sábado, 14 de junio de 2014

Nuevo Libro de Reinaldo


Reinaldo González vuelve a la carga con este nuevo libro, una recopilación de trabajos literarios que testimonian la actividad de la narración oral escénica  (cuentacuentos) en Ciudad Bolívar y pueblos vecinos, realizada durante los últimos años. Trabajos que abordan el tema con espíritu didáctico, histórico e informativo,  en toda su dimensión, contenido  y proyección.
Del libro presentado en una de las salas del Museo Soto, podríamos decir que es otro cuento o la historia de la dedicación y el esfuerzo por rescatar una tradición que parece diluirse en el tiempo de las sociedades avanzadas. El lector a medida que vaya absorbiendo el libro, tendrá que situarse, de acuerdo a los textos, en el momento y las circunstancias en que comienza en la capital del Orinoco un despertar, una preocupación por recobrar y difundir a través de grupos vocacionales organizados, la tradición del cuento con el cual nuestros ascendientes desde épocas ignotas recreaban y  paseaban a sus niños por el paisaje colmado de episodios humanos excitantes, pero rayanos en el altruismo y la filantropía.
La preocupación viene dada por la forma como la ciencia, la tecnología y los recursos cibernéticos aplicados a nuestro modo de vida, incluyendo a la comunicación social, han sacado fuera de la órbita familiar la tradición del cuento que no sólo recreaba el espíritu soñador e imaginativo del niño sino que lo formaba en el  saber discernir entre el bien y el mal, valorar la disciplina y el esfuerzo que implica toda empresa de libertad, fraternidad, amor,  bienestar y justicia social.
El libro aviva la memoria y nos remonta a los juglares y trovadores errantes de la antigua Grecia y el medio evo que iban recitando y cantando fragmentos de la poesía homérica y de otros exaltadores de hazañas y episodios épicos. Nos remite a nuestros chamanes aborígenes, a los griat africanos, a los fabulistas árabes, en fin y aunque no expresamente, a la parábola filosófica y a la fábula que nos viene desde mucho antes de Cristo y que ponían hablar a los animales y a las cosas inanimadas.
Toda vez, que el abuelo y el padre de hoy, pertenecen a generaciones imbuidas en el mundo de la velocidad que devora el tiempo, ya no es posible disponer del mismo con su peculiar  talante y dedicación para contar los cuentos tradicionales.  Por ello  ha surgido la alternativa de los cuentacuentos voluntarios que  van a la escuela, a los parques y a otros espacios, para cubrir la ausencia montando el teatro motivador de la imaginación infantil.
La aventura de esa historia comenzó en Ciudad Bolívar el 7 de Diciembre de 1986 cuando se formó el primer grupo de Narración Oral del Estado motivado por  “Los cuenta cuentos” de Catia que fueron vistos con espíritu afirmativo de imitación y emulación desde estas selváticas tierras del Río Padre.  Surgió  “Los Cuenta Cuentos del Amanecer” que  perdura con loables virtudes prolíficas puesto que  ha producido el milagro de  la multiplicación  y más aún, experimenta en una búsqueda constante  con talleres, encuentros, festivales, círculos de discusión, fórmulas de estímulo  a la creatividad,  de amor por la lectura, entusiasmo por la palabra y el verbo mágico de la creación.
Al caso viene como ejemplo y lenitivo  “La Hora del Cuento”, en instituciones escandinavas, ”La Peña de los juglares” del parque Lenin de la Habana donde destacan el poeta Francisco Garzón Céspedes  y la trovadora Teresita Fernández y más acá en Barquisimeto esa juglar de la ternura llamada Graciela Anzola.
El discurso de este libro transcurre casi al final con otros tópicos que tienen que ver  con la disquisición filosófica de lo afirmativo y lo negativo, el envilecimiento del lenguaje y el abordaje corriente de temas insulsos, los valores de la cultura muchas veces pisoteados o desvalorizados por la fuerza bruta del poder como cuando Viola en Argentina, los prejuicios raciales que dieron pábulo a la música jazzista de los negros de la esclavitud norteños, la ciudad encantada que se fue y retorna mal vestida o ataviada de desazón y angustia, la persistencia del Grupo Parapara en su empeño por rescatar los valores musicales, lúdicos  y artesanales del pasado, la mala suerte de las letras y la cultura al perder a Miguel Otero Silva como allá  la Madre Patria perdió cruenta y dramáticamente a Gabriel García Lorca, el amante de los pobres, el cantor de la mujer infiel, de los gitanos y de la fiesta brava, el creador de La Barraca que llevó a Mimina Lezama a soñar con los títeres vuelto palabra.
El libro  ”Palabras de  Arcanos Mágicos” de Reinaldo González Guevara, finaliza con cuatro ensayos dedicados a la trovadora de la “Peña de los Juglares” de la Habana, Teresita Fernández, en la ocasión de su paso por Ciudad Bolívar; al juglar andariego, poeta y pintor del realismo social Luis Luksic,  barbudo artista  del altiplano boliviano que se ancló para siempre en la Barcelona anzoatiguense,  a Ada Elba, poeta de la revolución cubana que asumió su propio destino con dolor, angustia y la fuerza de su propia soledad y a Aquiles Nazoa, el amolador de la luz, el poeta que amó con humor y se eternizó en el canto de Jenny Lind, el Ruiseñor de Suecia.


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