sábado, 10 de mayo de 2014

La Alegría de la Sapoara

Reina de la Feria de la Sapora, Clara Azanza

La Sapoara, un pez de fondo, plateado, que se pesca como la Lisa de mar y cuya carne aderezada, especialmente la cabeza, es el plato favorito de los guyaneses por la temporada de agosto y septiembre, cuando  comienzan a bajar a medidas que el Orinoco crece y rebasa las lagunas que quedaron aisladas durante el verano.
En agosto de 1972, la pesca de la Sapora no fue abundante como en épocas anteriores porque los pescadores durante todo el año estaban yendo sin control alguno directamente a las lagunas que son los habitad del codiciado pez.
El que haya escasez o abundancia de sapoaras durante la temporada de agosto también depende fundamentalmente del régimen hidrológico. Cuando el río crece intensamente, establece conexiones tempranas con las lagunas. Entonces las sapoaras pueden salir rápidamente de su confinamiento, entrar al río y ser capturadas. Cuando la conexión se hace tarde porque el verano ha sido bravo, se presenta irremediablemente la escasez. Otro punto de referencia que, por supuesto, también tiene que ver con el régimen hidrológico, es que cuando el río se aproxima o pasa de los 17 metros de altitud sobre el nivel del mar, hay buena cosecha de sapoaras y poca cuando no pasa de los 16 metros.
         Un sistema de monitoreo de control de pesca de la sapoara, durante la temporada, ha permitido a los biólogos determinar que anualmente se presenta una producción que oscila entre los 20 mil y 250 mil kilogramos. La producción máxima o menor depende, como ya se ha dicho, del régimen hidrológico del río. Alrededor de su captura se mueve un contingente humano del orden de las 500 personas que directamente se dedican a la pesca durante un período de 40 y 60 días.
         Los estudiosos de este ejemplar de la fauna orinoqueña han estimado la longevidad de la sapoara en seis o siete años. Lógicamente, la probabilidad de supervivencia después de los tres años es cada vez menor debido a que es sometida a una intensa explotación, especialmente por la demanda y el precio cada vez mayor. Si no fuese por los depredadores, la supervivencia de la sapoara estaría garantizada al máximo, pues llega a desovar hasta 500 mil huevos. La cantidad de huevos depende en todo caso de la talla. Se han capturado sapoaras con una longitud de 50 centímetros y 5 kilogramos de peso. En las lagunas del Medio y Los Francos, contra las cuales se cometió el ecosidio de su desconexión con el río, quedaron-aislados bancos  de sapoaras que lograron tallas descomunales.
         Es muy baja la supervivencia de la sapoara y será más baja a medida que crezcan la demanda, los precios, y la temporada se vuelva perenne pues ya se viene viendo que quienes la explotan, no se conforman con aguardar hasta el mes de agosto, sino que van por ella hasta su propio habitad o cuerpos de agua marginales del Orinoco. También porque, además del hombre que la explota irracionalmente, tiene otros enemigos que son los peces carnívoros como la sardinata, el lau-lau, el dorado, la payara y, en general, los bagres gigantes que las devoran cuando la sapoara tiene dos o tres meses de edad.
         Se ha comprobado que el Bocachico y el Coporo, peces pequeños, pertenecen a la misma familia de la sapoara y prácticamente caen juntos en la atarraya del pescador. Sin embargo, el biólogo Daniel Novoa ha dicho que en cuanto a sus facetas hay detalles reproductivos, hay diferencias. Se ha encontrado, por ejemplo, que el coporo desova y madura durante el primer año de vida y en el curso de la migración. Al parecer, los movimientos migratorios lo estimulan para la reproducción.
        


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