viernes, 10 de febrero de 2012

Superstición de Semana Santa


El 7 de abril de 1914, día martes de Semana Santa, en la isla Platero del Paso del Infierno, río Orinoco, sucumbió víctima de la voracidad de un caimán un marinero de la piragua Amazonas, de nombre Amador Pérez, de 39 años y natural de Tucacas. El infeliz fue cogido por la cabeza y arrastrado violentamente por el saurio, sin permitir que los compañeros de la embarcación pudieran auxiliarlo. Impotentes lo vieron aparecer a lo lejos, por tres veces, debatiéndose entre las mandíbulas del animal, hasta desaparecer del todo, sin dejar más rastros que el sombrero.

La tragedia alimentó la creencia según la cual “no debe trabajarse los días de Semana Santa”. Por eso, fue aplazada para el domingo de resurrección una corrida de toros en la vecina población de Soledad con el valiente “Valentina”, quien prometió estoquear un toro y ejecutar todas las suertes taurinas. Asimismo, un grupo de artistas que trabajaba en el Cine América, alentados por el General Monagas, primera autoridad de Soledad, respetó la Semana Santa.

Ese mismo domingo estaba previsto inaugurar en Ciudad Bolívar una empresa de automóviles de paseo y de carga. Ambos vehículos exportados por Mendoza Bríos, desde Nueva York. El automóvil tenía un valor de 800 y 2.500 dólares oro americano el camión, con capacidad para 5 toneladas. Todos desembarcados por el puerto de la Cocuyera y fabricados por la Overland Company, de Toledo, Ohio.

Ciudad Bolívar acusaba en 1914 un movimiento económico y social importante que se evidenciaba no sólo con la importación de vehículos, sino con la instalación de una fábrica de cerveza que el 15 de mayo comenzó a vender cerveza en sifones, botellas de patente y botellas corrientes. También aparatos para refrigerar y detallar cerveza. Precios Bs. 1,50 el litro y Bs. 0,50 la media botella. Vendía por otra parte los residuos de Malta para bestias y vacas lecheras.

Hacía tres años que Ciudad Bolívar había comenzado a disfrutar del alumbrado eléctrico, pero no obstante ello, las familias seguían apegadas al alumbrado de acetileno, especialmente aquellas fuera del alcance de los tendidos. De allí que la Casa Mercantil Wenzel de la calle Orinoco continuara ofreciendo generadores para el alumbrado de acetileno con capacidad de 4 a 25 luces. La venta comprendía instalación completa de tuberías, lámparas, arañas, faroles, quemadores, globos, llaves, reducciones, carburo canadiense y noruego en tambores de 25 y 50 kilos. Esta casa igualmente vendía refrigeradores para cerveza y cerveza en tambores y cerveza de la marca Baviera legítima en botellas.

Pero aun cuando la Electricidad estaba en estado incipiente, ya había quienes la querían comprar. El 15 de junio se registra una oferta de compra para lo cual hubo una reunión de accionistas en los altos de la Aduana Vieja. La oferta de compra la hacían los comerciantes Bartolomé Tomasi, Virgilio Casalta y José Boccardo, por la cantidad de 16.000 libras esterlinas equivalente a 404.000 bolívares y 2000 libras más equivalente a 50.500 bolívares en acciones. Se acordó dado lo favorable de la oferta, convocar a una Asamblea extraordinaria, la cual se cumplió el 14 de junio con asistencia de 15 accionistas equivalente a 3.030 acciones que constituían el quórum legal. A proposición de F. Kuhm la mayoría aceptó la oferta, pero Andrés Pietrantoni observó que la convocatoria no tenía cinco días de haberse publicado y por lo tanto la Asamblea estaba viciada de ilegalidad. Una nueva Asamblea terminó aceptando la oferta, la cual debía materializarse en el lapso de seis meses. Al final ésta fue rechazada porque había subido el valor de la empresa

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