viernes, 21 de noviembre de 2014

Un guayanés al lado de Hitler


Son numerosos los alemanes que han pasado por Guayana y dejado sus semillas o por lo menos su nombre ribeteado por ciertos hechos. Podríamos decir, que distintos a otros europeos, vinieron no a buscar o atraídos por la añagaza del Dorado sino a fomentar bienes de fortuna y aportar su vitalidad anglosajona para al crecimiento de la región sur del Orinoco.
Algunos sembraron y pasaron inadvertidos, otros trascendieron por su espíritu empresarial como la dinastía Blohm y el ferretero Hans Welle, varios por su ciencia como Siegert y Humboldt o por sus convicciones como Dieter Pfeifer, nacido en Ciudad Bolívar que prefirió desde niño buscar sus raíces perdidas y encontrarse eventualmente operando los Panzer en la Segunda Guerra Mundial.
Clemente Balladares, autor de la página web “Código de Venezuela”, aficionado a los eventos bélicos y políticos mundiales, da cuenta de este bolivarense que comandó los tanques de Hitler. El tuvo la oportunidad de hablar con él en Valencia donde falleció el primero de julio de 2010 a los 87 años de edad pues nació de padres inmigrantes en el Casco Histórico de Ciudad Bolívar el 28 de febrero de 1923, tiempos del general gomecista Vicencio Pérez Soto.
Dieter, a los 16 años, ingresó voluntariamente al ejército alemán y se mantuvo activo en el transcurso de toda la guerra iniciada en septiembre de 1939 con la invasión a Polonia. Dieter iba de primero en la columna invasora comandando el Panzer2 con tres tripulantes hasta Varsovia.
Ir encabezando la columna le costó su primera herida de guerra. Por la cual lo ascendieron a comandante de tanques, con uniforme totalmente negro adornado con calaveras y otros símbolos nazis en su kepí.
En la primavera de 1940 lo enviaron a Francia, siempre asignado a la 11ava División “Fantasma”, donde hundió con su Panzer3 uno de los botes ingleses en Dunkerque. De retorno en Alemania, partiría a luchar en África del Norte, pero los médicos indicaron que no era apto para el trópico. Él les replicaba: -¡Yo nací en Venezuela!-. Al contrario, lo enviarían al año siguiente, precedido de un largo entrenamiento, a la Operación Barbarosa en la Unión Soviética, para el verano. Casi 4 mil tanques penetraron fácilmente las largas llanuras rusas llenas de girasoles. El invierno los detuvo a las puertas de Moscú donde, al saltar de su tanque, se hundió metro y medio en la nieve. Esto le granjeó las risas de sus compañeros y el apodo de Stepke (pequeño en alemán).
El 28 de diciembre su División destruyó por completo el 24avo cuerpo de tanques soviético sin que pudiera impedirlo el insoportable frío del invierno. Pero no sólo era el frío, era la falta de calorías, la escasez de comida que obligó a Diester y compañía incursionar en una villa para robarse unas gallinas que colocaron amarradas en la parte trasera del tanque. Al retirarse y entrar al Panzer para calentarse alguien lanzó una granada que no afectó en nada al blindado, pero sí a las infortunadas gallinas que resultaron chamuscadas. Apenas las plumas como para acariciar el talante hambriento de los tripulantes.
Este bolivarense participó en la batalla más grande de tanques dada en la localidad ucraniana de Tomarovka en julio de 1943. Regresó como pudo a Alemania en la primavera de 1945 y un asistente de Patton a quien se rindieron logró para que regresara a Venezuela ya que no era un criminal de guerra sino otro valiente soldado. Aquí se casó con otra venezolana-alemana con quien tuvo cuatro hijos. Siempre decía no creer que el hombre aprendía la lección, Consideraba la guerra como la peor forma de resolver diferencias.

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