jueves, 7 de junio de 2012

Lord Byron en Angostura

La poesía romántica de Lord Byron llegó a la Angostura del Orinoco con los intelectuales de la Legión Inglesa. No sabemos si Bolívar cuando estuvo en Londres con Andrés Bello y Luis López Méndez, conoció a Byron que ya había publicado “Horas de ocio”, pero lo cierto es que el poeta inglés manifestó tanta admiración por el Libertador que a su barco, cuando estuvo en Grecia al lado de los patriotas luchando contra los turcos, le puso el nombre de Bolívar y a bordo del mismo murió de fiebre antes de combatir.

Los legionarios llegaron a Angostura en 1818 a luchar a favor de la Independencia cuando Lord Byron se hallaba en el ostracismo y había fijado a Venecia como residencia.

La prensa bolivarense de marzo de 1938, exaltó la figura del poeta y escritor inglés como el más versátil y principal del romanticismo de su país. La prensa presentó al poeta inglés como el “amante perfecto” que mascaba tabaco como cualquier pescador guayanés, y bebía vino en cráneos humanos desecados y pulidos. Amó a las mujeres por docenas, incluyendo a su media hermana. El escándalo que significó tal amor incestuoso, sorprendió a toda Europa y arruinó su vida teniendo que exiliarse. Lo persiguió el fantasma de su paisano Shelley, poeta que naufragó y encontró flotando en la orilla del mar Tirreno. Entonces hizo una pira con sus propias manos e incineró su cuerpo inerte con un libro de Sófocles en el bolsillo de su saco. Byron, antes de su muerte, se trasladó a Missolonghi para unirse a la causa independentista de Grecia, donde murió a bordo de un barco que compró y bautizó con el nombre de Bolívar, a quien admiraba y sabía de él a través de los legionarios ingleses que luchaban por la Independencia de América.

Algunas horas antes de la muerte de Byron había llegado de Inglaterra un paquete de cartas cargada de elogios y de los testimonios de los diputados griegos que habían ido a Londres para un empréstito.

“Es la Providencia -dijo uno de los griegos- la que ha enviado a este hombre en nuestro auxilio.

Un prominente ciudadano inglés le escribía en una de esas cartas: “Tu nombre y tu carácter van a estar muy por encima del de tus contemporáneos... Puedo asegurarte que el mundo entero piensa como yo... Tu actual campaña es ciertamente la más gloriosa que un hombre haya emprendido nunca. Campbell me decía ayer que él envidiaba lo que tú haces ahora (y puedes creerlo, pues es un hombre muy envidioso), mucho más que todos tus laureles, por hermosos que éstos sean”.

Inglaterra lo había perdonado. Pero ya lord Byron agonizaba y las cartas quedaron junto a la cama, sin abrirse.

Por la tarde, el gobierno griego publicó una proclama. Al día siguiente, al amanecer, debían ser disparados treinta y siete cañonazos con la gran batería: Este número correspondía a los años del poeta difunto. Los griegos hubieran querido hacer en el Partenón o en el templo de Teseo una tumba para Byron. El doctor Millingen afirmaba que el moribundo le había recomendado que dejaran pudrir sus huesos en algún rincón de tierra griega. Al final se decidió que el cuerpo sería embalsamado y enviado a Inglaterra para su inhumación. Cuatro médicos que habían cuidado a Byron se reunieron en torno a su lecho, y antes de comenzar 1a, autopsia, admiraron un instante la extraordinaria belleza de aquel cuerpo Los cabellos naturalmente rizados, eran grises y el rostro conservaba una expresión sarcástica, revela Andrés Maurois en su biografía

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