sábado, 16 de junio de 2012

Obispo Miguel Antonio Mejía


El 7 de agosto de 1923 llegó a Ciudad Bolívar la noticia según la cual, el prelado trujillano Miguel Antonio Mejía fue designado, Obispo de la Diócesis de Guayana para llenar la vacante dejada por la transferencia de Monseñor Sixto Sosa a la diócesis de Cumaná. El Congreso Nacional se apresuró a llenar la vacante el 9 de junio de 1923 designando al prelado trujillano, preconizado por su santidad el Papa Pío XI, diez días después.

La Consagración de Monseñor Mejía, en la Catedral de Caracas, 21 de octubre del mismo año, estuvo a cargo de Monseñor Felipe Cortesi, quien antes, 17 de diciembre de 1922, se erigió en el Primer Nuncio Apostólico que visitó a Ciudad Bolívar.

La designación de Monseñor Mejía como Obispo de Guayana, se produjo coincidentemente con la vigencia de la nueva ley de División Territorial Eclesiástica decretada por el Congreso de la República y la cual disponía que “En los Estados Unidos de Venezuela habrá dos Arquidiócesis, la de Caracas y la de Mérida; y ocho Diócesis, la de Ciudad Bolívar, Calabozo, Barquisimeto, Zulia, Cumaná, Coro, Valencia y San Cristóbal”.

La Diócesis de Ciudad Bolívar abarcaba los territorios de los estados Bolívar (sede), Anzoátegui, Monagas y el Territorio Federal Amazonas, excepto la parte comprendida en el Vicariato de la Misión del Caroní.

La nueva ley permitía con la creación del Vicariato Apostólico del Caroní, restablecer después de un siglo, las Misiones Capuchinas Catalanas. Se destinó Upata como sede que en junio de 1924 ocupó con toda la ceremonia de ley, el reverendo Fray Diego Alonso Nistal, Obispo in Partíbus de Dorilea.

Luego de su consagración en Caracas, Monseñor Miguel Antonio Mejía envió a Guayana su primera Carta Pastoral dirigida al clero y a los fieles. Designó al deán Adrián María Gómez, Vicario General y Procurador para que en su nombre se posesionara de la Diócesis. Tres meses después llegó a Ciudad Bolívar acompañado de sus paisanos presbíteros doctor Dámaso Cardoso y Rafael María Villasmil. Al primero lo nombró Cura del Sagrario de la Catedral y el segundo Cura párroco de la Iglesia de Santa Ana, la segunda iglesia de la ciudad que funcionaba en una casa de la calle Amazonas adaptada a los requerimientos religiosos que había sido donada  para tal fin por la señora Ana María Méndez de Pulido, según documento público del 31 de enero de 1856. Vino a ser la segunda iglesia de la ciudad y fue bendecida por el Obispo doctor José Manuel Arroyo y Niño.

Luego de un solemne recibimiento tributado por el Capítulo de la Catedral, Gobierno del Estado, Clero, agrupaciones religiosas y feligresía en general, oficia su primera misa pontificia en la sede de esta Diócesis que con la nueva ley había sido desmembrada de Sucre y Nueva Esparta, para la creación de la Diócesis de Cumaná como de la parte oriental del Caroní donde se restablecían las misiones.

Las cuantía clerical resultaba desalentadora para el flamante  gobierno episcopal, pues apenas había tres sacerdotes administrando 27 parroquias, así: 12 el párroco de Pariaguán; 8 el párroco de Barcelona y 7 el de Cantaura. Vacantes estaban las siete parroquias de los distritos Sucre y Cedeño del Estado Bolívar, y las 3 del Distrito Sotillo de Monagas.

Para Monseñor Mejía era muy importante que la iglesia contara con un medio de divulgación donde había una veintena de periódicos y revistas. De manera que instruyó a Dámaso Cardozo y Rafael María Villasmil para poner a circular un periódico. Tal el semanario, “La Gaceta Eclesiástica” que cubrió impecablemente todo su mandato diocesano. (AF)

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