jueves, 28 de junio de 2012

Un peso costaba el Correo


Hace 194 años salió de la calle La Muralla el primer número del “Correo del Orinoco”, el celebérrimo hebdomadario que el Libertador utilizó como arma complementaria de la guerra que libraba contra el absolutismo realista del imperio español para solventar nuestra soberanía.

Era, obviamente, un-periódico muy distinto al de nuestros días. Algo así en su formato como un tabloide a dos columnas anchas y titulares formales que no pasaban de diez y seis puntos. Costaba, mensualmente, un peso pagado por adelantado para los lectores de Angostura, y la gente del interior debía hacer la suscripción por un lapso de tres meses y pagar treinta reales. Había, por supuesto, correo de posta, marítimo o fluvial para el envío.

Los suscriptores de Angostura eran, en este caso, privilegiados, pues recibían el Correo antes de que se diera al pregón, por lo menos así consta en un aviso de la última página del primer número.

Las suscripciones se hacían en la casa de la Capitanía de Puerto y los comerciantes y personas interesadas en publicar avisos en el “Correo del Orinoco”, debían remitirlos a más tardar la víspera de la publicación, es decir, el viernes, puesto que salía los días sábados. La imprenta operada por Andrés Roderick, tenía su oficina de recepción de avisos en la casa del alcalde provincial, José Luis Cornieles, inmediata al parque de Artillería, donde también se editaba el periódico.

El primer comerciante en publicar un aviso en el “Correo del Orinoco” fue el ciudadano Falconer, un sillero que tenía su taller en el sótano de la casa del almirantazgo, El aviso decía textualmente: “El ciudadano Falconer, sillero, que vive bajo el almirantazgo, desea encontrar para comprar una cantidad de Serda. Se pagará a buen precio la de buena calidad. Angostura. junio 27 de 1818”.

Además de la “Washington Press”, donde se editaba el “Correo del Orinoco”, el Libertador tenía en proyecto establecer otras imprentas y con tal fin determinó que se instruyeran jóvenes que supieran leer y escribir correctamente, en los talleres del Correo. Los tres primeros jóvenes que aprendieron el arte de la imprenta en Angostura fueron Tomás Taverner, Juan José Pérez y José Santos.

Una segunda imprenta fue comprada en Filadelfia por el Gobierno Supremo, y llegó a Angostura en enero de 1821, pero el Gobierno ordenó a Roderick trasladarse con ella a Cúcuta. Sin embargo, esta prensa no llegó a su destino sino que se quedó en Maracaibo y allí Roderick editó el “Correo del Zulia”.

Cuando Roderick marchaba a Cúcuta dejó la impresión del “Correo del Orinoco” a Tomás Bradshaw quien trasladó los talleres a la casa donde se reunió el Congreso de Angostura (enero de 1821). Por cierto que Roderick, antes de marcharse, publicó en la edición 92 del “Correo del Orinoco”, un aviso suplicando a sus deudores “le sirvan liquidar y satisfacerle sus cuentas, esperando que aquellos cuyas suscripciones, aun no concluidas, acudan a su casa a recibir el sobrante”.

El nuevo impresor Bradshaw además de cambiar el taller, cambió los precios del periódico tratando de alcanzar al mayor número de lectores. Pretendía “una circulación más general, haciendo llegar a manos de muchos ciudadanos que, aunque interesados en su lectura, no se hallan en posibilidad de satisfacer precios muy subidos, ha determinado reducirlos, de este modo. Los suscriptores pagarán al año seis pesos, entregando la mitad en el acto de la suscripción. Los números sueltos se venderán a real y medio. Los avisos, invitaciones, se imprimirán con equidad, elegancia y la prontitud que se exija, pues la imprenta va a recibir nuevos aumentos y mejoras”.

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