jueves, 9 de febrero de 2012

Proclama contra la tiranía




Desde la vecina isla de Trinidad, el General José Manuel (El Mocho) Hernández lanza una proclama contra la tiranía del General Juan Vicente Gómez, del que fue asesor desde el Concejo de Gobierno entre 1909 y 1911, hasta que decidió romper, justificando su decisión por medio de una serie de cartas reunidas en “Verdades para el pueblo”. Acusado de fomentar varios levantamientos contra Gómez, particularmente en 1913, permaneció exiliado en Puerto Rico, Cuba y Trinidad donde lanzó su última proclama contra la tiranía, antes de viajar y morir en Estados Unidos. Desde Trinidad pidió al Presidente del Estado Bolívar, general David Gimón se revelara contra Gómez y en carta fechada el primero de mayo de 1914, éste le responde, entre otros puntos: “Con respecto a la conversación que tuvimos en Caracas, recuerdo que versó sobre la creencia que yo tenía de que usted se habría aleccionado mucho en su última estadía por Europa y los Estados Unidos, y que juzgaba por consiguiente, que no se dejaría seducir en lo futuro, por el conocido núcleo de líricos que lo han lanzado siempre por el camino de la revuelta armada, siempre funesta e ineficaz para corregir males arraigados en la conciencia nacional. Le dije entonces, que rodeara al General Gómez y lo ayudara, de buena fe, a desarrollar la política ampliamente democrática que él estableció en el país. Si usted hubiera procedido así, tal vez le habría prestado un gran servicio a la patria y no estaría hoy acaudillando una revolución que si llega a estallar, no haría sino ensangrentar y arruinar a la República por algún tiempo”.

Gómez siempre está prevenido contra cualquiera revuelta como esas que armaba Arévalo Cedeño y el “Mocho” Hernández y en esa línea ordenó la movilización de tropas por las zonas más vulnerables de la frontera. En eso andaba el 25 de julio cuando el vapor “Masparro” de la Venezolana de Navegación, naufragó luego de haber zarpado del Puerto de San Fernando hacia “La Periquera”. El barco zarpó el 15 de julio llevando a bordo al General Ramón Garrido hijo; Coronel Benjamín Olivieri, General Ignacio Quintana, Coronel Juvenal Colmenares, Enrique Pocaterra, gente de tropa y otros oficiales. Como pasajeros iban Tomás Márquez, Luis Trejo Esté, Arturo Sáenz y Francisco Lara. En total, viajaban 72 personas incluyendo a los tripulantes y durante el naufragio perecieron 5 pasajeros.

Además de la Venezolana de Navegación, que era compañía del Estado, cubría las rutas del Orinoco la Real Holandesa de Vapores que ese día atracó en Ciudad Bolívar con la famosa cerveza negra con alcohol Tuborg, a la cual la gente le atribuía propiedades excitantes y como el bolivarense es muy apegado a la novedad, la cerveza se agotó a los pocos días mientras los adictos a ella se paraban en el Paseo Falcón a distraerse con la novedad que había traído para los citadinos el empresario Víctor Vicente Maldonado: La ola giratoria, una diversión, especie de sube y baja en continuo desplazamiento que al principio se movía por tracción de sangre, pero el ingeniero de la Electricidad, Señor Lippks, le instaló un motor eléctrico.

Después de un tiempo en La Ola Giratoria, la gente acudía al Teatro Bolívar que después de varias semanas sin actividad, abría sus puertas para el debut del transformista Aldo y de Linda Bezossi, notable soprano lírica laureada en el Conservatorio de Milán.

Había alumbrado al público desde hacía tres años y paulatinamente estaban desapareciendo los faroles y los faroleros, también los gamonales, las montoneras, proclamas y sublevaciones (AF)

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