sábado, 21 de abril de 2012

Elección de Isaías Medina Angarita

El 6 de marzo de 1941, el Concejo Municipal de Heres, bajo la presidencia del doctor Adán Blanco Ledesma, proclamó la candidatura de Isaías Medina Angarita (en la foto con su esposa Irma Felizola y la primogénita), para Presidente de la República durante el período 1941-1946, con el respaldo de centenares de firmas presentadas por la Sociedad Cooperativa de Artesanos y el Gremio de Conductores.

Ya Medina, que incluso había estado en Ciudad Bolívar, se había separado del cargo de ministro de Guerra y Marina para emprender el camino hacia la Presidencia de la República, aceptando su postulación como candidato en un manifiesto dirigido al pueblo venezolano ese mismo mes de marzo de 1941. Previamente, el 6 de febrero, un grupo de independientes había lanzado la candidatura del escritor Rómulo Gallegos, a quien apoyaban también los principales miembros del clandestino Partido Democrático Nacional. A pesar de que la elección del presidente no era directa en aquella época, hubo una campaña electoral movida, con mítines, discursos, manifiestos apoyando o criticando a los 2 principales candidatos, e incluso afiches con propaganda electoral en las paredes de la capital.

El 28 de abril, el Congreso Nacional se instaló con ese propósito, efectuó la votación y resultó el postulado Medina Angarita, favorecido con 120 votos. 13 correspondieron al maestro Rómulo Gallegos; 2 al doctor Diógenes Escalante; 1 al doctor José Izaguirre y 1 al doctor Luis Jerónimo Pietri. El Congreso estaba integrado por 40 senadores y 127 diputados. Medina fue juramentado el 5 de mayo.

Nacido en San Cristóbal del Táchira, había ingresado a la edad de 15 años en Escuela Militar y cubrió todos los escalones de la carrera de las armas hasta llegar a ser General y Ministro de Guerra y Marina durante el gobierno de su paisano el general Eleazar López Contreras.

Al igual que lo hizo su antecesor, subió de ese Ministerio a la Presidencia de la República favorecido por la influencia del gobierno y del sistema electoral que continuaba siendo parlamentario. Medina llegó a la presidencia arrastrando una leyenda negra acerca de sus simpatías por el fascismo y de su inclinación por Benito Mussolini, que lo acompañó durante los años en que había sido ministro de Guerra y Marina. Según crónicas del periodista Miguel Otero Silva, durante ese período lo hicieron responsable de todos los actos del gobierno que se consideraran antidemocráticos, como el destierro de un dirigente de la oposición o la clausura de un periódico. En cambio, si López Contreras tomaba una medida de índole democrática, se decía que lo hacía a pesar de Medina. Debido a estos antecedentes, existía el temor de que la elección de Medina como presidente significara un retroceso en la evolución política desde la muerte de Juan Vicente Gómez en diciembre de 1935.

Contrariamente a lo esperado por sus detractores, Medina estableció una amplia apertura democrática, permitiendo la confrontación de distintas ideologías y la expresión de criterios diversos en torno a los problemas del país. Fue un hombre de grandes convicciones, sencillo y plural; su temple de estadista propició la dinámica necesaria para convertir a Venezuela en una república moderna. Lamentablemente, un golpe militar interrumpió su mandato alegando que el sistema electoral que lo llevó al poder adolecía de vicios y debía ser sustituido por otro más universal, directo y secreto. El oficialismo sostenía que a ese sistema directamente democrático podía llegarse gradualmente y a medida que el pueblo se fuese preparando para poder asimilar, sin indigestarse, el plato suculento que significan las libertades democráticas después de un período tan largo de dictaduras

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