sábado, 28 de enero de 2017

Inauguración de la casa de San Isidro

El doctor Alejandro Natera Con­treras, miembro de la Asociación de Escritores de Venezuela y ex Director del Ministerio de Relacio­nes Interiores, pronunció el discurso de orden en el ceremonial realizado con motivo de la inaugu­ración de las' obras de restaura­ción de la casa histórica de la ha­cienda San Isidro, que habitó Bolí­var en los años de 1818 y 1819.
El doctor Natera Contreras, para imprimirle fuerza a su concepción de que el recuerdo de los grandes hombres y de la historia no debe tener un contenido vacío sino "un signo positivo, un aire turbulento de vida"; repitió aquel lamento de Andrés Eloy Blanco en uno de sus poe­mas: "ya tenemos cien años alabando a los muertos sin recordar que América necesita vivir".
Afirmó que Venezuela está cansa­da del bolivarianismo vacío y sin proyecciones sociales.
El orador de orden pronunció su discurso en el traspatio de la his­tórica casona circundada de gente de los más variados sectores y em­pezó evocando el nombre de Gua­yana, su poderosa raigambre cari­be, su inmensa extensión territorial y privilegiada geografía en cuyo corazón arden minerales y frutos que aguardan la mano de la cien­cia para que la haga impulso ciu­dadano, "fuente de luz y de ri­queza para gloria de Venezuela".
Habló sobre la Guayana de la leyenda y la Guayana de Bolívar y la Guayana de hoy separada por "un largo trecho preñado de aban­dono, de incuria, de necesidades insatisfechas" pero que en la ac­tualidad hay una visión realista de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser, "ahora los ríos se uti­lizan en el portento de la produc­ción de energía eléctrica, los mi­nerales se extraen y se procesan y gentes de todas partes afluyen a esta tierra para compartir con los guayaneses la lucha por el pre­sente y el futuro, por el crecimien­to y el desarrollo de esta zona acostumbrada a darse toda por la grandeza de la patria.
Hablando sobre el significado del acto, el orador dijo que "estamos reunidos para recordar que bajo este techo, en esta casa que en la Guayana de 1818 se hallaba fuera de la ciudad, habitó El Libertador y en ella ma­duró una de sus más fructíferas y brillantes iniciativas: la creación de la gaceta que se llamó el Correo del Orinoco".
El recuerdo –dijo- "ha de tener un signo positivo, un aire turbulento de vida y no el carácter de simple cumplimiento de un deber de alabanzas a nues­tros héroes. No un recordar andró­gino, emasculado de la acción y de la enseñanza, Sino un violento comprender, analizar y deducir de la vida de nuestros grandes hom­bres, la lección de energía, de va­lor y de compromiso que les per­mitió llevar hasta el fin la titáni­ca tarea que se propusieron".
"De la oratoria vacua y empe­nachada de romanticismo que can­só  Venezuela hace mucho tiempo. Del bolivarianismo vacío y sin pro­yecciones sociales también. Por eso, uno de nuestros grandes poetas y tribunos, Andrés Eloy Blanco, llegó a afirmar en alguno de sus poemas que “ya tenemos cien años alabando a lo muertos sin recordar que nuestra América necesita vivir”.
Ello nos obliga cuando pensamos en el Libertador y hablamos en la casa donde su presencia física dejó quemante huella. A apartar la rutina de las frases hechas y preguntar qué fue Bolívar, lo cual equivale a preguntarnos qué fue la independencia de América".

En representación del gobernador Pedro Battistini Castro la inauguró el Secretario de Gobierno Pedro Bertrán acompañado del Presidente de la Legislatura Roger González, el Pre­sidente Municipal Ángel Malpica, Arzobispo Crisanto Mata Cova, quien bendijo la casa; doctor Carlos Felice Cardot, de la Academia Nacional de la Historia y doctor Rafael Rojas, por la Sociedad Bolivariana.

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