sábado, 21 de enero de 2017

El segundo diamante guayanés más grande

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El segundo diamante más grande hallado en las minas de Guayana, después de la piedra preciosa de Barrabás, pesó 57,85 quilates métricos, de color ama­rillo y con la forma de un oc­taedro. Fue hallado en las ricas minas del río Guaniamo, afluente del Cuchivero, Municipio Cedeño, al sur del Orinoco.
Lo halló un humilde minero de nombre Víctor Jesús Túnez, de 35 años de edad, natural del municipio El Palmar, de este Estado.
Oleg Andreyev, funcionario del Ministerio de Minas, dijo que esta piedra preciosa era la primera, por su forma y pureza, que se hallaba, en Venezuela, pero por su dimensión  la segunda, después de la que halló Teófilo Huckson (a) "Barrabás" en los placeres diamantíferos de Polan­co. La de "Barrabás" pesó 155 quilates métricos y el Presidente de la República Isaías Medina Angarita, quien la tuvo en sus manos,  la bautizó con el nombre “Libertador” en homenaje a Simón Bolívar, quien pasó sus mejores días de guerrero en la Angostura del Orinoco.
La piedra fue justamente ha­llada en un barranco hecho por Túnez, entre La Cuaimita y La Salvación, y en el propio lugar fue vendida por 85.000 bolívares a un italiano, quien la llevó consigo hasta Ciudad Bolívar para cumplir con las formalidades establecidas en la Ley de Minas.
El italiano de nombre Hugo Leonello, veneciano, considerado como un experto comprador de diamantes, con más de diez años radicado en la ciudad capital del estado, era dueño del ne­gocio "Diamantes Caroní", ubi­cado en la calle Venezuela.  Al conocer del importante hallazgo no vaciló en adquirir el diamante en el pre­cio de 85.000 bolívares, porque a golpe de vista le entró la sensación de que le ganaría un 30 por ciento más so­bre su valor real.
Dijo en esa oportunidad (20 de noviembre de 1968) que para estar sobre-seguro, se asoció con su paisano, Antonio Rossi, quien manufactura diamantes en Toronto, Canadá. Rossi se hallaba casualmente aquí y estuvo presente en  la Oficina de del Ministerio de Minas, don­de el gemólogo Andrés Andeyev  pesó y apreció la calidad del diamante.
Los socios, visiblemente emocionados, pensaban viajar de inmediato a Nueva York y Canadá donde era posible conseguir buenos precios por la piedra preciosa. Creían que se podía negociar a 450 dólares el quilate. De to­das maneras, resultaba di­fícil una estimación pre­cisa debido a que una piedra de esta naturaleza sólo aparece ca­da 20 años.
El minero Víctor Jesús Túnez, quien encontró la piedra, llevaba seis meses en la selva desbarrancando y suruqueando la tierra, soñando con encontrar una piedra gran­de. Al parecer es este el sueño de todo buscador de diamantes.
Las minas diamantíferas del Guaniamo, de libre aprovechamiento, comenzaron a ser explotadas artesanalmente en 1967 y sorprendió su existencia toda vez que hasta entonces se creía que no había diamantes fuera del Caroní. El torrentoso Caroni siempre se ha tenido como muy rico en piedras preciosas. Entonces, sorpresivamente le apareció competidor: el Guaniamo, un río que nace en el propio corazón del extenso municipio Cedeño y desembo­ca en el Cuchivero, curso de agua legendario donde se recrea el mito cosmogónico de los Tamanacos.

Unos  12 mil mineros y gente que viven de los mineros como los comerciantes de toda laya y las prostitutas había entonces en las minas del Guaniamo habitando en carpas, barracas y techumbres improvisadas,  en medio de condiciones sanitarias de  difícil control y amenazados constantemente por  zoonosis como la malaria y la fiebre amarilla. 

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