martes, 17 de junio de 2014

El mosquito aliado del indígena


1989
El principal aliado de los aborígenes en tiempo de la Conquista fue  el mosquito, tanto el Darlingi que trasmite el paludismo como el Aedes aegipti que trasmite la fiebre amarilla. Contra esta última enfermedad sí que no había cura. Por lo menos contra la malaria se utilizaba la corteza de la quina macerada con aguardiente. De aquí provino la famosa fórmula del Amargo Angostura del doctor Siegert que le dio la vuelta al mundo.
         Todavía los mineros utilizan las cortezas de la quina, pero Malariología tiene un remedio directamente más efectivo, aunque con efectos secundarios cuando se abusa o no se administra bien. Tales son las tabletas del grupo Cloroquina como la Amodiaquina de 150mg., que es una cura clínica contra la malaria y el Fansidar (500mg) y la Primaquina (15mg), utilizadas en el tratamiento curativo del P. falciparum.
         Igualmente  el anófeles fue un aliado de los aborígenes por el color de la piel. El anófeles prefiere la sangre de los blancos. Eso casi está demostrado con estudios que se han hechos.
         En la guerra que el hombre libra contra el anófeles está el DDT, efectivo, inocuo y económico. Malariología, a través de un ejército de cuadrillas, lo aplica rociando directamente a las paredes de las casas donde suele reposar el mosquito después que introduce su lanceta en la piel de los humanos. También, en nubulización espacial. El efecto residual en el rociamiento puede durar hasta seis días.
         Actualmente se está renovando y reforzando ese ejército de fumigadores porque de su mística y trabajo y del concurso que le presten los demás, depende el éxito de esta guerra, porque según el doctor Francisco Vitanza (en la foto) es una guerra lo que se está dando contra el vector, que incluso está desarrollando mecanismo de defensa contra el clásico DDT. 
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente planteó en mayo de 2005 en la primera reunión del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes la eliminación de 12 compuestos considerados "plaguicidas y productos químicos industriales peligrosos que pueden matar a la gente, producir daños en el sistema nervioso e inmunitario, provocar cáncer y desórdenes reproductivos, así como perturbar el desarrollo normal de lactantes y niños", entre los cuales se encuentra el DDT, cuyas características entran en la clasificación de: "altamente tóxicos; son estables y persistentes y tienen una duración de décadas antes de degradarse; se evaporan y se desplazan a largas distancias a través del aire y el agua, y se acumulan en el tejido adiposo de los seres humanos y las especies silvestres"
Los defensores del uso del DDT, entre los que se incluyen científicos, estadísticos y ecologistas escépticos argumentan que este es un método eficaz contra la malaria; afirman que gracias a ella la malaria desapareció de Europa, donde era endémica en Grecia o Italia. En Sri Lanka, los casos de malaria descendieron desde 2.800.000 casos en 1948 a 17 en 1963; en la India, de 100 millones de casos en 1935, la cifra bajó a 300.000 en 1969.  Banglades fue declarada zona libre de malaria. Incluso circula la cifra que afirma que la prohibición del DDT ha causado 50 millones de muertes.4 Defienden su idoneidad basándose en la eficacia que le atribuyen, junto con el bajo coste de su aplicación y el hecho de que no tenga problemas de patentes. Precisamente algunos argumentan que los motivos últimos de la prohibición están en la propia industria, la cual, al acabar las patentes del DDT, quisieron imponer nuevos pesticidas con patente.



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