martes, 3 de junio de 2014

Y Gallegos creó Canaima.

Rómulo Gallegos
El Presidente de la República Jaime Lusinchi bautizó el 27 de marzo de 1985 con agua del Orinoco el libro “Y Gallegos creó Canaima”, de Manuel Alfredo Rodríguez y Thea Segall
         La obra es un seguimiento de la andanza de gallegos en 1931 cuando visitó esta región con el propósito de acopiar materiales para escribir una novela sobre la selva. Fue editada por la CVG y al acto de bautizo y presentación del libro asistieron los hermanos Alexis y Sonia, hijos del maestro de la novelística venezolana.
         Sirvió de marco al acto una exposición gráfica y de impresos relativa a la vida del escritor, facilitada por el cronista de la Ciudad Guayana, Leopoldo Villalobos.
         Canaima fue escrita por Gallegos en España durante su primer exilio en la época de Gómez. Este libro preparado por Manuel Alfredo Rodríguez con fotografías de Thea Segall y la colaboración de gente importante de Guayana como Eduardo Jahn Montauban, fundamentalmente, en el cotejo de los apuntes tal como lo consignó Gallegos en un memorando que conservan sus hijos y el cual se fotocopió en el libro al lado de los textos definitivos de la redacción. Por ejemplo, los apuntes que recogió en Tumeremo y luego la redacción definitiva de la novela.
         Asimismo las anotaciones sobre la explotación del oro tal cual como Gallegos las tomó de su puño y letra y luego la redacción definitiva y acabada en la novela Canaima, incluyendo los dibujos, porque Gallegos hacía dibujos de algunos objetos como el Tamiz y el Palín que luego describía.
         “Y Gallegos creó Canaima”, empieza con una introducción en la que MAR narra todas las peripecias del viaje del maestro Gallegos por Guayana. La fecha en que llegó, la gente que lo acompaña, la permanencia aproximada en cada lugar.
         Para lograr esta reconstrucción del viaje por el paisaje geográfico, MAR tuvo la fortuna de contar con dos testimonios invalorables, el de Rafael Lezama, quien acompañó a Gallegos durante todo el viaje y la entrevista que un trabajador de la cultura, doctor Eduardo Jahn, le hizo a Lezama antes de morir y la cual está contenida en una cinta magnetofónica donde explica todas las peripecias del viaje.
         Horacio Cabrera Sifontes lo puso en contacto con personas, documentos y pistas sobre el paso de Gallegos por Guayana. Otro tanto hizo don Oscar Figarella.
         MAR se encontró con una bellísima página que Gallegos escribió en el álbum de Ana Luisa Contasti.  Gallegos personificó en ella el impacto que le produjo la ciudad:  “Y es que las sirenas del Orinoco cantan  desde las alturas de la ciudad cuando la dulce atardecida o en la apacible noche florecen como mágicos jardines, las azoteas al asomarse a ellas las muchachas, todas llenas de gracia, para templar con la suntuosidad de los incomparables crepúsculos, el poder embrujador de sus miradas o para hundirlas soñándolas en las hondas lejanías  dominadas bajo el claro encanto lunar…mientras en las silenciosas playas el majestuoso río acurruca a la ciudad gentil con el madrigal de plata  de sus luces espumosas”.  
         Cosa curiosa es que Gallegos nunca navegó el Orinoco, no obstante  el “Pórtico” de su novela Canaima hace suponer lo contrario. Gallegos apenas estuvo 25 días en Guayana. De esos 25 días casi todos los pasó en Ciudad Bolívar y cinco en Tumeremo al borde de la selva.  Lo que sorprende a MAR no es la genialidad creadora de Gallegos sino ese fenómeno que se opera en él y que algunos filósofos llaman “La vivencia” que es cuando las cosas lo aprehenden a uno y uno se sumerge en las cosas.


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