miércoles, 18 de diciembre de 2013

Rudy Truffino

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Dos casas de piedra argamasadas con cemento y arena fueron construidas con vista casi perfecta al Salto Ángel que como larga caballera espumosa se desprende un kilómetro de altura en línea vertical desde la pluviosa meseta del Auyantepuy, en la Gran sabana.
         Las construyó un veterinario holandés que adquirió la nacionalidad venezolana tras cumplir veinte años internado en aquella zona constituida en el mayor atractivo turístico de Venezuela.
         Rudy Truffino (en la foto, 1973) tenía un campamento el solo donde hospedaba a turistas que previamente contrataban excursiones hasta el Salto Ángel.  Realizaba en tiempo de verano hasta doce viajes al año con no más de seis personas y en cada uno de sus viajes fue poniendo piedra sobre piedra hasta ver culminados sus esfuerzos en dos casas que conjugan con el ambiente edénico de la zona.
Situado a un corto paseo en curiara con motor fuera de borda, por el Río Carrao, este alojamiento está referido como  un maravilloso y romántico refugio. Fue construido a lo largo de un período de décadas. Habitaciones, sencillas, con artefactos indígenas y fotos de la fauna en las paredes. Jardines bien cuidados y  dos piscinas de ribera formados por una natural y esculpida formación rocosa.  Este campamento de la selva cerca de la base de la gran catarata está considerado como el más edénico de Canaima.
         El propio Rudy Truffino, hombre magro, rubio, de 47 años, nos lo contó cuando en el aeropuerto de Ciudad Bolívar aguardaba (1973) la llegada de tres botánicos norteamericanos que le pidieron los llevara a pasar varios días sobre la Meseta del Auyantepuy para recoger muestras de especies botánicas desconocidas.
         Con ayuda de los Pemón abrió caminos para escalar el Auyantepuy y el último que abrió lo estrenó con el grupo de botánicos.  La excursión la solía cumplir en 5 o 6 días desde el Campamento Ucaima situado a 2 kilómetros de la Laguna de Canaima, hasta el Salto Ángel.  Cobraba 1.500 bolívares por cada persona de un grupo no mayor de seis y más si el grupo era inferior.
         Charles Baughan, piloto muerto trágicamente cerca de Higuerote, dio a conocer al mundo esta bella región de Ucaima donde se instaló Truffino como un gran Señor de la selva.  Aquí vivía feliz con Gertrudis, austriaca orfebre de 36 años que vino como turista y se enamoró de Rudy con quien tuvo tres indias rubias bautizadas en la Misión de Kamarata.
El novelista y periodista holandés Jan Brokken, un gran apasionado de los viajes reflejados en muchos de sus relatos. Conoció el Salto Ángel conducido por Rudy Truffino y de él dice en uno de sus escritos:  “Su impresionante carrera y sus oídos destrozados, sus ojos inquietos y su risa que me habían descrito varios amigos en Curazao durante los años que viví en esa isla, me atrajo poderosamente. Esos amigos habían hecho viajes largos con él en el área que se había abierto con la ayuda de los indios Pemón, un área que se extendía por debajo del Orinoco, un área del tamaño de los Países Bajos, habían plantado la semilla de asombro en mí diciéndome que hablaba la lengua de la etnia Pemón, compartía su aversión a la propiedad, y parecía llevarse mejor con los semi-nómadas que con sus antiguos compatriotas.
Lo que me atrajo de inmediato fue  su forma de hacer frente a la selva, escuchar regularmente una grabación antigua de Ella Fitzgerald, un trompetista que tocaba las estrellas del cielo y que podía imitar perfectamente mientras se lavaba el sudor de su cuerpo con agua del río después de un viaje difícil”.


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