martes, 10 de abril de 2012

El Obelisco de Ciudad Bolívar

Tras la muerte de Juan Vicente Gómez el 17 de diciembre de 1935, las manifestaciones contra todo lo hecho por los gobernadores de turno en el estado Bolívar, para exaltar la persona del dictador, fueron agresivas; y es así como, un grupo de citadinos encabezado por Alida y Trina Gambús, Hortensia y Armida Suegart, Miguel María Escalante y Carlos Kleyser, echaron abajo la alegórica triada escultural de bronce incrustada en una de las caras inferiores del Obelisco, la cual se apoyaba en el lema Venezuela, Paz y Trabajo.  Dos años antes de la muerte del dictador, manos ocultas habían modificado el lema sustituyendo la “Z” por el monosílabo “SA” con lo cual resultó la frase Venezuela pasa trabajo.

El Obelisco fue erigido como un monumento a la Federación para conmemorar el 27 de abril de 1870, fecha en la que el general Antonio Guzmán Blanco inició la recuperación del poder arrebatado por la Revolución de los Azules al líder de la Guerra Federal Juan Crisóstomo Falcón. Fue decretado el 23 de mayo de 1873 por el presidente de la Provincia de Guayana general José Gabriel Ochoa e inaugurado el 27 de abril de 1874, coronado con un busto del Ilustre Americano que posteriormente, el 28 de octubre de 1889, fue eliminado por decreto de la Asamblea Legislativa, que en ese entonces presidía el diputado Doroteo de Armas. Fue el año en que Guzmán Blanco cayó en desgracia y sus estatuas erigidas en vida fueron derribadas.

Durante el gobierno del general Marcelino Torres García el Obelisco fue incorporado a la llamada Plaza de la Rehabilitación, levantada en diciembre de 1916 y mediante un concurso ganado por el artista guayanés Juan de Dios Baldivián, se le incorporó la triada escultórica de bronce, sacada de cuajo por la muchedumbre el día del fallecimiento del hombre que sojuzgó al país por espacio de tres decenios.

El Obelisco, libre de bustos y alegoría, quedó de todas maneras de pie con su estructura de ladrillo y mezcla mulata, como monumento a la guerra Federal en la que por cierto, Guayana no tomó parte, pero allí estaba y quedó la estructura que los bolivarenses siempre respetaron y que jamás toleraron ningún agregado, menos cuando esos aditamentos se decretaban cómodamente para exaltar la megalomanía de ciertos gobernantes.

En 1961, siendo gobernador del Estado el ingeniero Leopoldo Sucre Figarella y a propósito del centenario de la capital monaguense, se le quiso rendir homenaje a la ciudad de Maturín donde Piar, Libertador de Guayana, ganó tres batallas consecutivas durante la Guerra de Emancipación, y se aprovechó el Obelisco desolado para centrarlo en una plaza, la Plaza Ciudad de Maturín. Para cuya inauguración vino el gobernador de ese estado, así como los miembros del Concejo Municipal de esa entidad federal.

Luego de una sesión solemne de la Municipalidad, presidida por el concejal Luis Felipe Pérez Flores, las autoridades monaguenses fueron declarados Huéspedes de Honor; firmaron el Libro de Oro de la ciudad y, finalmente, se trasladaron a la plaza para cumplir el programa inaugural, donde intervinieron el profesor José Francisco Miranda, el vicepresidente del Concejo Municipal de Maturín, doctor Juan Carlos Millán y el bachiller Luis Felipe Pérez Flores, quien resaltó la  importancia del acto y los valores históricos de la ciudad cumpleañera fundada el 7 de diciembre de 1760 por el fraile Capuchino Lucas de Zaragoza, como pueblo de misión de indígenas Guaraunos.

La Plaza Maturín fue dotada de jardín y un espejo de agua, pero su atractivo principal es el Obelisco en la Avenida 5 de Julio, frente al Liceo Fernando Peñalver.

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