lunes, 27 de febrero de 2012

Alarico Gómez exaltado en Caracas

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El 5 de septiembre de 1942 llegó a Ciudad Bolívar la noticia, sorprendente para muchos intelectuales, sobre el valor que le estaba dando Caracas a la poesía de Alarico Gómez, tan criticada por los poetas tradicionalistas del Orinoco.

Intelectuales líricos y románticos comentaron ampliamente sobre la poesía de Alarico Gómez, un poeta de Barrancas del Orinoco (1922) hecho en Ciudad Bolívar, perteneciente al Grupo Aureoguayano que jamás había sido tomado en cuenta por los líderes de la cultura artística afiliados al Ateneo, pero cuando su poesía comenzó a tomar cuerpo y resonancia en los círculos intelectuales y medios impresos caraqueños, se produjo un cambio de 180 grados en el Ateneo de la capital bolivarense

En el espacio del Ateneo, el 5 de septiembre de 1942, se insertan los poemas Estación, Pueblo y, A Ti, que es un soneto, con la siguiente nota previa que presenta a Alarico como buen discípulo de la Escuela Modernista iniciada en Francia en 1916, y a su poesía como fresca, original, obsesionante e impregnada de un hondo impresionismo madurado en sus horas de vigilia.

Luego agrega: Entre los poetas nuevos de Guayana es Alarico Gómez una de las más fecundas promesas. Promesa sin metro clásico, pero promesa al fin, que sigue ese dificilísimo y maravilloso mundo interior, alma de la poesía moderna que tantos cultivadores tiene en el mundo entero.

En los círculos caraqueños triunfó Alarico Gómez. Y sería una injusticia que en su terruño no se reconociera su depurada obra. Por eso, el Ateneo Guayanés, en franca expresión de reconocimiento, acoge a Alarico Gómez entre sus colaboradores y lo presenta a los lectores de esta sección cultural junto con tres de sus mejores poemas para contentamiento de todos los que gustan saborear poesía moderna y auténtica.

El poema Pueblo está dedicado al lugar de su infancia mientras que A Ti es un poema de amor, lo mismo que éste, titulado Estación:

Qué distante estamos y cuan cercanos / Yo, antes, era una lágrima / Ahora río a los paisajes que tú amas / Vienes a mi soledad / con tu voz plena de palomas / como el aire / como los niños / como los sueños / ¿ves a mi alrededor / los barcos de la madrugada / conduciendo tu recuerdo? / Estoy a prueba de esperas / Y espero!

Un poema dedicado, seguramente, a una de las mujeres bellas de la ciudad, tal vez a la que recuerda en esta estrofa de Balada de Piedra y Agua, escrita cuando ya estaba lejos del río: Recuerdo ahora la pequeña cosa / la tierna y dulce cosa matutina / que fue mi escuela en la ciudad dichosa / del primer grado y su feliz rutina / Luego mi adolescencia fue la rosa / de una mujer llamada Josefina / que era Beatriz, María o Dorotea / del pensamiento fijo en una idea.

Alarico Gómez nació en Barrancas en 1922 y falleció en Caracas en 1955 a la edad temprana de 33 años. Fue colaborador asiduo de numerosas publicaciones periódicas nacionales, escribió Júbilo del regreso (1947), Poemas para inmigrantes y turistas (1950) y Los dominios visuales (1956). Sus Obras completas fueron reeditadas en 1963.

Según Manuel Alfredo Rodríguez, su poesía era un desafío a todo lo establecido, santificado, aceptado y convenido, a veces extremada la imagen en la prestidigitación conceptual. Por su parte, José Ramón Medina escribió que la poesía de Alarico no fue alegre chisporroteo, sino severa disciplina que lo obligaba a cantar, a expresar su testimonio de humana levadura, a pregonar su braza de alzada lengua poética

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