el desarrollo no es el auge de la industrialización. No consiste en el montaje de muchas fábricas y talleres, ni en el incremento del kilometraje de autopistas, ni en el aprovechamiento de determinadas fuentes de energía, ni en la producción manufacturada de renglones comerciables, ni en el índice de explosión demográfica. Hay desarrollo cuando se cumple una política destinada a cambiar el modo de producción precapitalista, a procurar una mayor y activa participación del capital nacional, a realizar una dirección por parte del estado, capaz de orientar una planificación de signo inconfundiblemente nacionalista. Y esto es así porque sólo de esta manera podemos asegurar una independencia que garantice la autonomía económica del país en todos los órdenes y en todas las áreas de producción.
José Francisco Reyes Baena nació en Ciudad Bolívar el 31 de octubre de 1909, cuando el Orinoco entonces se hallaba desbordado. Buen presagio para quien de acuerdo con la creencia sería, como un efecto lo fue, un hombre de inteligencia desbordada. Nació para vivir 79 años, pues falleció el primero de julio de 1988.
Estudio secundaria en el Colegio Federal de Guayana y perteneció a la generación de guayaneses que junto a Héctor Guillermo Villalobos, Ricardo Archila, José Miguel Gómez Rangel, Juan Alberto Gambús, Jorge Figarella, Pablo Ruggeri, Hernán Meinhardt y Carlos Tinoco Rodil se distinguieron en el campo intelectual y democrático de la última década de la dictadura Gomecista.
Se alejó de Ciudad Bolívar para ingresar a la Universidad Central de Venezuela en donde cursó el doctorado en ciencias políticas, al mismo tiempo que daba clases en el colegio Andrés Bello. De aquí pasó a fundar en calidad de director el Liceo Fermín Toro donde salió para asumir la dirección del Ministerio de Educación entonces a cargo del director Rafael Vagas. Ese mismo año aceptó la jefatura de provincia del diario “El Nacional” y dos años después se encargó de la dirección del mismo diario al tiempo que cursaba humanidades y educación hasta graduarse en la mención periodismo impreso formado parte de la primera promoción de esa escuela, junto a Aníbal Gómez, Francisco Camacho Barrios, Alarcón Fernández y Horacio Rivas Mijares. En 1957 dejó la dirección del El Nacional para ser equivalencia en algunas materias y graduarse de abogado. En 1958 tras el derrocamiento de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez se incorporó como docente en la Universidad Central de Venezuela llegando a ser decano de la facultad de humanidades.

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