jueves, 16 de febrero de 2012

El Brujo Yaguarín


El 24 de febrero de 1918 los bolivarenses se enteraron de la muerte de Yaguarín (Juan José), ocurrida en La Canoa (Soledad) a la edad de 80 años. Verdadero realizador de milagros en el oficio de la curandería por arte de encantamiento, ayudado con una raíz curalotodo que servía para librar al pobre cuerpo humano de todos los daños habidos y por haber de la brujería tradicional, y que iban desde desinflamar la próstata hasta pulverizar la piedra renal. Lo sustituyó su alumno Antonio Guatarrama, a quien instruyó en el conocimiento de las propiedades medicinales de las plantas. No cobraba el señor Yaguarín, de todas formas la clientela siempre se manifestaba generosa y su fama había trascendido a todo el país, a pesar de la competencia por los lados de Antímano, donde habían descubierto canteras de caliza para la novedad del cemento.

Venezuela, particularmente Guayana, importaba cemento para las modernas construcciones y pavimentación de calles y aceras que eran de piedras y ladrillos. También importaba cemento en barril desde el puerto fluvial de Hamburgo, sobre el río Elba, así como mollejones para pisos embarcados de paso por la Isla Helgoland. La importancia de las calizas en Venezuela se intensificó al aumentar en el país el consumo de cemento. Importarlo, teniendo en el país excelentes calizas era desde todo punto de vista absurdo... Los primeros yacimientos importantes localizados entonces, fueron los de Antímano, cuyo material se destinó a una fábrica de La Vega. El comerciante D. Hernández Clemente ofrecía ese cemento nacional en saco equivalente al 25 por ciento de un barril de Bs. 10.

La llegada del material planteó la posibilidad de refaccionar el Teatro Bolívar con motivo del centenario del Congreso de Angostura, pero luego se desistió por la inconveniencia de que el cemento no se ligara bien con el material primitivo de la construcción del inmueble. De todas maneras, el Teatro Bolívar fue refaccionado como una obra más para conmemorar el primer centenario del Congreso de Angostura, y abrió sus puertas para presentar a la Compañía de Milagros Crespo, que durante varios días montó operetas, dramas, zarzuelas y comedias.

La Compañía de Teatro, una vez concluida la temporada planificó una gira hacia el interior atraída por la noticia, según la cual, la empresa minera de Bianchi y Odremán, sacaron un cochano de 8 onzas cerca de los caseríos mineros del Cuyuní. La forma del cochano fue descrita como alongada, 35x8 centímetros de ancho y 2 de espesor y se puso a la vista del público en la Casa Mercantil de J. Aquatela.

Los primeros en desfilar para observar el gigante cochano fueron los alumnos de la Escuela Francisco Antonio Zea que había sido abierta en septiembre de 1912, bajo la dirección de Clorinda Grau, junto con la Escuela Heres. Fueron los primeros institutos graduados para varones y hembras, ambos fundados por Alejandro Fuenmayor y el Br. Ramón Antonio Pérez, conforme decreto del Gobierno nacional.

Después comenzaron a surgir los liceos pero en el campo privado. Los dos primeros fueron el Liceo Bolívar, dirigido por María Antonia Lanz de García y el Liceo Guayana, fundado por Narciso Fragachán, quien en 1884 había fundado el Colegio La Asunción en su pueblo natal Aragua de Barcelona. El Maestro Narciso Fragachán, quien no creía en brujos ni en brujerías ni menos en el “milagroso Yaguarín”, iría a terminar sus días en Caracas, dirigiendo institutos educacionales de secundaria, entre ellos, el Colegio Los Dos Caminos, donde estudió internado mi primo Marcos Fernández, graduado después ingeniero agrónomo en la Universidad

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