viernes, 8 de junio de 2012

Los pozos artesianos

El 20 de abril de 1929, se establece en Ciudad Bolívar el señor Jamil E. Welch, perforador profesional de pozos artesianos. El especialista en este tipo de pozos se aloja en el Hotel D’Anello y allí informa a los interesados sobre esta antigua técnica de encontrar agua perforando la tierra hasta un punto, generalmente a gran profundidad, en el que la presión del agua es grande. A menudo esto supone que al pinchar el acuífero el agua sale por presión hasta la superficie, en cuyo caso se habla de pozo artesiano surgente. El nombre deriva de la región francesa de Artois donde, en 1126, fue perforado el pozo más antiguo de Europa. En general, la elevada presión del agua en el pozo artesiano proviene del hecho de que se trate de un acuífero inclinado o confinado entre capas impermeables.

Los pozos artesianos se hicieron populares en la ciudad donde el nivel freático del agua no estaba muy profundo debido a la cercanía del Orinoco y los morichales, claro en aquellas zonas de la formación mesa. En Ciudad Bolívar ya había acueducto pero sólo para la ciudad. Los pozos artesianos eran para las zonas rurales donde se surtían a través de aljibes, Jagüeyes y manantiales como los acuíferos de Ojo de Agua y “Las Tinas” (en la foto) cerca del Liceo Peñalver que favorecía a los habitantes tanto del Casco Histórico como de Los Morichales hasta la mitad del siglo pasado.

El Bachiller Ernesto Sifontes, observador hidrográfico del Orinoco, llegó a decir que el primer acueducto que tuvo Ciudad Bolívar no fue el ejecutado e inaugurado en 1883 por el presidente del estado, J. M. Bermúdez Grau, sino “Las Tinas”, un manantial acondicionado por Juan Bautista Dalla Costa a donde iba la gene a surtirse de agua para sus tinajeros.

Hubo un tiempo, quizás antes de 1945 cuando el acueducto de Ciudad Bolívar fue modernizado, que los guayaneses muy escasamente distinguían entre un pozo artesiano, un aljibe, el jagüey y el manantial. El término jagüey, tal vez, por nuestra cercanía con el llano, estuvo generalizado. Uno de los poemas o romances de Héctor Guillermo Villalobos está dedicado al jagüey.

El aljibe, de acuerdo con la enseñanza hispana, tendría que ser un depósito destinado a guardar agua potable, procedente de la lluvia recogida de los tejados de las casas, vale decir, un estanque subterráneo o superficial. Sin embargo, aljibe en Guayana siempre se ha entendido como un pozo artesiano, muchas veces construido y revestidas sus paredes internas circulares con ladrillos.

En el llano y otros lugares de Venezuela, el jagüey se entiende de otra forma. Para el llanero es el depósito de agua de lluvia que ha quedado rezagado en el cauce de la quebrada seca durante el verano. Por lo general, un jagüey se forma donde estratos de rocas afloran a la superficie y el agua subterránea es obligada a subir en forma de manantial. Alrededor de ellos el bosque es más verde por la presencia del agua y se distingue muy bien desde el aire. En sus cercanías crecen los higuerones.

El manantial es una fuente natural de agua que brota de la tierra. Se origina en la filtración de agua de lluvia, que penetra en un área y emerge en otra de menor altitud, donde el agua no está confinada en un conducto impermeable.

Los pozos artesianos por su parte son manantiales artificiales, provocados por el hombre mediante una perforación a gran profundidad y en la que la presión del agua es tal que la hace emerger en la superficie.


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