lunes, 3 de septiembre de 2012

El Asesinato Lesbia María Biaggi


 
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El 15 de octubre de 1961, en la casa 7 de la vereda 5 de Vista Hermosa, fue hallado el cuerpo sin vida de la señorita Lesbia María Biaggi Tapia, de 24 años de edad, nativa de Pariaguán, estado Anzoátegui.

La señorita Biaggi, ex secretaria de la Cámara de Comercio y hermana del sacerdote Luis Rafael Biaggi, fue hallada por su madre Carmen Tapia de Biaggi, quien inmediatamente pidió auxilio a sus vecinos. La joven, una morena de pelo negro, 1.60 de estatura, casi parca y de sonrisa agradable, era hija adoptiva y estaba comprometida en matrimonio con el joven Rigoberto Franceschi, quien nada tuvo que ver con el asesinato.

Lesbia había asistido el sábado por la noche a una fiesta familiar en el Paseo Gáspari junto con su novio, el sacerdote y su madre para bautizar a los niños de la Familia Huang y regresado a su hogar antes de las doce.

El Cuerpo Técnico de la Policía Judicial hizo acto de presencia en el lugar del crimen y constató que la joven Lesbia María fue víctima de una profunda herida en el octavo espacio intercostal izquierdo causada con un cuchillo o daga que le produjo hemorragia y muerte tras haber sido ultrajada. Constató también que no había aparentes signos de violencia, pero que la joven había arrancado cabellos al victimario.

Consumado el hecho criminal, el autor preparó el sitio del suceso, colocando el cadáver en el suelo, cerca de la cama. La PTJ, logró con éxito reactivar rastros y huellas que permitieron llevar a cabo una intensa como bien orientada investigación y acumular una gran cantidad de evidencias que apuntaban hacia el sacerdote.

Sin embargo, los exámenes psicológicos y psiquiátricos practicados oficialmente por los doctores José Luis Vethencourt y Psbro. Carlos Alberto Plazas, concluyeron en que las reacciones internas y externas del padre Biaggi eran diametralmente opuestas a la de un criminal. ¿Quién la ultrajó y asesinó? Es y ha sido siempre la interrogante sin más respuesta que la especulación. Barruntar los hechos de acuerdo a la óptica y sabiduría de cada quien. Nadie sabe cuándo, pero sabemos a ciencia cierta que tenemos que morir, por agotamiento físico, enfermedad o trágicamente, pero lo inexplicable y sorprendente, lo que siempre ha consternado a la humanidad, es que fuera de esos determinismos naturales, se viole impunemente el derecho a la vida.

En el caso criminal de la joven de 24 años, Lesbia María Biaggi Tapia, asesinada en su propio hogar, donde vivía con su madre y dos de sus hermanos, no sólo se violó impunemente el derecho a la vida sino que se la ultrajó.

Más de medio siglo transcurrido no ha sido suficiente para esclarecer el crimen, pues el único sindicado fue absuelto porque los indicios en su contra, logrados a través de los análisis de laboratorios, más los testimonios cotejados por el Buró de investigaciones del Cuerpo Técnico de la Policía Judicial, no convencieron al juez penal de la causa. ¿Qué procedía entonces? Obviamente, reactivar las investigaciones hasta las últimas consecuencias, pero por lo que ordinariamente observamos, ya es práctica manida de los cuerpos policiales asumir una conducta de tácita impotencia (¿presión, comodidad, desidia, prejuicio?) quedando de esta manera el caso en absoluto abandono hasta su prescripción eterna.

Mientras tanto, los bolivarenses, cada año, especialmente por octubre, se conforman con recordar a aquella muchacha afable, romántica y sencilla que sólo llegó a usar el velo para ir a misa porque el de novia se lo arrebató la muerte.

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