lunes, 2 de junio de 2014

Vecinos del Casco Histórico demandan


En 1985, la Asociación de Vecinos del Casco Histórico de Ciudad Bolívar, entonces presidida por la antropólogo María Eugenia Villalón (en la foto), pidió  a la Municipalidad ampliara su departamento de ingeniería para darle cabida a profesionales especializados en materia de intervención y restauración de monumentos históricos. 
         Con el objeto de evitar la tugurización del casco, la emigración de su población y frenar el creciente deterioro de sus inmuebles, propuso que el programa de rehabilitación se orientara al robustecimiento del polo vivienda familiar antes que el comercial y administrativo para lo cual se debía trazar una estrategia dirigida hacia los pequeños propietarios y hacia los grandes propietarios.
         Para los pequeños propietarios la Asociación de Vecinos propuso la implementación de un plan crediticio que les permitiera emprender la reparación y remodelación de sus viviendas deterioradas.
         La rehabilitación del casco demandaba también el rescate de los terrenos vacuos y de las ruinas que amenazan la vida y la propiedad de residentes y transeúntes. Demandaba asimismo exoneración de impuestos municipales a los residentes que deseen restaurar o remodelar sus viviendas, regulación estricta de los avisos comerciales y prohibición para que los comerciantes no exhiban sus mercancías fuera de los locales y en la zona de los portales del Paseo Orinoco.
         Los vecinos criticaron el boulevard Bolívar como un disparate de la administración pasada que rompe con la característica visual y urbana del centro histórico y exigió responsabilidad y reparación de daños causados a numerosas viviendas.
Durante el Foro sobre el casco histórico de Ciudad Bolívar instalado el 16 de julio de ese año 1985, con un discurso de Manuel Alfredo Rodríguez sobre la fundación de la ciudad, la arquitecta  Mildred Egui, al abordar el tema de la conservación puso al descubierto las malas intervenciones en las edificaciones no obstante contar con un marco legal amplio.  El arquitecto Graciano Gasparini la secundó alertando que deben evitarse a toda costa intervenciones temerarias, casi siempre inferiores en calidad a lo que se destruye porque el diseño de sustitución es por lo general pobre y mediocre. Puso como ejemplo de intervenciones temerarias la remodelación de la Plaza Bolívar y el boulevard Bolívar.
         Desde el Norte de México hasta el Sur de los Andes son innumerables los centros y sitios históricos que nos recuerdan la cultura precolombina, la presencia ibérica y la formación de nacionalidades hermanadas con un sinnúmero de problemas comunes.  La ciudad de los monumentos y testimonios de piedras llena la historia de todo el pasado, un pasado que reúne todos los ingredientes para plasmar nuestra identidad.
         No hay futuro sin pasado y el pasado es la base del futuro y si seguimos destruyendo, insultando, maltratando y denigrando nuestro testimonio del pasado, el futuro sólo nos reservará el merecido título de brutos e ignorantes.
         La conclusión fue que hay que salvar a Ciudad Bolívar porque ella tiene condiciones históricas y arquitectónicas no solamente para ser declarada monumento nacional sino monumento de la humanidad. 

Monumento Publico Nacional fue declarado en 1976 por la Junta Conservadora y Protectora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nacional y posteriormente el Ministerio de Educación postuló el paisaje urbano y natural del casco histórico ante  el organismo competente de las Naciones Unidas, la UNESCO, para que fuese declarado patrimonio Cultural de la Humanidad al igual que otros centros histórico iberoamercano como Quito (Ecuador), pero a juicio de los entendidos, esto no será posible mientras no se reanude el programa de protección y revitalización iniciado en 1986 con la participación directa del Instituto Iberoamericano de España y que desde hace dos decenios se halla paralizado.

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