lunes, 25 de junio de 2012

Primer vicario apostólico de Caroní


 
El primero de julio de 1924, el primer vicario apostólico del Caroní tras la restauración de las Misiones, monseñor Diego Alonso Nistal (en la foto), hizo su entrada en Upata, sede oficial, e inmediatamente emprendió gira por todo el territorio misional, acompañado del padre Crisóstomo de Bustamante, Superior Regular, y fray Darío Renedo.

En 1925 fundó el primer centro misional en Araguaimujo, el cual puso a cargo del padre Santo de Abelgas llamado “apóstol de los guaraunos” y así fue acentuando su labor tanto en el Delta como en el Caroní. De igual manera, con ayuda del Ministerio de Relaciones Interiores, desalojó a los misioneros protestantes de la Guayana Inglesa que habían invadido pacíficamente una franja de terreno venezolano de 22 mil kilómetros cuadrados, desde el paralelo 6, a partir de las cabeceras del Aponwao en Lema, siguiendo su curso, y el del Akaruai hasta llegar a la frontera con Brasil hacia el nacimiento de Ikabarú.

También en el cerro Akurimá habían establecido un poblado con escuela y capilla los misioneros adventistas y aquí, precisamente, después de haber sido desalojados por los comisionados de fronteras general Montes de Oca y Lucas Fernández Peña, los misioneros Nicolás de Cármenes y Maximino de Castrillo con el hermano fray Gabino de San Román fundaron la Misión de Santa Elena de Uairén, originalmente con el nombre de San Francisco de Akurimá, por instrucción de monseñor Nistal y el padre Ceferino de Aldea, quien era el Superior Regular; esto a partir del 2 de febrero de 1931 cuando fue tomada en reunión de consejeros y consultores, la decisión de comenzar a fundar centros misionales en la altiplanicie.

En 1938, monseñor Nistal debió viajar a Caracas procurando tratamiento para un mal que lo aquejaba, pero murió tras una operación por obstrucción intestinal el 23 de mayo de ese año. Fue sepultado en la iglesia Las Mercedes de los padres Capuchinos de Caracas, en la que había sido consagrado obispo el primero de mayo de 1924. El padre Ceferino de La Aldea pasó a ser entonces vicario apostólico del Caroní con su legítimo nombre de Constantino Gómez Villa, tío de monseñor Samuel Gómez Pinto, quien llegó a ser vicario de la arquidiócesis de Ciudad Bolívar.

La restauración de las Misiones de Caroní venía andando desde 1918 que el gobierno de Juan Vicente Gómez, acogió una propuesta de los Capuchinos y dos miembros de esa orden, Arcángel de Valdavida y Bienvenido Crucero (monseñor Diego Alonso Nistal). Estos sacerdotes recorrieron las antiguas instalaciones de las Misiones en Guayana y el Delta del Orinoco para a partir de sus observaciones materializar un convenio, el cual y previa autorización del Congreso Nacional, fue suscrito el 21 de febrero de 1922, entre Fray Félix de Vegamián, superior de la orden de capuchinos en Venezuela y el Ministerio de Relaciones Interiores. La firma de este convenio dio lugar a la erección canónica del Vicariato Apostólico del Caroní el 4 de marzo de ese mismo año 1922, por el Papa Pío XI, con la finalidad prioritaria de evangelizar a los indígenas.

En Guayana se le asignó a los capuchinos un territorio desde la Gran Sabana hasta el Delta pasando por las parroquias de Upata, El Palmar, Guasipati, Tumeremo, El Callao y San Félix, pero el 30 de julio de 1954 fue creado el Vicariato Apostólico de Tucupita, por lo que las Misiones del Caroní, quedaron reducidas a 88 mil kilómetros cuadrados de la hoya hidrográfica Caroní-Paragua, con una población de 20 mil habitantes aproximadamente, distribuida en grupos de la familia pemón (arekuna, kamaracoto, taurepan) y caribes, todos emparentados.

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