martes, 17 de abril de 2012

El Río de las siete estrellas


El 7 de noviembre de 1927, a las ocho de la noche ancló en la  rada del puerto de Angostura el vapor “Delta” trayendo en su bordo al poeta Andrés Eloy Blanco, quien fue recibido por una multitud congregada en el Paseo Falcón, encabezada por su paisano el presidente del Estado, Silverio González; el secretario de Gobierno, Antonio María Delgado y el presidente del Centro Guayana Lírica, J. M. Agosto Méndez.

El poeta fue alojado en el Hotel Cyrnos en medio del alborozo popular y una intensa cohetería iniciada desde que a lo lejos se divisaron las luces del barco de la Venezolana de Navegación.  Al día siguiente visitó el Liceo Andrés Bello y por la noche abrieron las puertas del Teatro Bolívar para la velada artística literaria organizada por el Centro Guayana Lírica, que comenzó con la Obertura de la Caballería Rustican, de T. Mascagni, ejecutada por jóvenes músicos de la ciudad. Luego el poeta Andrés Eloy Blanco habló sobre “El mar de la guayanesa” cerrándose la primera parte con la lectura del fragmento del drama “La mujer de la trenza morada”.

La orquesta típica interpretó en el intermedio el vals Brunilda, luego en la segunda parte, un trío de violín, flauta y piano ejecutó la Serenata de Tite seguida de la escenificación del poema de AEB “El Huerto de la Epopeya” en la que actuaron las señoritas María Dolores Guevara (Francia), Teotiste Monserrate (Venezuela), Isabelita Aristeguieta (Colombia), Trina Monserrate (Ecuador), María Luisa Carvajal (Perú), Elena Vautrai (Bolivia), María Liccioni (Dama de la Cruz Roja) y la niña Linda Aristeguieta (Heraldo).

Poemas dedicados a Andrés Eloy Blanco por los bardos guayaneses Adán Blanco Ledesma, en la voz de la señorita Hortensia Flores; Pedro Cova Fernández, en la voz de la señorita Teotiste Monserrate; F. Guevara Núñez, en la voz de Matilde Ruiz.

El doctor J. M. Agosto Méndez, a nombre del Centro Guayana Lírica bajo su presidencia, impuso una medalla de oro al distinguido visitante al tiempo que la orquesta irrumpía con “Galopp” en do mayor, de R. Maitra, para concluir la velada con “El Río de las Siete Estrellas” (Canto al Orinoco) en la voz de su propio autor.

El poeta que recién había cumplido los 31 años inició su canto al río padre con una invocación al dios de las Aguas antes de emprender el viaje desde la gota de agua. Porque para el poeta el Orinoco “es una gota, apenas, como el ojo de un pájaro” que mira desde la torre más alta de esa Catedral que es la sierra del sur.

El domingo 13, tras una semana en tierra de Angostura, el poeta abordó de nuevo el “Delta”, el cual hizo escala en Puerto España, donde conoció a Aimée Battistini y le dedicó este poema: “Afortunado nombre entre los nombres bellos / nombre como una estrella prendida en los cabellos / Nombre que tu belleza ciñe como un laurel / nombre para que todos te amen un poco en él / Si no hubiera anidado ya en tu cabeza el cuervo / quizás fuera ese nombre una hija de Nervo / Si hubiera sido de oro de otro siglo sería / ventura de una noche y un día / con un galán nervioso que espera tu llegada / para decirte apenas: -Cuánto tardaste amada / nombre que es la promesa del amor esperado / que espero hasta la muerte mariana alcanforada / nombre que ha de ser gloria en los besos del hombre / que ha de llamarte amada por algo más

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