miércoles, 12 de noviembre de 2014

El Teatro de Tenreiro


El 9 de diciembre de 1994, quedó firmado el contrato para iniciar la construcción del Teatro de Ciudad Bolívar, diseñado y proyectado por el arquitecto caraqueño Oscar Tenreiro, por un monto de 300 millones de bolívares.
El gobernador Andrés Velásquez, la empresa Somor y el ingeniero Pedro Godoy, director de Obras Públicas, suscribieron el convenio para ser ejecutado por el sistema de administración delegada, lo cual para entonces era una modalidad nueva, muy utilizada en los países que tienen mucha inflación.
Se convino asimismo que la inspección técnica estaría a cargo del propio proyectista arquitecto Oscar Tenreiro y la supervisión a cargo de la empresa Ripesa. Con capacidad para 300 butacas el teatro estaría listo para 1995.
La construcción de este moderno teatro, adosado al Capitolio o antiguo cuartel militar de la provincia de Guayana, frente a la Plaza Miranda, fue objetada por una comisión de arquitectos integrada por la Escuela de Arquitectura de la UCV, del Conac, el Ministerio de Relaciones Interiores y la Junta Nacional del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación.
El proyecto que después de veinte años aún no se termina, altera la volumetría urbana del sector, establece un alto contraste entre lo antiguo y lo moderno de una manera que humilla la obra del ingeniero polaco Alberto Lutowski realizada a fines del siglo diecinueve.
Una de las voces alzadas contra el proyecto, la de Horacio Cabrera Sifontes, decía: “un teatro no puede ubicarse hoy en cuesta empinada donde el estacionamiento de un vehículo sea inseguro y peligroso o donde los ancianos tengan que subir cerros para llegar al escenario. Eso podría admitirse cuando la ciudad era pequeña, reducida a la propia colina”.
El día en que fue suscrito el contrato, muchos bolivarenses se preguntaban si no resultaba más práctico, expedito y barato continuar el complejo cultural que había iniciado la administración del gobernador Alberto Palazzi en los predios del Jardín Botánico, colindante con la avenida 5 de Julio. Aquél complejo, bastante adelantado, contemplaba un Teatro moderno de mil butacas y espacios cómodos para la dirección de cultura, artes visuales, artes del sonido y artes escénicas.
La respuesta recibida por los bolivarenses fue la de la contratista Somor levantando bases, columnas y muros que aún permanecen adosados al antiguo edificio del polaco Alberto Lutowski, como rara maraña quejumbrosa de concreto.
Los 300 millones que costaría la obra que se entregaría al año siguiente, no alcanzaron ni han podido veinte años después sino multiplicar su valor exponencialmente para poder terminar el Teatro del arquitecto Tenreiro si es que algún gobernador se lo propone, que por lo visto no será el actual, pues Francisco Rangel Gómez, ha preferido aprovechar el antiguo Cine Roxi de Vista Hermosa para convertirlo en un teatro moderno -Teatro Angostura- que nada tiene que envidiarle a otros del país.
Oficialmente se ha venido promoviendo como “Teatro Angostura del Complejo Cultural Bolívar”, pero realmente lo que rodea al Teatro son oficinas públicas como el Seniat. Queremos ser optimistas y prever que los espacios oficiales serán en breve ocupados por otras disciplinas artísticas culturales hoy en día y desde siempre diseminadas en la ciudad lejos de una posibilidad coherente y capaz de asegurar la interacción de las artes en todas sus manifestaciones.
Lo único que lamentamos es que el Teatro Angostura está fuera y bastante distante de la poligonal o perímetro urbano del Casco Histórico, donde primigeniamente nació como Teatro Bolívar transformado desde los años sesenta en Palacio Legislativo, parte alta de la ciudad, la misma área del Teatro equivocado de Tenreiro.

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