martes, 24 de abril de 2012

Medina ante estragos del Orinoco

El 11 de agosto de 1943, el Orinoco pasó sobre los malecones y tapó todos los bancos del Paseo Falcón. La casa mercantil de “Palazzi Hermanos” no dejó por ello de operar para lo cual llevaba su clientela embarcada desde el Resguardo si previamente lo llamaban por el teléfono 352.

El Bachiller Ernesto Sifontes, observador hidrográfico del Orinoco, relata en una de sus crónicas que el Banco de Venezuela debió mudarse a la casa residencia de la señorita Malvina Rosales. Las oficinas de Obras Públicas fueron mudadas frente a Afanador y la Compañía Venezolana de Navegación frente a la casa del maestro Narciso Fragachán. Los damnificados que habían sido alojados en los bajos del Hotel Bolívar (el antiguo) fueron evacuados nuevamente. La bomba de la desecación y las bocas de las cloacas quedaron sepultadas por la inundación y el Resguardo servía de atracadero a las curiaras. Las aguas de la Laguna llegaban a la Bodega Titán y las aceras de la Plaza Abanico (Plaza Farreras). A varios árboles corpulentos de la Laguna sólo se le veían la copa. Las culebras, roedores y sanguijuelas eran sorprendidos en las orillas por muchachos que los acosaban y mataban. La calle Venezuela se veía inundada desde la Ciudad Perdida hasta el Oriente tres metros bajo el agua.

A partir de esta fecha no hubo más crónicas de Sifontes sobre la crecida y estragos del Orinoco, porque el diario El Luchador donde las publicaba dejó de circular desde el jueves 12 de agosto cuando sus talleres quedaron inundados hasta el 4 de septiembre cuando comenzaron a descender las aguas y pudo reanudar sus labores periodísticas.

La crecida del Orinoco en agosto de 1943 fue tan terrible y causó tanta alarma y consternación nacional que el presidente de la República, Isaías Medina Angarita (en la foto en medio de la multitud), quien acababa de regresar de una gira de buena voluntad por los países bolivarianos, se vio obligado a venir para cerciorarse personalmente de la magnitud de los daños.

Por supuesto que la famosa crecida del 43 no sólo afectó a Ciudad Bolívar, sino a todos los poblados que a ambas márgenes se extienden desde Río Negro hasta el Atlántico.

Era gobernador -entonces se decía Presidente del Estado- el doctor José Nicomedes Rivas y Tinoco Rodil ejercía la Secretaría General de gobierno. La junta designada por el ejecutivo regional para ejecutar las obras de defensa y solicitar los recursos económicos para atender a los damnificados, estuvo presidida por el obispo de la Diócesis de Guayana, Monseñor Miguel Antonio Mejía y la integraban los doctores Rogelio Decán, Luis Adrianza, J. R. Méndez, Bachiller Ernesto Sifontes y los empresarios Virgilio Casalta, Carlos Boccardo y Antonio Levanti. Esta junta despachaba en la oficina de José Luis Aristeguieta del establecimiento “Garage Contreras”. El Orinoco comenzó a penetrar en la ciudad el 26 de julio y para la fecha ya había lance de sapoaras, las que se vendían a dos bolívares la grande y 1,50 la pequeña.

El desbordamiento del Orinoco hasta convertir a Ciudad Bolívar prácticamente en una isla, trascendió fuera de Venezuela y tocó sensiblemente la fibra humanitaria de la ciudad de México que entonces tenía una fuerte relación con Venezuela. En el Cinema Palacio de la capital mexicana pasaron entonces la película “Doña Bárbara” protagonizada por María Félix a beneficio de los damnificados del Orinoco y cantaron antes de la exhibición de la película Alfonso Ortiz Tirado y Pedro Vargas. Agustín Lara no asistió por hallarse enfermo, según carta de César Gómez Machado publicada en los rotativos caraqueños.


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