lunes, 10 de septiembre de 2012

El brote subversivo del 58

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En las primeras horas de la mañana del primero de enero de 1958, aviones Canberras de la Fuerza Aérea (en la gráfica) volaron sobre la ciudad de Caracas, mientras las baterías antiaéreas emplazadas en diversos sitios hacían funcionar sus cañones.
Poco después la Radiodifusora Nacional de Venezuela, en cadena con las emisoras comerciales, anunciaba a través de un boletín del Ministerio de Relaciones Interiores, que se trataba de un brote subversivo estallado en la ciudad de Maracay y en varias guarniciones de Caracas y Los Teques, pero que ya habían sido sometidos y que en el resto del país reinaba la normalidad.
Trece de los oficiales que lideraron la rebelión se refugiaron en Barranquilla y posteriormente el gobierno de Colombia les otorgó asilo y tanto el avión como las armas que llevaron fueron devueltos a Venezuela de acuerdo con la Convención de la Habana de 1928. A raíz de este brote de rebelión, renunció el Gabinete Ejecutivo y el Gobernador del Distrito Federal a fin de dar oportunidad al Presidente de la República de reorganizar su gobierno.
El presidente Marcos Pérez Jiménez, quien el año anterior había sido ascendido por el Congreso a General de División, aceptó la renuncia y al efecto procedió a la mañana del 10 de enero a designar los nuevos ministros, entre ellos, el guayanés Luis Felipe Llovera Páez, Ministro de Relaciones Interiores y al capitán de navío Oscar Ghersi Gómez, gobernador del Distrito Federal. Pedro Estrada, jefe de Seguridad Nacional, fue sustituido por el Coronel José Teófilo Velasco.
Cuatro días después el presidente Pérez Jiménez volvió a reorganizar el Gabinete y asumió el Ministerio de la Defensa. El Dr. Antonio Pérez Vivas, Ministerio del Interior; Dr. Humberto Fernández Morán, Ministerio de Educación y el general Luis Felipe Llovera Páez, Ministro de Comunicaciones.
Luego del brote subversivo aparentemente sofocado por el Gobierno, el estudiantado universitario sacó un Manifiesto pidiendo el reintegro a clase de los estudiantes expulsados, libertad de los profesores universitarios, regreso de los exilados políticos, reforma de la Ley de Educación, libertad de prensa, libertad de los presos políticos, respeto y consideración para el clero venezolano, retiro de la Seguridad Nacional de los claustros universitarios, anulación del plebiscito y nuevas elecciones
El Manifiesto denunciaba “el asalto a las embajadas, la violación de la correspondencia diplomática, la vejación y el maltrato a los miembros de la delegación extranjera, la corrupción administrativa, el cuantioso robo al tesoro público repartido como botín entre los corrompidos miembros del gobierno, las persecuciones políticas, el irrespeto al clero, la desviación de los principios educacionales, la coacción a los empleados públicos, la censura a la prensa y, por último, la burla del plebiscito, alevoso golpe a la dignidad ciudadana, todo ello realizado mentirosamente en nombre de las Fuerzas Armadas, llevó a oficiales jóvenes a levantarse contra la tiranía”.
En el exterior, los exiliados políticos se movían en todas las instancias a favor de un cambio democrático en Venezuela. Rómulo Betancourt, quien se hallaba en Puerto Rico bajo la protección del gobierno de Luis Muñoz Marín, organizó una reunión de exiliados de Acción Democrática antes de viajar a Nueva York a fijar residencia tras campaña de descrédito en la isla. En Estados Unidos solicitó ante la OEA condenar al Gobierno venezolano por la situación de los presos políticos en su país, y pidió la amnistía de los mismos ante todos sus estados miembros.
El 9 de diciembre se reunió con Jóvito Villalba y Rafael Caldera y acuerdan en Nueva York la formación de un gran frente unitario contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

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