martes, 24 de enero de 2017

Placeres diamantíferos de Parupa

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Ya nadie o muy pocos se acuerdan del sueño rutilante de Parupa, allá lejos, en la Gran Sabana, entre la edénica Canaima y  Urimán del gordito siempre amable César Días Valor.
Parupa fue señuelo y sueño real de poco tiempo, sueño de minero al fin ya finalizando 1968. Ricos yacimientos de diamantes localizados allí comenzaron a explotarse rudimentariamente. Centenares de mineros profesionales, obreros desempleados y agricultores mal pagados se desplazaron hacia la zona siguiendo las noticias que decían que el minero más lánguido podía enriquecerse de la noche a la mañana con cuatro paladas de tierra en la suruca. Ocho mil buscadores de fortuna se concentraron a lo largo de un kilómetro del lecho de este río que fluye en el Caroni por la margen izquierda.
Llegar a Parupa, a 240 kilómetros de Ciudad Bolívar, sólo era posible desde Urimán donde aterrizan las avionetas y desde allí a bordo de curiaras con motor fuera de borda que tardaban unas cuatro horas de recorrido venciendo saltos y raudales.
Atiborrado se veía entonces el aeropuerto de Ciudad Bolívar ofreciendo una apariencia fuera de lo común.  En vez del consabido turista y de la gente bien vestida que viaja a Caracas, se veían los sillones, mesas del bar, comedor y pasillos repletos de hombres recios con sus bártulos y herramientas de faena. Hombres y mujeres de trabajo, con camisas y faldas arremangadas, sombreros alones y una piel bien tostada, aguardando el próximo vuelo.
Aeropostal tuvo que in­tensificar sus vuelos y montar un puente aéreo entre Uriman y Ciudad Bolívar; sin embargo, los mineros se que­jaban aguardando hasta cuatro días, durmiendo en hamacas en el propio terminal (ver la foto) para conseguir cupo.
El movimiento minero de Pa­rupa se parecía mucho al que se originó en 1961 y 1962 en Caroní Abajo. Las bombas de diaman­tes que entonces aparecieron en Río Claro, El Merey y Playa Blanca llegaron a producir en menos de dos años 62 mil quilates métricos.
Guayana es la única región del país rica en diamantes, pero su producción no ha sido suficiente para que Venezuela esté al lado de los grandes productores mundia­les como el Congo, Sur-África,  Sierra Leona. Sur­este de África, Angola, Liberia, Tanganica. La produc­ción de esta última en 1963, por ejem­plo, fue de 36.661 millones de quilates,  se­gún estadísticas de la "Mineral Yearbook, Bureau of Mines, USA".
Venezuela acusaba, según estadísticas del Ministerio de Minas, un promedio aproximado de pro­ducción anual del orden de los 105 mil quilates métricos al año. La producción de 176.413 quila­tes en 1962 fue la más alta hasta entonces.
La producción diamantífera venezolana durante 1968, según  la Carta Semanal del 4 de mayo, fue de 69.629 quila­tes métricos, cantidad que, com­parada con la del año 1966 que fue de 84.699 quilates acusando una disminución absoluta de 15.070 quilates métricos, equiva­lente a un descenso relativo del 17,79 por ciento.
Este descenso notable del año 68 venía repitiéndose en el año siguiente. Pero se reestableció gracias a los placeres  del Río Parupa, en el Alto Caroní.
Compradores de diamantes que viajaban constantemente de Cara­cas a esta ciudad, estimaban la producción de Parupa en los dos últimos meses, superior a los 20 mil quilates métricos de diaman­tes tipo talla, industrial y bort.
A los compradores de diaman­tes, casi nunca les daba tiempo ba­jar a los propios placeres dia­mantíferos. La más de las veces, al descender del avión o de la avioneta, encontraban a grupos de mineros con sus frascos llenos de gemas, aguardándolos en el aero­puerto. Aquí mismo liquidaban la mercancía sin el temor y el terror delincuencial de ahora.


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