miércoles, 13 de junio de 2012

Malvina Rosales, mujer de temple

El primero de septiembre de 1945, Malvina Rosales Granarolli, celebró y fue muy felicitada por cumplir 25 años de trabajo sin interrupción en la sucursal del Banco de Venezuela, al cabo de los cuales se jubiló para darle la vuelta a Europa en un automóvil Renault de 4 caballos, comprado en Caracas y puesto en el puerto de Lisboa donde inició su periplo.

Esta mujer que vivió 90 años, que se costeó los estudios cargando piedras en carapacho de tortuga para empedrar las calles de la ciudad, fue la primera bolivarense que trabajó en una empresa comercial, la “Dick Balatá Ltd” que tenía en Ciudad Bolívar su centro de operaciones dirigidas a la explotación del balatá del Alto Orinoco, la sarrapia del Alto Caura y el oro de El Callao.

Pero desajustes económicos que le sobrevinieron a la empresa en 1920, decretaron su quiebra, y para Malvina Rosales, mujer de temple y decidida, no fue difícil entonces encontrar colocación en el Banco de Venezuela, donde llegó a ser subgerente con título de auditor que para aquellos tiempos significaba tanto como ser hoy un experto administrador de finanzas. Con ese segundo cargo, Malvina terminaba de abrir la brecha para que la mujer guayanesa comenzara a vislumbrar un porvenir mejor dentro del campo de trabajo del hombre.

En 1945, después de haber trabajado nueve años en la empresa del balatá y 25 en el banco, se acoge a la jubilación para viajar a Europa y restaurar su salud que estaba resentida debido a un accidente, pero el temor de morir en soledad la hizo desistir de una operación quirúrgica. Fue entonces cuando decidió darle la vuelta al viejo continente en cuatro meses en su Renault de 3.500 bolívares.

Sin otorgarle mucha importancia a la afección pulmonar que la aquejaba, retornó a Guayana para reincorporarse de nuevo al trabajo, esta vez, como comisario del Automóvil Guayanés, jefe de Relaciones Públicas de La Electricidad, del Núcleo Bolívar de la UDO y Samaritana del bien ajeno. Fundó el Club Social Deportivo La Cancha, en la Avenida Táchira junto con las pioneras del tenis en Ciudad Bolívar Carmen Monserratte, Sarita Monserratte, Narcisa Grillet, María Carranza, Luisa Carranza, Pepita Rosales, Teresa Echeverría, Graciela Ortiz, Pepita Ortiz, Rosa Elena Jara, Clara Luisa Carvajal, Clemencia Echeverría, Mercedes Grillet, Anita Ramírez, María Rendón, Amalia Villegas, Luisa Rendón y las señoras de Antonosi y de Herrera. Desde 1923, venía trabajando a favor de ese centro que primero se llamó “Unión Tennis de Ciudad Bolívar”.

Cuando Malvina cumplió los 90 años, el escritor Rafael Pineda le escribió una larga prosa poética: “Buen día”, “Buenas tardes” / “How do your, Sir” “Well, I am very fine” / emparejada al sol o a las estrellas / Malvina ha dicho todo, la gran Malva / De las mujeres de Ciudad Bolívar / fui la primea que no tuvo miedo / de irse a trabajar, brazo con brazo / al mundo de la calle, con los hombres / “How do you do” la calle del progreso / oficinas, negocios, escritorios /  “How do you do, my friend” ¿yo? Muy bien, gracias / ¿Y tu asombro, qué nos dices, qué cuentas? / Tu altar de ojos, seguro que me espía / en las ventanas cada vez que paso /  Yo lo comprendo, tú, de tantas máscaras / nunca saliste al sol sino a las ruinas / No sabes que es un arte que principia / donde la flor se cierra en la carcoma / y tanto es personal porque te alumbra  / el valor de ti mismo y la conciencia…

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