lunes, 26 de marzo de 2012

El Barranco de los Frailes

En 1942, los bolivarenses celebraron el centenario del famoso Barranco de los Frailes como el primer venero de oro descubierto en Guayana. El hallazgo ocurrió en Caratal y abrió la ruta del fabuloso filón de El Callao.
El Barranco de los Frailes era uno de los “lugares misteriosos” donde los misioneros capuchinos explotaban el oro en tiempos de la colonia y del cual bien sabía el viejo indio Santiago Pérez cuando se lo confió al explorador francés Lucien Morisse seis años antes de su muerte.
Es posible que el viejo Santiago haya confiado el mismo secreto a Pedro Joaquín Ayres, quien por primera vez dio cuenta de la existencia de este barranco donde el oro llenó los bolsillos de unos cuantos buscadores de El Dorado.
Pedro Joaquín Ayres, entre 1842 y 1845 fue el primer director de la llamada Reducción de Indígenas. En ese año de 1842 propuso al gobierno la eliminación con explosivos de los raudales de Atures y Maipures a fin de dejar expedita la vía del Orinoco de Angostura hasta San Fernando de Atabapo.
Este personaje de origen brasileño dejó de ser director de la Reducción Indígena en 1845 cuando permitió la fuga de varios frailes detenidos y lo cual provocó un levantamiento armado de Francisco Pina, que lo sucedió en el cargo y lo enjuició.
Del rico Barranco de los Frailes no se volverá a saber sino en mayo de 1850 a través de una hoja impresa que editaba en el taller de Pedro José Cristiano Vicentini, un tipógrafo veneciano radicado en Angostura en 1839, decía : “No es una fábula o una ficción, de la existencia de una Nueva California en esta provincia. Las recientes noticias que se han recibido en estos días del cantón de Upata, acaban por fin de confirmar el descubrimiento de una opulenta mina de oro en el Yuruary, cerca del pueblo de Tupuquén”.
Tupuquén, situado sobre una meseta que se extiende hasta la orilla occidental del Yuruary, señorease sobre sabanas ricas en pastos. A menos de un kilómetro, atravesado el Yuruary, estaba “la opulenta mina de oro” conocida como Caratal, nombre asociado a la Carata, una palmera de prodigiosa sombra en los techos de las churuatas. A este Caratal donde el oro brotaba en grano mezclado con greda y piedra de los barrancos, los mineros o buscadores de fortuna preferían llamarlo “Nueva Providencia”. El cognomento ha debido ocurrírsele al barquisimetano Pedro Monasterio, que al parecer fue quien mayor importancia le dio a la mina y difundió la noticia.
Pedro Monasterio Soto, quien llamó poderosamente la atención sobre las ricas minas de Caratal, antes de internarse en la selva del Yuruary, había estado en Angostura como edecán del general José Laurencio Silva y, posiblemente entonces, lo picó el prurito de El Dorado, pues tan pronto cesó la campaña libertadora que lo llevó hasta Guayaquil, regresó a Nueva Granada en 1830 donde adquirió conocimientos prácticos de mineralogía.
Luego se vino a Caracas, pasó a Barquisimeto y finalmente se trasladó a Guayana por la vía de San Fernando de Apure. Como lo haría casi un siglo después Lucas Fernández Peña hasta fundar y quedarse en Santa Elena de Uairén, Monasterios buscaba oro y lo encontró abundantemente en Caratal. Con dos peones que descubrió lo engañaban tragándose las pepitas, logró obtener en sólo un mes más de cincuenta onzas de oro en polvo y granos.
Monasterios exhibió su producción a los vecinos de Upata desde donde se difundió la noticia. Pero no quiso volver porque pasó mucha hambre y los peones lo engañaban.

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