viernes, 14 de septiembre de 2012

Comentarios (III)

Estimado Américo: en las semblanzas de hoy (6/9/12), pródigamente te refieres al ciudadano Eugenio Mendoza G., incluyendo una progenie que casi induce a la envidia. Otra de sus características públicas las englobas en su condición de benefactor en la construcción de viviendas para la clase media, a través de una bien publicitada Fundación Para la Vivienda Popular Viposa, (eso no lo dices pero fue así).
Ahora bien, creo conveniente, para tratar de encontrar algunas circunstancias que a mi manera de ver, convierten a Don Eugenio (así le gustaba que lo citaran) en un personaje no tan santo. Veamos.
1.- Durante el ejercicio del Gobierno del general Isaías Medina Angarita (1941-1945), a la Empresa Materiales Mendoza C.A., génesis de su emporio comercial-industrial, le fue conferida la única licencia en el país para la importación de cabillas en una época, que como tú sabes, se encontraba en pleno desarrollo la II Guerra Mundial y conseguir tan importante insumo para la construcción era una verdadera odisea, ya que provenía de EE UU y ese país tenía todo su aparato industrial dedicado a la conflagración armada. Sin embargo, Don Eugenio se las arregló para utilizar nuestros embarques de petróleo, como elemento de negociación para conseguir las escasas cabillas y así cualquiera convierte su negocio en próspero establecimiento. Anécdota aparte, pudiera citarte el hecho de, como varios militares de alta graduación en la ciudadela fortificada en la que ya se había convertido Maracay, utilizando sus influencias, construyeron sus viviendas utilizando elementos de hierro de fusiles en desuso, a la manera de las desaparecidas cabillitas.
2.- Posteriormente, en el gobierno de facto, presidido por el contralmirante Wolfang Larrazábal, el cual surgió luego del derrocamiento de Pérez Jiménez, (enero-diciembre de 1958), nos encontramos con la presencia del ya inefable Don Eugenio, formando parte de la Junta de Gobierno Cívico-Militar proveniente del nunca bien explicado “espíritu del 23 de Enero”, conjuntamente con uno de sus más cercanos cooperadores empresariales, como lo fuera el Dr. Blas Lamberti y así en esos ajetreados como jamás auditados días; el “benefactor” sin ningún rubor se dedicó a “cobrar” todas las facturas que habían quedado pendientes de las múltiples obras públicas de la dictadura perezjimenista, y correspondientes a las ya más que conocidas siglas de M.M. (indistintamente: Maquinarias o Materiales Mendoza C.A.
3.- En tercer lugar, haremos mención al hecho citado en tu reseña y que tiene que ver con la construcción de viviendas y que como ya nos tenía acostumbrados Don Eugenio, esa tal Fundación Viposa, no resultó otra cosa que una clamorosa “guarimba”, y valga el término, estructurada para la evasión de ingentes cantidades de dinero bajo la figura de deducibles, según los cánones del Ministerio de Hacienda de entonces. Vale la pena citar que, Viposa fue implacable en la “recuperación” de viviendas cuando la hipoteca de II grado, mostraba cualquier signo de atraso en los cobros, de los atribulados receptores de créditos “y que “blandos y altruistas”. Por último citaremos el caso de la llamada urbanización Mendoza, de San Félix, cuyas casa fueron dejadas a medio construir, terminándolas el Banco Obrero, pero con las cuotas iniciales y de amortización ya avanzadas a nombre de Don Eugenio, pero se hizo un tradicional “borrón y cuenta nueva”, quedando impune esa estafa inmobiliaria. Así de sencillo. Con saludos fraternales. Miles Useche. 0416-8972306.
 José Luis Cestari: Extraordinario relato Américo! en Eduardo Oxford López. José Alberto Medina: Buen día Lic. Fernández ¿A qué mecanismo de nuestra idiosincrasia como pueblo se deberá que ignoramos con aparente desprecio a hombres de la valía de Eduardo Oxford López. Un gran saludo.
Pedro Vicente Gómez Contreras: Excelente recopilación en Clínica García Parra.
Álvaro Salandy Valdez: Upata es una ciudad mágica. La envuelve una atmósfera que la hace casi in-terrenal. Debería llamarse “La flor de Bolívar en Upata”.

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